Esta historia comienza con un humilde pescador y una joven que llega a la ciudad de Cartagena en busca de trabajo y de su madrina, con quien espera vivir después de perder a su madre. Un día, mientras recorre la playa buscando a su tía, una vendedora ambulante, se acerca al mar porque le encanta el agua. Deja su maleta por un momento en la orilla, pero una fuerte ola se la lleva. Sin pensarlo dos veces, entra al mar para recuperarla y sale con una elegancia que parece la de una verdadera sirena. Al verla, el pescador queda fascinado y desde ese día comienza a llamarla "Sirena Encantada
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Capítulo 5: La sirena de la playa
Aquella mañana el mar estaba tranquilo. La brisa soplaba suave y el sol apenas comenzaba a calentar la arena de Cartagena. Como todos los días, salí con mi papá, Jeico Morales, a revisar las redes. La pesca había estado buena, así que regresamos temprano.
Mientras él organizaba el pescado, yo me quedé un rato caminando por la orilla.
Cuando estoy solo siempre hago lo mismo.
Canto.
No sé por qué, pero cantar me hace sentir tranquilo. Es como si el mar escuchara cada palabra que sale de mi corazón.
Empecé a entonar una de las canciones que había escrito hacía unos días.
—Ay, mar Caribe, llévame en tu brisa, que en tus olas vive mi sonrisa...
Cantaba despacio mientras observaba el movimiento de las olas.
Algunos turistas sonreían al escucharme y otros seguían caminando sin prestarme atención.
Seguí cantando.
De repente vi algo que llamó toda mi atención.
Una muchacha iba saliendo del mar.
Primero vi cómo el agua se deslizaba sobre su cabello. Luego levantó la cabeza y la brisa movió su pelo mientras caminaba hacia la orilla con una maleta en la mano.
Por un instante me quedé completamente quieto.
No sé por qué, pero aquella escena parecía sacada de un cuento.
La joven salió del agua con una elegancia impresionante.
El sol iluminaba las gotas que caían de su cabello y de su ropa mojada.
Parpadeé varias veces.
—¡Ave María...!
No podía dejar de mirarla.
En mi cabeza solo había un pensamiento.
—Parece una sirena...
Ella comenzó a caminar sin darse cuenta de que yo la observaba desde unos metros de distancia.
Reaccioné de inmediato.
—¡Wey...!
Ella no volteó.
Entonces levanté más la voz.
—¡Wey! ¡Sirena! ¡Esperá!
La muchacha siguió caminando como si no hubiera escuchado nada.
Yo empecé a correr entre la arena.
—¡Sirena! ¡Esperá un momentico!
Pero había demasiada gente pasando por la playa.
Turistas, vendedores ambulantes, niños jugando y personas caminando.
Cuando logré llegar al lugar donde la había visto, ya no estaba.
Miré hacia un lado.
Nada.
Miré hacia el otro.
Tampoco.
Fruncí el ceño.
—¿Y pa' dónde se fue?
Di varias vueltas buscando entre la gente.
Pensé que de pronto había entrado a algún negocio o que seguía caminando por la playa.
Pero no logré verla.
Era como si hubiera desaparecido.
Me rasqué la cabeza.
—Qué vaina tan rara.
Seguí caminando unos minutos más, pero fue imposible encontrarla.
Volví a mirar el mar.
Todavía no podía sacar de mi mente la imagen de aquella muchacha saliendo del agua.
Parecía una sirena de verdad.
No porque tuviera cola de pez ni nada de eso.
Era la forma en que salió nadando, la tranquilidad con la que caminó y la belleza que tenía.
Sonreí sin darme cuenta.
—Sirena...
Me gustó ese apodo.
—Sí... Sirena.
En ese momento llegó mi papá cargando una caja de pescado.
—¡Cristian! ¿Qué hacés parado ahí?
Volteé a mirarlo.
—Nada, pa.
—¿Y entonces qué buscás tanto?
Me reí un poco.
—Es que vi a una muchacha salir del mar.
Mi papá soltó una carcajada.
—¿Y qué tiene eso de raro? Estamos en la playa.
Negué con la cabeza.
—No, pa... Es que salió del agua como si fuera una sirena.
Él volvió a reír.
—Vos sí tenés unas ocurrencias.
—Es en serio.
—Bueno, dejá de soñar despierto y vení a ayudarme con los pescados.
Suspiré.
—Ya voy.
Caminé detrás de él, pero antes de irme volteé una vez más hacia el mar.
No sabía quién era aquella muchacha.
No conocía su nombre ni de dónde venía.
Solo sabía una cosa.
Desde ese momento, para mí, ella tendría un solo nombre.
La Sirena Encantada.
así especialmente vio Cristian a su sirena