Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.
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Capítulo 13: Recuerdos enterrados
El silencio dentro de la cámara subterránea era absoluto.
Noah sostenía la fotografía con las manos temblorosas.
Dos niños sonreían frente a una antigua casa rodeada de árboles. Uno de ellos era él. El otro era Adrián.
No había duda.
La fotografía era auténtica.
—¿Cómo es posible...? —susurró Noah.
Adrián tomó la imagen y la observó durante unos segundos.
Su respiración se volvió pesada.
—No recuerdo esto..
Elías se acercó con cuidado.
—La fotografía tiene más de quince años. No parece manipulada.
Matteo cruzó los brazos.
—Entonces alguien ocultó esa parte de sus vidas.
Noah cerró los ojos con fuerza.
Intentó recordar.
Una casa.
Un jardín.
Una risa.
Una voz femenina llamándolo por su nombre...
Pero el recuerdo desapareció tan rápido como llegó.
—No puedo...
Adrián levantó la vista.
—¿Qué ocurre?
—Siento que estuve allí... pero es como si alguien hubiera arrancado esos recuerdos de mi cabeza.
El líder de Cuervo Negro sintió exactamente lo mismo.
El cofre guardaba algo más.
Debajo de la fotografía había un sobre amarillo sellado con cera negra.
Adrián rompió el sello con cuidado.
Dentro había una carta escrita a mano.
La letra era elegante.
Temblorosa.
Comenzó a leer en voz alta.
"Si alguno de ustedes está leyendo esto, significa que hemos fracasado."
Todos guardaron silencio.
"Nuestros hijos jamás debieron cargar con nuestros pecados."
Noah sintió un nudo en la garganta.
"Adrián y Noah crecieron juntos durante un tiempo, lejos de la mafia. Creímos que podríamos ofrecerles una infancia normal, pero descubrimos demasiado tarde que la Orden Carmesí ya nos vigilaba."
Adrián dejó de leer por un momento.
Sus ojos grises se endurecieron.
Continuó.
"Nos vimos obligados a separarlos y borrar cualquier rastro de aquel lugar. Si algún día vuelven a encontrarse, deberán confiar el uno en el otro. Solo juntos podrán detener lo que nosotros comenzamos."
La carta terminaba con dos firmas.
Alessandro De Luca.
Riccardo Salvatore.
Los padres de ambos.
El regreso a la mansión fue completamente silencioso.
La lluvia golpeaba los cristales del automóvil mientras Noah observaba la fotografía una y otra vez.
Cada vez que miraba el rostro del pequeño Adrián sentía una extraña nostalgia.
Como si hubiera perdido algo muy importante.
—¿En qué piensas? —preguntó Adrián sin apartar la vista de la carretera.
—En que toda mi vida fue una mentira.
Adrián no respondió.
Porque él sentía exactamente lo mismo.
Al llegar, Matteo reunió a los hombres para reforzar la seguridad.
Mientras tanto, Adrián acompañó a Noah hasta la enfermería para revisar la herida de su hombro.
Elías terminó de cambiar el vendaje.
—No fue profunda.
Noah sonrió.
—Te dije que era solo un rasguño.
—Sigue siendo una herida.
Adrián permanecía apoyado contra la pared, observando cada movimiento del médico.
Cuando Elías terminó, se marchó discretamente.
La habitación quedó en silencio.
—¿Qué? —preguntó Noah al notar que Adrián seguía mirándolo.
—Casi te pierdo hoy.
Noah bajó la mirada.
—Pero no pasó.
Adrián dio un paso hacia él.
—No quiero volver a sentir eso.
Aquellas palabras hicieron que el corazón de Noah se acelerara.
—Adrián...
—No.
Esta vez fue él quien interrumpió.
—Déjame hablar.
Noah asintió.
Adrián respiró profundamente.
—Toda mi vida pensé que debía mantener a todos lejos de mí para protegerlos.
Hizo una breve pausa.
—Pero contigo ya no puedo hacerlo.
Los ojos verdes de Noah brillaron.
—Porque...
Adrián levantó lentamente una mano y acarició con delicadeza su mejilla.
—Porque me importas más de lo que debería.
Noah cerró los ojos por un instante, disfrutando del contacto.
Luego apoyó su mano sobre la de Adrián.
—Tú también me importas.
Las palabras salieron casi en un susurro.
Ya no había espacio para seguir ocultándolo.
Ambos lo sabían.
Lo que había comenzado como una alianza se estaba convirtiendo en algo mucho más profundo.
Y mucho más peligroso.
En ese mismo instante...
Muy lejos de la mansión De Luca...
Dentro de una habitación completamente oscura...
Un hombre observaba varias fotografías extendidas sobre una mesa.
Todas eran de Adrián y Noah.
En una aparecían entrando al baile.
En otra escapando de la catedral.
Y en la más reciente...
El beso que habían compartido frente al cofre.
El hombre sonrió lentamente.
—Al final ocurrió exactamente como estaba previsto.
Otro sujeto, también enmascarado, se acercó.
—¿Debemos eliminarlos?
El desconocido negó con la cabeza.
—Todavía no.
Tomó la fotografía donde ambos aparecían besándose.
—Mientras más fuerte sea su vínculo...
Más dolorosa será la traición.
—¿Y cuándo comenzará la siguiente fase?
El hombre levantó la mirada.
Sus ojos eran de un intenso color ámbar.
—Mañana.
Porque ha llegado el momento de que conozcan al verdadero líder de la Orden Carmesí.
La habitación quedó en silencio.
Y, por primera vez desde que comenzó aquella guerra, el enemigo dejó de ser una simple organización.
Ahora tenía un rostro.
Un rostro que parecía conocer cada detalle del pasado de Adrián y Noah.
Continuará...
Y cuando creían tener todas las respuestas, una nueva amenaza aparece entre las sombras. En este mundo, nadie es completamente inocente y cada secreto puede convertirse en un arma.