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“El Omega Que Nadie Quiso Proteger

“El Omega Que Nadie Quiso Proteger

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Reencarnación / BL / Omegaverse / Completas
Popularitas:19.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Annyaeliza

Murió en las calles protegiendo a su hermana menor… y despertó en un infierno distinto.
Reencarnó como un omega, hijo de duques poderosos que lo odian y lo castigan en secreto. Para la sociedad es un villano manipulador; en realidad, es un niño roto al que nadie quiere proteger.
Golpes, hambre y humillaciones marcan su vida, ocultas tras rumores perfectamente construidos.
Para borrar toda sospecha, sus padres lo obligan a un matrimonio político con el temido duque del sur, un alfa frío y respetado que acepta el compromiso con desprecio, creyendo que el omega merece su fama.
Él no se rebela.
Después de un año de maltratos, obedecer es su única forma de sobrevivir.
Pero cicatrices ocultas, silencios que duelen y miradas llenas de miedo comenzarán a romper la mentira. Cuando la verdad salga a la luz, dos almas marcadas deberán aprender a sanar juntas.
Una historia de dolor, redención y un amor que aprende a cuidar lo que el mundo decidió odiar.

NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 5:Donde el miedo no entiende la bondad

El mayor problema no fue el silencio.

Fue la ausencia de castigo.

Durante los primeros días en el castillo del sur, el omega vivió en un estado de alerta constante. Cada gesto amable, cada orden dicha sin dureza, cada comida servida sin reproches… todo le resultaba profundamente sospechoso.

En su experiencia, la calma siempre era temporal. Un respiro antes de algo peor.

Se levantaba antes del amanecer, incluso cuando nadie se lo exigía. Permanecía de pie junto a la pared, esperando que alguien le indicara qué hacer. Cuando no llegaban órdenes, el vacío lo inquietaba más que el dolor.

—¿Por qué no me dicen nada…? —murmuraba para sí, con la voz apenas audible.

En la mesa, comía despacio, con movimientos controlados. Dejaba siempre un poco de comida en el plato. No porque no tuviera hambre —la tenía, siempre—, sino porque terminarlo todo había sido, durante años, motivo de castigo.

Los sirvientes lo observaban con discreción. Algunos con curiosidad. Otros con cautela.

—¿No le gusta la comida? —preguntó una doncella una mañana.

El omega se tensó.

—No… está bien —respondió rápidamente—. Es suficiente.

La mujer frunció el ceño, confundida, pero no insistió. Se llevó el plato sin comentarios.

Eso lo dejó inquieto durante horas.

Nada ocurrió, se repitió una y otra vez.

Nada ocurrió…

El Duque del Sur observaba todo desde la distancia.

No intervenía. No porque no le importara, sino porque entendía que forzar la cercanía sería otra forma de violencia. Aun así, cada gesto del omega confirmaba sus sospechas.

Ese joven no estaba actuando.

Estaba sobreviviendo.

Una tarde, el duque decidió poner a prueba algo simple.

—Acompáñame al jardín —dijo, sin alzar la voz.

El omega se sobresaltó, pero asintió de inmediato.

Caminaron lado a lado, manteniendo una distancia prudente. El jardín del sur era amplio, abierto, sin rincones cerrados. El viento movía las hojas de los árboles con suavidad.

—Puedes sentarte —dijo el duque, señalando un banco de piedra.

El omega se quedó quieto.

—No… no es necesario.

—No es una orden —respondió el duque—. Es una opción.

La palabra lo desconcertó.

Opción.

No recordaba la última vez que había tenido una.

Dudó. Sus piernas temblaban ligeramente. Finalmente, se sentó en el borde del banco, con la espalda recta, las manos apoyadas en los muslos, listo para levantarse en cualquier momento.

—¿Te incomoda el silencio? —preguntó el duque tras un rato.

El omega tardó en responder.

—El silencio… suele preceder algo —dijo al fin.

El duque lo miró con atención.

—Aquí no.

La frase fue sencilla. Directa.

Y, aun así, el omega no pudo creerla.

Ese mismo día ocurrió algo pequeño… y devastador.

Un sirviente tropezó en el pasillo y dejó caer una bandeja. El sonido metálico resonó con fuerza. Antes de que nadie pudiera reaccionar, el omega cayó al suelo, cubriéndose la cabeza, encogido, respirando de forma irregular.

El tiempo pareció detenerse.

—¡No lo toquen! —ordenó el duque con voz firme.

Se arrodilló a cierta distancia, sin invadir su espacio.

—Mírame —dijo—. No estás en peligro.

El omega no respondía. Sus labios se movían en silencio, repitiendo disculpas que no llegaban a salir.

—Respira —indicó el duque—. Conmigo.

Uno.

Dos.

Tres.

El temblor fue disminuyendo poco a poco.

Cuando el omega logró incorporarse, su rostro estaba pálido, los ojos vidriosos.

—Lo siento… —susurró—. No quise causar problemas.

El duque sintió una presión incómoda en el pecho.

—No hiciste nada mal —respondió—. Nada.

La frase quedó flotando entre ambos.

Esa noche, el omega no pudo dormir.

Se sentó en el suelo de su habitación, con la espalda apoyada en la cama, abrazándose las rodillas. Su mente repetía la escena una y otra vez.

No me castigaron.

No gritaron.

No me encerraron.

La confusión dolía.

Porque si aquello era real… entonces todo lo anterior había sido una mentira.

Y aceptar eso significaba aceptar algo aún más aterrador:

Que había sido herido sin razón.

A la mañana siguiente, el duque dio una orden clara a todo el personal.

—Nadie elevará la voz cerca de él. Nadie lo tocará sin su consentimiento. Y nadie lo juzgará por rumores.

Hubo sorpresa. Hubo murmullos.

Pero nadie desobedeció.

El omega notó el cambio de inmediato. Los pasos eran más suaves. Las miradas menos duras. Los silencios… menos amenazantes.

Eso no lo tranquilizó.

Lo hizo sentir vulnerable.

—¿Por qué…? —preguntó una noche, sin atreverse a levantar la vista—. ¿Por qué hace esto?

El duque lo observó largo rato antes de responder.

—Porque no estás roto —dijo—. Estás herido.

Las palabras atravesaron las defensas que el omega había construido durante años.

No lloró.

Pero algo dentro de él se resquebrajó.

Por primera vez, el miedo no venía del dolor…

sino de la posibilidad de ser cuidado.

1
Sanchez Sanchez
ahí escritoria con tu novela estado llorando cada capítulo 😭😭😭😭 que triste erav la vida del omega no pensé llorar tanto por leer una novela
soney_130602
desarrollara algun tipo de apego? se nota que ya considera a Kael su area segura aunque aun no lo entienda
soney_130602
no fue tu culpa querido /Whimper/
soney_130602
me senti aliviada
soney_130602
por favor, no, dime que no paso eso 😭
Cupido :v
Me recuerda michisimo al uke de flor de papel, estaban igual de traumados 😭😭😭😭😭
Maru19 Sevilla
Ojalá se decida por vivir experiencias sin racionalizarlas tanto
Maru19 Sevilla
Ya es momento que disfruten
🇲🇽Háyme Castelo🇲🇽🇲🇽🇲🇽
Excelente.
Yudiela Arboleda
una buena pareja con gran potencial y los hacen parecer más bien padre he hijo maestro y alumno siento que el titulo no va con la trama por qué al menos eso sí hace kael enseñarle a descubrirse o conocerse el mismo y el entorno que lo rodea se que canso con mis comentarios pero ajá
Yudiela Arboleda
que repetitivo monótono y aburrida siempre con lo mismo y sin avances
Yudiela Arboleda
muy lenta y repetitiva y ya van 30 capítulos ojalá no apresures el final y les des tiempo de amarse bonito de amarse bien después de lo que pasaron sin entenderte más de lo necesario a pesar de todo la historia va bien enfocada lenta muy lenta pero enfocada ya que sea hora de que se amen ya que cada uno es consiente delo que siente por el otro y dales muchos hijos 🤭🤭🤭🤭
Maru19 Sevilla
Muy cerebrales ante las emociones 👏
Maru19 Sevilla
Muy tiernos👏
Maru19 Sevilla
Cuánta inteligencia emocional 👏👏
Maru19 Sevilla
Yo creo que están enamorados 🥰
Maru19 Sevilla
Que bonitos capítulos 👏👏👏
Maru19 Sevilla
Ojalá que se lleven bien ☺️
Maru19 Sevilla
Que bueno que lo proteja 👏👏
Maru19 Sevilla
Muy bonita historia, en espera de otros capítulos 🥰👌👌
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