En el oscuro y despiadado submundo de Chicago, la dinastía criminal de los Rossi-Richi gobierna las calles con mano de hierro a través de la Santísima Trinidad: los jóvenes herederos Camilo, Franco y Elena.
Sin embargo, el tranquilo equilibrio familiar tambalea cuando Camilo, el gélido estratega del imperio, se obsesiona con Isabella Vance, una brillante restauradora de arte a quien secuestra en Nueva York tras borrar su identidad del mapa. Confinada en la mansión familiar, la profunda depresión inicial de Isabella da paso a una fría madurez. Tras comprender que la piedad no existe entre sus captores, Isabella comienza a utilizar la asfixiante fijación de Camilo a su favor para volverse indispensable en los negocios financieros.
En medio de guerras territoriales, peligrosas rebeliones y los feroces celos de Elena por mantener su lugar sagrado en el clan, se desata un letal juego de ajedrez donde la supervivencia depende de manipular la obsesión.
NovelToon tiene autorización de Vanesa Casarino para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 5
El amanecer sobre Manhattan no trajo la luz de la esperanza sino una claridad grisácea que se filtraba de manera implacable por los inmensos ventanales de la suite presidencial del hotel boutique. Isabella Vance se despertó con el corazón desbocado y la garganta seca por el terror acumulado de la noche anterior. Lo primero que vio no fue el techo de su modesto apartamento en Greenwich Village sino un artesonado de diseño moderno y a pocos metros de su cama la pintura renacentista que había estado contemplando en la galería antes de que su vida se convirtiera en una pesadilla de sangre. La pieza estaba apoyada sobre un caballete de madera noble como un trofeo de guerra que certificaba su cautiverio absoluto
Sentado en un sillón de cuero oscuro en la esquina más sombría de la habitación permanecía Camilo Rossi. No se había quitado el traje de la noche anterior y su mirada gélida estaba fija en ella con una intensidad que resultaba asfixiante. Parecía no haber dormido ni un solo minuto y su rostro no reflejaba cansancio sino la satisfacción tranquila de un coleccionista que admira su adquisición más preciada y difícil de conseguir
— Buenos días Isabella — dijo Camilo con una voz que era un susurro monótono y desprovisto de cualquier calidez humana — Espero que la cama haya sido de tu agrado porque este será tu hogar durante una larga temporada
Isabella se incorporó rápidamente pegando la espalda a la cabecera de la cama y tirando de las sábanas de seda para cubrirse como si eso pudiera protegerla del monstruo que la observaba
— Déjame ir por favor. Yo no vi nada y no sé quiénes eran esos hombres. No le diré nada a la policía pero déjame volver a mi vida
Camilo dejó escapar una sonrisa leve que no alteró la frialdad de sus ojos del color del invierno antes de levantarse y caminar hacia ella con una lentitud que aumentaba la tensión en el aire
— Tu vida anterior ha dejado de existir Isabella. Ayer pertenecías al museo y a la mediocridad de un sueldo estatal, pero hoy formas parte del patrimonio de los Rossi-Richi. No te traje aquí porque seas un testigo peligroso sino porque he decidido que me perteneces y yo nunca dejo ir lo que considero mío
En ese mismo instante la puerta de la suite se abrió sin anunciar y Elena Rossi entró al dormitorio vistiendo un conjunto de seda blanca que contrastaba con la oscuridad de su primo. Detrás de ella Franco jugaba con una manzana lanzándola al aire con una mano mientras sostenía una tableta en la otra. La entrada de los primos alteró la dinámica de la habitación trayendo consigo el aroma del peligro y de la sangre que aún parecía impregnada en sus ropas de diseño
— Camilo los Lucchese sobrevivientes están pidiendo una tregua a través de los intermediarios de Nueva Jersey — anunció Elena ignorando por completo la presencia de Isabella en la cama como si fuera un mueble más — Dicen que están dispuestos a ceder la totalidad de los muelles de Brooklyn y el control de las subastas si nos retiramos de Long Island hoy mismo
— No hay tregua para los débiles Elena — respondió Camilo sin apartar la vista de Isabella — Franco organiza un equipo y encárgate de los intermediarios de Nueva Jersey antes del mediodía. Quiero que entiendan que en nuestro vocabulario no existe la palabra negociación
Franco mordió la manzana con un crujido ruidoso y miró a la joven asustada en la cama con una mueca sádica
— ¿Y qué haremos con tu invitada Camilo? Está temblando tanto que va a terminar por estropear las sábanas caras. Si necesitas que la ayude a entender las reglas del hotel puedo llevarla al sótano de Brooklyn un par de horas para una sesión de orientación rápida
— Si la tocas Franco tu cabeza será lo siguiente que decore este salón — sentenció Camilo con una voz tan gélida que el propio Franco detuvo su juego con la fruta — Isabella es exclusiva de mi jurisdicción. Su mente y su cuerpo me pertenecen y nadie en esta familia tiene permiso para interferir en su proceso de adaptación
Elena se cruzó de brazos y dejó escapar un suspiro de fastidio absoluto mientras se acercaba a la cama y observaba a Isabella con un desprecio que helaba la sangre
— Estás perdiendo el tiempo con una civil Camilo. Mientras tú juegas a mantener cautiva a esta mujer los Lucchese están intentando mover sus activos fuera del estado. Chicago nos pertenece porque nunca nos distrajimos con juguetes desechables y Nueva York requiere la misma atención
— Mi atención nunca se dispersa pequeña — replicó Camilo acercándose a Elena y colocando una mano protectora en su hombro en un gesto que demostraba que su lealtad hacia su prima seguía intacta a pesar de su nueva obsesión — La toma de Nueva York finalizará hoy mismo. Franco destruirá los cimientos de sus aliados y tú te encargarás de supervisar la transferencia de la galería de Chelsea a nuestro nombre. Isabella simplemente será el premio que me llevaré de regreso a Chicago cuando la ciudad esté completamente bajo nuestro yugo
Isabella escuchaba la conversación sumida en un estado de shock absoluto dándose cuenta de que estos tres jóvenes de veinte años hablaban de la vida y la muerte de familias enteras con la misma ligereza con la que se organiza una agenda de negocios. La sobreprotección enfermiza que los dos hombres mostraban hacia Elena era evidente pero la frialdad con la que Elena aceptaba esa devoción era aún más aterradora
— Eres un monstruo — susurró Isabella con lágrimas rodando por sus mejillas mientras miraba a Camilo — Todos ustedes son unos malditos monstruos
Elena soltó una carcajada seca que resonó en las paredes de la suite
— Felicitaciones por descubrir lo obvio querida. Mi primo Camilo es el más peligroso de todos nosotros porque no mata por impulso como Franco ni por necesidad como nuestros padres. Él mata por orden y ahora que ha decidido que tú eres parte de su orden no tienes escapatoria alguna de este infierno
Camilo hizo una señal con la mano y dos hombres de confianza de la familia Rossi entraron al dormitorio portando bandejas de plata con un desayuno digno de la realeza. Había frutas exóticas café recién hecho y repostería fina, pero el lujo del servicio solo aumentaba la sensación de asfixia de Isabella
— Vas a desayunar Isabella — ordenó Camilo sentándose de nuevo en su sillón — Y luego vas a comenzar a trabajar en la restauración de las piezas que Franco ha recuperado de la galería de los Lucchese. Si tu mente está ocupada con el arte renacentista tendrás menos tiempo para pensar en planes de escape inútiles que solo terminarían con la muerte de cualquiera que intente ayudarte en el exterior
Franco y Elena salieron de la habitación para coordinar la matanza del mediodía dejando a Camilo solo con su obsesión una vez más. El estratega de Chicago se acomodó en su asiento observando cómo la joven probaba el café con manos temblorosas bajo su estricta vigilancia. Para Camilo esto no era un secuestro convencional sino el inicio de una doma psicológica donde la paciencia y el sadismo se mezclaban para crear un vínculo de dependencia absoluta
Durante las horas siguientes el ático se convirtió en el centro de mando de una guerra invisible que desangró a la mafia de Nueva York. Desde la habitación contigua se escuchaban los informes que Franco enviaba por radio detallando la eliminación de los líderes de Nueva Jersey y la toma de los almacenes de Queens. Camilo no se movió de su puesto al lado de Isabella dictando órdenes de ejecución masiva por teléfono con la misma tranquilidad con la que sugería cambios en la iluminación del cuadro que la joven intentaba limpiar
El contraste era perfecto y macabro. Mientras la ciudad de Nueva York se arrodillaba ante el terror de los Rossi-Richi en el piso ochenta del hotel el heredero de la dinastía tejía una red invisible alrededor de una mujer inocente cuya única culpa había sido poseer una calma que desafiaba su control. La mañana avanzó hacia la tarde y la luz gris se transformó en una sombra densa que presagiaba una nueva noche de dominación total para la Santísima Trinidad de Chicago.