Oriana despierta en el cuerpo de la mujer que, en una historia que conoce demasiado bien, destruyó la vida de un poderoso duque. Ahora, atrapada en una nobleza en ruinas y con un padre al borde del colapso, decide no seguir el camino que ya estaba escrito para ella.
Sin buscar redención ni protagonismo, empieza de nuevo desde lo más simple: trabajar, crear, sobrevivir y pagar las deudas de una vida que ya no siente suya. Pero el destino no se queda quieto. El mismo duque al que una vez hirió comienza a mirarla con sospecha, luego con interés, como si algo en ella no encajara con el pasado que recuerda.
Sin embargo, cuanto más intenta escapar del rol que le fue asignado, más se acerca a un futuro que nadie en esa historia original llegó a ver venir.
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Capitulo 13
Priscilla terminó deteniéndose cerca de una de las ventanas del pasillo mientras intentaba recuperar el aire.
Pero apenas habló, la voz volvió a romperse.
—No quiero volver a pasar por esto…
Las lágrimas seguían cayendo aunque intentaba limpiarlas rápido.
Inútilmente.
Porque mientras más intentaba tranquilizarse, más fuerte sentía el vacío en el pecho.
Ender permaneció cerca de ella sin interrumpirla.
Y quizás fue eso lo que terminó derrumbándola por completo.
Priscilla soltó una risa rota mientras se cubría los ojos con una mano.
—Qué ridículo… pensé que esta vez sería diferente.
Ender giró apenas el rostro hacia ella.
—No es ridículo.
—Trabajé todos los días como una loca… —la voz comenzó a temblarle otra vez—. Me despertaba temprano, volvía tarde, seguí viniendo aquí aunque casi no dormía porque quería salvarlo.
El pecho le dolía demasiado.
Muchísimo.
—Quería pagarle… quería darle una vida tranquila aunque fuera un poco tarde… aunque fueran solo unos años…
Las palabras empezaron a salir atropelladas entre lágrimas.
—Él recién estaba mejorando… recién podíamos hablar normal… recién sentía que tenía una familia otra vez…
Ender escuchó todo en silencio.
Y mientras más hablaba ella, más entendía algo que ya sospechaba desde hacía tiempo.
Priscilla vivía con un miedo demasiado profundo a perder a las personas. De quedarse sola.
Como alguien que ya había pasado por eso antes.
Ella respiró mal otra vez y terminó apoyando ambas manos contra la ventana.
—No quería arrepentirme otra vez…
La voz salió apenas como un susurro.
Ender bajó lentamente la mirada.
Luego habló tranquilo.
—No seguiré cobrando el tratamiento.
Priscilla parpadeó confundida mientras intentaba secarse las lágrimas.
—¿Qué…?.
—Y te devolveré parte del dinero que ya pagaste.
Ella negó enseguida.
—No.
—Priscilla.
—No quiero que me tenga lástima.
La respuesta salió inmediata.
Casi desesperada.
Ender permaneció callado unos segundos antes de acercarse apenas.
—No es lástima.
Ella bajó lentamente las manos.
Los ojos todavía le temblaban por el llanto.
—Entonces ¿por qué haría algo así?.
—Porque necesitarás ese dinero después.
La sinceridad tranquila de su voz hizo que Priscilla se quedara en silencio.
No sonaba arrogante.
Ni condescendiente.
Solo… honesto.
Ender continuó hablando despacio.
—Tu padre seguirá recibiendo tratamiento mientras pueda aliviar su dolor. No cambiaré eso.
Priscilla apretó un poco los labios.
—Pero…
—Y tampoco permitiré que sigas destruyéndote físicamente intentando pagar algo que ya no quiero cobrar.
Ella soltó una pequeña risa rota.
—Usted decide todo solo.
—Generalmente sí.
Eso logró sacarle una sonrisa mínima entre lágrimas.
Muy pequeña.
Pero real.
El silencio volvió a quedarse entre ambos.
Y entonces Priscilla sintió otra cosa.
La necesidad absurda de acercarse.
De abrazarlo.
Aunque fuera solo unos segundos.
Porque estaba cansada.
Muy cansada.
Y Ender era la única persona frente a la que sentía que podía romperse completamente sin miedo.
Pero no se movió.
No podía.
Porque seguía recordando la historia original.
Rebeca.
El futuro de Ender.
El lugar que no le pertenecía.
Priscilla bajó la mirada rápidamente intentando contener esa sensación.
Y Ender lo entendió inmediatamente.
Él podía percibir emociones mucho mejor de lo que las personas imaginaban.
No leía pensamientos exactos.
Pero sí sentimientos.
Y la tristeza de Priscilla en ese momento era tan intensa que casi podía tocarla.
También sintió otra cosa.
Vacilación.
Necesidad.
Miedo de cruzar una línea.
Ender permaneció quieto apenas un segundo antes de tomar una decisión.
Y fue él quien se acercó primero.
Priscilla apenas levantó la cabeza cuando sintió los brazos de Ender rodeándola con cuidado.
Todo su cuerpo se quedó inmóvil.
Sorprendido.
Porque jamás esperó que él hiciera algo así.
Ender habló bajito cerca de ella.
—No tienes que soportarlo sola.
Eso fue suficiente.
Completamente suficiente.
Algo dentro de Priscilla terminó rompiéndose en ese instante.
Las lágrimas volvieron mucho más fuertes y ella terminó aferrándose lentamente a la ropa de Ender mientras intentaba respirar entre el llanto.
Y dolía.
Dolía muchísimo.
Porque no estaba llorando solo por Dorian.
También lloraba por ella misma.
Por la soledad de su vida pasada.
Por morir sola en aquella habitación.
Por todas las veces que quiso simplemente que alguien la abrazara y no tuvo a nadie.
Ender no dijo nada más.
Solo la sostuvo.
Con firmeza.
Sin incomodidad.
Como si entendiera perfectamente que ella necesitaba quedarse así un momento más.
Priscilla terminó escondiendo el rostro contra su pecho mientras el llanto seguía saliendo sin control.
Y aunque intentó disculparse varias veces, Ender nunca la soltó.
El pasillo quedó completamente silencioso alrededor de ambos.
Solo existía el sonido bajo de la respiración temblorosa de Priscilla.
Después de un largo rato, cuando ella finalmente comenzó a tranquilizarse un poco, Ender habló otra vez.
La voz seguía igual de tranquila.
—Lara me matará si te enfermas también.
Priscilla soltó una pequeña risa llorosa sin querer.
—Ella sería capaz.
—Definitivamente.
Eso alivió apenas el ambiente.
Solo un poco.
Pero suficiente para que Priscilla pudiera volver a respirar mejor.
Y aunque todavía dolía, algo dentro de ella empezó a sentirse menos sola desde esa vez.
Porque sin darse cuenta, Ender Hall comenzó a convertirse en el único lugar donde realmente sentía que podía apoyarse sin fingir estar bien.