Hace mil años, el sol se extinguió. Hoy, la humanidad se aferra a la vida en Aethelgard, una colosal metrópolis flotante que sobrevive drenando la energía del Abismo. En este mundo, tu valor se mide por tu Núcleo de Esencia, y el de Kaelen era basura.
Como un simple Recolector, Kaelen arriesgaba su vida en las profundidades para que la élite viviera en el lujo. Pero la lealtad no existe en el Abismo. Traicionado por su capitán y apuñalado por la espalda por sus propios compañeros, Kaelen es arrojado a las fauces de la oscuridad eterna.
Sin embargo, el destino tiene otros planes. En el fondo del abismo, donde el tiempo no existe, Kaelen tropieza con los restos de una deidad olvidada. Al borde de la muerte, toma una decisión que cambiará el orden del universo: devorar el corazón de un dios.
Ahora, con un sistema de poder oscuro despertando en sus venas y una sed de venganza que podría incinerar los cielos
NovelToon tiene autorización de Choly Flores para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Acero y Carne
El tren magnético del Sector Medio rugió como una bestia de metal, cortando la neblina ácida a doscientos kilómetros por hora. Kaelen aterrizó sobre el techo de uno de los vagones superiores, sus botas magnéticas anclándose al fuselaje con un chasquido metálico.
No estaba solo.
A cincuenta metros, envuelto en una gabardina de cuero reforzado y portando un visor táctico que brillaba con un rojo clínico, estaba el Rastreador de Sangre. No era un simple matón; era un ejecutor del Gremio, un Clase B especializado en "limpiar" cabos sueltos. En su mano derecha vibraba una hoja de alta frecuencia que zumbaba, lista para separar átomos.
—El informe decía que habías caído al Abismo, recolector —la voz del ejecutor era mecánica, filtrada por su máscara—. Deberías haberti quedado muerto. Resucitar es una violación del contrato del Gremio. La pena es la desintegración.
Kaelen no respondió con palabras. Soltó la Segadora de la Deidad. La cadena de hueso se desenrolló de su brazo, siseando contra el viento huracanado del tren en movimiento.
—Mi contrato con el Gremio terminó cuando Marcus me clavó su daga —dijo Kaelen. Su voz era un rugido bajo que competía con el motor del tren—. Ahora solo tengo un contrato con el hambre.
El Rastreador se impulsó hacia adelante. Era increíblemente rápido, potenciado por implantes cibernéticos en sus piernas. En un parpadeo, estaba frente a Kaelen, lanzando un tajo diagonal que habría dividido a un hombre normal en dos.
Kaelen bloqueó con el mango de su hoz. El choque de la hoja de alta frecuencia contra el metal divino del Abismo provocó una explosión de chispas que iluminó la noche. El metal chirrió, una lucha de fuerzas puras. El Rastreador era más técnico, pero Kaelen tenía la fuerza bruta de un dios muerto en sus venas.
—¡Muere! —rugió el ejecutor, activando un propulsor en su codo para aumentar la presión.
Kaelen cedió terreno a propósito, dejándose resbalar por el techo del vagón, y en el último segundo, giró sobre su propio eje. La cadena de su arma se enroscó en la pierna del Rastreador. Con un tirón violento, Kaelen lo estampó contra el fuselaje.
El sonido del impacto fue seco: hueso contra acero.
Pero el Rastreador era un profesional. Antes de que Kaelen pudiera rematarlo, disparó un dardo electrificado desde su muñeca. El proyectil se hundió en el hombro de Kaelen, liberando cincuenta mil voltios.
—¡Agh! —Kaelen cayó de rodillas, el dolor eléctrico paralizando sus nervios.
—Clase E siempre será Clase E —escupió el ejecutor, acercándose con la hoja en alto para la decapitación—. No importa qué basura hayas encontrado en el fondo del pozo.
El Rastreador bajó su espada. Kaelen, con los ojos inyectados en sangre y el cuerpo aún humeante por la descarga, atrapó la hoja... con su mano desnuda.
La hoja de alta frecuencia cortó profundamente la palma de Kaelen, llegando hasta el hueso, pero no pasó de ahí. La sangre carmesí de Kaelen, ahora mezclada con esencia oscura, comenzó a corroer el metal tecnológico de la espada.
—¿Qué... qué demonios eres? —el visor del ejecutor parpadeó con errores.
—Soy el que te va a cenar —gruñó Kaelen.
Con un grito de furia, Kaelen usó su mano herida para tirar del Rastreador hacia él. Al mismo tiempo, lanzó la hoz con su otra mano. La hoja curva entró por la axila del ejecutor, donde la armadura era más delgada, y salió por el cuello en un estallido de sangre caliente que manchó el rostro de Kaelen.
No se detuvo ahí. Kaelen hundió sus dedos en la herida abierta, activando su sistema.
[Habilidad: Extracción de Médula activa]
[ADVERTENCIA: Consumiendo esencia de Clase B...]
[¡Sobrecarga de poder detectada!]
El Rastreador de Sangre gritó, pero el sonido fue ahogado por el viento. Sus implantes cibernéticos comenzaron a explotar uno a uno mientras el sistema de Kaelen devoraba no solo su carne, sino la energía de sus núcleos artificiales. El cuerpo del ejecutor se convulsionó y luego se quedó flácido, convirtiéndose en una cáscara vacía en cuestión de segundos.
Kaelen soltó el cadáver, que salió volando del tren y se perdió en el abismo bajo las vías.
[Nivel: 13 -> 17]
[Has obtenido: "Zancada de Relámpago" (Pasiva de agilidad)]
[Tu arma ha evolucionado: Segadora de la Deidad (Rango C+)]
Kaelen se puso de pie, respirando con dificultad. Su mano se cerró sola, la herida sellándose con una cicatriz oscura. Se limpió la sangre de la cara con el dorso de la mano y miró hacia adelante.
El tren estaba entrando en la estación central del Sector Medio. Justo frente a él, las torres doradas del club Elíseo brillaban desafiantes.
—Ya estoy aquí, Marcus —susurró Kaelen, mientras sus ojos brillaban con un hambre insaciable—. Espero que tu fiesta sea inolvidable.