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EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

EL PERDIÓ TODO, EXCEPTO MI AMOR

Status: En proceso
Genre:Romance / Enfermizo
Popularitas:26.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

El perdió todo un día, excepto a mi

NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 9

Pasaron dos semanas desde aquella primera noche de caricias.

Dos semanas en las que el cuerpo de Mariana dejó de ser un territorio desconocido para convertirse en un mapa que Ricardo recorría con los ojos cerrados. Dos semanas en las que las manos de ella aprendieron los ritmos, las presiones, los suspiros que arrancaban gemidos de él. Se conocían de una manera nueva, íntima, que no tenía nada que ver con los años de amistad. Era otra cosa. Era la piel hablando un idioma que ninguno de los dos sabía que podía hablar.

Pero aún no habían cruzado la última línea.

Ricardo no había presionado. Al contrario, era él quien a veces frenaba cuando las cosas se ponían demasiado intensas.

—Todavía no

decía, besándole la frente.

— Quiero que estés segura.

—Lo estoy

respondía ella.

— Nunca he estado más segura de nada.

—Lo sé. Pero quiero que sea especial. Que no sea solo una noche más.

Mariana entendía. Él no solo quería hacer el amor. Quería que el momento fuera perfecto. Porque después de todo lo que habían pasado, el accidente, el coma, la silla de ruedas, la desesperanza, necesitaba que algo, al menos algo, fuera perfecto.

La noche que dejaron de frenar, Ocurrió un viernes. Mariana había tenido una semana brutal en la universidad, dos exámenes parciales, una práctica de suturas que le dejó los dedos agotados y una conferencia sobre traumatología que la hizo pensar más de la cuenta en Ricardo. Llegó a casa con los hombros caídos y los ojos enrojecidos.

—Mala semana

dijo, dejándose caer en el sofá junto a él.

—Lo sé

respondió Ricardo, pasándole un brazo por los hombros.

— Se te ve en la cara.

—¿Tan mal estoy?

—Estás hermosa. Como siempre. Pero cansada. ¿Quieres que pidamos comida? No cocines hoy.

—No tengo hambre

murmuró ella, acurrucándose contra su pecho.

Él no dijo nada. Solo la sostuvo. Sus dedos jugaron con su cabello, enredándose en el, deshaciendo los nudos con una paciencia infinita. Mariana cerró los ojos. El calor de su cuerpo, el latido de su corazón, el olor a jabón y a él. Todo la envolvía como una manta.

—Ricardo

dijo, después de un largo silencio.

—Dime.

—Quiero hacerlo. Esta noche.

Él dejó de respirar un segundo. Ella lo sintió en la tensión de sus músculos, en la forma en que su mano se detuvo sobre su cabello.

—¿Estás segura?

preguntó, con la voz grave.

—Más que nunca.

—Pero estás cansada. Podemos esperar.

—No quiero esperar más

dijo ella, levantando la cabeza para mirarlo a los ojos.

—He esperado años, Ricardo. Años queriendo estar contigo. Y ahora que puedo, ahora que me tienes aquí, no quiero un minuto más de espera.

Él la miró. En sus ojos cafés había algo que ella no había visto antes. No era solo deseo. Era devoción. Era el asombro de alguien que no puede creer su suerte.

—Está bien

 dijo, y su voz era un susurro.

— Esta noche.

Subieron juntos. Bueno, ella subió caminando, él en la silla elevadora que odiaba pero que usaba porque no había otra opción. Cuando llegaron a la habitación, Mariana encendió la lámpara de la mesita. No quería oscuridad. Quería verlo.

—¿Ayudo?

preguntó, refiriéndose a la cama.

—Sí.

Ella lo ayudó a transferirse de la silla a la cama. Era un movimiento que habían practicado cientos de veces, pero esta noche era diferente. Esta noche, cada roce era una promesa.

Cuando él estuvo recostado contra las almohadas, Mariana se sentó a su lado. Lo besó. Suavemente al principio, luego con más fuerza. Sus lenguas se encontraron en un baile que ya conocían, pero que esta noche sabía distinto. Sabía a antes y a después.

Ricardo bajó las manos a la camiseta de ella. Se la quitó con una lentitud deliberada, como si quisiera saborear cada centímetro de piel que iba descubriendo. Luego el sostén. Luego el short. Luego la panti.

Mariana quedó desnuda frente a él.

No se cubrió. No apartó la mirada. Por primera vez en su vida, no se sintió fea. Se sintió deseada. Se sintió hermosa.

—Eres perfecta

dijo Ricardo, recorriéndola con los ojos.

—No sabes cuánto te he deseado.

—Muéstramelo

respondió ella.

Él la atrajo hacia sí. La acostó a su lado y comenzó a besarla desde los labios hacia abajo. El cuello. Los hombros. El pecho. El vientre. Llegó a su entrepierna y ella contuvo la respiración, la cama era grande y le permitía moverse forzando sus manos para ir donde debía.

—¿Puedo?

preguntó, como siempre.

—Sí

respondió ella, con la voz rota.

Él la besó ahí. Y Mariana sintió que el mundo se deshacía. Su lengua era experta, sabía exactamente dónde y cómo. Ella se aferró a las sábanas, arqueó la espalda, gimió su nombre una y otra vez. Cuando llegó al clímax, fue como si una estrella explotara dentro de ella.

—Ricardo

jadeó.

— Ricardo, por favor. Ya. Ahora.

Él asintió. Su rostro estaba encendido, los labios hinchados de tanto besarla.

—Vas a tener que hacer tú

dijo, con la voz ronca.

—Tú arriba. ¿Puedes?

Mariana tragó saliva. Había imaginado este momento tantas veces, pero siempre lo había imaginado de otra manera. Él sobre ella, dominando, guiando. Pero la realidad era otra. La realidad era que él no podía. Y ella lo amaba tanto que eso no importaba.

—Sí

dijo.

— Enséñame.

Se incorporó. Se colocó a horcajadas sobre él, con las piernas a cada lado de sus caderas. Sintió su dureza contra su vientre, caliente, dura, temblorosa. Bajó la mirada y lo vio. Era grande. mucho. Un nudo de miedo y deseo se formó en su estómago.

—Tómalo

dijo Ricardo, guiando su mano hacia él.

— Así. Ahora siéntate lentamente. No te dejes caer. Baja a tu ritmo.

Mariana lo sostuvo. Lo alineó con su entrada. Y comenzó a bajar.

La presión fue inmediata. Sintió cómo él empujaba contra ella, cómo sus paredes se estiraban para darle paso. Era una sensación extraña, no dolorosa aún, pero intensa.

—Despacio

dijo él, con la voz tensa.

— Muy despacio.

Ella bajó un centímetro más. Entonces sintió el dolor.

Fue como una quemadura, un desgarro, algo que la hizo detenerse en seco. Sus dedos se clavaron en los hombros de Ricardo.

—¿Duele?

preguntó él, con preocupación.

—Sí

admitió ella, con los ojos llenos de lágrimas.

— Pero no pares. No quiero que pares.

—No voy a parar. Pero tienes que hacerlo tú. Respira. Relájate. Cuando estés lista, baja un poco más.

Mariana respiró hondo. El dolor seguía ahí, punzante, pero mezclado con algo más. Plenitud. Calor. Él dentro de ella, aunque solo fuera un poco.

Bajó otro centímetro.

El dolor aumentó. Un gemido se escapó de sus labios, no de placer, sino de esfuerzo.

—Mari

dijo Ricardo, con la voz quebrada.

—Podemos parar. No tiene que ser esta noche.

—No

respondió ella, con determinación.

— Quiero seguir. Solo… abrázame. Mientras bajo, abrázame.

Él la abrazó. Sus brazos rodearon su cintura, la atrajeron hacia él. Ella apoyó la frente en su hombro y siguió bajando.

Centímetro a centímetro. El dolor era intenso, pero él la sostenía y dejaba besos en su piel. Le susurraba cosas al oído, eres hermosa, lo estás haciendo bien, respira, estoy aquí. Y esas palabras la empujaban.

Hasta que, de repente, llegó al fondo. Él estaba dentro de ella por completo.

Mariana se quedó inmóvil, temblando. El dolor seguía ahí, pero ya no era insoportable. Era un dolor que se mezclaba con algo más. Conexión. Intimidad. Amor.

—¿Estás bien?

preguntó Ricardo, besándole la frente.

—Estoy

dijo ella, con la voz rota.

— Estás dentro de mí.

—Sí

respondió él, y había asombro en su voz, como si él tampoco pudiera creerlo.

— Estoy dentro de ti.

Pasaron un minuto así. Quizá dos. Ella respirando contra su cuello, él acariciándole la espalda. El dolor comenzó a ceder, reemplazado por una sensación de plenitud que ella no había experimentado nunca.

—¿Puedo moverme?

preguntó.

—Intenta. Muy despacio.

Ella levantó las caderas apenas un centímetro. Luego bajó. El movimiento fue torpe, inseguro, pero el dolor ya no era tan agudo. Al contrario. Empezaba a sentir algo nuevo. Un cosquilleo. Un calor que crecía desde dentro.

—Así

dijo Ricardo, guiando sus caderas con las manos

— Arriba y abajo. Despacio. A tu ritmo.

Ella siguió moviéndose. El ritmo era lento, casi hipnótico. Cada vez que bajaba, lo sentía más profundo. Cada vez que subía, el roce la hacía estremecerse.

—¿Te duele aún?

preguntó él.

—Un poco

admitió ella.

—Pero también… siento otra cosa.

—¿Qué cosa?

—No sé cómo explicarlo. Como si estuviera completa.

Él sonrió. Esa sonrisa que ella conocía de memoria, pero que esta noche era más brillante, más íntima.

—Muévete más rápido

 dijo.

— Si puedes.

Ella obedeció. El ritmo aumentó, y con él, el placer. El dolor casi había desaparecido, reemplazado por una ola que crecía dentro de ella. Ricardo gemía abajo, con los ojos cerrados, la mandíbula tensa.

—Mari

jadeó.

— Voy a…

—Yo también

respondió ella.

— Juntos.

Y llegaron juntos a la liberación, la recorrió como un relámpago, sacudiéndola de la cabeza a los pies. Cayó sobre él, agotada, temblorosa, y él la sostuvo, la abrazó, la besó en el cabello.

—Te amo

dijo él contra su cabeza.

—Yo también te amo

respondió ella, con la voz dormida. Aquella noche, solo supieron que se amaban. Y que nada volvería a ser igual.

Esa noche, solo hubo ellos. Solo hubo amor.

1
Anyeli Sinraiza
Amo esta novela y esta pareja que supera las dificultades
Anyeli Sinraiza
😭 lo sabia lo sabía
Anyeli Sinraiza
ojalá eviten algo peor yo creo algo hará ese juancho
Ana Mosqueado
excelente buena ortografía y emotivo cada capítulo en la lucha de ricardo
Laura Gaza
una trama entretenida atrapante y hermosa
Laura Gaza
😭se pudo evitar tenían q tomar previsiones
Laura Gaza
en este caso ricardo tiene razón esto pierde traer consecuencias peores
Paula Perez
este desgraciado nooo
Paula Perez
tremenda historia de superación personal
carmen Payares
😭😭 noooo ahora falta q le haga algo
carmen Payares
hermosa historia de amor
Paula Perez
ese Juancho es un desastre completo ya esta dando su verdadera cara
carmen Payares
creo que ese Juan hoy será más que un dolor de cabeza
carmen Payares
la oportunidad de la vida Ricardo
Sofia Vermel
buena novela una excelente trama
Lavaña Sierra
ricardo y mariana que lección dan a la vida de superación
Payal Gugta
emotiva hermosa y sencilla
Cushy Cumary
excelente novela me gustó mucho gracias autora
María Osorio
muy buena
Andreina Mesa
simplemente me encanta la novela
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