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CICATRICES BAJO LA LLUVIA

CICATRICES BAJO LA LLUVIA

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor eterno
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Kyoko...

Elena: Una talentosa restauradora de arte que perdió la confianza en su talento tras un accidente que le dejó una leve secuela en la mano derecha. Es perfeccionista, un poco retraída y está tratando de reconstruir su vida en un pueblo costero alejado del caos de la ciudad. podrá encontrar su rumbo en este lugar?

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CAPÍTULO 19: EL PRECIO DE LA LEALTAD Y EL BESO DE LA DESPEDIDA

La madrugada del 19 de mayo se presentó con una neblina densa que parecía querer ocultar a San Lorenzo del resto del mundo. En el interior del taller, el calor de la estufa de leña luchaba contra la humedad exterior, creando un refugio de luz anaranjada donde Julián y Elena compartían sus últimos momentos antes de que él partiera hacia la capital para ejecutar su arriesgado plan de contraataque.

Julián estaba sentado en el borde de la cama, terminando de abotonarse una camisa de color gris carbón que resaltaba la intensidad de su mirada. Sus movimientos eran lentos, cargados de una tensión que no lograba ocultar. hacia unos días que ya vivían juntos y Elena se acercó a él por la espalda, rodeando su cuello con los brazos y apoyando la mejilla en su hombro. Podía sentir el latido rítmico de su corazón, un motor potente que ahora solo latía por ella.

—No me gusta que te vayas —susurró ella, cerrando los ojos—. Siento que el aire se vuelve más pesado cuando no estás a menos de un metro de distancia.

Julián se giró entre sus brazos y la atrajo hacia su regazo. La tomó por la cintura con una delicadeza que contrastaba con la fuerza de su cuerpo, mirándola como si intentara grabar cada detalle de su rostro en su memoria para el viaje.

—Solo serán unas horas, Elena. Voy a entrar en esa oficina, dejaré que crean que han ganado, y Tato grabará cada palabra del hijo de Garrido. Para la cena estaré de vuelta —le aseguró él, apartándole un mechón de pelo de la frente con una ternura infinita—. Pero quiero que me prometas algo.

—¿el qué?

—Que no abrirás la puerta a nadie que no sea Rosario o Marta. Que te quedarás aquí, en nuestro territorio. —Julián tomó la mano derecha de Elena, la mano que aún conservaba su leve temblor, y la besó con una devoción casi religiosa—. Eres lo más valioso que tengo, Elena. He perdido edificios, reputación y dinero, pero no podría soportar perderte a ti. Eres mi estructura, mi cimiento. Sin ti, me convierto en escombros otra vez.

Elena sintió una calidez eléctrica recorriéndole la columna. El romanticismo de Julián no era de palabras vacías; era un compromiso físico, una protección que la hacía sentirse, por primera vez en años, completamente a salvo.

—estaré bien —respondió ella, sellando la promesa con un beso que empezó suave y se transformó rápidamente en un incendio de necesidad. Julián la estrechó contra sí, profundizando el contacto, comunicándole a través de sus labios que ella era su única prioridad, su única patria.

Cuando finalmente se separaron, Julián le entregó un pequeño walkie-talkie que Tato había configurado.

—Si algo pasa, si ves ese coche negro otra vez, avísame. No me importa el plan, no me importa la policía; volveré por ti a toda velocidad.

Julián partió en el jeep mientras el sol empezaba a asomar tímidamente. Elena se quedó en el porche, observando cómo las luces traseras se perdían en la bruma. El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el lejano balido de la cabra Pincel en la finca vecina.

Elena regresó al taller y se obligó a trabajar. Se sentó frente al relicario de madera de La Atalaya, intentando que su mente no volara hacia la ciudad. Sin embargo, a media mañana, el sonido de un motor que no era el de Julián la puso en alerta. Un deportivo plateado, elegante y fuera de lugar en las calles embarradas del pueblo, se detuvo frente a la puerta.

El hombre que bajó del coche vestía un traje de diseño y llevaba unas gafas de sol que gritaban capital. Elena sintió que el estómago se le hundía. Era Marcos, su antiguo mentor y prometido de la ciudad, el hombre que la había abandonado en el hospital cuando supo que su mano derecha nunca volvería a ser perfecta para la restauración de alto nivel.

—Elena... —dijo él, entrando al taller con una familiaridad que ella ya no le permitía—. He visto las noticias. El video del dron, la subasta... Estás desperdiciando tu vida en este vertedero con un arquitecto fracasado que tiene problemas con la justicia.

Elena se levantó, manteniendo la mesa de trabajo entre ellos. Su mano derecha tembló, pero esta vez fue de puro desprecio.

—Vete, Marcos. No tienes nada que hacer aquí.

—He venido a salvarte de ti misma —continuó él, ignorando su tono—. Tengo un contrato firmado para la restauración de la Capilla Real. Te quiero a mi lado, Elena. Podemos olvidar ese accidente, puedo conseguirte los mejores cirujanos de Europa. Vuelve conmigo a Madrid. Deja de jugar a las casitas en este pueblo de pescadores.

—Julián no es un arquitecto fracasado —dijo Elena con una firmeza que la sorprendió—. Es el hombre que me enseñó que la perfección es una mentira y que las grietas son por donde entra la luz. Él me ama por lo que soy, no por lo que mi mano puede producir.

Marcos soltó una risa seca, acercándose a ella.

—¿De verdad crees que te quiere? Te está usando para limpiar su imagen, Elena. Eres la restauradora herida que le da un toque humano a su drama legal. En cuanto salga de esta, te dejará por alguien que no tenga cicatrices.

—¡Mientes! —gritó Elena, pero en ese momento, el walkie-talkie sobre la mesa emitió una interferencia.

Mientras tanto, en la ciudad, Julián estaba entrando en el lujoso despacho de los Garrido. Su protectorismo estaba en alerta máxima. Saúl, su abogado, lo esperaba en la puerta, sudando.

—Julián, recuerda: entra, firma el recibo de recepción de documentos, pero no el contrato definitivo. Solo necesitamos que confiesen ante el micrófono oculto que la oferta es para comprar tu silencio.

Julián asintió, pero su mente estaba en el taller. Sentía un mal presentimiento, una punzada de ansiedad que no tenía que ver con los abogados.

Al entrar en el despacho, se encontró con el hijo de Garrido, un joven de mirada gélida.

—Señor Torres, me alegra que haya recuperado el sentido común. Dubái lo espera. Pero antes... tenemos que hablar de su pequeña amiga en San Lorenzo.

Julián se tensó, sus puños se cerraron bajo la mesa. El instinto protector se apoderó de él.

—Si le tocas un solo pelo, si te acercas a ella, no habrá cárcel en este país que te proteja de lo que te haré —dijo Julián con una voz tan baja y peligrosa que el hijo de Garrido retrocedió un paso.

—Tranquilo, arquitecto. No soy yo quien está con ella ahora. He oído que un viejo amigo suyo, un tal Marcos, ha ido a visitarla. Queríamos asegurarnos de que Elena tuviera opciones antes de que usted se marchara al desierto.

Julián no esperó a oír más. Se levantó, tirando la silla, y miró a su abogado.

—El plan ha cambiado. Llama a la policía, que traigan al fiscal. Yo me largo.

—¡Julián, si te vas ahora, perdemos la grabación! —gritó Saúl.

—¡Me importa un bledo la grabación! —rugió Julián, ya corriendo hacia la salida—. ¡Ella me necesita!

De vuelta en el taller Marcos había intentado tomar a Elena del brazo.

—No seas tonta, Elena. Ven conmigo ahora.

Pero antes de que pudiera forzarla, la puerta del taller se abrió de par en par con un estruendo que hizo temblar los caballetes. No era Julián, sino doña Rosario, armada con su escoba de mimbre y seguida por una Pincel que parecía haber detectado al enemigo.

—¡Fuera de aquí, petimetre de ciudad! —gritó Rosario, dándole un escobazo en las espinillas a Marcos—. ¡En este taller solo entran hombres de verdad y cabras decentes! ¡Lárgate antes de que use tu coche plateado como abrevadero para mis animales!

Marcos, desconcertado por el ataque caprino y la furia de la anciana, retrocedió hacia la puerta.

—¡Están todos locos! ¡Elena, te arrepentirás de esto!

—¡Vete al infierno, Marcos! —le gritó Elena, sintiendo una liberación absoluta.

Minutos después, el jeep de Julián entró derrapando en el patio, levantando una cortina de barro. Él bajó del vehículo antes de que se detuviera por completo y corrió hacia el taller. Al ver a Elena ilesa, la envolvió en sus brazos con tal fuerza que la levantó del suelo.

—Dime que estás bien, dime que no te ha tocado —suplicaba él, enterrando el rostro en su cuello, temblando de pura rabia y miedo por ella.

—Estoy bien, Julián. Rosario y Pincel se encargaron —dijo ella, riendo y llorando al mismo tiempo, aferrándose a sus hombros anchos—. Has vuelto... has dejado la prueba por mí.

—Daría mil pruebas y cien carreras por un solo minuto de tu seguridad —respondió él, separándose solo lo suficiente para besarla con una posesividad romántica que le quitó el aliento—. Eres mi vida, Elena. No dejaré que el pasado nos toque de nuevo.

Se quedaron así, abrazados en mitad del taller, bajo la mirada triunfal de Rosario y los balidos de Pincel. Ellos tienen una certeza: el amor de Julián era un escudo impenetrable, y aunque la batalla legal se complicara por su huida, su unión era ahora una fortaleza inexpugnable.

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✿.。.:* ☆𝙰𝚗𝚗𝚒𝚔𝚊✿.。.:* ☆:.
😌
Rositha🌹📝📚
Excelente 🙏🌷
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
muy buen cap 👏👏👏
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
yo quiero que sea niña
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
es cierto que la fertilidad aumenta luego del primer embarazo?
𝙉𝙄𝙂𝙃𝙏𝙁𝘼𝙇𝙇
AAAAH 😱jajajaja el muchacho lo volvió a hacer, que linda familia, cada vez se hace más grande
Andrea
Adorable
🦋 Vαηυн ✨🦋
Bueno, yo no sabía que los colores se sentían incomprendidos 🤣🤣
🦋 Vαηυн ✨🦋
🤣🤣🤣🤣 Como sería el moco de trol?? 🤣🤣
yewein¥§
sexo no 🤕
yewein¥§
Cupido un poroto 😁🥵 quiero zexo ver🤧
yewein¥§
son iguales 🤓
yewein¥§
le gustó el nombre 😁
yewein¥§
son 2 gotas de agua
yewein¥§
encontraste tu alma gemela 🤓
yewein¥§
yo Cristian 😁
yewein¥§
que está lloviendo no sabía ☂️
yewein¥§
pobre universo siempre sale siendo acusado 🤓
yewein¥§
es la correcta embarazala😁
yewein¥§
que te den cómo cajón que no cierra🥵
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