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LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

LAS LINEAS RECTAS DE TU HISTORIA

Status: Terminada
Genre:Reencuentro / Apoyo mutuo / Amor de la infancia / Romance / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Tras la trágica muerte de sus padres, Tom llega destrozado al orfanato de Santa María. Allí encuentra una luz en la pequeña Alesandra. Unidos por la soledad, los niños se vuelven inseparables y sellan una promesa inquebrantable bajo el solsticio: un día se casarán. Sin embargo, las leyes separan sus caminos; él se marcha a los 18 años hacia la capital financiera y ella es adoptada por una familia en España.
Diez años después, Tom regresa convertido en el temido "especialista de los números" de Londres, un multimillonario implacable dispuesto a usar todo su poder para encontrarla. Cuando un peligroso sindicato criminal ataca a la familia de Alie en Madrid, los hilos del destino colisionan. En mitad de un peligro mortal y secretos de sangre, el hombre de piedra arriesgará su imperio para blindar la vida de su única constante. ¿Podrán los lienzos del pasado vencer las sombras del mañana?

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 16. EL CERCO DEL LOBO

El ambiente en las oficinas de El Eco Local se había vuelto asfixiante con la llegada del otoño madrileño. Las rotativas de la planta baja seguían devorando bobinas de papel, pero el ritmo era engañoso. Rodolfo pasaba horas encerrado en su despacho con las persianas bajadas, rodeado de carpetas clasificadas y tazas de café frío. Las ventas del periódico en papel continuaban en caída libre por la feroz competencia digital, y el director, en un intento desesperado por conseguir una exclusiva histórica que salvara el negocio y el sustento de su familia, había cometido el error de tirar del hilo equivocado. Había puesto la lupa sobre una red criminal dedicada al lavado de activos e inversiones inmobiliarias fraudulentas en la costa española, sin saber que detrás de esas empresas pantalla operaba una rama de la mafia italiana.

Alesandra, que ya caminaba firmemente por los veintiuno años de edad, cruzó la redacción portando las pruebas de imprenta de la sección cultural. Al entrar al despacho de su padre sin anunciarse, lo encontró con la mirada perdida en una hoja de papel satinado que acababa de llegar por correo certificado. El rostro del veterano periodista lucía un tono grisáceo, desprovisto de su habitual vitalidad.

—¿Papá? ¿Ocurre algo malo con la auditoría? —preguntó Alie en voz baja, dejando los folios sobre la mesa de madera.

Rodolfo guardó la carta de inmediato en el cajón interior de su escritorio, forzando una sonrisa que no llegó a reflejarse en sus ojos cansados.

—Nada de qué preocuparse, Alesandra —mintió el director, frotándose las sienes—. Son solo las cuentas del trimestre. La era digital nos está obligando a hacer malabarismos con los presupuestos, pero saldremos adelante, como siempre lo hemos hecho.

Alie frunció el ceño. Sus inmensos ojos azules registraron el sutil temblor en las manos de su padre y la rigidez de su postura. Sabía que le ocultaba algo grave, pero la disciplina profesional le impidió presionar más en ese instante.

Al regresar a su puesto de redactora jefe, Elisa la esperaba apoyada en el marco de la puerta, con una carpeta de prensa internacional bajo el brazo y una expresión de absoluta urgencia en su rostro rizado.

—Tienes que ver esto, jefa —soltó Elisa en un susurro, arrastrando a Alie al interior del cubículo y cerrando la puerta de cristal—. Acaba de confirmarse la agenda oficial de la convención financiera internacional del próximo mes en Madrid. El Ministerio de Economía ha enviado los pases de prensa exclusivos para los directores de medios.

—Eli, tenemos tres reportajes locales retrasados y el cierre de la edición nocturna está a la vuelta de la esquina —replicó Alie con un suspiro, sentándose frente a su ordenador—. No tenemos espacio para cubrir conferencias macroeconómicas de banca privada.

—No es una conferencia cualquiera, Alie —insistió Elisa, abriendo la carpeta y deslizando una fotografía impresa en alta resolución sobre el escritorio—. Mañana por la mañana llega al aeropuerto de Barajas el director ejecutivo de la financiera más importante del Reino Unido. Es un economista superdotado de veinticinco años que está absorbiendo los fondos patrimoniales de media Europa. Dicen que es un hombre de piedra, inaccesible para la prensa, pero viene a negociar la apertura de una sucursal en el paseo de la Castellana. Si conseguimos las primeras declaraciones en la pista de aterrizaje, El Eco Local tendrá una exclusiva que cotizará al alza en todas las agencias nacionales.

Alie bajó la vista hacia la fotografía de forma mecánica, pretendiendo despachar el asunto, pero en cuanto sus ojos se fijaron en la imagen, el corazón le dio un vuelco violento en el pecho. El retrato mostraba a un hombre imponente, de facciones angulosas y severas, cuya mirada destilaba una resolución gélida. La impresión era en blanco y negro, por lo que no se distinguía el color de sus ojos, pero la estructura de su mandíbula y la fijeza de su expresión despertaron un eco dormido en lo más profundo de la memoria de la joven. Sintió una extraña corriente eléctrica recorrerle la espina dorsal, un magnetismo residual que desafiaba los siete años de distancia física.

—Su nombre corporativo es Thomas —añadió Elisa, observando la repentina palidez en las mejillas de su amiga—. Pero en la City de Londres lo llaman el especialista de los números. ¿Te suena de algo, jefa?

Alie tragó saliva con dificultad, apartando la mirada de la fotografía y colocándola bajo una pila de portadas del periódico.

—Es solo una coincidencia, Eli —articuló Alie con la voz ligeramente trémula—. Hay miles de economistas brillantes en el Reino Unido. El tiempo y la distancia ya se encargaron de borrar mi pasado inglés. Además, mañana tengo que ayudar a mi padre con los informes de la sección de investigación.

—Rodolfo no va a estar en la redacción mañana, Alie —cortó Elisa con gravedad—. Me ha pedido que te entregue esto. Ha salido hacia la delegación del gobierno para una reunión privada con la fiscalía de delitos económicos. Me dio instrucciones estrictas de que tú te encargaras de cubrir la recepción en el aeropuerto con los pases de prensa VIP. Quiere que te mantengas alejada del edificio central del periódico durante la mañana.

Alie sintió que una densa sombra de inquietud terminaba de cernirse sobre ella. La insistencia de su padre por enviarla fuera de la redacción, sumada a la misteriosa carta satinada que había intentado ocultar, confirmaba que el peligro que Elisa había advertido días atrás ya no era una hipótesis lejana; el cerco del lobo se estaba cerrando sobre el director de El Eco Local.

—De acuerdo —consintió Alie, tomando los pases de prensa con dedos firmes—. Mañana a primera hora nos plantaremos en la pista de aterrizaje de Barajas. Conseguiremos esas declaraciones del CEO británico y luego descubriré qué demonios le está pasando a mi padre.

Aquella noche, en la penumbra de su habitación señorial, Alie no pudo conciliar el sueño. Abrió el cajón de su mesilla de noche y extrajo el viejo reloj de cuero de Tom. Contempló el movimiento rítmico de las manecillas, sintiendo que el tic-tac se aceleraba en consonancia con los latidos de su pecho. El mañana se presentaba como un escenario cargado de tensiones periodísticas y amenazas mafiosas latentes, sin saber que en el interior de un avión privado que ya sobrevolaba el canal de la Mancha, el especialista de los números repasaba las variables de un desembarco financiero que estaba a punto de colisionar de forma orgánica con su presente español, activando los engranajes de un reencuentro internacional que el destino se había encargado de postergar durante siete largos años.

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