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Las Veredas Del Alma

Las Veredas Del Alma

Status: En proceso
Genre:Reencuentro / Romance / Amor eterno
Popularitas:166
Nilai: 5
nombre de autor: marig

Tres amigos de la infancia. Un amor en secreto que finalmente se anima a nacer. Y un resentimiento silencioso dispuesto a destruirlo todo. Camila brilla con luz propia, Bruno es el chico de pocas palabras que daría la vida por ella, y Milena es la sombra que espera el momento exacto para actuar. Lo que empieza como un romance de escuela secundaria terminará atrapado en una red de manipulación, celos y una trampa mortal en lo profundo. Descubrí hasta dónde se puede llegar cuando la envidia se disfraza de amistad.

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capitulo 5 : trampa en el recreo

El fin de semana fue eterno para los tres. Bruno se encerró en su casa a masticar la culpa y la bronca; Camila pasó los días con un nudo en la panza, sintiendo la injusticia del planteo de su amigo; y Milena usó cada hora libre para terminar de pulir su estrategia.

El lunes por la mañana, el aula de 1° "A" amaneció con un clima espeso. Cuando Camila entró, buscó automáticamente el fondo con la mirada. Bruno ya estaba sentado en su banco de la ventana. Tenía las ojeras marcadas y los auriculares puestos, ignorando al mundo. Camila amagó con caminar hacia él, pero el timbre sonó y el profesor de Matemática entró pisándole los talones. No tuvo más opción que sentarse en su lugar.

Durante las tres primeras horas, nadie se habló. Pero Milena sabía que el silencio no destruía los lazos, los desgastaba; para romperlos, necesitaba acción. Y el recreo largo de las diez y media era el escenario perfecto.

-Cami, ¿vamos al buffet a comprar unos alfajores? -le propuso Milena con voz dulce apenas tocó el timbre.

-Vayan yendo, chicas. Yo me quedo terminando de copiar el ejercicio -avisó Thiago desde el banco de al lado, concentrado en la carpeta.

Camila asintió con desgano. Mientras caminaban por el pasillo atestado de alumnos, Milena divisó a Bruno parado cerca de los casilleros del patio central. Estaba solo, con la espalda apoyada contra la pared y los ojos fijos en la nada.

-Pará, Cami, me olvidé la billetera en la mochila -mintió Milena, frenándose de golpe-. Adelantate al buffet que ya te alcanzo.

Camila siguió de largo entre la multitud. Milena, en vez de volver al aula, caminó directo hacia Bruno. Se paró frente a él con una expresión de supuesta preocupación que ensayó justo antes de hablar.

-Hola, Bruno -dijo en voz baja.

Bruno levantó la vista. Al ver que era Milena, relajó un poco los hombros, pero mantuvo la expresión seria.

-Hola -respondió seco.

-¿Seguís enojado por lo del viernes? -preguntó ella, cruzándose de brazos-. Te fuiste re mal, Bruno. Cami se quedó re angustiada. Estuvo llorando todo el fin de semana por las cosas que le dijiste.

A Bruno se le estrujó el corazón. La sola idea de haber hecho llorar a Camila le daba ganas de pegarle una piña a la pared.

-Fui un bruto, ya sé -admitió él, desviando la mirada, con la voz tomada por la culpa-. Me saqué. No quería hablarle así.

-Es que la verdad... te re entiendo -soltó Milena, soltando un suspiro pesado y acercándose un paso más, bajando la voz como si le estuviera confiando el secreto más grande del mundo-. A mí también me da bronca. Camila cambió un montón desde que llegó Thiago.

Bruno clavó sus ojos oscuros en ella, prestando atención absoluta.

-¿Qué decís? -preguntó, con la mandíbula volviéndose a tensar.

-Y, Bruno... no me gusta hablar mal de ella, pero no sabés las cosas que me cuenta -dijo Milena, fingiendo lástima-. El sábado me mandó un mensaje diciendo que Thiago es "otra cosa", que los chicos del barrio son re infantiles y toscos comparados con él. Me dijo que está re enganchada, Bruno. Que le encanta que él la pase a buscar y que ya está aburrida de la rutina de siempre con nosotros. Con vos, más que nada.

Cada palabra de Milena entró como un puñal en el orgullo y la inseguridad de Bruno. El veneno hizo efecto instantáneo. La culpa que sentía por haber sido duro con Camila se transformó, en un segundo, en un odio ciego y una humillación insoportable. Así que para ella él era un "infantil" y un "tosco". Alguien de quien aburrirse.

-¿Te dijo eso? -preguntó Bruno, con la voz temblando de rabia contenida.

-Te lo juro por lo más sagrado, Brunito. A mí me dolió un montón por vos, porque sé cuánto la cuidás -remató Milena, apoyándole una mano en el brazo con suavidad-. Pero bueno, se ve que la secundaria le subió los humos. Mirá, allá viene.

Bruno levantó la cabeza. Camila venía caminando por el pasillo con dos alfajores en la mano, buscándolos. Cuando vio a Bruno y a Milena juntos, su cara se iluminó y apuró el paso, decidida a pedirle disculpas por el malentendido del viernes y arreglar las cosas.

-¡Hola! Los encontré... -empezó a decir Camila con una sonrisa sincera.

Pero no pudo terminar la frase. Bruno la miró con una frialdad tan cortante que la sonrisa de Camila se desvaneció en el acto. Era una mirada llena de desprecio y despecho, una mirada que nunca antes le había visto.

Sin decirle una sola palabra, Bruno se despegó de la pared de un empujón, le dio la espalda y pasó por el lado de ella como si fuera una perfecta desconocida, chocándole el hombro con brusquedad en el camino.

-¿Bruno? -alcanzó a susurrar Camila, dándose la vuelta, con los ojos llenos de lágrimas que esta vez no pudo contener.

Miró a Milena, buscando una explicación, completamente destruida. Milena la abrazó rápido, escondiendo la sonrisa de satisfacción más grande de su vida contra el hombro de su "mejor amiga". El plan estaba saliendo a la perfección.

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