La guerra entre Elarion y Drakhar ha durado años, pero, cuando el príncipe heredero de Drakhar se fija en la santa Sylvia, de Elarion, propone un tratado de paz, pero a cambio deben entregarle a la santa como concubina. Sylvia acepta esta condición para salvar a su nación, pero, no se imagina que, al entrar al palacio de Drakhar se encontrará con las amantes del príncipe heredero, pero, aunque ella no es fácil de intimidar, pronto descubre, que, en ese palacio, tiene un aliado más poderoso que el mismísimo emperador, el dragón rojo de la calamidad, que se ha liberado del control del príncipe heredero, y que, esta dispuesto a vengarse por usarlo como una maquina de guerra.
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Capitulo 11
Esa mañana, Sylvia no recibió ningún desayuno, asumo que no dudo en ir a quejarse en la cocina, y encontró a las cinco concubinas Balthazar, y a Meredith, quien ocupaba el lugar principal de la mesa. Al ver a Sylvia, Meredith frunció en ceño, no olvida lo que paso anoche.
—¿como se atreve una insignificante esclava entrar a este comedor?, esta área es para las mujeres del príncipe.— reclama Meredith.
—no crea que me hace gracia venir, pero, parece que aquí olvidan que yo también debo de comer.— responde mirando fijamente a Meredith.
Las otras mujeres se sorprenden ante el atrevimiento de responder de esa forma a Meredith. Todas ahí saben que ella es la mujer que más favorece Balthazar.
—si comes o no, me tiene sin cuidado. Si tienes alguna queja, ve con el príncipe...aunque dudo que le importe si vives o mueres.— se burla la pelinegra.
—eso lo tengo claro, pero, como quiero vivir, me llevaré algo de comer, algo decente, es lo mínimo que merezco.— responde la albina.
—aquí no mereces nada...aquí nadie de venera como la Santa...no eres más que una mascota que el príncipe trajo. Te lo dije antes, eres solo un capricho, uno del cual ya perdió el interés.— asegura Meredith con una expresión altiva.
—espero que así sea, porque, no me interesa tener la atención de ese hombre. Pero, ya que no quieren darme de comer, entonces, que nadie coma.—
Sylvia lanza una ráfaga de magia contra la mesa, causando que esta se sacuda y todo lo que había encima sale volando, chocando incluso contra las mujeres. Sopas, jugos, y demás guisos acabaron en las ropas y cabello de todas, incluida Meredith.
—tú...maldita zorra...¡guardias!, capturen a esta mujer.— señala a Sylvia.— ha atentado contra el harén de su majestad.
Los guardias se asoman, viendo todo el desastre mientras Meredith insiste en que se la lleven a los calabozos. Los guardias van hacía Sylvia, y ella se prepara para atacar.
—¿que es todo este escándalo?— era Balthazar quien había llegado.
De inmediato las concubinas acusan a Sylvia. Dicen como la albina entró con total descaro al comedor y les tiro la comida encima.
—alteza, haga justicia.— se queja una.
—esto es una agresión contra nuestras vidas.— insiste otra.
—alteza, esa mujer que trajo de Elarion, no es más que una molestia.— interviene Meredith.
Balthazar mira con molestia a Sylvia, y las mujeres sonríen satisfechas, seguras de que Balthazar la castigará.
—no me sirves, y encima vienes a causar alboroto en el harén...¿que castigo debería darte?— pregunta con molestia Balthazar.
—me castiga, pero no pregunta porque lo hice.— señala el tiradero.— su zorra favorita ha hecho que estos tres días que estado aquí sea de lo peor, y hoy, ni siquiera una comida decente me deja.
—Meredith es la que gobierna el harén. Si te ha castigado es porque algo has hecho, y de nada me sirve tenerte viva si no me eres útil.— responde Balthazar.
—que triste, el ego de su alteza esta herido, porque, soy la única mujer que no se rinde ante usted, que no le teme y sobre todo, a la que no puede tocar.— se burla Sylvia.
Un suspiro de asombro se escapo de boca de las mujeres al escuchar aquella última palabra. Balthazar apretó los puños, dio grandes pasos hacía Sylvia dispuesto a golpearla, pero, a pocos milímetros de su rostro, el hechizo se activo, una descarga choco contra el cuerpo de Balthazar y lo lanzo contra la pared. Las concubinas gritan y señalan a Sylvia.
—ha atacado a su alteza.—
—ha intentado asesinar a su alteza.—
—rápido atrapenla.—
Balthazar es rodeado por las mujeres que lo ayudan a ponerse de pie, pero, Balthazar las aparta, furioso de lo que acababa de pasar.
—ordenelo alteza y yo misma la eliminó ahora mismo.— ofrece Meredith.
—hazlo...eres libre de hacer con ella lo que quieras.—
Balthazar se dio medio vuelta y salió tambaleandose. Meredith sonrió satisfecha con la respuesta del príncipe.
—guardias. Lleven esa mujer a su habitación, que no salga, mientras decido como encargarme de ella.— sonríe.
Los guardias intentan sujetar a Sylvia, pero, ven esas pequeñas chispas de advertencia.
—si me tocan les pasa lo mismo que ha su amo. Esta es la protección de la diosa...nadie, en especial los hombres pueden tocarme.— advierte Sylvia.
—no le crean, arrastrenla ya.— repite Meredith.
Sylvia dejo que los guardias la intenten agarrar, y el resultado fue lo mismo que con el príncipe. Las concubinas gritan, y salen corriendo del lugar, mientras que Meredith solo se enoja aun más, intenta llegar a Sylvia, pero ve aquella chispas, y retrocede. Sylvia solo agarra una manzana de la barra, y se da la vuelta para salir de ese lugar.
Solo quería desayunar y provocó un alboroto en el gallinero del príncipe. Fue una mañana productiva.
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Ese día Balthazar tuvo que quedarse en su habitación durante el resto del día, el golpe que recibió por la descarga le había fracturado el brazo.
La noche había llegado, y estaba de pie observando desde su balcón aquel área separada por un muro de espinas.
—malditas bestias...— maldice y observa la palma de su mano.
El sello de pacto esta casi borrado, y sus subordinados aún no encuentran un mago capaz de restaurar el pacto. Si continúa así, su padre pronto se dará cuenta que ha perdido el control del dragón rojo, y que los únicos domadores han sido eliminados. Apretó el puño, sea como sea entrará a ese lugar y tomará de nuevo el control del Dragón rojo.
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Por otro lado, Sylvia regreso a aquel ala, pero, esta vez no solo pudo darse un baño caliente, también le sirvieron cena, y se le permitió explorar esa residencia. Sylvia llego a un jardín interior, aunque no había techo, pero, el lugar era un total contraste al clima de fuera. Y es que, era un invierno muy frío, pero, en ese jardín, todo era verde, flores de varios colores y en el centro un enorme árbol que se alzaba hasta casi pasar la altura del segundo piso. Daba mucha sombra, y, ahí estaba, Sylvia lo diviso. El dragón rojo.
...
Friedrich: 🎶"Yo no soy celoso, solamente cuido lo que es mío y lo que es mío no se toca"🎶
Sylvia: 🎶"Sólo es un aliado no seas tan chismoso"🎶
Friedrich: 🎶"Pero yo también era tu aliado y terminé siendo otra cosa"🎶