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El Amor No Lo Es Todo

El Amor No Lo Es Todo

Status: Terminada
Genre:CEO / Amante arrepentido / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:179.8k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Crisbella

Durante cinco años viví convencida de que el amor entre mi esposo y yo era indestructible. En el camino dejé atrás mi carrera, mis amigos y a mi propia familia, volcando todas mis fuerzas en sostener un hogar que hoy lo entiendo, solo existía en mi imaginación. Mis dos hijos son mi mundo entero y mi mayor orgullo. Sin embargo, nunca imaginé que en cuestión de días todo lo que construí con tanto sacrificio se vendría abajo, ni que el hombre con quien compartí mi vida terminaría mostrando su verdadero y frío rostro. Ahora me toca descubrir que el amor no lo es todo... y que es momento de reconstruirme.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo XVIII Una decisión de vida o muerte

Punto de vista de Christopher

Entrar en la vida de Elena Torrealba había sido un proceso tan abrupto como el estruendo de los cristales rotos en el restaurante. Sin medias tintas, sin espacio para negociaciones lentas. En mi mundo, las decisiones se tomaban en segundos, y el margen de error entre la vida y la muerte se medía en la capacidad de reaccionar.

Ahí, parada en medio de la sala iluminada, la señora María nos miraba con una mezcla de curiosidad maternal y franca ilusión. Tenía que actuar rápido antes de que las dudas de Elena arruinaran la única salida segura que les quedaba.

—Señora María —comencé, adoptando el tono pausado y convincente que solía reservar para las negociaciones de alto nivel—, la salud de su esposo es lo más importante en este momento. Mi residencia a las afueras cuenta con un equipo médico privado y todas las comodidades para que él esté tranquilo y bien atendido. Elena y yo estamos empezando a construir algo juntos, y para mí sería un verdadero honor que todos ustedes se trasladen a mi casa a partir de esta misma noche.

La señora María parpadeó, tomándome de las manos con calidez, aunque en sus ojos apareció una sombra de prudencia.

—Señor Durán... Christopher —corrigió con una sonrisa amable—, su gesto es de un caballero, de verdad se lo agradezco. Pero ustedes dos apenas se están conociendo. Necesitan su espacio, su tiempo a solas. Con nosotros y con los niños ahí en medio, no van a tener la intimidad que una relación requiere.

Miré a Elena de reojo. Estaba rígida a mi lado, sosteniendo la respiración, atrapada entre el pánico de revelar la verdad sobre Fernández y el absurdo de la mentira que acabábamos de improvisar.

—Le aseguro que el espacio es lo de menos, señora —respondí con una sonrisa serena que no dejaba traslucir la tensión que llevaba en los hombros—. La propiedad es lo suficientemente amplia como para que cada uno tenga absoluta privacidad. Además, me sentiría mucho más tranquilo sabiendo que Elena y su familia están bajo mi cuidado. Mis choferes ya están afuera listos para ayudar con el equipaje.

La señora María miró a su hija buscando confirmación. Elena tragó saliva, apretó los puños a los costados y, rindiéndose ante la evidencia del peligro que acechaba afuera, asintió levemente con la cabeza.

—Es lo mejor, mamá —dijo Elena con la voz levemente rasposa—. Por favor, ayuda a levantar a papá y a despertar a los niños. Nos vamos ya.

En menos de veinte minutos, la casa de los Torrealba quedó en penumbras. Mi equipo de seguridad actuó con una eficacia impecable: subieron las maletas esenciales a las camionetas blindadas, escoltaron al padre de Elena con extrema delicadeza y acomodaron a los dos pequeños, aún adormilados, en los asientos traseros.

Mientras la caravana arrancaba bajo la noche, observé a Elena por el retrovisor. Mantenía la mirada fija en la ventana, absorta en sus pensamientos, con la mandíbula tensa.

Había logrado poner a su familia bajo el escudo de mi seguridad privada. Pero al meter a Elena Torrealba a mi propia casa, no solo la estaba protegiendo a ella de Fernández... también estaba metiendo una tormenta bajo mi propio techo.

El portón de hierro forjado de la propiedad se abrió de par en par al detectar la frecuencia de mis camionetas.

Atravesamos el camino flanqueado por árboles altos y luces tenues de jardín hasta detenernos frente a la entrada principal de la mansión.

A través del cristal polarizado, vi la reacción de la señora María: se llevó una mano al pecho, admirando la imponente arquitectura de la casa, los acabados en piedra y la discreta presencia de mis guardias patrullando el perímetro. Elena, en cambio, no admiró nada. Tenía los ojos fijos en los niños, manteniéndolos abrazados contra su pecho como si en cualquier momento alguien fuera a arrebatárselos.

El motor de la camioneta se apagó y mis hombres abrieron las puertas con la sincronización impecable que les exigía.

—Llegamos —anuncié en voz baja, volviéndome hacia Elena—. Estamos completamente seguros aquí. Nadie entra sin mi autorización.

Ella asintió apenas, pero la tensión en su cuello no disminuyó.

Bajamos del vehículo. El aire de la noche era fresco y el silencio de la zona residencial solo se interrumpía por el sonido distante del viento entre las hojas. El ama de llaves, una mujer madura y eficiente que trabajaba conmigo desde hacía años, ya esperaba en la escalinata junto a dos asistentes.

—Señor Durán, buenas noches. Todo está preparado según sus instrucciones —saludó con una leve inclinación.

—Gracias, Marta. Por favor, acomoden al señor Torrealba en la suite de la planta baja. El equipo médico que contraté debe estar por llegar para revisar sus constantes y asegurarse de que el traslado no lo haya fatigado —ordené mientras mis escoltas ayudaban a bajar al padre de Elena con suma delicadeza.

—Por supuesto, señor. Por aquí, por favor —indicó Marta, guiando a la señora María y a mi personal hacia el ala este de la casa.

Elena se quedó en el recibidor, sosteniendo de las manos a los dos pequeños, quienes se frotaban los ojos llenos de sueño. Mateo y Ethan miraban a su alrededor con la curiosidad propia de su edad: los techos altos, la lámpara de araña de cristal y la majestuosa escalera de mármol.

—Tus hijos pueden quedarse en la habitación adyacente a la tuya, en el segundo piso —sugerí, dando un paso hacia ellos—. Tienen una puerta comunicante por dentro para que puedas estar tranquila toda la noche.

—Gracias —murmuró Elena, mirándome por primera vez con algo de vulnerabilidad en el rostro—. Por la atención con mi padre, por los niños... por todo.

—No tienes nada que agradecer, Elena. Cumplo lo que prometo —respondí, sosteniéndole la mirada—. Tu única tarea ahora es descansar. Mañana nos sentaremos a revisar los detalles de la seguridad y el plan a seguir contra Fernández.

Le hice una señal a una de las mucamas para que llevara el equipaje ligero que habíamos rescatado de la casa de sus padres.

Mientras Elena subía la gran escalera sujetando a sus hijos, me quedé en el centro del gran salón, observando cómo su silueta desaparecía en el corredor del segundo piso. El eco de sus pasos aún resonaba en el mármol.

En cuestión de tres horas, mi rutina fría y calculada se había transformado por completo. Había una familia entera bajo mi techo, un enfermo bajo cuidado médico en la planta baja, dos niños durmiendo a unos metros de mi despacho y una abogada brillante y desconfiada que me quitaba el aliento.

Caminé hacia mi estudio, me serví un vaso de whisky sin hielo y saqué mi teléfono. Era hora de llamar a mi jefe de inteligencia y averiguar exactamente en qué rincón de la ciudad se estaba escondiendo Fernández. La tregua de esta noche duraría poco.

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Lucero Barragan
Camila el que mal actúa, mal termina
Lesly Argumedo
Crostopher es un amor de hombre
Lesly Argumedo
👏👏👏👏👏👏bravo Elena
Lesly Argumedo
Camila te humillaron cin mucha elegancia
Lesly Argumedo
👏👏👏👏tan caballero Cristopher
Lesly Argumedo
sueña cucaracho sarnoso no sabes lo que te espera
Lesly Argumedo
Elena date la oportunidad de ser feliz con Cristopher
Lesly Argumedo
Camila es una vivora
Lesly Argumedo
me imagino la cara de Alberto cuando vea a Elena en la gala
Lesly Argumedo
Alberto solo tiene en su cerebro dps neuronas y las tiene de pelea por eso estan brutoooo
Lesly Argumedo
tan bellos lo gemelos
Lesly Argumedo
esto se pone bueno el cucaracho de Alberto o termina preso o muerto
Lesly Argumedo
no puedo parar de leer la historia esta interesante
Lesly Argumedo
pobre Elena en que lio esta metida
Lesly Argumedo
Elena dejate cuidar de Cristopher
Lesly Argumedo
Cristopher es el galan que Elena necesita
Lesly Argumedo
esta rebuena la historia
Lesly Argumedo
encantada con la historia
Lucero Barragan
Alberto va por lana y va a salir trasquilado.
Lucero Barragan
Que bonito es ser valorado y respetado
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