Traicionada por las dos personas que más amaba, Mía Beaumont murió escuchando cómo su prometido, Alexander Rivelli, y su mejor amiga, Isabella, confesaban entre risas cada una de sus mentiras. Humillada, manipulada y utilizada como un simple peón dentro de su propia vida, creyó que todo había terminado… hasta que despertó nuevamente en el pasado.
Pero esta vez, Mía ya no será la mujer ingenua y sumisa que todos podían controlar.
Con los recuerdos de su vida anterior intactos, decide recuperar el poder que alguna vez le arrebataron: tomará las riendas de la empresa familiar, destruirá la reputación de Alexander y hará pagar a Isabella por cada traición. Ya no llorará por amor. Ya no permitirá que nadie vuelva a pisotearla.
Sin embargo, sus planes cambian cuando Dante Morelli entra nuevamente en su vida.
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Capitulo 19- Dante
No entendía qué demonios me estaba pasando con ella y honestamente, eso empezaba a irritarme.
Porque yo no era un hombre impulsivo. Nunca lo fui. Toda mi vida aprendí a controlar emociones, reacciones, deseos… absolutamente todo. En el mundo donde crecí, perder el control aunque fuera un segundo podía destruirte.
Y aun así… Mía Beaumont estaba empezando a hacer exactamente eso conmigo.
El interior del automóvil seguía completamente en silencio después del beso, pero no era un silencio tranquilo. Era pesado. Tenso. Sofocante. El tipo de silencio que aparece cuando dos personas están pensando exactamente lo mismo y ninguno quiere decirlo primero.
Ella seguía demasiado cerca.
Podía sentir todavía el calor de su cuerpo, su respiración ligeramente agitada, el perfume suave que llevaba toda la noche y que honestamente llevaba horas distrayéndome más de lo necesario.
Y Dios... Ese vestido rojo iba a matarme.
Mis ojos bajaron apenas hacia sus labios y cometí el error de recordar cómo me había besado hacía unos segundos.
Maldita sea.
Mía me observaba en silencio, y había algo distinto en sus ojos ahora. Ya no parecía únicamente nerviosa. Tampoco confundida.
Parecía afectada, igual que yo y eso probablemente era lo más peligroso de todo, porque al inicio esto era un acuerdo.
Una alianza... Negocios.
Ahora ya no estaba completamente seguro de dónde terminaba la actuación y dónde empezaba la realidad.
Respiré lentamente intentando recuperar algo de cordura, pero entonces ella humedeció apenas sus labios mientras seguía mirándome y literalmente sentí cómo mi autocontrol empezaba a irse al infierno.
Increíble.
Una mujer, solo una mujer y ya estaba perdiendo la cabeza.
—Mía… —murmuré con voz más baja de lo normal.
Ella no respondió inmediatamente.
Solo siguió observándome de esa manera peligrosamente intensa y entonces volvió a besarme.
Esta vez más lento, más consciente, como si ambos hubiéramos dejado de fingir que aquello era un accidente.
Mi mano subió automáticamente hasta su cintura acercándola más a mí mientras el beso se profundizaba otra vez, y honestamente ya estaba demasiado cansado para seguir fingiendo que no me afectaba, porque me afectaba muchísimo.
Demasiado.
Mía soltó apenas una respiración temblorosa contra mis labios y sentí literalmente cómo mi cabeza dejaba de funcionar correctamente.
Dios... ¿Qué clase de efecto tenía esta mujer sobre mí?
La tensión dentro del automóvil se volvió insoportable en cuestión de segundos. Y antes de pensar demasiado lo que hacía, terminé atrayéndola más cerca de mí hasta que prácticamente quedó sentada sobre mis piernas.
Ella soltó una pequeña exhalación sorprendida contra mi boca y eso definitivamente no ayudó.
Mis manos se afirmaron con más fuerza sobre su cintura mientras el beso se volvía más intenso, más desesperado, como si ambos hubiéramos estado reprimiendo demasiado durante demasiado tiempo, porque eso era exactamente lo que estaba pasando.
Toda la noche había sido una tortura, verla caminar con ese vestido, escucharla reír, sentirla pegada a mí delante de todo el mundo mientras fingíamos estar enamorados y el verdadero problema… Era que ya no estaba fingiendo tan bien como debería.
Mía finalmente se separó apenas unos centímetros, respirando agitada mientras sus manos seguían sujetando mi saco. Nuestros rostros quedaron demasiado cerca otra vez y entonces hizo algo todavía peor.
Me miró directamente a los ojos, sin miedo, sin vergüenza, solo completamente sincera.
—Sí me siento muy atraída por ti, Dante.
El aire dentro del automóvil se volvió todavía más pesado, porque su voz no sonó impulsiva.
Sonó real.
Mis ojos se sostuvieron sobre los suyos mientras intentaba controlar todo lo que esa confesión acababa de provocar dentro de mí, pero entonces ella continuó hablando.
—Pero no voy a permitir que mi vida vuelva a repetirse.
Ahí estaba otra vez, la nueva Mía, la mujer que ya no quería ser controlada y maldita sea… Creo que eso era exactamente lo que más me atraía de ella.
Mía respiró lentamente antes de seguir.
—No quiero volver a convertirme en un títere emocional para nadie. Ni para Alexander… ni para ti.
Sentí algo extraño apretarse dentro del pecho al escuchar eso, porque entendía perfectamente por qué lo decía y también entendía que estaba dándome una advertencia.
Ella ya no era la mujer ingenua que soportaba cualquier cosa por amor, ahora estaba aprendiendo a protegerse.
Mis manos siguieron firmes sobre su cintura mientras la observaba en silencio y entonces ella dijo algo que terminó de destruir cualquier poca estabilidad mental que me quedaba.
—Estoy dispuesta a cumplir este acuerdo contigo… completamente.
Su voz bajó apenas al final, lo suficiente para que el significado quedara claro entre ambos.
Muy claro.
Sentí inmediatamente cómo toda la tensión dentro del automóvil cambiaba otra vez.
Dios... Mía probablemente no tenía idea del efecto que causaba cuando hablaba así. O tal vez sí y eso era incluso peor.
Ella sostuvo mi mirada unos segundos más antes de murmurar con sinceridad.
—Pero solo si entiendes algo, Dante… esta vez yo también voy a decidir.