NovelToon NovelToon
Destinos Entrelazados

Destinos Entrelazados

Status: En proceso
Genre:Romance
Popularitas:389
Nilai: 5
nombre de autor: Orozco

Cuando Valentina Rojas, una joven fotógrafa que intenta reconstruir su vida después de una dolorosa traición, conoce a Alejandro Montenegro, un exitoso arquitecto marcado por secretos familiares, ninguno imagina que sus caminos terminarán unidos por el amor. Entre encuentros inesperados, malentendidos, rivales, sueños y sacrificios, deberán descubrir si el amor verdadero es capaz de superar cualquier obstáculo.

NovelToon tiene autorización de Orozco para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

miradas que hablan

Durante varios minutos después de entrar en su apartamento, Valentina permaneció apoyada contra la puerta.

Tenía una sonrisa imposible de ocultar.

Aquello la sorprendía.

Hacía mucho tiempo que nadie conseguía hacerla sentir de aquella manera.

Ni siquiera durante los mejores momentos de su relación con Andrés había experimentado aquella tranquilidad.

Porque eso era lo que más le llamaba la atención de Alejandro.

No eran sus ojos.

No era su atractivo.

No era su éxito.

Era la paz que sentía cuando estaba con él.

Como si pudiera bajar la guardia sin temor a salir herida.

Sin embargo, esa misma sensación también la asustaba.

Porque significaba que estaba comenzando a abrir su corazón nuevamente.

Y eso siempre implicaba un riesgo.

Valentina caminó hasta la cocina y se sirvió un vaso de agua.

Intentó concentrarse en cualquier cosa que no fuera Alejandro.

Pero fue inútil.

Su teléfono vibró.

Su corazón reaccionó antes que ella.

Tomó el móvil.

Era un mensaje.

De él.

"¿Llegaste bien?"

Valentina sonrió de inmediato.

"Sí. Gracias por preocuparte."

La respuesta llegó pocos segundos después.

"Me alegra. Descansa."

Ella observó la pantalla durante varios segundos.

Era un mensaje simple.

Pero había algo cálido en aquellas palabras.

Algo sincero.

Y, por primera vez en mucho tiempo, se acostó con una sonrisa.

A la mañana siguiente, el despertador sonó demasiado temprano.

Valentina protestó mientras se cubría la cabeza con una almohada.

Pero finalmente se levantó.

Tenía una reunión importante relacionada con la exposición fotográfica.

Después de prepararse, llegó a la revista poco antes de las nueve.

Laura ya la esperaba.

—Buenos días.

—¿Por qué tienes esa sonrisa?

Valentina arqueó una ceja.

—¿Qué sonrisa?

—La sonrisa de alguien que pasó una noche agradable.

—Eres imposible.

Laura soltó una carcajada.

—Entonces sí hubo cita.

—Fue un café.

—Claro.

—Y una caminata.

—Ajá.

—Y lluvia.

Laura abrió los ojos.

—¿Lluvia romántica?

—Laura.

—¿Qué?

—Nada romántico ocurrió.

—Todavía.

Valentina negó con la cabeza mientras tomaba asiento.

Pero muy en el fondo sabía que Laura tenía razón en algo.

Nada romántico había ocurrido.

Y aun así, algo estaba cambiando.

Algo importante.

Esa misma mañana recibió los detalles de la exposición.

El proyecto consistía en retratar diferentes aspectos de la ciudad.

Sus habitantes.

Sus historias.

Sus sueños.

Era exactamente el tipo de trabajo que amaba.

Pasó varias horas organizando ideas y posibles ubicaciones.

Y cuando estaba completamente concentrada, recibió una llamada inesperada.

El nombre que apareció en la pantalla hizo que sonriera automáticamente.

Alejandro.

Respiró hondo antes de contestar.

—Hola.

—Hola.

La voz de Alejandro sonó tranquila.

—Espero no interrumpir.

—No lo haces.

—Perfecto.

Hubo una breve pausa.

—Quería preguntarte algo.

—Dime.

—¿Ya comenzaste a trabajar en la exposición?

—Estoy organizando todo.

—Entonces quizá pueda ayudarte.

Valentina se acomodó en su silla.

—¿Ayudarme cómo?

—Conozco muchos lugares interesantes de la ciudad.

—¿Te ofreces como guía turístico?

—Algo así.

Ella sonrió.

—¿Y cuánto cobras?

—Un café.

Valentina rió.

—Eso parece sospechosamente barato.

—Estoy haciendo un descuento especial.

Aquella conversación sencilla logró alegrarle el resto de la mañana.

Dos días después se encontraron nuevamente.

Esta vez en una antigua zona histórica de la ciudad.

Alejandro había insistido en mostrarle algunos lugares que casi nadie conocía.

Y, para sorpresa de Valentina, tenía razón.

Las calles estaban llenas de colores.

Murales.

Pequeñas plazas.

Edificios antiguos cargados de historia.

Era un paraíso para cualquier fotógrafo.

—¿Cómo descubriste este lugar?

—Cuando estudiaba arquitectura solía caminar por aquí.

—¿Hace mucho?

—Más de lo que me gusta admitir.

Ella rió.

—Todavía no eres tan viejo.

—Gracias por la compasión.

Valentina levantó la cámara.

—Quédate ahí.

—¿Por qué?

—La luz es perfecta.

Alejandro obedeció.

Ella tomó varias fotografías.

Y una vez más ocurrió lo mismo.

Las imágenes parecían capturar algo especial.

Algo auténtico.

Porque Alejandro nunca posaba.

Simplemente existía frente al lente.

Y eso hacía que cada fotografía resultara extraordinaria.

—Creo que tu cámara me aprecia demasiado.

—No es la cámara.

—¿Entonces?

Valentina bajó el lente.

—Eres fotogénico.

—No sé si creer eso.

—Créelo.

Por alguna razón, Alejandro pareció satisfecho con aquella respuesta.

Pasaron gran parte de la tarde recorriendo la ciudad.

Y cuanto más tiempo compartían, más natural se volvía su compañía.

Ya no existían silencios incómodos.

Ya no había nervios constantes.

Solo conversaciones sinceras.

Y risas.

Muchas risas.

En un momento terminaron sentados en una pequeña plaza observando a varios niños jugar.

—Siempre quise tener una familia grande —comentó Alejandro de repente.

Valentina lo observó.

—¿Sí?

—Sí.

—No esperaba esa respuesta.

—¿Por qué?

—Porque la mayoría de los hombres exitosos que conozco están obsesionados con trabajar.

Alejandro permaneció unos segundos en silencio.

—El trabajo es importante.

—Pero...

—No es lo más importante.

Valentina sintió que algo se suavizaba dentro de ella.

Aquellas palabras revelaban mucho sobre él.

Más de lo que probablemente imaginaba.

—¿Y tú? —preguntó Alejandro.

—¿Yo qué?

—¿Qué soñabas cuando eras niña?

Valentina sonrió.

—Viajar.

—¿Solo eso?

—Y fotografiar el mundo entero.

—Eso suena ambicioso.

—Lo era.

—¿Y todavía lo es?

Ella pensó unos segundos.

—Sí.

—Entonces deberías hacerlo.

La respuesta fue tan sencilla que la hizo reír.

—Como si fuera fácil.

—Los sueños importantes nunca lo son.

Aquella frase quedó grabada en su mente.

Mientras tanto, alguien observaba desde la distancia.

Camila Vélez.

La exnovia de Alejandro.

Acababa de salir de una reunión cercana cuando lo vio.

Y al principio no lo reconoció.

Porque hacía años que no veía aquella expresión en su rostro.

La expresión de un hombre feliz.

Entonces siguió la dirección de su mirada.

Y encontró a Valentina.

La joven fotógrafa reía mientras hablaba con él.

Camila sintió una desagradable sensación en el pecho.

Durante mucho tiempo creyó que Alejandro jamás volvería a enamorarse de nadie.

Después de todo lo ocurrido entre ellos, él había cerrado completamente su corazón.

O eso pensaba.

Pero ahora estaba equivocada.

Muy equivocada.

Porque la forma en que la observaba decía todo lo que necesitaba saber.

Aquellas miradas hablaban.

Y contaban una historia que apenas comenzaba.

Camila entrecerró los ojos.

No sabía quién era aquella mujer.

Pero estaba decidida a averiguarlo.

Al caer la tarde, Valentina y Alejandro regresaron al centro de la ciudad.

Habían pasado casi todo el día juntos.

Y ninguno parecía haber notado el paso del tiempo.

—Creo que encontré varias fotografías para la exposición.

—Entonces mi trabajo como guía fue un éxito.

—Definitivamente.

Llegaron a una esquina donde sus caminos debían separarse.

Y, una vez más, apareció aquella sensación extraña.

La sensación de no querer despedirse.

—Gracias por hoy —dijo Valentina.

—Gracias a ti.

Sus ojos se encontraron.

Y el ruido de la ciudad pareció desaparecer durante unos segundos.

Aquellas miradas decían cosas que todavía ninguno estaba preparado para pronunciar.

Interés.

Confianza.

Cariño.

Y algo más.

Algo que crecía lentamente entre ellos.

Algo que comenzaba a parecerse peligrosamente al amor.

Pero ninguno lo sabía todavía.

Porque algunas historias no nacen con grandes declaraciones.

Ni con besos apasionados.

Algunas historias comienzan con pequeños momentos.

Con conversaciones sinceras.

Con sonrisas inesperadas.

Y con miradas que hablan cuando las palabras ya no son suficientes.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play