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La Ciega Del Alfa Enemigo

La Ciega Del Alfa Enemigo

Status: Terminada
Genre:Romance / Fantasía / Hombre lobo / Romance paranormal / Amor-odio / Completas
Popularitas:494
Nilai: 5
nombre de autor: Diana Fuego Guerra

Elisabete nació ciega y siempre fue diferente a los demás lobos de su manada, pero llevaba consigo un destino grandioso: convertirse en la Luna, la líder espiritual del grupo. Cuando llega el momento del ritual que confirmaría su puesto, es rechazada públicamente por el alfa Caíque, humillada y expulsada, sumida en soledad y dolor. Sola y vulnerable, recuerda su infancia marcada por rechazos, pero también por un entrenamiento secreto que aguzó sus otros sentidos, convirtiendo su aparente fragilidad en fuerza.

Guiada por Alisson, el alfa enemigo de Caíque, Elisabete atraviesa territorios peligrosos y encuentra refugio seguro por primera vez. Bajo su protección, comienza a sanar viejas heridas, reconectar con su propia fuerza y descubrir que, incluso en la oscuridad, es capaz de sobrevivir y volver a confiar. Mientras tanto, Caíque, el alfa que la rechazó, se da cuenta de que su error puede tener consecuencias inesperadas. Entre recuerdos dolorosos, enfrentamientos y nuevos vínculos, el destino de Elisabete se transforma, demostrando que la verdadera fuerza viene de superar el rechazo y encontrar aliados en los lugares más inesperados.

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Capítulo 17

La luna se reflejaba en los charcos de barro y sangre seca mientras Caíque caminaba entre las ruinas de lo que quedaba de sus antiguos dominios. Cada paso suyo estaba cargado de odio. La manada que antes le obedecía ahora se deshacía como cenizas al viento, y todo por culpa de una única hembra ciega.

Elisabete.

El nombre le quemaba en la boca.

Él se acordaba.

Se acordaba perfectamente de cómo la trataba cuando aún estaba bajo su sombra. De cómo la ignoraba cuando ella hablaba. De cómo probaba sus límites solo para demostrar que podía. De cómo se reía cuando ella tropezaba. De cómo jamás la vio como igual, solo como algo frágil, desechable.

—Siempre fuiste débil... —murmuró, apretando los dedos hasta que las uñas le hirieron la propia piel.

El recuerdo de la mirada de desafío que ella le lanzó antes de partir lo corroía. La ciega que no se doblegó. La que sobrevivió. La que ahora se había convertido en Luna.

El odio se pudrió dentro de él.

—Voy a devolver a Elisabete hecha pedazos... —susurró, los labios temblando en una sonrisa enfermiza—. Y quiero ver si Alisson aún osará llamarla Luna después de eso.

La idea no era deseo.

Era castigo.

Era venganza.

Era destrucción.

Su carcajada resonó en la noche, macabra, rasgando el silencio como una lámina.

—Ella no nació para ser símbolo... nació para aprender lo que es la desesperación.

En las sombras, una sombra se movió.

Un traidor.

Caíque se giró lentamente.

—Llegaste antes de lo que esperaba.

El lobo se acercó en forma humana, con la cabeza baja.

—La confianza de Alisson abrió los portones —dijo, con la voz tensa—. Creyeron que la amenaza había retrocedido.

Caíque sonrió.

—Siempre creen.

En el territorio de Alisson, la noche parecía demasiado tranquila.

Elisabete lo sentía.

No con los ojos, sino con algo más profundo. Una molestia bajo la piel. Un escalofrío que danzaba por la espina dorsal como una advertencia antigua.

Ella estaba en la cabaña, con algunas mujeres y dos niños que se negaban a dormir lejos de ella desde la noche de la transformación. Ellas reían bajito, intentando distraerla del peso que rondaba el aire.

Pero el presentimiento no la dejaba.

—Él aún está vivo... —murmuró Elisabete, sin darse cuenta de que hablaba en voz alta.

Alisson, que acababa de entrar, se detuvo en seco.

—¿Quién?

Ella giró el rostro en dirección a él.

—Caíque.

El silencio que siguió fue denso.

Antes de que Alisson respondiera, un grito rasgó la noche.

Después otro.

Y otro.

El olor a sangre atravesó el territorio como un rayo.

—¡Defensa! —aulló Alisson.

El caos comenzó.

Lobos corrían en todas las direcciones. El ataque no venía de fuera.

Venía de dentro.

La traición había atravesado los propios portones.

Uno de los guerreros de confianza de Alisson avanzó contra dos centinelas desprevenidos. Los ojos de él no llevaban furia, solo miedo.

—¡Él va a matar a mi camada! —gritó el traidor, desesperado—. ¡Él lo prometió!

El nombre de Caíque no necesitó ser dicho.

Alisson avanzó como una tormenta.

El traidor cayó.

Pero los daños ya estaban hechos.

Tres puntos del territorio habían sido entregados.

Elisabete sintió todo.

Cada grito.

Cada caída.

Cada vida suspendida entre el miedo y la muerte.

Y entonces...

Ella sintió a Caíque.

No su cuerpo.

Su intención.

Era como una lámina fría presionando su mente.

“Estoy llegando, pequeña.”

El mundo pareció doblarse.

El aire se puso pesado.

La Luna osciló.

Elisabete cayó de rodillas.

—No... —susurró—. No de nuevo...

Pero ahora era diferente.

Ella no estaba sola.

El fuego plateado no vino como dolor.

Vino como elección.

La tierra tembló suavemente bajo sus manos.

El sonido del bosque cambió.

Los lobos sintieron.

Todos.

Alisson se giró a tiempo de verla erguirse sola.

—Elisabete...

El poder no explotó.

Él despertó.

Consciente.

Controlado.

Ella respiró hondo.

Y, por primera vez, no tuvo miedo de lo que era.

La transformación vino en capas.

La loba no rasgó.

Ella nació.

Pelaje plateado como luz de luna líquida.

Ojos que veían más allá de la forma.

Una presencia que no pertenecía solo a los vivos.

Cuando terminó, Elisabete estaba de pie.

Entera.

Despierta.

Ella levantó el hocico hacia el cielo.

Y aulló.

El aullido no era de guerra.

Era de territorio.

Era de soberanía.

Era de respuesta.

Alisson sintió el llamado atravesar el vínculo y hervir en la sangre.

—Ella eligió luchar... —murmuró.

En los límites del bosque, Caíque se detuvo en seco.

La sonrisa desapareció del rostro por un breve segundo.

—Entonces es eso... —susurró—. Despertaste.

El juego había cambiado.

Y, por primera vez, el miedo no estaba solo del lado de Elisabete.

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