Bienvenidos a La Prometida del Enemigo. 🖤
Dos familias enfrentadas. Un matrimonio arreglado. Un secreto oculto durante años.
Lo que comienza como una unión por obligación se convertirá en una historia de amor, traición, poder y venganza. Nada es lo que parece, y cada capítulo revelará una nueva verdad.
¿Están listos para descubrir quién es realmente la prometida del enemigo?
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Capítulo 9 – El paquete misterioso
El salón permanecía en un silencio absoluto.
La lluvia golpeaba los enormes ventanales mientras la mujer desconocida respiraba con dificultad. Su cabello mojado caía sobre su rostro y sus ojos no dejaban de mirar a Valeria.
Adrián seguía de pie delante de su esposa.
No era un gesto planeado.
Simplemente había reaccionado por instinto.
Valeria lo notó, pero decidió no decir nada.
—¿Quién es usted? —preguntó nuevamente Víctor Moretti con voz firme.
La mujer respiró hondo.
—Mi nombre no importa.
—En esta casa sí importa.
—Si les digo quién soy, dejarán de escuchar lo que realmente vine a decir.
Camila soltó una risa burlona.
—Yo digo que llamemos a la policía.
La desconocida giró lentamente hacia ella.
—Si llamás a la policía, dentro de una hora ya no voy a estar con vida.
El comentario hizo que varias personas se miraran entre sí.
No parecía una amenaza.
Parecía una certeza.
Adrián tomó la caja envuelta con el lazo rojo y la colocó cuidadosamente sobre el escritorio del despacho.
Nadie se acercó.
Todos mantenían cierta distancia.
—¿Estás segura de que no debemos abrirla? —preguntó Adrián.
La mujer asintió.
—No hasta saber quién la envió.
Víctor cruzó los brazos.
—¿Cómo sabés que alguien quiere hacerle daño a mi familia?
La desconocida bajó la mirada.
—Porque hace años que observo los mismos movimientos.
Y esta vez...
Van dirigidos hacia ella.
Señaló directamente a Valeria.
La joven sintió un escalofrío.
—¿Por qué yo?
La mujer sonrió con tristeza.
—Porque algunas personas creen que sos la llave para conseguir lo que buscan.
Valeria frunció el ceño.
—No entiendo.
—Todavía no.
Ernesto apareció con un pequeño maletín.
—Señor Adrián.
Él lo abrió.
Dentro había guantes, una linterna y varias herramientas de inspección.
Valeria lo observó con curiosidad.
—¿Siempre tienen eso preparado?
Adrián respondió mientras se colocaba los guantes.
—En esta casa aprendimos que nunca hay que confiar en las apariencias.
Con extrema delicadeza comenzó a revisar la caja.
Pasó la linterna por cada borde.
Observó el fondo.
Revisó la tapa.
Después de varios minutos levantó la vista.
—No encuentro ningún mecanismo extraño.
La mujer misteriosa respiró un poco más tranquila.
—Eso significa que podemos abrirla.
Camila rodó los ojos.
—¿En qué quedamos? Hace cinco minutos decía que no.
La desconocida la ignoró por completo.
—Ahora ya sabemos que el peligro no está en la caja.
Está en su contenido.
Valeria dio un paso adelante.
—Quiero abrirla yo.
Adrián negó inmediatamente.
—No.
—Es para mí.
—Precisamente por eso.
—No voy a esconderme toda la vida.
Víctor observó la discusión sin intervenir.
Le interesaba ver cómo reaccionaban ambos.
Finalmente Adrián soltó un suspiro.
—Está bien.
Pero si veo algo extraño, cierro la caja inmediatamente.
Valeria asintió.
Con manos firmes comenzó a desatar el lazo rojo.
Podía sentir cómo todos contenían la respiración.
El salón parecía haberse detenido.
Cuando levantó la tapa...
No ocurrió absolutamente nada.
Dentro había únicamente un pequeño sobre color marfil.
Nada más.
Valeria lo tomó.
Era liviano.
En el frente solo había una frase escrita con tinta negra.
"Solo ella debe leer esta carta."
—Abrila —dijo Víctor.
Valeria miró a Adrián.
Él hizo un leve movimiento con la cabeza.
Con cuidado rompió el sello.
Sacó una única hoja doblada en tres partes.
Comenzó a leer en silencio.
A medida que avanzaba, su expresión cambiaba.
Primero apareció la sorpresa.
Luego la confusión.
Y finalmente una profunda preocupación.
Adrián fue el primero en notarlo.
—¿Qué dice?
Valeria no respondió.
Continuó leyendo hasta el final.
Sus manos comenzaron a temblar.
La carta terminaba con una sola frase:
"Si querés descubrir quién sos realmente, buscá el reloj detenido antes de que alguien llegue primero."
Valeria levantó lentamente la vista.
Su corazón latía con tanta fuerza que apenas podía respirar.
Era la segunda vez que alguien mencionaba aquel misterioso reloj.
Y en ese instante comprendió que ya no podía seguir ignorando aquella pista.
Sin embargo, antes de que pudiera decir una sola palabra, un fuerte estruendo proveniente del segundo piso hizo temblar toda la mansión.
Alguien...
Había entrado en la habitación de Valeria.
El estruendo resonó por toda la mansión.
Por un instante, nadie reaccionó.
Después, todo ocurrió muy deprisa.
—¡Protejan la casa! —ordenó Víctor.
Los guardias salieron corriendo hacia la escalera principal.
Adrián tomó instintivamente la mano de Valeria.
—Quedate detrás de mí.
Ella quiso protestar.
—Puedo...
—Por favor.
No fue una orden.
Fue la primera vez que Valeria escuchó preocupación en la voz de Adrián.
Sin responder, caminó a su lado.
Al llegar al segundo piso, encontraron a varias empleadas reunidas frente a la habitación de Valeria.
Lucía tenía el rostro completamente pálido.
—¿Qué pasó? —preguntó Adrián.
—Escuchamos un golpe muy fuerte... cuando llegamos la puerta estaba abierta.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
Ella recordaba perfectamente haberla cerrado antes de bajar a cenar.
Adrián abrió lentamente la puerta.
La habitación parecía intacta.
El vestido que había usado en la cena seguía sobre la cama.
Las cortinas continuaban cerradas.
Las joyas permanecían en su lugar.
—No falta nada... —susurró Valeria.
Adrián no respondió.
Su mirada recorría cada rincón.
Algo no encajaba.
Entonces Ernesto señaló el balcón.
—Señor...
La puerta estaba completamente abierta.
El viento hacía mover las cortinas.
Los guardias inspeccionaron el exterior.
Uno de ellos regresó pocos minutos después.
—Encontramos esto.
Le entregó a Adrián un pequeño sobre negro.
Era idéntico al que había llegado con el paquete.
Solo tenía una diferencia.
Esta vez no estaba dirigido a Valeria.
En el frente podía leerse claramente:
"Para Adrián Moretti."
Todos guardaron silencio.
Adrián abrió el sobre.
Dentro había una única hoja.
La leyó sin cambiar la expresión.
Después la dobló y la guardó en el bolsillo.
Valeria lo observó.
—¿Qué dice?
—Nada importante.
—No te creo.
Él sostuvo su mirada.
—Es mejor que no lo sepas.
Valeria dio un paso hacia él.
—¿Y cómo pretendés que confíe en vos si me ocultás todo?
Adrián bajó la voz.
—Porque esta vez intento protegerte.
Aquellas palabras dejaron a Valeria sin respuesta.
Era la primera vez que él decía algo así.
Mientras los guardias continuaban revisando la habitación, Lucía se acercó tímidamente.
—Señora...
—¿Sí?
—Encontré esto debajo de la cama.
Era un pequeño colgante de plata.
Tenía forma de media luna.
Valeria lo tomó con cuidado.
—No es mío.
La mujer misteriosa que había llegado durante la tormenta observó el colgante desde la puerta.
Su expresión cambió por completo.
—¿Qué ocurre? —preguntó Víctor.
Ella respiró profundamente.
—Ya estuvieron aquí.
El silencio volvió a apoderarse de la habitación.
—¿Quiénes? —preguntó Adrián.
La mujer negó con la cabeza.
—Todavía no puedo decirlo.
—¡Basta! —exclamó Camila con impaciencia—. Llegás a esta casa, hablás con acertijos y pretendés que todos te crean.
La desconocida caminó lentamente hasta quedar frente a Camila.
—No vine para que me crean.
Vine para que sobrevivan.
Camila dejó de sonreír.
Por primera vez parecía verdaderamente incómoda.
Más tarde, cuando todo volvió a calmarse, Valeria salió sola al balcón.
Necesitaba respirar.
La noche estaba completamente despejada.
La lluvia había cesado.
Miró hacia los jardines.
El mismo lugar donde días atrás había visto una sombra desaparecer entre los árboles.
Entonces sintió una presencia a su lado.
Era Adrián.
Ninguno habló durante varios segundos.
—¿Tenés miedo? —preguntó él finalmente.
Valeria apoyó los brazos sobre la baranda.
—No.
—¿Segura?
Ella sonrió con tristeza.
—Estoy confundida.
Hace una semana mi mayor preocupación era casarme con un hombre al que no conocía.
Ahora siento que alguien observa cada uno de mis pasos.
Adrián permaneció en silencio.
—Y lo peor... —continuó ella— es que nadie me explica por qué.
Él respiró profundamente.
Por un instante pareció debatirse entre hablar... o seguir callando.
Finalmente dijo:
—Prometo que cuando llegue el momento vas a saber toda la verdad.
Valeria lo miró de frente.
—Solo espero que para entonces no sea demasiado tarde.
En ese mismo instante, una luz se encendió en la torre más antigua de la mansión.
Ambos levantaron la vista.
La torre llevaba años cerrada.
Nadie tenía permitido entrar.
Sin embargo...
Había alguien allí arriba.
Y esa persona acababa de mover lentamente una cortina... como si estuviera observándolos desde las sombras.