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Elena: Entre El Deseo Y El Odio.

Elena: Entre El Deseo Y El Odio.

Status: En proceso
Genre:CEO / Casos sin resolver / Amor-odio
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy

Elena a punto de perder la custidia de su hija, esta en la disyintiva entre el amor y el odio a su ex, porque lo considera el autor intelectual de la muerte de sus padres

NovelToon tiene autorización de Elsa Manuel Luis Seudónimo Sissy para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Mateo.

Capítulo 12: Mateo

Despertar junto a ella es un milagro que no sé si merezco. Pero cada mañana, cuando abro los ojos y la veo dormida a mi lado, prometo hacer todo lo posible por ser digno de ese regalo.

El sol entraba a través de las cortinas blancas, pintando rayas doradas sobre la cama. Y allí, acurrucada contra mi pecho como un gato que ha encontrado su lugar en el mundo, estaba Elena. Su cabello rojo se extendía sobre la almohada como un río de fuego, y su respiración era suave, tranquila, la de alguien que finalmente ha encontrado la paz.

No me moví. No quería despertarla. Quería quedarme allí, eternamente, sintiendo el calor de su cuerpo contra el mío, el latido de su corazón sincronizado con el mío, la certeza de que, después de diez años de infierno, habíamos encontrado el camino de regreso a casa.

Pero el teléfono vibró en la mesilla, rompiendo el hechizo.

Maldita sea, susurré, estirando el brazo para apagarlo sin soltarla.

Elena se movió ligeramente, y sus párpados se abrieron. Sus ojos verdes, aún nublados por el sueño, me encontraron con una sonrisa que iluminó toda la habitación.

Buenos días dijo, su voz era un susurro ronco, el más hermoso que había escuchado en mi vida.

Buenos días, mi amor respondí, inclinándome para besar su frente.

¿Quién era?

No sé. No he mirado.

Eres un desastre rió, apartándose ligeramente para estirarse.

Pero soy tu desastre.

La sonrisa de Elena se ensanchó, y por un momento, todo fue perfecto. Pero entonces, el teléfono volvió a vibrar. Y otra vez. Y otra vez.

Será mejor que contestes dijo, señalando el teléfono con un movimiento de cabeza. Puede ser importante.

Tomé el teléfono y miré la pantalla. Diego. Llamaba por tercera vez. Algo no iba bien.

Dime respondí, con la voz tensa.

Mateo, tenemos un problema... dijo Diego, y su voz era grave. Sofía ha desaparecido.

El mundo se detuvo.

¿Qué quieres decir con desaparecido?

Quiero decir que su apartamento está vacío. Que no responde al teléfono. Que sus vecinos no la han visto en dos días. Y que... Mateo, hay algo más.

Dime.

Ha dejado una carta. Para ti. La encontré en su buzón esta mañana, junto con las llaves de su consulta.

Mi corazón se aceleró. Elena, al verme palidecer, se incorporó en la cama y me tocó el brazo.

¿Qué pasa, Mateo?, preguntó y su voz estaba llena de preocupación.

Sofía ha desaparecido, dije y las palabras salieron como un golpe. Y ha dejado una carta para mí.

¿Una carta?

Sí. Diego la tiene. Dice que... dice que está en su buzón.

Elena se levantó de la cama de un salto, con los ojos abiertos de par en par.

Tenemos que ir a buscarla, dijo, y su voz era firme. Tenemos que saber qué dice esa carta.

Elena, no sé si deberías...

Mateo me interrumpió, arrodillándose frente a mí y tomando mi rostro entre sus manos. Sofía mató a mis padres. Pero también fue mi mejor amiga durante veinte años. Necesito saber por qué. Necesito entender. Y si ha dejado una carta, necesito leerla.

La miré a los ojos y vi la determinación en ellos. No era la misma Elena que había llegado a Punta Brava llena de odio. Era una Elena más fuerte, más sabia, más dispuesta a enfrentar la verdad.

Está bien dije, tomando sus manos y besándolas. Vamos juntos.

El viaje a la ciudad duró dos horas. Dos horas de silencio, de miradas cómplices, de manos entrelazadas en el reposabrazos del Jaguar. Lucía se había quedado con una niñera de confianza, una mujer mayor que vivía en el pueblo cercano y que conocía a Mateo desde hacía años.

Cuando llegamos al apartamento de Diego, nos recibió con el rostro serio y un sobre blanco en la mano.

Esto es todo,dijo entregándomelo. No hay más. El apartamento está vacío, como si nunca hubiera vivido allí.

Abrí el sobre con manos temblorosas. Dentro había una carta escrita con la letra pulcra y redondeada de Sofía. La leí en silencio, sintiendo cómo cada palabra se clavaba en mi pecho como una espina.

"Querido Mateo:

Sé que me odias. Y sé que Elena también. No puedo culparlos. Lo que hice fue imperdonable. No había un día en que no despertara pensando en aquella noche, en el humo, en las llamas, en los rostros de tus padres, Elena. No había una noche en que no soñara con ellos.

He pasado diez años tratando de redimirme. Diez años ayudando a Lucía, ayudándote a ti, Elena, aunque tú no lo supieras. Diez años cargando con un peso que no podía compartir con nadie.

Pero ya no puedo más. No puedo seguir viviendo con esta culpa. No puedo seguir mirándolos a los ojos sabiendo lo que hice. Así que me voy. No sé adónde, pero me voy. Y les dejo esto: la verdad completa. Todo lo que pasó aquella noche. Todo lo que sentí. Todo lo que hice.

No pido perdón. No lo merezco. Solo pido que, algún día, puedan entender que no fue maldad. Fue desesperación. Y la desesperación, a veces, nos convierte en monstruos.

Cuiden de Lucía. Y cuídense el uno al otro. Se lo merecen.

Sofía."

Cuando terminé de leer, mis manos temblaban. Elena tomó la carta de mis dedos y la leyó en silencio. Cuando levantó la vista, sus ojos estaban llenos de lágrimas.

Siempre supe que algo no estaba bien, dijo y su voz era apenas un susurro. Pero nunca quise verlo. Nunca quise enfrentarlo.

No fue tu culpa, respondí, tomándola entre mis brazos. Fue suya. Solo suya.

Pero la quería, Mateo. A pesar de todo, la quería.

Lo sé, mi amor. Lo sé.

Nos quedamos abrazados en el salón de Diego, sintiendo el peso de la carta en nuestras manos y el vacío que Sofía había dejado al irse.

No la buscaríamos. No la perseguiríamos. Ella había elegido su camino, y nosotras habíamos elegido el nuestro.

Un camino sin odio.

Un camino sin mentiras.

Un camino que, finalmente, nos llevaba de vuelta el uno al otro.

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