Leandro está en campaña de buscar un esposo para su madre y un buen padre para él. ¿Este pequeño niño de tan solo 10 años podrá encontrar al hombre perfecto? O en su travesía descubrirá secretos escondidos de traiciones y engaños pasados que sufrió su madre.
NovelToon tiene autorización de yanina para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Una decisión sin retorno.
Después de dejarla plantada en la puerta, camino con paso firme hacia el cuarto y comienzo a empacar mis cosas. Pero lo que me encuentro es un escenario que me hiere más de lo que creía posible, varias de mis pertenencias están esparcidas en lugares que jamás elegí para ellas. Faltan prendas personales, ¡incluso los aretes de perlas que Octavio me dio en nuestro primer aniversario, esos que decía eran tan especiales porque “eran como yo, únicos y preciosos”! Y nuestra foto de casados, la que siempre estuvo en el tocador, a la vista de todos ahora yace abandonada en el último cajón del closet, como si fuera un objeto olvidado, sin valor alguno. Tal parece que ni siquiera hacía falta que yo me molestara en empacar, desde hace tiempo me estaban desplazando de mi propia vida, sin decirme nada, como si yo fuera un extraño en el hogar que construí con mis manos.
No pienso llevarme ni un solo detalle que él me haya regalado, ninguno de sus obsequios tendrá cabida en mi nuevo camino, porque solo serían cadenas que me torturarían día y noche, recordándome el engaño. Empaco únicamente lo que realmente es mío, la ropa que compré con mi propio dinero, mis libros que me acompañaron en tantas noches de soledad, las fotos con mi familia, las únicas que me dan verdadera calidez. Cuando ya casi todo está listo, bajo al baño… y ahí está Roxana, con la cabeza alta, usando el brasier de encaje negro que buscaba desesperadamente en mi closet hace unos minutos. Mi sangre hierve en mis venas, un incendio de rabia que me quema por dentro, pero me contengo con todas mis fuerzas, ya no vale la pena perder el control.
Antes de que pueda abrir la boca para reclamarle, escucho el crujido de la puerta principal al abrirse, ya no tiene sentido pelear, solo debo resistir un poco más, aguantar hasta que pueda desaparecer de aquí para siempre. La veo salir corriendo como una adolescente, lanzándose a los brazos de Octavio… pero sus ojos, en lugar de buscarla a ella, se clavan en los míos con una extrañeza que parece decir que me está viendo por primera vez en años.
—Por fin regresas, Briella. ¿Cómo te fue en el viaje? —pregunta, con una voz que intenta sonar cariñosa, pero que ahora me suena tan falsa como una moneda de juguete.
—Mejor de lo que esperaba —respondo seca, le doy la espalda y continúo revisando cada rincón del baño en busca de mis cosas, como si nada más importara. Poco después, siento su presencia detrás de mí y escucho su voz otra vez.
—¿Sucede algo, querida? Te extrañé mucho.
Ja, ¡qué pregunta más patética! ¿Cómo le da la cara para decir eso después de todo lo que me ha hecho? Incluso le ha permitido usar mi ropa interior a esa mujer sinvergüenza, como si mi intimidad no valiera nada.
—No, solo estoy cansada —murmuro, sin mirarlo.
Roxana lo intercepta en un instante, tirándole del brazo con una sonrisa seductora y pidiéndole que la lleve a comer afuera. Pero él parece no tener la menor intención de aceptar.
—Roxana, mi esposa acaba de regresar y está cansada —dice, con un tono directo. - Además, no la he visto en más de una semana. quiero pasar tiempo con ella.
Yo hago todo lo posible por convencerlo de que se vaya con ella, dejándome sola como siempre ha hecho.
—Pueden ir ustedes dos, yo quiero dormir temprano y no tengo hambre.
—Pero amor, si no quieres ir entonces me quedo contigo. ¿Te duele la cabeza por el viaje? ¿Porque tardo las está vez?
—Está bien, llévala. Prefiero el silencio —respondo, sin desviar mi mirada de la repisa donde guardaba mi crema facial, ahora vacía. - Había pendientes sin resolver y estoy muy cansada.
Su mirada se posa sobre mí por unos segundos, como si intentara adivinar qué pasa por mi mente, antes de asentir. Me deja un beso sobre la frente, y me desea un buen descanso. ¿Tan poco le importó que ni siquiera dudó antes de irse? ¿Acaso nunca me conoció lo suficiente como para darse cuenta de que estoy destrozada por dentro? Claro que no, nunca se tomó el tiempo de verme a mí, de conocer quién era realmente Briella, porque su mente siempre estuvo ocupada en ella, en el recuerdo de lo que fue.
Esa noche, mientras mi esposo se divertía con su amante en algún restaurante que seguramente elegimos juntos alguna vez, yo tomé mi celular y llamé a mi mejor amigo Rafael. Le pedí que viniera a ayudarme a sacar mis cosas antes de que amaneciera. Estoy segura de que para la mañana siguiente esa mujer ya habrá conseguido que él firme los papeles de divorcio. Así que no tiene sentido alargar más algo que se rompió hace mucho tiempo.
Rafa llega furioso, sus ojos llenos de cólera, y me pide que no me calle, que destrozemos el lugar, que los expongamos a ambos como los estafadores que son.
—¿Por qué diablos hiciste eso? ¡Hubieras reunido todas las pruebas de su infidelidad y lo llevabas directo a juicio! Así todos saberían la clase de poco hombre que es, que se dejó llevar por su pasado y te trató como basura —grita, indignado, mientras carga una caja con mis libros.
Entendía su enojo, lo comprendía perfectamente… pero yo estaba demasiado cansada, agotada de llorar, de sufrir, de luchar por algo que nunca fue realmente mío.
—Simplemente quiero irme y dejar todo atrás, Rafa. Sabes que no soy buena para el drama… y tampoco quiero quedar como la cornuda a la que se le rieron en la cara, la tonta que creyó en cuentos de hadas —digo, con la voz rota, pero firme.
Logro persuadirlo de que no haga nada impulsivo, y cuando se marcha con casi todas mis pertenencias en su camioneta, me acuesto en la cama que alguna vez compartí con Octavio. La habitación se siente vacía, enorme… pero también libre, como si una pesada cadena se hubiera roto de golpe.
A la mañana siguiente, Octavio me busca para decirme que saldrá unos días de viaje, así que podré marcharme con total tranquilidad. Roxana, por su parte, aparece frente a mí con una sonrisa de victoria, mostrándome los papeles ya firmados. Aunque por la forma en que él me miró antes de irse, no creo que sepa bien de qué se trata ese papel. Actuó igual que siempre, como si nada hubiera cambiado.
Pero ese ya no es mi problema. Termino de arreglar las últimas cosas mientras la veo pasearse por la sala, satisfecha con el resultado de su juego. Antes de cerrar la puerta de mi casa por última vez, me detengo para darle un último vistazo a lo que creí que era mi hogar, a los muebles que elegimos juntos, discutiendo y riéndonos; a las paredes que pintamos a mano; a todo el sueño que se desvaneció como humo al viento. Dejo atrás para siempre este matrimonio y al hombre que nunca fue mío.
Semanas después, mientras me establecía en un pequeño departamento alquilado, el médico me confirma lo que ya sabía, estoy embarazada. Esto fue el resultado de esa única noche que compartimos en el hotel, justo antes de descubrir su traición… esa noche en la que creí que había recuperado a mi esposo, en la que él me abrazó como si realmente me quisiera. ¿Qué premio de consuelo me has dejado, Octavio? Un bebé que nacerá sin conocer a su padre. Pero en ese instante supe que lucharía por él con todas mis fuerzas no importa lo difícil que fuera el camino.
Este bebé también es hijo mío, y no tenía por qué pagar los daños de su padre. En ningún momento pasó la palabra “aborto” por mi cabeza, yo no me convertiría en una asesina por darles el gusto a esos dos desgraciados. Los meses siguientes fueron un desafío sin igual, renuncié a mi trabajo cuando me divorcié, y ahora, embarazada y sin apoyo, nadie quería contratarme. Luchaba día a día, trabajando en empleos temporales, vendiendo algunas de mis cosas, para poder poner comida en la mesa y pagar el alquiler. Hasta que llegó el gran día en que di a luz a Leandro en una ciudad muy lejos de aquí, muy lejos de todas las personas que me conocían y podrían juzgarme.
Un hermoso bebé regordete, con ojos claros y una sonrisa que iluminó mi mundo entero. Me devolvió la esperanza y la fe en el amor verdadero, ese que no necesita de promesas vacías ni de engaños. Ese pequeño trozo de cielo me dio las ganas de vivir otra vez, se convirtió en mi motor para salir adelante, en la razón de cada aliento que tomo, de cada esfuerzo que hago.
Los años siguientes fueron aún más duros, con un bebé a cargo, el trabajo escaso para una madre soltera y con responsabilidades, cada día era una batalla. No fue nada fácil, la verdad, pero nunca me arrepentí ni por un segundo. Leo me daba las energías que necesitaba para continuar, para no rendirme, para sonreír a pesar de todo el dolor del pasado.
Así pasaron 10 largos años, hasta que la situación económica me obligó a regresar a esta ciudad, buscando algo mejor para ofrecerle a mi príncipe. Mi nivel profesional había decaído bastante por los trabajos básicos de medio tiempo que tuve que aceptar, así que no podía aspirar a un puesto de alto nivel como el que tuve en mi antigua empresa. Pero aun así, rendirme no estaba en mis planes.
Ahora mi mejor oportunidad es conseguir ese puesto en el hotel, de esa forma podré recuperar mi estabilidad económica, volver a ser la mujer que un día tuvo recursos y un salario digno. Las habilidades todavía las tengo, yo era la mejor en mi área, pero 11 años fuera del mercado me han dejado un poco mal parada. Pero aquí estoy, lista para luchar… y por mi hijo, lo lograré. Por él, haré todo lo que sea necesario.