Después de sobrevivir a la masacre de Buena Suerte, Lía y Dikeet intentan encontrar un lugar en un mundo que las teme y las necesita al mismo tiempo. Pero cuando una nueva amenaza surge de las sombras de BioKal —más antigua, más poderosa y capaz de desafiar al cielo mismo—, las hermanas se ven obligadas a salir de las sombras.
Junto a antiguas enemigas y aliados inesperados, deberán enfrentar una fuerza que no solo quiere destruirlas, sino reescribir lo que significa ser humana… o algo más.
En una carrera contra el tiempo, entre selvas que devoran y ciudades que se apagan, descubrirán que la verdadera batalla no es contra una empresa cruel, sino contra lo que el poder hace con quienes lo persiguen… y con quienes lo rechazan.
Una historia de hermanas, traiciones, rabia y la pregunta que nunca desaparece:
¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para proteger lo que cres que es tuyo?
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CAPITULO 12 - Lo inesperado
El director de BioKal Industries, cubierto por su armadura táctica, apretó los dientes mientras los tentáculos del monstruo morado lo rodeaban con violencia.
-¡Basta ya...! -gruñó, furioso.
Desde su traje activó todo el armamento disponible: misiles, ráfagas de energía y proyectiles explosivos salieron disparados con potencia brutal. La criatura fue forzada a girarse, enfocando su atención en él.
Pero justo antes del impacto, Kambrio apareció detrás del director, activando su habilidad para volverlo invisible al ojo de la criatura. Todos los tentáculos golpearon el suelo con violencia, fallando por escasos centímetros.
-No podemos penetrar esa defensa... -dijo el director entre jadeos.
Entonces, con decisión, sacó una radio avanzada de su muñequera.
-Aquí Rubén, código Alfa-Cero. Autorización para el Satélite del Juicio. Disparen ya.
Hubo una estática, un silencio que duró eternidades... hasta que la respuesta llegó:
-Autorización concedida.
En la órbita terrestre, un satélite camuflado como simple transmisor comenzó a transformarse. Dos cañones laterales emergieron, cargándose con energía roja pulsante. La potencia de destrucción se acumulaba y apuntaba directo a las coordenadas de la criatura.
Abajo, Lía observaba molesta a Hera.
-¿¡Ella está de nuestro lado ahora!?
Dikeet, nerviosa, se interpuso entre ambas.
-¡Esperen, esperen! ¡Ella nos ayudó! ¡Salvó mi vida!
Lía mantuvo la mirada seria... hasta que sorprendió a ambas tendiéndole la mano a Hera.
-Gracias... por proteger a mi hermana -dijo con firmeza.
Hera, desconfiada, dudó por un segundo... y luego apretó su mano con fuerza. Dikeet, conmovida, se acercó a Lía.
-Oye... ¿Y esa madurez repentina?
-Te doy las gracias -replicó Lía con una sonrisa irónica-, pero no te perdono por romperme la cabeza, ¿eh?
Dikeet soltó una carcajada. Hera también sonrió. Por un instante, la guerra se detuvo para dar paso al lazo de tres hermanas listas para pelear juntas.
Entonces... cayó el Rayo del Juicio.
Una columna de energía roja descendió desde el cielo como si los mismos cielos hubiesen dictado sentencia. El rayo impactó directamente sobre la criatura morada, desintegrándola en miles de pedazos, arrojando trozos gelatinosos por todo el valle.
La explosión generó una onda expansiva descomunal.
Las tres hermanas fueron arrastradas por la fuerza del impacto, arrojadas en distintas direcciones, cayendo lejos del epicentro. El suelo ardía. Un cráter humeante ocupaba ahora el lugar donde la criatura había estado.
Entre el humo, la criatura intentó recomponerse, sus fragmentos temblaban... pero su cuerpo no obedecía. Se deshacía.
Fue entonces cuando el director Rubén, con su armadura aún humeante, cruzó entre las brasas y los restos. Se acercó a lo que parecía una bóveda oculta dentro del cuerpo del monstruo.
Sin dudarlo, arrancó la puerta. Dentro, lo esperaba un artefacto ancestral: un pequeño reloj de arena brillante, de energía azulada y estructura plateada.
Sus gafas oscuras reflejaron el brillo celestial del objeto.
-Ahora... podemos tomar todo lo que queramos -murmuró, antes de reír a carcajadas, levantando la reliquia al cielo.
Con una mirada codiciosa, lo acercó al núcleo de su traje, dispuesto a fundirse con él.
Pero entonces...
Un destello cruzó el aire.
La risa cesó abruptamente. Su cuello fue cortado con precisión quirúrgica.
El artefacto cayó al suelo, rodando. El director se desplomó, aún con una expresión de triunfo inconcluso.
Ayura, con su lanza aún humeante, avanzó y tomó el artefacto con calma y una sonrisa siniestra.
-Gracias... solo necesitaba ver cómo se usaba.
Kambrio apareció junto a ella, con la voz quebrada:
-¿Qué has hecho... Ayura?
-Tomar el mundo, como yo lo deseo -respondió, con una mirada llena de ambición cruel.
Sin dudarlo, incrustó el artefacto en su pecho, uniéndolo al núcleo de su ser.
Un estallido de luz iluminó el cielo.
Chispas eléctricas se convirtieron en rayos titánicos, el aire vibró con fuerza sobrenatural y una ráfaga de viento barrió toda la zona, arrastrando humo, fuego y esperanza por igual.
Desde ese momento... algo cambió en el mundo.
El destello azul estalló con furia divina, rasgando los últimos restos de la barrera celeste como si el cielo mismo fuera papel quemado.
Las descargas eléctricas se extendieron en todas direcciones como una red imparable, desintegrando todo lo que tocaban: estructuras, cristales negros, aviones de asalto... hasta los restos aún vivos de la masa morada fueron fundidos en una sola explosión de luz y relámpago.
Un gigantesco cráter apareció en el epicentro, con humo saliendo desde lo profundo como si el infierno se hubiese abierto.
Y entonces... ella apareció.
Desde el vórtice de energía emergió una figura de 15 metros de altura, gloriosa y aterradora.
Su cabeza era serpentina, con un rostro humano de sonrisa sarcástica y dientes afilados como puñales. No tenía pupilas; en su lugar, dos ojos blancos e intensos que brillaban como faros.
De su cabeza brotaba un cabello largo y ondulante hecho de pura electricidad chispeante, con dos mechones gigantescos que tomaban forma de anguilas eléctricas, soltando descargas a cada latido.
Su cuerpo era una amalgama de energía viva: brazos múltiples de electricidad fluyente, una cola serpentina que se deslizaba sobre el suelo fundido, y tentáculos que se adherían con fuerza al terreno, estabilizándola como si fuera una diosa recién llegada al mundo.
-Oh, Rubén... -dijo con un tono burlón, su voz distorsionada por mil frecuencias eléctricas-. ¿Te sorprende ver tu propio Juicio convertido en mi renacer?
En el aire, las naves caza de BioKal comenzaron el ataque. Incluso la Isla de Hierro, su centro volador de operaciones, abrió fuego con todo lo que tenía.
Misiles, cañones de plasma, fuego concentrado de drones... una tormenta de proyectiles descendió sobre Ayura.
Pero ella levantó una mano, exhaló... y disparó un rayo electrónico tan poderoso que formó un escudo electromagnético natural. Todas las municiones se deshicieron en chispas.
-Patético.
Con un solo gesto, alzó su mano derecha. Un relámpago recto y letal salió disparado desde su palma, alcanzando las turbinas de la Isla de Hierro.
La estructura comenzó a tambalearse, girando lentamente en el aire mientras los motores fallaban uno a uno.
-¡No... NO! -gritó Rubí desde una nave caza, viendo la escena con los ojos llenos de horror.
Ayura alzó su otra mano al cielo, con una sonrisa de éxtasis absoluto.
-¡Que los cielos caigan conmigo! -rugió.
Del firmamento, las nubes se arremolinaron, girando en espiral como un ciclón de tormenta. Un segundo después, una lluvia de rayos cayó con precisión quirúrgica.
Cada descarga golpeó directamente sobre la Isla de Hierro, partiendo la estructura a la mitad. Una explosión monstruosa llenó el cielo, y los restos ardientes de la isla comenzaron a descender, envueltos en fuego, hacia el cráter que Ayura había creado.
-¡RUBÉN! -gritó Rubí mientras las explosiones se reflejaban en sus ojos-. ¡Rubén, responde...!
Pero solo hubo silencio.
Tomando el control del escuadrón, Rubí activó la radio táctica.
-¡Todos los escuadrones, plan "Nepal"! Ataque total. ¡AHORA!
Cientos de naves pequeñas giraron en formación hacia Ayura renacida. Como una marea de acero, se lanzaron con furia y desesperación.
Ayura miró hacia ellos con calma... y luego bajó la mano al suelo.
Un pulso expansivo se extendió desde su cuerpo como una burbuja invisible, aparentemente inofensiva.
Pero no lo era.
En las cabinas, los pilotos comenzaron a gritar de confusión y dolor. Sus cuerpos se retorcían, sus rostros se alteraban.
Uno gritó mientras plumas brotaban de sus brazos, que se transformaban en alas descontroladas. Otro, sentado a su lado, miró cómo sus piernas se convertían en ancas de rana.
-¡¿Q-qué está pasando?! -gritó un tercero, justo cuando un caparazón surgía desde su espalda.
Rubí jadeó mientras su casco se abría por sí solo. En su cabeza, orejas de conejo emergieron. Su cabello se volvió blanco. Sus brazos comenzaron a cubrirse de pelaje suave, y una cola esponjosa brotó de su espalda.
-N-no... no puedo... ¡controlar... el vuelo! -gritó.
Las naves comenzaron a chocar entre sí, desorientadas, incontrolables.
Desde el suelo, Ayura alzó la mano izquierda, cerró el puño lentamente... y dijo con una voz cantarina:
-¿Listos para el remate final?
Y con un leve movimiento de sus dedos, rayo por rayo salió de ella, uno por cada nave.
Cada impacto era preciso, certero, devastador.
Uno tras otro, los cazas comenzaron a estallar en el cielo.
Una lluvia de fuego, alas y metal cayó sobre el mundo.
Ayura, ahora hecha de electricidad pura y ambición desbordante, rió a carcajadas mientras las llamas iluminaban su figura imponente.
-¡YO! -gritó, con los brazos abiertos-. ¡YO soy el nuevo Dios del Juicio! ¡Y ustedes son mi ofrenda!
Desde la distancia, Hera, Dikeet y Lía lograban ponerse de pie, aún tambaleantes. Las tres miraron la devastación con el corazón en un puño. El mundo había cambiado. El enemigo... era algo que ni siquiera los antiguos temían.
Lía apretó los dientes.
-¿Qué... qué se supone que es eso?
Dikeet tragó saliva, con los ojos húmedos.
-Es Ayura... pero ya no es humana.
Hera, con el rostro ensombrecido, extendió sus garras mientras su forma licántropa brillaba con energía residual.
-Entonces... debemos detenerla.