Bruno Caruso, un hombre fuerte, calculador y la cabecilla de un imperio levantado a base de sangre. Es el rey indiscutible de la mafia siciliana: no perdona, no olvida… y sobre todo, convierte la traición en castigo.
Xenia, sin quererlo, se convierte en la pieza central de su furia. Y en la oscuridad de su mundo, él decide cuánto debe pagar… pero entre amenazas, secretos y silencios que queman, ¿ambos podrian descubrir que la oscuridad también sabe atraerte?
NovelToon tiene autorización de Carola Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 05
Pov. Xenia
Sentí un chorro de agua fría impactar contra mi rostro. Esto hizo que abriera mis ojos de par en par. Fueron como miles de dagas impactando contra mi rostro, juraria que solo le faltó el hielo a esa agua.
Intenté reaccionar y cuando lo hice miré el lugar donde me encontraba. Era un sitio oscuro, sumido en una penumbra densa, apenas iluminado por la rendija que dejaba pasar un hilo de luz desde la puerta metálica. El aire olía a encierro.
—No, no, no, esto no puede estar pasándome, por favor no— Lagrimas empezaron a caer de mis ojos y mi corazón empezó a sentirse desesperado.
Quise levantarme, pero rápidamente me di cuenta de que estaba en una silla, amarrada.
—Esto no puede ser verdad, me niego —Entre sollozos y alaridos desgarradores, empecé a gritar— ¡¡Por favor, sáquenme de aquí!!, ¡¡auxilio!!
Empecé a moverme en la silla para ver si un milagro sucedia y pudiera liberarme, pero fue inútil. No sirvió de nada. La desesperación empezaba a apoderarse de mí.
—¡Se lo suplico, déjenme ir!, por lo que más quieran!!, ¡¡¡POR FAVOR!!! — Grité con lágrimas desbordando de mis ojos. Mis gritos se hacían cada vez más desesperados, cargados de miedo.
De pronto, en medio de la oscuridad, mis ojos húmedos vislumbraron una figura. Era apenas una sombra recortada contra la luz, inmóvil, observándola desde el otro lado. Sentí que el corazón me estallaba en el pecho. No podía distinguir su rostro, ni siquiera saber si era un hombre o una mujer, pero aquella presencia me estremeció.
De repente se escuchó una risa tenebrosa resonar por toda la habitación, causándome escalofríos.
—¡¿Por lo que más quiera?! —Aquella persona se acercó hasta mí y me tomó del mentón con fuerza, haciendo que lo mirara a la cara— Pero si tú casi destruyes a lo que más quiero, ¿ahora pides clemencia?
—TÚ— Pronuncié con miedo. Es el mismo hombre que me encontré en la playa. Él mismo que no me quería dejar ir aquella noche. Estoy segura, es él.
—Vaya vaya, miren a quien tenemos aquí —Se acercó a mi hasta estar a centímetros de mi rostro— Te dije que tuvieras cuidado delante de quien te cruzabas, pero no me hiciste caso —Pasó su mano por mi mejilla— ¿Pensaste que podrías salirte con la tuya?
—¡¿De que hablas?, no me cruce en tu camino loco de mierda!— Grité desesperada mientras intentaba zafarme nuevamente de las cuerdas, pero estaban muy apretadas.
—Es inútil que trates de hacer eso, no podrás soltarte —Se burló— Pero como veo que estas incomoda en esa silla. Seré bueno contigo y te pondré más cómoda.
Lo vi sonreír como un demente, en ese momento temí por mi vida. No sé lo que este hombre sea capaz de hacer. No sé ni por qué estoy aquí.
Él sacó su teléfono, le escribió a alguien y después volvió a guardar el celular en su pantalón. No pasó ni un minuto cuando dos hombres vestidos de negro entraron por la puerta.
—Desnudenla y cuelguenla— Ordenó aquel hombre con voz fría.
Abrí mis ojos como platos. Ellos llegaron hasta mi. Me desataron con una facilidad increíble y empezaron a quitarme la ropa.
Yo intenté apartarlos de mi, pero no podía, eran muy fuertes y tenían el doble de fuerza que la mía. Llego un punto donde uno de ellos me agarró de los brazos mientras que el otro me desnudaba.
Solo podía llorar por la desgracia que me estaba ocurriendo, aunque fue inútil, hicieron caso omiso a mis súplicas.
Cuando estuve totalmente desnuda me colgaron en unas cadenas que estaban en el techo, por lo que ya no podía tocar el piso, estaba flotando, y aunque estaba a pocos centímetros del piso, mis brazos ya empezaban a doler.
Vi como los dos hombres desaparecían por la misma puerta por la que entraron, volviéndome a dejar sola junto con este psicópata.
—¿Estás más cómoda?— Preguntó burlón mientras se acercaba a mí.
—Te causa satisfacción verme así, ¿cierto? —Lo vi asentir mientras lágrimas caían de mis ojos— ¿Pero por qué?, ¿por qué estoy aquí? —Él me miro por un momento sin decir absolutamente nada, no sé que se le pasaba por la cabeza.
—Bien, te lo diré —Se acercó más a mi y me tomó por el pelo con brusquedad— ¿Te acuerdas lo que sucedió hace cinco días?.
Lo miré confundida, pero casi de inmediato me llegó el recuerdo de cuando nos encontramos, ¿será por eso que estoy aquí?, ¿pero por qué?, ¿por la patada que le di?... no entiendo nada.
—S-Si, cuando nos encontramos en la playa— Pronuncié con miedo, pero su agarre se intensificó más, haciendo que gritara en el proceso. Parece que esa no era la respuesta que esperaba.
—Vaya, tal parece que se te olvidó rápido el accidente que causaste— Cuestionó mirándome a los ojos.
Abrí mis ojos hasta más no poder. ¿Él conoce a la persona a quien atropellé?
—Bingo, ya veo que te acordaste —Sonrió con enojo— Me imagino que te estas preguntando si conozco a la chica y si, la conozco y muy bien diría yo... Es mi pequeña hermana —Contestó entre dientes. Pude ver como apretaba sus puños con ira.
Mis ojos se volvieron a aguar y empecé a llorar otra vez.
—Lo lamento, lamento mucho lo que pasó, pero yo... esa noche yo...— Cuando estaba apunto de decir que había sido drogada él me tomó por el mentón e hizo que lo mirara directamente a los ojos.
—Por tu maldita culpa ella está en coma. ¿Te creiste más lista que yo verdad?, pues ahora vas a aprender lo que significa hacerme enojar —Me apretó más— Ahora me toca divertirme —Él me soltó de manera brusca y caminó hasta una silla donde se sentó, quedando enfrente de mi.
—¿divertirte?— Lo miré sin poder comprender, pero a la vez aterrada.
—¿Acaso eres sorda? —Bufó fastidiado para después sobar el puente de su nariz y posteriormente volver a posar su mirada en mi— No me hagas perder la poca paciencia que tengo, ¿lo entiendes?.
—Síí— Me apresuré a decir. Tenía miedo, pánico de este loco sentado enfrente de mi.
—Bien, nos vamos entendiendo... Ahora sí, podemos seguir... tienes dos opciones, o te conviertes en mi esclava, obedeciendo cada puta orden sin cuestionarla o, simplemente mato a tu hermana, ojo por ojo, tú eliges— No había atisbo de duda en sus ojos. Cada palabra, cada gesto, todo me confirmaba que no había ni una pisca de juego en él, era real.
—No hagas esto por favor —Supliqué entre sollozos.
—Decirme eso a mi es como decirle al mismísimo diablo que te salve, es inútil... Quiero verte sufrir... Ahora, elije— Respondió calmado.
Sentía como mi corazón latía con una fuerza desbocada. Mi estómago se encogía al escuchar esas palabras, tan crueles, tan inapelables. Tragué saliva, intentando no derrumbarme más de lo que ya estaba.
Ahora temblaba, no de frío, sino de miedo. ¿Esclava?, significaría ser una marioneta en manos crueles, pero mi hermana, ella pagaría el precio y eso jamás.
Esas opciones estaban perfectamente elaboradas, sabia que nunca pondría en duda salvar a mi hermana ante cualquier cosa.
Cerré los ojos ahogada en un océano de impotencia, sintiendo que cualquiera de las dos elecciones significaba perderlo todo. No había salvación... pero por mi hermana iría al mismísimo infierno.
—Fue suficiente, elije ahora maldita sea— Expresó cabreado.
Lo miré a la cara con lágrimas brotando de mis ojos.
—Mejor déjame explicarte las cosas, no es como tu piensas yo...— Sentí un fuerte apretón en el pelo que hizo que hiciera silencio.
—Escucha maldita zorra, solo elije una opción o de lo contrario mato a tu puta hermana, suerte tienes tú de que te estoy dando por lo menos a elejir, ¿si lo entiendes?— Dijo entre dientes y yo asentí. No tenía de otra.
—La primera, elijo la primera— Susurré.
Él me soltó e inmediatamente bajé mi cabeza con vergüenza. Me sentía humillada.
—¡No te escuche, habla más fuerte perra!— Gritó.
—¡QUE SÍ! —Grité— Elijo ser tu esclava.
—Bien. Agradece que estoy siendo benevolente contigo y no te mato aqui y ahora.
—¿Lo harás cuando obtengas lo que quieras de mi?— Pregunté con inquietud y lo vi sonreír para después acercarse nuevamente a mi.
—Si mi hermana despierta ella decidirá que hacer contigo, si matarte o dejarte ir, pero si ella no despierta y muere, tú vas a morir con ella, junto a toda tu familia— Me susurró. Mi piel se puso chinita. Mi vida depende de la mujer que atropellé, que cambios de papeles.
De pronto lo vi caminar hacia la salida y abrir la puerta. ¿piensa irse y dejarme aquí?, ¿desnuda?
—¡No me dejes así! —Le grité y lo vi voltear con una sonrisa en el rostro.
—Justo ahora comienza tu desgracia Xenia —Su sonrisa se intensificó más y no logré comprender hasta que vi a un hombre entrar por la puerta— Espero que lo disfrutes tanto como yo lo haré.
Miré al hombre que había entrado por la puerta y este inmediatamente abrió una gaveta y de ahí saco un látigo.
Mis ojos se abrieron hasta más no poder y unas cuentas lágrimas cayeron de mis ojos con dolor.
—Por favor no, no me hagas daño, te lo suplico, por favor— Miré al hombre que me trajo aquí con súplicas, pero él solo sonreía con malicia. Verme así le gustaba.
El primer latigazo me arrancó un grito que ni siquiera sabía que podía emitir. El dolor se expandió por mi espalda como fuego, y mi cuerpo se estremeció. Aquel otro hombre, mi capturador, estaba delante de mí, implacable, observando cada reacción, como si midiera cuánto podía soportar antes de romperme por completo.
—Vamos, esto apenas empieza —dijo, con esa voz baja y controladora que me hacía sentir aún más vulnerable.
Intenté apartarme, pero las cadenas me mantenían fija. Cada movimiento que hacía era un recordatorio de que estaba atrapada, a su merced.
Otro latigazo vino y luego otro, cada golpe resonando en el lugar como un martillo sobre mi piel y mi voluntad. Mis lágrimas caían, mezclándose con el sudor, mientras un miedo puro y profundo me consumía.
Él parecía disfrutar viendo cómo mi resistencia se debilitaba. Cada gemido mío lo animaba a continuar viendo el espectáculo creado para él, cada intento de esquivar los latigazos solo le daba más placer. Intenté gritar, suplicar, incluso fingir que no dolía tanto, pero él lo percibía todo, y eso solo intensificaba la tortura.
Sentí como si hubieran pasado horas y más horas. El tiempo se desdibujaba entre golpes y miradas que decían más que mil palabras. Cada instante era un juego de poder donde él tenía todo el control, y yo solo podía soportar, resistir lo que pudiera. Mi cuerpo estaba exhausto, pero la mente seguía consciente, atrapada en un ciclo de terror del que no podía escapar.
Y mientras mi dolor continuaba, entendí algo terrible: no era solo físico. Él disfrutaba del miedo, de la desesperación, del ver cómo cada pequeña chispa de esperanza se apagaba lentamente en mí. Cada latigazo, cada mirada fría, cada pausa calculada… todo estaba diseñado para demostrarme que estaba completamente a su merced.
Yo ya no podía más. Mi espalda ardía como el demonio. Sentía que me iba a desmayar en cualquier momento. Siento que no voy a volver a abrir los ojos más... Estoy tan adolorida...
—Parece que ya no aguantas otro más... para ser sincero me sorprendes, aguantaste demasiados latigazos y aún sigues despierta.
Levanté mi rostro y pude ver la misma sonrisa dibujada en su rostro. Todo esto para él era solo un juego.
—Eres un... un...— Quise decirle que era un maldito imbécil, pero no pude, no puedo hacer nada más, siento que todo me da vueltas... siento que me voy a desmayar...
Esto está increíble !!