Tras haber huido con el corazón roto. Sofía se va de su pueblo natal Arendell para comenzar una vida nueva lejos de todo lo que le pasó.
En el camino se topa con un joven herido y sin dudar le ayuda, al acercarse se percata de que el joven es alguien de la nobleza y cuando está curando sus heridas con sus poderes de bruja, se da cuenta de que el joven ha sido severamente drogado por un afrodisíaco potente.
Entonces cuando termina el joven toma a Sofía y termina por tener relaciones con él y a la mañana ella se va tras sentir vergüenza y huye deseando borrar de su mente lo ocurrido esa noche sin imaginar que esa noche tuvo consecuencias.
Tiempo después Sofía se da cuenta de que está embarazada y no tiene ni idea de cómo diablos se llama el joven que ayudó. Sin embargo, no se dejó llevar por el miedo y tomó la decisión de seguir con su embarazo y tuvo gemelos.
El Noble no la olvidó la buscó hasta que finalmente dio con ella...
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Capítulo 14: No te escondas de mí...
SOFÍA
Pasó un mes desde que di a luz a los gemelos. Un mes desde que Ida desapareció en el bosque persiguiendo al aliado de Vidar cuya identidad aún era un misterio.
Mientras pensaba en ello miré hacia la carpa y de ella emergió Alaric. Incluso sin su armadura imponía presencia. Era alto, ancho de los hombros, de espalda poderosa y cintura estrecha. Sus brazos parecían hechos para cargar espadas... o bebés, como había descubierto últimamente. Su largo cabello oscuro hasta los hombros, caía suelto y algo desordenado.
Su piel tenía un tono cálido de alguien que estaba acostumbrado al sol y al combate. La máscara marcaba una mandíbula firme, y sus ojos claros—demasiado intensos para mi tranquilidad—parecían ver más de lo que yo deseaba ver.
Y como siempre esa máscara escondía su rostro.
Y mi hija comenzó a quejarse.
—Ya le arruinaste la siesta, muchas gracias.—le dije con un tono sarcástico.
—Solo a una.
La tomó en brazos con sorprendente cuidado. Nuestra hija dejó de llorar casi de inmediato... y luego, con una rapidez traicionera heredada por parte de su padre, estiró una mano diminuta.
Sujetó la correa la de la máscara.
—No.—dijimos al mismo tiempo. Fue muy tarde. Tiró con fuerza inesperada la correa y la máscara cayó al suelo con un golpe seco.
El silencio me atravesó. Alaric se quedó inmóvil. Me llevé una mano a la boca al no poder lo que mis ojos estaban viendo. En verdad que lo miré, sin acero, sin capaz, sin nada entre nosotros.
No había monstruo alguno. No había cicatrices, ni deformidad, ni marca que justificara el uso de esa máscara.
Su rostro era peligrosamente hermoso y demasiado seguro de sí mismo. Pómulos marcados, nariz recta, labios firmes que sabían con exactitud cuando sonreír para hacerme irritar. La clase de hombre por el que una mujer sensata debía de desconfiar de inmediato.
Él intentó tomar la máscara del suelo. La tomé con magia antes de que él tan siquiera pudiera tomarla.
—No lo harás.—Se quedó quieto.
—Sofía...
—No te la pongas...—Me acerqué a él, todavía con sorpresa.
—¿Por qué te escondes?
Desvió la mirada apenas, algo que era raro en él.
—Eso no importa.
—Por supuesto que importa, desde un inicio sabía que no usabas esto solo por unas heridas.
—Las escondo.—Fruncí el ceño.
—No tienes ninguna.—Sus ojos volvieron a mí, oscuros por algo más profundo.—No te escondas de mí.—Se sorprendió.
—No por fuera.
Antes de poder responder, retrocedí un paso atrás. Mi pie chocó con una manta doblada y perdí el equilibrio. Solté un pequeño grito. No llegué al suelo.
Alaric me atrapó de la cintura con una mano, firme y cálida, acercándome a su cuerpo con un solo movimiento. Nuestra hija seguía en el otro brazo, tranquila como si todo fuera normal.
—Siempre tan dramática.—Murmuró.
—Siempre tan insoportable.
—Y siempre mía.
—No em—
No me dejó terminar. Me besó. Directo. Seguro. Como si llevara meses conteniéndose para este momento. Quise alejarlo. De verdad que quise.
Entonces el recuerdo me golpeó. Esa noche en el bosque: la oscuridad, su respiración entrecortada, mis manos sanando sus heridas, el vínculo que nació antes de que yo misma lo entendiera.
Y sin darme cuenta...
Le devolví el beso. El tiempo desapareció en un instante. Hasta que dos llantos indignados estallaron al mismo tiempo. Nuestros gemelos.
Me aparté de inmediato, aprovechando la distracción.
—Bien hecho, Alfa. Has despertado a los dos.
Tomé primero a mi hija y luego acomodé a mi hijo en mi brazo libre. Los pequeños se calmaron con rapidez entre arrullos y caricias.
Cuando al fin levanté la vista, Alaric seguía mirándome. Sin la máscara. Sin esconderse. Y con una sonrisa arrogante que me hizo desear besarlo otra vez... o mejor aún... lanzarle algo a la cabeza.
pero ningún, ningún 9 meses 🤔😬
lo bueno Sofia es que tu mate el el ALFA✨️✨️✨️
Aquí algo no está cuadrando🤔🤔🤔🤔