Dicen que la sangre de un vampiro es fría, pero la suya ardía con una maldición. La mía, tan dulce y prohibida, era su único dulce veneno... o su salvación eterna.
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Capítulo 22
El último paso de su transformación no fue un ritual de sangre, sino un acto de voluntad pura. Chen Yi y XiaoXuan decidieron que, para que su unión fuera indestructible ante cualquier fuerza externa o interna que pudiera surgir en el futuro, debían sellar su alianza de almas en sus propios términos.
Eligieron un claro en el bosque, un lugar donde el sol y la luna parecían encontrarse en el crepúsculo. No había testigos, ni ancianos, ni cánticos oscuros. Solo ellos dos, el viento entre los árboles y el latido constante de su vínculo.
—XiaoXuan —comenzó Chen Yi, su voz resonando con una solemnidad que hacía vibrar el aire—. No te pido que seas mi cura, ni mi fuente, ni mi esposa por contrato. Te pido que seas mi igual. Te entrego mi eternidad para que la moldees con tu mortalidad, y te ofrezco mi protección a cambio de tu luz.
XiaoXuan tomó sus manos. Sintió la energía fluir entre ellos, una corriente cálida y constante que ya no quemaba, sino que reconfortaba.
—Chen Yi —respondió ella, sus ojos fijos en los de él—. Acepto tu eternidad y te entrego mi presente. No somos dos seres separados por la especie o por la sangre; somos una sola alma dividida en dos cuerpos. Mi sacrificio no es una carga, es mi mayor regalo, porque a través de ti, yo también he encontrado un propósito que va más allá de mi propia vida.
En ese momento, ocurrió algo extraordinario. No hubo fuego azul ni sombras rugientes. En cambio, una luz suave, del color del oro y la plata mezclados, emanó del punto donde sus manos se unían. La luz se extendió por sus brazos, rodeando sus cuerpos en un capullo de energía pura. Fue el sello definitivo. La Sombra dentro de Chen Yi se transformó completamente, dejando de ser una entidad ajena para convertirse en la fuerza vital que mantendría a ambos jóvenes y saludables mucho más allá de los límites humanos.
Era el sacrificio final de su individualidad para crear algo superior. Ya no eran una humana y un vampiro; eran los guardianes de un nuevo equilibrio.
—Siento que... —XiaoXuan buscó las palabras, abrumada por la sensación de plenitud—. Siento que el mundo entero está respirando conmigo.
—Es porque ahora eres parte del pulso de la creación —explicó Chen Yi, maravillado—. Al unir nuestras almas, hemos roto las leyes que nos mantenían prisioneros de nuestras naturalezas. Ya no estás ligada a la fragilidad, y yo ya no estoy ligado a la decadencia.
Se abrazaron, y en ese abrazo sintieron el peso de los siglos desaparecer. El amor que se había gestado entre susurros de pasión y dudas desgarradoras era ahora una fortaleza inexpugnable. El sacrificio no había sido la pérdida de algo, sino la ganancia de una existencia que ninguno de los dos hubiera podido imaginar por separado.
—¿Qué haremos ahora? —preguntó ella, apoyando su cabeza en su pecho, escuchando el corazón de él latir con una fuerza que antes no poseía.
—Vivir —respondió él, besando su coronilla—. Viajar, aprender, ver cómo cambia el mundo sin ser parte de sus guerras de poder. Tenemos todo el tiempo que queramos, XiaoXuan. Y lo mejor es que cada segundo será nuestro.
La alianza de almas estaba sellada. No por sangre derramada en odio, sino por amor entregado en libertad. Caminaron de regreso a su hogar mientras las primeras estrellas aparecían, sabiendo que su historia ya no pertenecía a las leyendas de terror de los Liu, sino a los cuentos de esperanza que se susurran al viento. Habían transformado una maldición en una bendición eterna, y el futuro, por fin, les pertenecía por derecho propio.