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Mis Hijos Hackearon Al CEO

Mis Hijos Hackearon Al CEO

Status: Terminada
Genre:Hijo/a genio / CEO / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.4M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Yamila22

"Él es el hombre más poderoso de la ciudad. Ellos tienen 8 años y acaban de hackear su vida."
Elara ha guardado un secreto durante cuatro años: es madre soltera de dos genios que el sistema escolar no puede controlar. Para su jefe, el implacable y frío millonario Killian Vane, ella es solo la asistente perfecta, la mujer que nunca falla y que parece no tener vida personal. Pero cuando el colegio de los gemelos exige una cuota impagable para niños superdotados y el padre biológico desaparece con las migajas de la manutención, Elara llega al límite.
Lo que Elara no sabe es que sus hijos, Evans y Edans, han tomado una decisión: Mamá necesita un respiro y ellos necesitan un papá que esté a su nivel.
Tras analizar a cientos de candidatos en la plaza local, los gemelos fijan su objetivo en el hombre que aparece en las noticias: Killian Vane. Es rico, es brillante y, según sus cálculos, es el único hombre con el ADN lo suficientemente fuerte para lidiar con ellos.

NovelToon tiene autorización de Yamila22 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 22: Operación Pantalones Largos y Bigotes de Gato

El plan de los gemelos era, sobre el papel, una obra maestra de la infiltración. Según sus cálculos, Christian y Victoria Vane estaban registrados en un resort exclusivo en los Alpes Suizos bajo nombres falsos. Como Killian estaba demasiado ocupado flotando en una nube de amor y Elara estaba distraída organizando su nueva vida, Evans y Edans decidieron que era el momento de ejecutar la "Operación Vuelo Privado".

—El problema principal es nuestra estatura —sentenció Evans, mirando su reflejo en el espejo del enorme vestidor de Killian—. Los guardias del hangar privado no dejan pasar a nadie que mida menos de un metro cincuenta sin un tutor. Por lo tanto, debemos dejar de ser niños.

—He analizado la morfología de Killian —añadió Edans, rebuscando entre los cajones de caoba—. Sus pantalones tienen un exceso de tela de aproximadamente cuarenta centímetros para nosotros, pero si usamos sus cinturones de cuero y los ajustamos al máximo, podemos crear un efecto de "volumen adulto".

El desastre estético comenzó cinco minutos después.

Evans logró ponerse uno de los pantalones de traje gris marengo de Killian. El problema era que la cintura le llegaba literalmente a las axilas y las piernas sobrantes se amontonaban en el suelo como dos acordeones de tela fina. Para compensar la falta de hombros, se puso una de las camisas de seda del abuelo Arthur que habían traído de la mansión. La camisa era tan grande que las mangas le colgaban como si fuera un mago de feria y el cuello le tapaba las orejas.

—Edans, pásame el adhesivo industrial y el pelo de la alfombra —ordenó Evans con total seriedad.

Habían recortado cuidadosamente fibras de una alfombra decorativa de color café oscuro para fabricarse bigotes. El resultado era aterrador: Evans parecía un villano de dibujos animados antiguos con un bigote que le cubría hasta la comisura de los labios, pegado con tanto pegamento que apenas podía mover la boca para hablar.

Edans, por su parte, había optado por un look de "empresario excéntrico". Se puso un saco azul marino de Killian que le arrastraba por el suelo como si fuera una capa real, y unas gafas de sol de aviador que se le resbalaban constantemente por la nariz.

—Paso trece: suplantación de identidad de alto nivel —dijo Edans, tratando de caminar con los zapatos de talla 44 de Killian. Cada paso sonaba como un aplauso gigante contra el suelo de mármol. ¡Clac! ¡Clac! ¡Clac!

—Parecemos dos ejecutivos importantes que han tenido una semana muy dura —afirmó Evans, mirándose con orgullo—. Nadie sospechará que somos dos menores de edad intentando comprar un boleto a Ginebra con la tarjeta de crédito corporativa del Iceberg.

Mientras tanto, en la cocina, Elara estaba preparando un té, disfrutando del silencio inusual. Killian había bajado un momento a la recepción para recoger unos documentos y ella pensaba que los niños estaban "estudiando discretamente" en su cuarto.

—Qué raro... —murmuró Elara, dejando la taza—. No escucho el ruido de los teclados.

Caminó hacia el pasillo y se detuvo en seco al escuchar un ruido extraño proveniente del gran vestidor. ¡Pum! ¡Zas! ¡Maldición, el zapato se me salió!

Elara abrió la puerta lentamente y lo que vio la obligó a taparse la boca con ambas manos para no soltar un grito de carcajada que se escuchara hasta Brooklyn.

Allí estaban sus hijos. Evans parecía un pingüino que había intentado vestirse de gala en medio de un huracán. Tenía los pantalones subidos hasta los hombros, sujetos con tres cinturones que le daban una forma de barril ridícula. El "bigote" de pelo de alfombra estaba ligeramente chueco, dándole una expresión de perpetua confusión. Edans estaba atrapado dentro de un saco de lana virgen, con las mangas tan largas que no se le veían las manos, y caminaba con los zapatos de Killian como si estuviera usando esquís de madera.

—¡Buenas tardes, señora Elara! —dijo Evans, tratando de poner voz de barítono, aunque le salió un gallo agudo—. Somos... representantes de la junta directiva. Venimos a... eh... realizar una auditoría de los activos textiles de esta habitación.

Elara ya no pudo más. Se apoyó contra el marco de la puerta y estalló en una carcajada tan fuerte que sus ojos empezaron a lagrimear. Se reía con todo el cuerpo, perdiendo el equilibrio.

—¡Oh, por Dios! —logró decir entre jadeos—. ¡Evans! ¡Tienes media alfombra pegada en la cara! ¡Y Edans, pareces un niño envuelto en un saco de dormir de lujo!

—¡No es gracioso, mamá! —protestó Edans, tratando de dar un paso digno, pero tropezando con el exceso de pantalón y cayendo de bruces sobre la alfombra—. ¡Es una cuestión de seguridad internacional! ¡Tenemos que viajar a Suiza!

Elara se secó las lágrimas y se acercó a ellos, arrodillándose para quedar a su altura. Les quitó las gafas de sol y miró los bigotes falsos con fascinación.

—¿Suiza? ¿De qué están hablando, pequeños locos? —preguntó ella, tratando de recuperar la compostura mientras le despegaba un pedazo de "bigote" a Evans—. ¿Y por qué están usando la ropa de Killian? Van a arruinar estos trajes, cuestan más que nuestro antiguo departamento.

—Es por el Iceberg, mamá —susurró Evans, rindiéndose y dejándose caer sentado, mientras la camisa del abuelo lo cubría como una tienda de campaña—. Él es muy feliz ahora, pero el abuelo Arthur... el abuelo es un mentiroso profesional.

Elara frunció el ceño. El humor se desvaneció un poco al notar la seriedad en los ojos de sus hijos, a pesar del disfraz ridículo.

—¿Qué pasa con el abuelo Arthur? —preguntó ella, bajando la voz.

En ese momento, la puerta principal del penthouse se abrió y los pasos firmes de Killian se escucharon en el salón.

—¡Elara! No vas a creer lo que acaba de decirme el abogado sobre los papeles de... —Killian se detuvo en el umbral del vestidor.

Su expresión pasó de la confusión al asombro total. Miró sus mejores trajes de Armani y Tom Ford arrastrándose por el suelo, vio sus zapatos de cuero italiano siendo usados como lanchas, y luego miró los rostros de los gemelos con esos bigotes de alfombra.

Killian se quedó mudo. Se frotó los ojos, pensando que quizás el exceso de trabajo le estaba causando alucinaciones.

—¿Por qué hay dos mini-empresarios con vello facial dudoso en mi vestidor usando mi ropa de gala? —preguntó Killian, cruzándose de brazos, aunque una sonrisa empezaba a asomar en las comisuras de sus labios.

—Es el nuevo código de vestimenta del Departamento de Optimización —respondió Edans con rapidez—. Estamos probando la resistencia de las costuras al roce con el suelo.

Killian soltó una carcajada profunda y se acercó a ellos. Alzó a Evans por debajo de los brazos, haciendo que el pantalón gigante se le cayera hasta los tobillos, revelando sus calzoncillos de superhéroes.

—¡Ah! Así que el Director de Optimización usa ropa interior de Batman —bromeó Killian, sentándolo en un taburete—. Escuchen, campeones. Si quieren ropa de adulto, se las mando a hacer a medida. Pero no creo que sea para ir a Suiza. ¿Qué hay en Suiza que sea tan importante como para disfrazarse de Charlie Chaplin?

Los gemelos miraron a Elara y luego a Killian. El momento de la verdad estaba ahí, pero Evans, con el bigote a medio caer, decidió que no era el escenario adecuado para soltar una bomba atómica sobre los padres vivos de Killian.

—Queríamos... eh... ir a comprar chocolates —mintió Evans, bajando la mirada—. Dicen que los de allá son mejores para el cerebro.

Killian miró a Elara. Ella le hizo una seña de "luego hablamos". Killian asintió, entendiendo que algo más profundo estaba pasando, pero decidió mantener el tono divertido por el momento.

—Está bien —dijo Killian, empezando a desvestir a los niños de su ropa gigante—. Pero por ahora, el castigo de su madre sigue en pie. Y como penalización por el uso no autorizado de mi guardarropa, esta noche no hay helado de postre. Y nada de tablets hasta mañana.

—¡Eso es abuso de poder! —gritó Edans mientras intentaba salir del saco gigante que lo tenía atrapado—. ¡Exijo un abogado!

—Tu abogada es tu madre, y ella parece muy de acuerdo conmigo —rio Killian, guiñándole un ojo a Elara.

Esa tarde, el penthouse se llenó de risas mientras Elara ayudaba a los niños a quitarse el pegamento de la cara con aceite de bebé. Pero mientras los gemelos se lavaban, se miraron en el espejo del baño. Ya no tenían bigotes de alfombra, pero la determinación seguía ahí.

—No podemos viajar —susurró Edans—. Pero tenemos internet. Si no podemos ir a Suiza, traeremos a Suiza hacia nosotros.

—Paso catorce —respondió Evans, secándose la cara—: Extorsión digital al abuelo Arthur. Él va a tener que ayudarnos a traer a esos fantasmas de vuelta, o le diremos a mamá que él fue quien nos dio la idea de los bigotes.

Elara los miró desde la puerta, sospechando que la travesura del disfraz era solo la superficie de algo mucho más grande. El Iceberg estaba feliz, pero sus hijos estaban tejiendo una red de verdades que pronto atraparía a toda la familia Vane.

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Rosa Silvia Retamozo
logrado 👏👏👏👏
Gladys Dona
Esta muy linda la novela y los niños son lo más
Rosa Silvia Retamozo
Gracias autora por compartir tan linda historia
Ivette González
Bien aquí dice 10 años muertos por lo que el tenía 18 y no 8 cuando se quedó solo.
Ivette González
Me río con estos niños detectives, genios, etc. Gracias autora por cierto busque la otra novela que presentas en este libro y no la encontré.
Gladys Dona
Don Arthur hizo de cómplice para que su hijo y nuera no fueran a la cárcel porque como el contó a Evans y Edans la Empresa estaba en quiebra los deudores los meterían presos por fraude hulleron y lo dejaron a su hijo para que levante el Imperio y su abuelo Arthur guardo el secreto
coromoto araujo
Autora cual es el orden de la saga Vane y Smirnov ?
Gladys Dona
Los chicos genios existes como nenas tienen un coeficiente intelectual mucho más amplio ello pueden hacen 2 años en uno por eso también existe el problema que al aapreber mucho más rápido se aburren y hay problema de comportamiento a veces se dan cuenta que tienen que mandarlo hacer cosas de Tecnología que es realmente lo de ello y así son grandes jaker y una nena conocí yo que ni los padres se habían dado cuenta que era una nena con síndrome de Autismo recién en la escuela le dijeron a la madre en Gabinete y era callada pero se comía los libros y las pruebas era excelente SI EXISTEN Seguro que cada mil uno no creo que hayan tantos
Gladys Dona
Son terrible los chicos y sin querer le van a sacar un gran peso a su madre ella va poder pensar un poquito en ella y comprar lo que le hace falta realmente son superdotados me encantan
coromoto araujo
Que emocionante de verdad no había leído novelas con estw tipo de trama esta muy buena 👍👍👍👍👍👍👍👍👍
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
cada capítulo te deja con un suspenso abrazador....
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
Que fuerte capítulo, aynas me da un colapso de tanto nerviosismo con todo lo que pasó, Dios Santo 🙏
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Me encantan esos gemelos super genios
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así se habla niños la felicidad de su madre y la de ustedes con Killian, valen mucho más que las mentiras del abuelo
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Pues si el abuelo no habla, espero que los gemelos lo hagan y que pase lo que tenga que pasar
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Gemelos genios y malvados jajajaja
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linda familia 😍😍😍
Francisca Miranda Garcia
excelente su novela, pero si quedaron unos detalles pendientes
Francisca Miranda Garcia
aquí el único enredo es que según Cristian estaba vivo y resultó que después estaba muerto de eso no hubo una aclaración o un recuerdo de su muerte, pero estuvo muy buena la historia
Francisca Miranda Garcia
más fuertes que nunca, van a desplumar a quien se le ponga enfrente
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