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Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Me casé con el padre de la amante de mi esposo

Status: Terminada
Genre:CEO / Diferencia de edad / Casada con el millonario / Casada Con Mi Ex's Familiar / Completas
Popularitas:299.4k
Nilai: 4.5
nombre de autor: Vivi

Camila Sandoval lo dio todo por su matrimonio, hasta que encontró a Mauricio con Valeria Beltrán en su propia cama. Él esperaba lágrimas y otra oportunidad. Camila le entregó los papeles del divorcio, reclamó lo que le correspondía y se marchó sin mirar atrás.
Poco después, Gabriel Beltrán, el padre de Valeria, apareció para disculparse. Era mayor que Camila, poderoso y peligrosamente atento. Lo que comenzó como una disculpa pronto se convirtió en una atracción imposible de ocultar.
Su relación desató un escándalo. Si Camila se casaba con Gabriel, la amante de su ex se convertiría en su hijastra y el hombre que la traicionó terminaría siendo su yerno.
Pero Gabriel ocultaba algo más inquietante: no se había enamorado de Camila después del divorcio. Llevaba años observándola y esperando que fuera libre.
Camila creyó que lo había elegido. Tal vez Gabriel la había elegido mucho antes.

NovelToon tiene autorización de Vivi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23

El automóvil se detuvo frente a una boutique de vestidos hechos a la medida.

Camila entró detrás de Gabriel.

Una empleada se acercó de inmediato con una actitud respetuosa.

—Señor Beltrán, los vestidos están listos.

Los condujo hasta una sala privada.

Varias prendas esperaban sobre percheros. Camila las examinó y advirtió que todas eran de su talla.

La empleada abrió una caja negra.

Dentro había un vestido largo de terciopelo verde oscuro.

—Pruébate ese —dijo Gabriel.

Camila lo llevó al probador.

Cuando salió, él estaba sentado en un sofá, revisando el celular. Levantó la cabeza y la observó.

—Da una vuelta.

Ella obedeció.

La falda se elevó suavemente y el terciopelo reflejó la luz con un brillo discreto.

—Ese será —indicó Gabriel a la empleada—. Con los zapatos color nude y las perlas.

Camila se miró en el espejo.

El vestido se ajustaba perfectamente a su figura. El color hacía que su piel pareciera todavía más clara y resaltaba la línea delicada de sus clavículas.

Tenía que admitir que Gabriel poseía un gusto impecable.

La sonrisa creció en los ojos de él.

Se levantó y se detuvo frente a ella.

—Te queda muy bien.

Su voz fue suave.

—¿Cómo sabía mi talla? —preguntó Camila de pronto.

Gabriel mantuvo una expresión despreocupada.

—La calculé a ojo.

Aquella respuesta dejó a Camila sin más preguntas.

Cuando salieron de la boutique, ya había oscurecido.

La subasta se celebraba en un club privado. Entre los asistentes se encontraban algunos de los empresarios y personajes más influyentes de Ciudad de México.

En cuanto Camila entró tomada del brazo de Gabriel, sintió decenas de miradas sobre ellos.

Un hombre se acercó con una copa en la mano.

Sus ojos recorrieron a Camila.

—Señor Beltrán, ¿quién es su acompañante?

—Ella está conmigo.

Gabriel no dio su nombre ni explicó su puesto.

Aquellas tres palabras hicieron que el corazón de Camila se acelerara.

Está conmigo.

¿Qué significaba exactamente? ¿Que era su asistente o algo diferente?

El hombre asintió con una sonrisa llena de insinuaciones.

Camila volvió el rostro hacia Gabriel, dispuesta a pedirle una explicación.

En cuanto vio su mirada, perdió un latido.

Él la contemplaba con cariño y una sonrisa leve, como si estuviera esperando la pregunta.

Camila temió que respondiera con algo todavía más explosivo.

Decidió guardar silencio.

Cuando comenzó la subasta, tomó asiento junto a Gabriel.

Observó a los demás invitados, memorizó los rostros de quienes se acercaban a saludarlo y los clasificó mentalmente según la manera en que se relacionaban con él.

—¿Te aburriste? —preguntó Gabriel en voz baja.

—No.

—Si ves algo que te guste, levanta la paleta.

Él hojeó el catálogo como si hablara de una compra sin importancia.

Camila lo miró.

—¿Yo también tengo que comprar?

—Eres mi acompañante. No voy a permitir que vengas y te marches con las manos vacías.

Gabriel inclinó la cabeza hacia ella.

Las luces suavizaban sus facciones.

—Elige algo.

Camila abrió el catálogo.

Había joyas, cuadros y antigüedades. Cada precio inicial bastaba para hacerle doler el corazón.

Después de pasar varias páginas, su mirada se detuvo en unos aretes de esmeraldas.

Comenzaban en doscientos cincuenta mil pesos, el precio más bajo de toda la noche.

Pasó la hoja de inmediato.

Gabriel alargó la mano, regresó a la página y examinó los aretes.

—¿Te gustan?

—No. Solo estaba mirando. Ni siquiera podría pagarlos.

Respondió con rapidez y aparente indiferencia.

Gabriel la observó.

Una sonrisa mínima curvó sus labios, pero no dijo nada.

Los primeros lotes no parecieron interesarle.

Levantó la paleta una o dos veces. Camila descubrió que nunca participaba en largas competencias. O no ofrecía nada, o decía una cifra capaz de silenciar a todos.

Entonces presentaron una pintura contemporánea.

El precio inicial era de ochocientos mil pesos.

Gabriel se inclinó hacia Camila y bajó la voz.

—Oferta por mí.

Ella parpadeó.

—¿Yo?

—Sí. No te preocupes. Dejas de hacerlo cuando te lo indique.

Gabriel se recargó con tranquilidad.

Camila nunca había participado en algo semejante.

Sus dedos se tensaron sobre la paleta.

—Ochocientos cincuenta mil —ofreció una mujer de mediana edad en la primera fila.

Gabriel miró a Camila.

Ella entendió y levantó el número.

—Novecientos mil.

El precio siguió subiendo.

Camila ofertó una y otra vez según las indicaciones de Gabriel. Pronto le sudaron las manos.

Cuando la cifra superó los dos millones, casi todos abandonaron.

Solo quedaban ella y la mujer de la primera fila.

—Dos millones trescientos mil.

Camila miró a Gabriel.

Él asintió.

—Dos millones cuatrocientos mil.

La otra mujer vaciló y bajó la paleta.

—Dos millones cuatrocientos mil a la una, a las dos… vendido.

—Lo hiciste muy bien —murmuró Gabriel.

Había aprobación en su voz.

Camila volvió la cabeza.

Él la contemplaba con evidente aprobación.

—Muy bien —repitió con calma.

Ella tenía las palmas mojadas.

Desde que el precio rebasó el millón comenzó a sufrir por el dinero. Pero Gabriel nunca le indicó que se detuviera y tuvo que seguir ofertando.

La sensación era como subir a una montaña rusa.

Emocionante y dolorosa al mismo tiempo.

—¿Dónde vas a poner el cuadro?

Camila no apartaba los ojos de la pintura.

—En tu oficina.

—¿En mi oficina?

Lo miró con absoluta confusión.

¿Qué clase de jefe gastaba más de dos millones en un cuadro para decorar la oficina de una empleada?

Gabriel le respondió con una expresión llena de significado y regresó su atención a los últimos lotes.

Cuando llegaron a los aretes de esmeraldas, levantó la paleta sin dudar.

Después de varias ofertas, ganó la pieza.

Camila supuso que eran para Valeria y no le dio más importancia.

Al finalizar la subasta, los dos regresaron al automóvil.

Gabriel le tendió una caja de terciopelo azul oscuro.

—Toma.

Camila se quedó inmóvil.

—¿Son para mí?

—Las perlas te quedan bien, pero estos aretes son más adecuados para ti.

Camila abrió la caja.

Las esmeraldas descansaban sobre la tela azul con un resplandor verde y profundo.

—Es demasiado caro. No puedo aceptarlo.

Cerró la tapa y trató de devolverlo.

Gabriel no extendió la mano y se limitó a mirarla.

El interior del automóvil estaba en penumbra, pero sus ojos parecían llenos de luz.

—Conmigo no necesitas ser tan cuidadosa.

Camila sostuvo la caja.

De pronto, comprendió que aquella subasta no había sido una reunión de negocios ni una obligación social.

Gabriel la había preparado para ella.

Cuando ese pensamiento apareció, emociones contradictorias se agitaron en su pecho.

Entendía lo que él quería, pero seguía preguntándose si podían estar juntos cuando Gabriel era el padre de Valeria.

Si iniciaban una relación, Camila se convertiría en la madrastra de la amante de su exmarido.

Y Mauricio tendría que llamarla suegra.

Esa misma noche, Valeria estaba sentada junto a la ventana. Escuchaba una llamada mientras acariciaba lentamente la curva de su vientre.

Su expresión se volvió cada vez más oscura.

Mauricio acababa de salir del baño cuando ella colgó y arrojó el celular sobre la cama.

—¿Qué pasó? ¿Quién te hizo enojar?

Se acercó y la abrazó por detrás.

—Una amiga fue a la subasta con su padre. Vio al mío acompañado de una mujer muy hermosa. Le compró unos aretes de esmeraldas y ella ofertó por una pintura de más de dos millones.

Valeria frunció el ceño.

—Mi amiga trató de tomarle una fotografía, pero mi papá se interponía cada vez que apuntaba el teléfono. Al final la descubrió y la miró tan mal que ya no se atrevió a seguir.

Recogió el celular, abrió la imagen y se la mostró a Mauricio.

Él la examinó varias veces.

Mientras más miraba, más familiar le resultaba la silueta.

—Se parece a Camila.

Había compartido la vida con ella durante siete años.

Era imposible que confundiera su espalda.

—¿Ella?

Valeria soltó una carcajada.

—Mi papá jamás estaría con Camila.

Mauricio mantuvo los ojos sobre la pantalla.

Aunque solo se viera una figura de espaldas, estaba casi seguro.

—Sí es Camila. ¿Por qué estaría con tu padre?

Valeria puso los ojos en blanco y le quitó el teléfono.

—No puede ser ella. ¿De dónde sacaría más de dos millones para comprar una pintura? Aunque mi papá pagara, Camila no entiende de arte. ¿Por qué iba a levantar la paleta en una subasta?

Mauricio tuvo que admitir que tenía sentido.

Camila se había quedado con gran parte de sus bienes durante el divorcio, pero no era una mujer capaz de gastar más de dos millones en un cuadro sin pestañear.

Tampoco conocía el mundo del arte.

Además, apenas se había encontrado con Gabriel unas cuantas veces.

No podían tener una relación.

—Tienes razón. Ella no tiene la capacidad para moverse en un evento así.

Mauricio lanzó otra mirada oscura hacia la fotografía.

Aun así, la inquietud permaneció.

—Eso digo yo. Mi papá solo intenta provocarme. Discutió conmigo y, en cuanto me fui, llevó a otra mujer a una subasta.

Una idea alarmante apareció en la mente de Mauricio.

La estrechó entre sus brazos y habló con calma.

—Si tu papá encontró una nueva pareja, deberías alegrarte por él.

—¿Alegrarme? ¿Quién sabe si esa mujer solo busca su dinero? Con la posición de mi papá, sobran las interesadas que quieren escalar.

Valeria se enfureció más y golpeó el edredón.

—Seguro apareció de la nada y aprovecha que discutimos para hablar mal de mí. No puedo permitir que estén juntos. Si se casa, la fortuna de los Beltrán podría terminar dividida.

Mauricio fingió actuar como el hombre razonable.

—Tu padre siempre ha sabido juzgar a las personas. No escogería a cualquiera. Es inteligente y no resulta fácil engañarlo.

Hizo una pausa antes de lanzar la pregunta.

—¿Crees que pudo entregarle a esa mujer el departamento de Residencial Los Encinos? Tal vez por eso se ha negado a dártelo.

El rostro de Valeria se puso rojo.

—¡Sería el colmo! Si le regaló ese departamento, romperé para siempre con él.

Mauricio la insultó en silencio.

Era una estúpida.

Justo en ese momento debía acercarse a Gabriel, no alejarse. Si destruía la relación y él entregaba la herencia a otra persona, todo lo que Mauricio había sacrificado sería inútil.

Ocultó la impaciencia.

Con una sonrisa comprensiva, le acarició la espalda.

—Estás hablando por enojo. Eres su única hija. Por más molesto que esté, nunca dejaría sus bienes en manos de una extraña. Además, estás embarazada. No debes alterarte.

Valeria resopló.

Las lágrimas aparecieron en sus ojos.

—No puedo evitarlo. Mi mamá murió cuando yo era pequeña y ahora él anda coqueteando con otra mujer. Si esa mujer fuera Camila… No. Sería todavía peor. ¡Es tu exesposa!

Mauricio se detuvo apenas un instante antes de sonreír con naturalidad.

—No debe ser ella. Solo dije que se parecía. Hay muchas personas con una figura similar. No te asustes sola.

Intentó tranquilizarlo mientras su propia ansiedad crecía.

Durante el divorcio, Camila actuó con una calma desconcertante. No lloró ni suplicó. Tomó la mayor parte de los bienes y, al salir del juzgado, parecía haberse quitado una carga de encima.

Mauricio creyó haberla conocido después de siete años.

Ahora comenzaba a preguntarse si alguna vez la comprendió de verdad.

—Puedo investigar por ti —propuso—. Si es Camila, conozco mejor que tú su historia y sus debilidades. También avisaré a sus padres que está dispuesta a cualquier cosa por dinero.

Valeria lo examinó con desconfianza.

—¿Todavía sientes algo por ella?

Mauricio soltó una risa.

Le sostuvo el rostro entre ambas manos.

—¿Sentir algo por ella? Me divorcié para estar contigo y vamos a tener un hijo. Camila dejó de significar algo para mí hace mucho. Lo que me preocupa es verte lastimada por tu padre durante el embarazo.

Su tono se volvió aún más tierno.

—Déjame averiguar quién es esa mujer para que puedas estar tranquila.

La expresión de Valeria se suavizó.

Se acurrucó contra su pecho.

—Entonces investígala. Quiero saber quién es y qué pretende. Hay que tener mucho descaro para seducir a mi padre.

—Haré lo que tú quieras.

Mauricio besó su cabello.

Una sombra pasó por sus ojos.

—Olvida esto por ahora. Cuando sepamos quién es, iremos a exigirle una explicación.

Valeria asintió con satisfacción.

—Sí. Tú siempre sabes cuidarme.

Mauricio le pellizcó suavemente la nariz.

—¿Todavía me hablas como si solo fuera tu novio?

Valeria sonrió con coquetería.

—Mi amor.

En el ángulo que ella no podía ver, los labios de Mauricio se torcieron hacia abajo.

Su mirada se llenó de cálculo.

Llevaba tiempo sospechando por qué Gabriel se negaba a poner a su nombre el departamento de Residencial Los Encinos.

Tal vez lo había reservado para complacer a esa mujer.

A Mauricio no le importaba quién acompañaba a Gabriel.

Lo único importante era saber a nombre de quién estaba la propiedad.

Residencial Los Encinos era el lugar donde siempre había soñado vivir.

Allí residían empresarios, funcionarios y herederos con dinero, influencia y poder.

Instalarse entre ellos le permitiría ampliar su red de contactos, obtener información privilegiada y encontrar oportunidades capaces de impulsar su empresa.

Lo más importante era el prestigio.

En cuanto entrara a ese círculo, los demás lo tratarían con un respeto diferente.

No renunciaría a ese departamento.

Y no permitiría que terminara en manos de otra persona.

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Maria Solorzano
Definitivamente, a eso se le llama karma 🤷🙄
Maria Solorzano
Perfeccionista dice 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣 le están es duro a Rebeca por metiche y ni aún con señas entiende 🤦🤷🤣🤣🤣🤣🤣
Miryam Garcia
Mi opinión...
una mente muy débil, es muy fuerte perder un hijo lo digo desde la experiencia, pero ahí muchas formas de salir adelante, tu decides cual tomas, nadie hobliga a nadie a nada, ella eligió el camino fácil, por su orgullo, pensó q siempre sin importar lo q hiciera ni la edad q se tuviera su papá debía estar ahí y no es así ella es adulta, viajo, conoció los 2 lados de la moneda y eligió.... Tu no puedes humillar, pordebajear, y menos preciar a tus padres y esperar q sigan ahí sin chistar y aun así el seguía asando su mensualidad, y no poca... Como no pensar en ese bb y su futuro???? No se no debió terminar así pero fue lo q ella eligió.
Gardenia Omaña
Por esa sencilla razón, Ami me gustan mayores 🥰
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣👏
Hiradia Cohen
La enfermera es Valeria se va a robar los niños
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣👏👏
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣buenísima historia 😂
Nayarith Ocampo
🤣🤣🤣🤣🤣 buenísimo 🤣🤣
👏👏👏👏🤣
Mile
Gritos de emoción 🥰🥰🥰🥰🥰🥰
Lala González
😂😂🤭
Nayarith Ocampo
par de víboras las dos pero una salió más víbora que la otra 🤣🤣🤭
Liliana Bonilla
🤣🤣🤣😂😂😂son geniales juntos
Paula Giaccaglia
quiero imaginar que éste machismo en la historia es muy exagerado!!! que la vergüenza de ser separada, que los padres no van a aceptar, que se va a casar con panza de embarazada, que la vergüenza, y bka bla bla, siglo 19 parece
Laura Schmal
y encima gastó en las cerezas jajajaja
Mile
Vieja babosa🤢
Mile
Vuelvo y lo repito... Definitivamente para pendeja no se estudia 🙄🙄🙄
Rita Coba
muchas felicidades esctidora exelente final dónde uvo de todo amor rencor tristeza pero el amor logro todo🌹❤️👋
Maria Solorzano
🤣🤣🤣🤣🤣🤣 no sé de dónde sacará tantas ideas chistosas autora, pero me encantan y rio mucho con tu novela 🤣🤣🤣🤣🤣👍 gracias por compartir tu hermoso talento felicidades por eso también 👍❤️
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