Cuando sus mundos chocan, la atracción es inmediata, explosiva y peligrosa. Lo que comienza como una misión para Scarlett se convierte en una obsesión mutua donde la línea entre el deber y el deseo se desdibuja peligrosamente.
NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 5
Después de la cena, caminan por las calles vacías. Es absurdo, piensa Scarlett. Ella debería estar reportando cada palabra, cada gesto. Pero su teléfono está apagado y su mente nublada por el vino y la cercanía de Alejandro.
—¿Sabes qué me gusta de ti?
dice él de repente.
—¿Qué?
—Que no te pareces a nadie. Que tienes muros altísimos, pero yo quiero escalarlos.
—¿Y si al escalarlos encuentras algo que no te gusta?
—Me gusta el riesgo.
Se detiene, la toma de los hombros
—Me gustas tú.
Antes de que Scarlett pueda responder, él la besa.
Es un beso lento al principio, casi tierno, que pronto se vuelve hambriento. Sus manos encuentran su cintura, la atraen contra él. Ella se pierde en la sensación sus labios suaves pero firmes, el sabor a vino, el calor de su cuerpo.
Cuando se separan, ambos respiran agitados.
—Ven conmigo
pide él.
—No puedo.
— si puedes. La pregunta es ¿quieres?
Scarlett sabe que debería decir que no. Que esto compromete la misión, su carrera, todo. Pero cuando mira sus ojos negros llenos de deseo, cuando siente su propio cuerpo ardiendo...
—Sí
susurra.
Eso basto y la casa de Alejandro es una mansión en las afueras, moderna, minimalista, con una vista increíble de la ciudad. Apenas cruzan la puerta, él la toma en brazos y la lleva escaleras arriba.
La habitación principal es enorme, con una cama que parece una nube. Alejandro la deposita suavemente y se queda mirándola.
—Eres hermosa
dice con sinceridad.
— La mujer más hermosa que he visto.
—No digas eso.
—Es verdad.
Ella se pone de pie junto a la cama, nerviosa de repente. Algo en su expresión debe delatar su inquietud, porque Alejandro se acerca con lentitud, acariciando su mejilla.
—¿Qué pasa?
pregunta en voz baja.
Scarlett traga saliva. Podría mentir, pero algo en la intimidad del momento la impulsa a la verdad.
—Nunca...
comienza, y se detiene.
Alejandro frunce el ceño, confundido. Luego sus ojos se abren, comprendiendo.
—¿Nunca?
repite con incredulidad
—.¿Nunca has...?
Ella niega con la cabeza, sintiendo las mejillas arder.
—Tengo 25 años. Lo sé, es raro. Pero mi vida... Los estudios, el trabajo... nunca hubo espacio. Y luego llegaste tú y...
—Shhh
la interrumpe él, llevando un dedo a sus labios.
— No digas nada. Es perfecto.
—¿Perfecto?
Alejandro sonríe, una sonrisa tierna que contradice todo lo que ella sabe de él.
—Seré tu primero y el único.
Sus ojos se oscurecen.
— Nadie más va a tocarte. Nunca.
La promesa es posesiva, casi violenta, pero Scarlett solo siente deseo. Deseo y confianza, una combinación peligrosa. ella nunca pensó llegar a esto con el, es solo una misión, pero el le hace algo que la lleva más allá.
—Enséñame
susurra.
Alejandro la besa de nuevo, más lento ahora, más profundo. Sus manos encuentran el cierre del vestido y lo baja con una habilidad que delata experiencia. La tela cae al suelo, dejándola en ropa interior negra.
Él se aparta para mirarla. Sus ojos recorren cada centímetro de su cuerpo, sus pechos firmes cubiertos por encaje, la curva de su cintura, la piel blanca casi irreal.
—Dios
murmura.
— Eres una obra de arte.
Scarlett, avergonzada por tanta atención, intenta cubrirse, pero él detiene sus manos.
—No te escondas. Quiero verte toda.
Él mismo comienza a desvestirse, y ella observa fascinada. Cuando queda desnudo, Scarlett contiene el aliento. Su cuerpo es una obra maestra de tinta y músculo tatuajes cubren sus brazos, su pecho, su abdomen. Dragones, rosas, nombres, símbolos. Una constelación de historias grabadas en su piel.
Y su amigo, grande, imponente, la intimida y la excita a partes iguales.
Alejandro nota su mirada.
—¿Miedo?
pregunta.
—Nervios.
Responde ella.
—Confía en mí.
La toma de la mano y la guía hasta la cama nuevamente. La recuesta con suavidad, colocándose sobre ella. Su peso es agradable, cálido. Scarlett envuelve sus brazos alrededor de su cuello.
—Dime si quieres parar
dice él.
— En cualquier momento. ¿Entendido?
—Entendido.
Comienza a besarla de nuevo, pero ahora sus manos exploran. Recorren sus costillas, la curva de sus caderas, sus muslos. Cuando llega a la última prenda, duda, y pregunta.
—¿Puedo?
—Sí.
Quita su ropa interior lentamente. Luego se separa para mirarla completamente desnuda.
—Eres tan hermosa
repite, y esta vez ella no se esconde.
Él desciende, besando su cuello, sus clavículas, el valle entre sus pechos. Toma uno de sus pechos en su boca y Scarlett gime, arqueando la espalda. La sensación es nueva, abrumadora.
—Alejandro...
—Disfruta
murmura contra su piel.
— Esto es solo el principio.
Continúa su descenso, besando su estómago, sus caderas. Cuando sus labios llegan a la intimidad de sus muslos, ella se tensa.
—¿Qué haces?
—Voy a adorarte.
Antes de que pueda protestar, su boca está sobre ella, en el lugar más íntimo. Scarlett jadea, agarrando las sábanas con fuerza. Nunca imaginó que pudiera sentirse así oleadas de placer que recorren su cuerpo, que la hacen olvidar su propio nombre.
—Alejandro, por favor
implora, sin saber qué pide exactamente.
Él sigue, incansable, hasta que ella siente que algo se rompe, que una ola gigante la arrastra. Grita su nombre mientras tiembla incontrolablemente.
Cuando vuelve en sí, Alejandro está sobre ella, sonriendo con satisfacción.
—Eso fue...
intenta decir.
—Fue hermoso. Pero aún no terminamos.
Ella mira hacia abajo, a su amigo despierto que espera.
—esa cosa dolerá...
—Un poco. Solo al principio. ¿Quieres seguir?
Scarlett respira hondo. Ha enfrentado a criminales, balas, peligros mortales. Esto es diferente. Esto es entregarse y lo está haciendo con un mafioso, algo que nunca imagino, pero que ahora no se dará permiso a pensar.
—Sí.
Alejandro la besa suavemente mientras se coloca en posición. Ella siente la punta de él presionando su entrada y contiene el aliento.
—Mírame
pide él.
— Mírame a mí.
Ella obedece. Sus ojos verdes se encuentran con los negros de él.
—Eres mía
susurra Alejandro.
— Desde este momento, para siempre. Mi única, mi primera, mi última.
Y empuja.
Scarlett siente una punzada aguda, un dolor breve que la hace jadear. Pero Alejandro se detiene inmediatamente, esperando, dejando que se acostumbre.
—¿estás bien rojita?
pregunta angustiado.
—Bien
miente ella, pero ya el dolor cede, reemplazado por una sensación de plenitud extraña.
— Sigue.
Él comienza a moverse, lentamente al principio. Scarlett se adapta a su ritmo, sintiendo cómo su cuerpo responde, cómo el placer empieza a construir de nuevo.
—Más...
pide.
— Más rápido.
Alejandro obedece, perdiendo el control que había mantenido. Sus embestidas se vuelven más profundas, más urgentes. Scarlett lo envuelve con sus piernas, aferrándose a sus hombros.
—Eres mío
susurra ella, y esas palabras lo desatan.
Alejandro la posee con desesperación, como si temiera que fuera a desaparecer, como si necesitara marcarla, hacerla suya en cada nivel posible. Scarlett recibe cada embestida con gemidos que se vuelven gritos.
Cuando ambos alcanzan el clímax, es simultáneo. Él grita su nombre, ella entierra sus uñas en su espalda. Por un momento, el mundo deja de existir, y solo son dos almas unidas por el deseo.
Quedan enredados, sudorosos, respirando agitados. Alejandro la abraza con fuerza, enterrando su rostro en su cabello.
—Nunca
dice en voz baja.
— Nunca había sentido esto.
Scarlett no responde. Está demasiado abrumada por lo que acaba de pasar. Por lo que siente. Por el hecho de que acaba de entregar lo más íntimo a un criminal, y no se arrepiente.
—¿Te arrepientes?
pregunta él, como si leyera su mente.
—No
responde, sorprendiéndose a sí misma.
—No me arrepiento.
Alejandro la mira.
—Prométeme una cosa.
—¿Qué?
—Pase lo que pase, no me mientas. No en esto. No con nosotros.
Scarlett siente un nudo en el estómago. Porque ya le ha mentido. Porque él no sabe quién es ella realmente.
—Lo prometo
susurra, sabiendo que es una promesa que no podrá cumplir.
Alejandro sonríe, satisfecho, y vuelve a abrazarla. En minutos, su respiración se vuelve rítmica se ha dormido.
Scarlett permanece despierta, mirando el techo. Su teléfono está abajo, en su bolso. Debería reportar. Debería levantarse ahora mismo.
Pero no puede moverse. No quiere moverse.
Por primera vez en su vida, Scarlett O'Connor, la agente más letal del FBI, no sabe qué hacer.
Y eso, piensa mientras acaricia el rostro dormido de Alejandro, es lo más aterrador de todo.