Una simple clase de química despertará sentimientos que Lin Yu Tong jamás imaginó… y la llevará a descubrir un secreto que alguien ha intentado ocultar durante cinco años.
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Capítulo: 10 La decisión que nadie mencionó
Las cuatro permanecieron inmóviles frente al escritorio durante unos segundos, observando aquella hoja que había quedado entre los materiales del profesor. El ruido del resto de los estudiantes saliendo del aula parecía haberse alejado, aunque en realidad el pasillo continuaba lleno de voces y pasos apresurados. Lin Yu Tong sentía que el corazón le latía un poco más rápido de lo normal. Hasta ese momento habían estado siguiendo un rumor que podía ser verdadero o simplemente una historia inventada por algún estudiante aburrido, pero aquel documento cambiaba completamente la situación. Ya no estaban frente a una conversación sin fundamento; existía una solicitud registrada por la administración de la escuela.
Wang Ji se inclinó ligeramente para observar mejor.
—Aquí está el número del documento.
Chen Mai la sujetó del brazo antes de que pudiera acercarse demasiado.
—No lo toques.
—No iba a tocarlo.
—Te conozco.
—Solo quería verlo.
Su Lan observó la hoja con atención.
—Hay una fecha.
Lin acercó un poco la mirada.
—Es anterior al rumor.
Las cuatro volvieron a mirarse.
Aquella pequeña información parecía mucho más importante de lo que aparentaba.
—Entonces el rumor apareció después de que alguien presentó la solicitud —dijo Chen Mai.
—Eso significa que alguien tuvo acceso a información administrativa —añadió Su Lan.
Wang Ji cruzó los brazos.
—O alguien de la administración comenzó a hablar.
Lin permaneció pensativa.
—Tenemos que saber quién la presentó.
Antes de que pudieran continuar, escucharon pasos acercándose por el corredor.
Las cuatro se separaron rápidamente del escritorio.
Chen Mai tomó su mochila.
—Nos vamos.
—Sí —respondió Lin.
Wang Ji miró una última vez el documento.
—Mañana averiguaremos quién lo solicitó.
Las cuatro salieron del aula intentando comportarse con normalidad.
Durante el resto de la jornada, ninguna volvió a mencionar el asunto en voz alta. No porque hubieran perdido interés, sino porque habían comprendido que alguien dentro de la escuela estaba involucrado y que cualquier movimiento demasiado evidente podía hacer que dejaran de encontrar respuestas.
Cuando finalmente terminaron las clases, se reunieron en el mismo banco del patio.
El cielo estaba cubierto de nubes suaves y una brisa fresca movía las ramas de los árboles. La mayoría de los estudiantes ya se había marchado. Algunos caminaban hacia la entrada principal acompañados por sus amigos, mientras otros esperaban a sus padres cerca de la puerta.
Wang Ji apoyó su skateboard contra el banco.
—Tenemos un problema.
Chen Mai suspiró.
—¿Cuál?
—No sabemos quién presentó la solicitud.
—Eso no es un problema —dijo Su Lan—. Es exactamente lo que debemos descubrir.
Wang Ji la miró con una sonrisa.
—Me agradas.
—Gracias.
Lin abrió su cuaderno y escribió algunas cosas que habían descubierto.
—Tenemos la fecha.
—La reunión ocurrió ese mismo día —dijo Chen Mai.
—Y la solicitud apareció antes de que comenzara a circular el rumor.
Su Lan señaló el cuaderno.
—También sabemos que alguien de la administración tuvo que tramitarla.
Wang Ji se inclinó sobre la mesa.
—Entonces nuestra mejor opción es descubrir quién estaba encargado de los documentos del personal docente.
Chen Mai la miró.
—¿Y cómo piensas conseguir ese dato?
Wang Ji sonrió.
—Preguntando.
—¿A quién?
—A la secretaria de la oficina administrativa.
Chen Mai abrió los ojos.
—Ella no va a decirnos nada.
—No necesitamos que nos diga todo.
Lin intervino.
—Podemos preguntarle algo relacionado con los cambios de profesores. Si mencionamos directamente al profesor Chen, podría sospechar.
Su Lan asintió.
—Entonces tenemos que hacerlo parecer una pregunta escolar.
Wang Ji levantó una mano.
—Perfecto. Mañana empezamos.
Al día siguiente, las cuatro llegaron temprano a la escuela.
El aire de la mañana era fresco y el patio todavía estaba medio vacío. Algunas hojas permanecían sobre el suelo húmedo después de la lluvia de la noche anterior. Los estudiantes llegaban poco a poco, algunos corriendo para no llegar tarde y otros caminando tranquilamente mientras conversaban.
Lin entró al edificio junto a sus amigas.
Esta vez no fueron directamente al aula.
Se dirigieron hacia la oficina administrativa.
Al llegar frente a la puerta, las cuatro se detuvieron.
—¿Quién entra? —preguntó Chen Mai.
Wang Ji miró a Lin.
Lin la miró de vuelta.
Su Lan levantó una mano.
—Yo.
Las otras tres la observaron sorprendidas.
—¿Tú? —preguntó Wang Ji.
Su Lan sonrió.
—Soy nueva. Si hago una pregunta, probablemente pensarán que estoy intentando entender cómo funciona la escuela.
Chen Mai sonrió.
—Eso tiene sentido.
Su Lan respiró profundamente y entró.
Las otras tres esperaron afuera.
Pasaron varios minutos.
Lin caminaba lentamente de un lado a otro mientras Wang Ji observaba el reloj.
—Está tardando.
—Eso es bueno —respondió Chen Mai—. Significa que está hablando.
Finalmente, la puerta se abrió.
Su Lan salió con una expresión seria.
—¿Y? —preguntó Wang Ji inmediatamente.
Su Lan miró hacia ambos lados antes de responder.
—No quiso decirme quién presentó la solicitud.
Lin bajó la mirada.
—Entonces no conseguimos nada.
—No exactamente.
Su Lan abrió ligeramente la mano.
Entre sus dedos tenía un pequeño papel.
—Conseguí esto.
Wang Ji tomó aire.
—¿Qué es?
—Una lista de los departamentos que pueden solicitar cambios de asignación docente.
Chen Mai leyó rápidamente.
—Dirección académica... administración... consejo escolar...
Lin observó el último apartado.
—Consejo escolar.
Su Lan asintió.
—La secretaria dijo que cualquier cambio importante debe ser aprobado por ellos.
Wang Ji sonrió.
—Entonces tenemos que descubrir quién forma parte del consejo.
—Y eso será más difícil —dijo Chen Mai.
—No necesariamente —respondió Lin.
Las otras tres la miraron.
—En la biblioteca hay un archivo de información institucional.
Wang Ji sonrió.
—Vamos.
La biblioteca estaba casi vacía durante la primera hora de la mañana. El lugar olía a papel, madera y libros antiguos. Grandes estanterías cubrían las paredes y una serie de ventanas altas dejaba entrar una luz blanca y tranquila. La bibliotecaria organizaba unos libros en una mesa mientras las cuatro revisaban diferentes documentos escolares.
Después de varios minutos, Su Lan encontró una carpeta.
—Aquí.
Las otras se acercaron.
Era un documento con información general sobre la estructura administrativa de la escuela.
Lin comenzó a leer.
—Director...
Chen Mai señaló otra línea.
—Subdirector académico.
Wang Ji pasó una página.
—Y aquí están los miembros del consejo escolar.
Las cuatro se quedaron mirando los nombres.
Había seis personas.
Lin recorrió lentamente la lista.
Uno de los nombres le resultaba familiar.
—Esperen.
Señaló una línea.
—Este.
Chen Mai se acercó.
—¿Lo conoces?
—No personalmente.
Su Lan leyó el cargo.
—Director del consejo escolar.
Wang Ji frunció el ceño.
—¿Qué pasa con él?
Lin recordó el documento que habían encontrado el día anterior.
—Su nombre aparece en el sello de aprobación.
Chen Mai abrió los ojos.
—¿Estás segura?
—Sí.
Wang Ji tomó la carpeta.
—Entonces él pudo haber autorizado la solicitud.
—O haberla recibido —corrigió Su Lan.
Las cuatro volvieron a guardar los documentos.
Ya tenían un nombre.
Pero todavía no sabían por qué aquel hombre quería modificar la asignación del profesor Chen.
La clase de química comenzó poco después.
Chen Yi Shen entró al aula como siempre, con varios libros bajo el brazo y una expresión tranquila. Saludó a los estudiantes y comenzó a escribir en la pizarra.
Lin intentó concentrarse.
Pero aquella mañana había algo diferente.
Ahora sabía que existía una persona relacionada con el documento.
Mientras el profesor explicaba, ella observó discretamente su comportamiento.
Chen parecía completamente concentrado en la clase.
Sin embargo, cuando terminó de escribir en la pizarra, tomó su carpeta y la abrió.
Su expresión cambió durante apenas un instante.
Lin lo vio.
El profesor leyó algo y cerró nuevamente la carpeta.
Después continuó explicando.
Cuando terminó la clase, los estudiantes comenzaron a salir.
Lin guardó sus cosas lentamente.
Wang Ji se acercó.
—¿Viste su cara?
—Sí.
—Él sabe algo.
Chen Mai se unió a ellas.
—No podemos preguntarle directamente.
Su Lan negó con la cabeza.
—Todavía no.
Lin miró hacia la puerta.
—Primero tenemos que descubrir el motivo.
Esa tarde, las cuatro volvieron a reunirse en el patio.
Habían conseguido el nombre de la persona relacionada con la aprobación de los cambios docentes, pero todavía faltaba la parte más importante.
El motivo.
Wang Ji estaba sentada sobre el banco, moviendo una pierna impacientemente.
—Necesitamos otra pista.
—La encontraremos —dijo Lin.
Su Lan sacó de su mochila una copia de las notas que había tomado aquella mañana.
—Hay algo que no les dije.
Las otras tres levantaron la mirada.
—¿Qué?
Su Lan dejó el papel sobre el banco.
—Cuando estaba en la oficina administrativa, escuché a la secretaria mencionar algo.
Chen Mai se inclinó hacia ella.
—¿Qué dijo?
—Habló de un informe.
Lin frunció el ceño.
—¿Qué clase de informe?
—No lo sé.
Wang Ji se puso de pie.
—¿Dónde está ese informe?
Su Lan negó con la cabeza.
—No lo sé.
Durante unos segundos permanecieron en silencio.
Entonces Lin recordó algo.
—La reunión.
Las otras la miraron.
—¿Qué pasa con ella?
—Si la solicitud se presentó antes de que comenzara el rumor y hubo una reunión extraordinaria ese mismo día, probablemente el informe fue discutido allí.
Chen Mai comprendió.
—Entonces el informe podría explicar la decisión.
Wang Ji sonrió.
—Y quizá esté guardado junto con los documentos de la reunión.
Su Lan añadió:
—Pero esos archivos están en la zona administrativa.
Las cuatro se miraron.
Esta vez ninguna necesitó decir lo que estaba pensando.
La investigación estaba lejos de terminar.
Al final de la tarde, Lin regresó al aula porque había olvidado uno de sus cuadernos.
El edificio estaba casi vacío.
Caminó por el pasillo en silencio hasta llegar a la puerta del salón.
Pero antes de entrar escuchó voces.
Se detuvo.
Venían del aula contigua.
Una de ellas pertenecía al profesor Chen Yi Shen.
La otra voz era masculina.
Lin no quería escuchar una conversación privada, así que dio un paso atrás.
Sin embargo, alcanzó a escuchar una frase.
—Si acepta el cambio, todo será mucho más sencillo.
Lin se quedó inmóvil.
La voz de Chen respondió con firmeza:
—No voy a aceptar algo que no considero correcto.
Hubo unos segundos de silencio.
Después la otra persona habló nuevamente.
—Entonces tendrá que asumir las consecuencias.
Lin sintió un escalofrío.
Retrocedió rápidamente antes de que alguien pudiera verla y se ocultó detrás de una columna del pasillo.
La puerta del aula se abrió.
Un hombre salió.
Lin apenas alcanzó a verlo antes de que se alejara hacia las escaleras.
Llevaba un traje oscuro y una carpeta bajo el brazo.
Ella no conocía su nombre.
Pero había algo en aquella conversación que confirmaba sus sospechas.
Aquello no era una simple reorganización de profesores.
Alguien estaba presionando a Chen Yi Shen para que aceptara un cambio que él no quería.
Y ahora Lin sabía que, detrás de aquella decisión, existía una persona dispuesta a obligarlo a hacerlo.