Su padre debía millones.
Él necesitaba una esposa.
Ella fue la garantía.
Cuando Alessia Lombardi es obligada a casarse para pagar la deuda millonaria de su padre, descubre que su nuevo esposo no es solo un hombre frío y poderoso, sino el heredero de una de las organizaciones más peligrosas del país. El contrato es claro: un año de matrimonio, sin amor y sin sentimientos. Pero nadie les advirtió que el odio puede transformarse en algo mucho más intenso.
NovelToon tiene autorización de Yoryanis R. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 24
La transferencia seguía en la pantalla.
Cantidad mínima.
Casi absurda.
Pero el mensaje en la referencia era lo que realmente importaba.
Saldo pendiente.
Thiago no apartaba la mirada del monitor.
No parecía enfadado.
Tampoco sorprendido.
Parecía… recordando.
—Esto no es una amenaza —dijo finalmente.
—No —respondí—. Es un recordatorio.
Mateo revisaba los registros de la cuenta desde otra terminal.
—La transferencia pasó por tres bancos intermediarios —informó—. Eso significa que no querían ocultarla completamente. Querían que la viéramos.
—Exacto —dijo Thiago.
El silencio se extendió en la sala.
Yo observaba el número en la pantalla.
Era una cifra ridícula para alguien como Orsini.
Pero las cifras simbólicas nunca son casualidad.
—¿Cuánto era la deuda de tu padre realmente? —pregunté.
Thiago apoyó las manos sobre el escritorio.
—Oficialmente… veinte millones.
—¿Y extraoficialmente?
No respondió de inmediato.
Eso fue suficiente para saber que la respuesta era incómoda.
—Mucho más.
Mateo levantó la vista.
—¿Cuánto más?
Thiago suspiró apenas.
—Lo suficiente para que nadie pudiera pagarla jamás.
El aire de la habitación cambió.
Eso ya no era una deuda.
Era una trampa.
—Entonces todo esto empezó antes de que tú tomaras el control —dije.
—Sí.
—Y Orsini lleva años esperando este momento.
Thiago asintió lentamente.
—Mi padre intentó romper el acuerdo cuando descubrió que no había salida.
—¿Y qué tipo de acuerdo era? —pregunté.
Thiago se inclinó hacia atrás en la silla.
—Financiamiento.
—Eso ya lo dijiste.
—Financiamiento para expansión territorial.
Eso tenía sentido.
Pero también abría otra pregunta.
—¿Y qué recibió Orsini a cambio?
Thiago sostuvo mi mirada.
—Influencia.
La palabra cayó pesada.
Porque en mundos como este, la influencia es más valiosa que el dinero.
—Tu padre le dio acceso a la estructura —dije lentamente.
—Sí.
—Entonces Orsini no solo conoce tu organización…
Mateo terminó la frase.
—La ayudó a crecer.
El silencio volvió.
Más oscuro.
Porque eso significaba que Orsini no era un enemigo externo.
Era un arquitecto del sistema.
Thiago se levantó.
Caminó hacia el ventanal.
La ciudad brillaba bajo las luces nocturnas.
Pero su atención estaba muy lejos de ahí.
—Mi padre pensó que podía usar ese dinero para fortalecer la organización y luego cortar el vínculo.
—Pero Orsini no invierte para perder control —dije.
—Exacto.
Mateo giró la pantalla de su computadora.
Había encontrado algo nuevo.
—Creo que esta transferencia no es solo un mensaje —dijo.
—¿Qué más?
—La cuenta que usaron tiene historial.
Thiago se giró inmediatamente.
—Muéstralo.
Mateo amplió los registros.
Tres movimientos.
Tres transferencias pequeñas.
La primera… diez años atrás.
La segunda… cinco años atrás.
La tercera… hoy.
Sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
—Está marcando fechas —dije.
Thiago frunció el ceño.
—No. Está marcando eventos.
Mateo abrió otro archivo.
—Diez años atrás… fue cuando tu padre firmó el acuerdo inicial.
—Cinco años atrás —añadió Thiago— fue cuando intentó salir del trato.
—Y ahora —dije— es cuando tú estás haciendo lo mismo.
Nadie habló durante varios segundos.
Porque la conclusión era inevitable.
Esto no era improvisado.
Era un ciclo cuidadosamente seguido durante una década.
Mateo cerró la laptop lentamente.
—Esto significa que Orsini no está reaccionando a tus movimientos.
Thiago terminó la idea.
—Los estaba esperando.
Yo me apoyé contra la mesa.
—Entonces esta guerra no empezó ahora.
—No.
—Empezó cuando tu padre firmó ese acuerdo.
Thiago no lo negó.
Un golpe en la puerta interrumpió el momento.
Viktor entró.
Rostro serio.
—Tenemos una situación.
Thiago no se movió.
—Habla.
—Uno de nuestros proveedores portuarios canceló el contrato esta noche.
Eso era inesperado.
—¿Por qué? —pregunté.
—Auditoría gubernamental —respondió Viktor—. Congelaron operaciones hasta nuevo aviso.
Mateo soltó una risa breve, sin humor.
—Qué conveniente.
Thiago caminó lentamente hacia la mesa.
—No es coincidencia.
—No —dije—. Es presión económica.
Viktor asintió.
—Y no es el único. Dos empresas de transporte hicieron lo mismo.
Eso era grave.
Si el flujo logístico se detenía, toda la estructura comenzaría a resentirse.
Thiago parecía calcular cada variable.
—Quiere obligarnos a reaccionar rápido.
—O a cometer un error —añadí.
Viktor miró entre nosotros.
—¿Quién?
Thiago respondió sin dudar.
—Orsini.
Cuando Viktor salió de la sala, el silencio volvió.
Pero esta vez era distinto.
Más claro.
Más peligroso.
Porque ahora entendíamos el tablero completo.
—No está tratando de destruirte directamente —dije.
—No.
—Está replicando exactamente la estrategia que usó con tu padre.
Thiago apoyó las manos sobre el escritorio.
—Aislar.
—Presionar.
—Esperar.
Mateo añadió la última pieza.
—Hasta que tomes una decisión desesperada.
Yo lo observé detenidamente.
—La pregunta es…
Thiago levantó la mirada.
—¿Cuál?
—¿Qué pasó realmente la última vez?
El silencio que siguió fue largo.
Pesado.
Porque la respuesta estaba cerca.
Demasiado cerca.
Finalmente Thiago habló.
—Mi padre no murió por la deuda.
Mi respiración se detuvo.
—Murió por intentar revelar quién estaba detrás de ella.
El aire de la habitación se volvió frío.
Porque eso significaba algo muy claro.
Si Thiago seguía investigando…
Podría terminar exactamente igual.