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Que Dolor Me Da Quererte

Que Dolor Me Da Quererte

Status: Terminada
Genre:Venganza / Completas
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: analysi

Bella campesina y rico citadino se aman contra la voluntad de él. Ella sufre humillación en la ciudad. Él cambia. Ella huye. Él la busca. Celos, maldad y un embarazo los unen para siempre.

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Capítulo 7: El mensajero del destino

La carta de Elena viajó rápido hacia la ciudad. En menos de tres días, llegó a las manos de Victoria Montenegro, quien la leyó con una mezcla de furia y satisfacción. Su hijo, su heredero, estaba perdido en un pueblo polvoriento, enredado con una campesina que no merecía ni siquiera el aire que respiraba. Y ahora, una mujer que parecía conocer la situación ofrecía su ayuda para separarlos.

Victoria no dudó. Llamó a su mayordomo y ordenó que prepararan el coche. Iba a viajar al campo personalmente, pero esta vez no iría sola. Llevaría a su esposo, el patriarca de los Montenegro, un hombre de negocios frío y calculador que rara vez se involucraba en asuntos familiares. Pero cuando Victoria le mostró la carta, supo que era momento de actuar.

—No puedo permitir que mi hijo arruine su vida por una mujer de campo —dijo don Rodrigo Montenegro, con voz de acero—. Si es necesario, lo traeremos arrastrando de vuelta.

El viaje fue largo y tedioso. Los caminos polvorientos ensuciaron el coche, y el calor del campo era sofocante para quienes estaban acostumbrados al aire acondicionado de la ciudad. Pero cuando finalmente llegaron al pueblo, su determinación solo se había fortalecido.

Mientras tanto, en casa de don Justo, Lucía y Sebastián disfrutaban de una mañana tranquila. Habían superado la tormenta de Elena, y su relación se sentía más fuerte que nunca. Don Justo, aunque todavía reservado, había comenzado a aceptar a Sebastián. Incluso le había enseñado algunos trucos para cultivar frijoles, y el joven citadino demostraba una habilidad sorprendente para aprender.

—Lo estás haciendo bien —dijo don Justo, observando a Sebastián arrancar la maleza del huerto—. Ya casi pareces un campesino de verdad.

Sebastián sonrió, limpiándose el sudor de la frente.

—Es el mejor cumplido que me han hecho en mucho tiempo, señor Justo.

Lucía, que estaba regando las flores cerca de la casa, observaba la escena con una sonrisa en los labios. Todo parecía estar mejorando. Hasta el viento soplaba más suave, como si el campo mismo aprobara el amor que florecía entre ellos.

Pero el cielo, ese día, estaba demasiado despejado. La calma siempre precede a la tormenta.

El ruido del motor se escuchó desde lejos. Un coche, y no cualquier coche, sino uno grande, negro, con vidrios polarizados y una matrícula de la ciudad. Lucía sintió que el corazón se le detenía. Reconoció ese coche. Era el mismo que había visto cuando Victoria Montenegro llegó la primera vez.

—Sebastián —llamó, con voz temblorosa—. Vienen.

El joven levantó la cabeza y, al ver el coche, su rostro palideció. No podía creerlo. Su madre había vuelto. Pero esta vez no venía sola. Del coche bajó su padre, don Rodrigo Montenegro, un hombre alto y severo que parecía hecho de mármol. Su traje oscuro era impecable, y sus ojos, tan grises como los de Sebastián, pero mucho más fríos, recorrieron el paisaje con visible desprecio.

—Sebastián —dijo don Rodrigo, con voz grave—. Venimos a buscarte.

—Padre —respondió Sebastián, cuadrando los hombros—. No me voy a ir.

—No tienes elección —intervino Victoria, ajustándose el collar de perlas—. Tu lugar está en la ciudad, con los negocios, con tu familia. No en este... este estercolero.

Don Justo, que había salido de la casa al escuchar los gritos, se plantó frente a ellos con los brazos cruzados.

—Esta es mi casa, y aquí no entran con ese tono. Si tienen algo que decir, díganlo con respeto.

—Respeto —repitió Victoria, soltando una risa amarga—. ¿Respeto a un campesino que quiere robarle el hijo a su madre? No esperen respeto de mí.

Lucía sintió que las lágrimas amenazaban con salir. Las palabras de Victoria eran como cuchillas, pero no podía permitirse mostrarse débil. Dio un paso al frente y tomó la mano de Sebastián.

—Yo no lo obligo a quedarse —dijo, con voz firme—. Él está aquí porque quiere. Porque me ama.

—¿Amor? —don Rodrigo alzó una ceja—. El amor no paga facturas, ni construye imperios. Mi hijo tiene un destino, y tú no eres parte de él.

Sebastián apretó la mano de Lucía y dio un paso al frente.

—Mi destino lo elijo yo —dijo, con voz de acero—. Y he elegido estar aquí, con ella. Si eso significa perder su fortuna, que así sea. Prefiero ser pobre y feliz a rico y vacío.

Victoria dio un paso atrás, como si su hijo le hubiera asestado un golpe físico.

—¿Cómo te atreves? —dijo, con la voz entrecortada—. Hemos dado todo por ti. Te hemos dado educación, oportunidades, un futuro. Y tú lo tiras todo por una... por una...

—No termine esa frase, madre —la interrumpió Sebastián, con un tono que no admitía réplica—. Si respeta algo de mí, respete a la mujer que amo.

El silencio se hizo pesado. Don Rodrigo observó a su hijo con una mezcla de ira y, quizá, un atisbo de orgullo. Nunca había visto a Sebastián tan firme. Tan seguro de sí mismo.

—Escúchame bien, hijo —dijo don Rodrigo, bajando la voz—. No estoy aquí para humillarte ni para humillarla. Estoy aquí porque necesito que entiendas las consecuencias de tus actos. Si te quedas aquí, perderás todo. La herencia, los negocios, el apellido. Todo lo que hemos construido durante generaciones.

—Lo sé —respondió Sebastián, sin dudar—. Y estoy dispuesto a perderlo todo.

Don Rodrigo lo miró largamente, y por un instante, su máscara de hielo se resquebrajó. Algo en los ojos de su hijo le recordó a sí mismo cuando era joven, cuando también había desafiado a su propio padre por amor. Pero había perdido esa batalla, y siempre lo había lamentado.

—Te daremos una semana —dijo finalmente—. Una semana para que reflexiones. Si después de ese tiempo sigues aquí, entonces realmente habrás elegido. Pero ten en cuenta que, cuando cruces esa línea, no podrás volver atrás.

Victoria abrió la boca para protestar, pero don Rodrigo la detuvo con un gesto.

—Basta, Victoria. Hemos dicho lo que teníamos que decir.

El coche dio la vuelta y se alejó, levantando una nube de polvo que cubrió el patio. Lucía y Sebastián se quedaron abrazados, sintiendo que el peso del mundo todavía reposaba sobre sus hombros.

—No les hagas caso —susurró ella—. No importa lo que pierdas, yo estaré contigo.

—Y yo contigo —respondió él, besándole la frente—. Siempre.

Don Justo los observó en silencio. Por primera vez, sintió que tal vez, solo tal vez, el amor de aquellos dos jóvenes era más fuerte que cualquier obstáculo. Pero también sabía que una semana era poco tiempo. Y que el campo, por más seguro que pareciera, era un lugar donde los sueños a menudo se rompían.

Esa noche, mientras cenaban, Sebastián parecía distraído. Lucía notó que su mirada se perdía en el horizonte, y supo que estaba pensando en las palabras de su padre. No en la herencia, no en el dinero, sino en la familia que había dejado atrás.

—¿Te arrepientes? —preguntó ella, con voz suave.

Sebastián la miró y su expresión se suavizó.

—Nunca —respondió—. Jamás me arrepentiré de haberte conocido.

Pero ambos sabían que la semana que se avecinaba sería la más difícil de sus vidas. Y que el destino, caprichoso y cruel, aún les deparaba muchas sorpresas.

Elena, desde la distancia, observaba los movimientos de los Montenegro con una sonrisa de satisfacción. Su plan estaba funcionando. La ciudad había llegado al campo, y pronto, la tormenta arrasaría con todo.

—Esto apenas comienza, Lucía —susurró—. Pronto sabrás lo que es perderlo todo.

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Adriana Trejo
será que sebastian va encerio 🤔🤨 con enamorar a Lucía y trabajar la tierra , no me convence
Adriana Trejo
interesante 🤔 comienzo !!
Monica Liliana Broudiscou
estuvo muy buena, me gustó mucho, muchas felicitaciones🥰👏👏👏👏👏
Lis
🐍
valeska garay campos
bella historia
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