NovelToon NovelToon
EL HIJO DEL PRESIDENTE: LAZOS DE SANGRE

EL HIJO DEL PRESIDENTE: LAZOS DE SANGRE

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / CEO
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Yazz García

⚠️NOVELA +18⚠️🔞

Tras la explosiva revelación de su verdadera identidad, Mía ha huido de la mansión Montenegro para refugiarse bajo la protección de su tía Beatriz, dispuesta a reconstruir su vida lejos del apellido que la destruyó y de la sombra de un padre al que solo puede ver como a un desconocido. Sin embargo, liberarse del linaje más poderoso del país no será una tarea sencilla.

En la cúspide del escándalo mediático y con su vida sentimental hecha pedazos tras la partida de Aitana, Henrry se enfrenta al abismo más oscuro de su existencia. Abandonado y acorralado por la opinión pública, su mundo colapsa definitivamente con la llegada de una nueva amenaza: Norma se presenta reclamando llevar en su vientre a un nuevo heredero Montenegro, respaldada por la despiadada Leonora, quien no dudará en usar a este futuro bebé como su última pieza de ajedrez para tomar el control definitivo de la familia.

NovelToon tiene autorización de Yazz García para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 11

...MIA ...

En cuanto escuché el rugido del motor del auto de Henrry alejándose por la entrada principal, salí de mi habitación sin pensarlo dos veces.

El pasillo estaba en penumbras, sumido en ese silencio pesado y sofocante que siempre rodea a esta casa.

Caminé a pasos rápidos hacia su despacho. La puerta estaba entreabierta; en su afán por irse, ni siquiera se había molestado en cerrarla bien.

Entré y fui directo al cajón del escritorio donde guardaba los duplicados. Logré meter la mano y agarrar las llaves de uno de sus autos deportivos.

No me iba a quedar encerrada aquí como una prisionera mientras él pretendía controlar mi vida.

Al darme la vuelta para salir, casi me me doy de frente con Norma.

Estaba parada en el marco de la puerta, vistiendo una bata elegante, con los brazos cruzados y esa cara de pocos amigos que pone cada vez que me ve.

Nuestra relación siempre ha sido pésima; desde que llegó a esta casa no ha hecho más que mirarme por encima del hombro y tratarme con un desprecio mal disimulado.

—¿Qué estás haciendo en el despacho de tu padre a estas horas? —preguntó con ese tono pasivo-agresivo tan suyo, alzando una ceja—. ¿Y dónde está Henrry? Lo he estado buscando por todas partes.

—No tengo por qué darte explicaciones —le respondí, apretando las llaves dentro del puño de mi chaqueta—. Búscalo tú misma si tanto te importa. Tal vez…está con otra.

Intentó decir algo más, probablemente para soltarme otro de sus comentarios venenosos sobre mi comportamiento, pero la esquivé dando un paso al lado antes de que pudiera frenarme.

Bajé las escaleras a toda prisa, ignorando sus llamados a mis espaldas, y me dirigí directo a los subterráneos de la mansión.

Presioné el control de la llave, las luces del auto parpadearon en la penumbra y no lo dudé un segundo: abrí la puerta, me subí al asiento del conductor y encendí el motor, lista para salir de ese infierno.

Aceleré a fondo en cuanto las rejas de la mansión se abrieron, dejando atrás todo ese ambiente sofocante.

El motor rugió en medio de la noche mientras conducía en dirección al barrio, con las manos apretadas al volante y el corazón latiéndome a mil por hora.

Solo quería verlo a él.

Llegué a su calle y estacioné el auto frente a su casa. La fachada de su taller-vivienda estaba en penumbras, pero conocía sabía que estaba despierto. Bajé rápidamente, crucé la acera y me acerqué a la puerta, llamando con toques cortos pero decididos.

A los pocos segundos, la puerta de metal se abrió. Camilo apareció al otro lado, y por un momento me quedé congelada, perdiendo por completo el hilo de lo que iba a decir.

Estaba sin camisa. El trabajo constante en el taller y los años de esfuerzo físico lo habían dejado aún más marcado y atlético que antes.

Mi mirada recorrió inevitablemente su torso, deteniéndose en las cicatrices que ya conocía —esas que le daban un aire rudo y maduro. Incluyendo su vendaje de la reciente nueva marca que se quedará en su piel— y en un detalle nuevo: sobre el costado del pecho, cerca del corazón, llevaba un tatuaje reciente. Era la silueta sutil de la flor favorita de su mamá, rodeada por la fecha de su nacimiento en trazos finos. Ver ese homenaje a su madre en su piel me apretó el pecho.

Camilo parpadeó, pasando de la alerta a la pura sorpresa al verme ahí parada. Tenía el cabello revuelto y la piel tibia por el calor de la noche.

—¿Mía? —murmuró, mirando por encima de mi hombro hacia la calle antes de volver a clavarse en mis ojos—. ¿Qué haces aquí a esta hora? ¿Cómo te escapaste?

—Le quité las llaves de uno de sus autos a Henrry y vine —dije, haciendo un esfuerzo por apartar los ojos de su torso y dando un paso decidido hacia adentro para que cerrara la puerta.

Camilo pasó el cerrojo rápidamente y se giró hacia mí, escaneándome con preocupación.

—Estás loca... Si tu papá se entera de que estás aquí, va a armar un infierno —dijo pasándose una mano por la nuca, aunque en su voz no había rabia, sino pura angustia por mí.

—Me da igual Henrry, Camilo. Ya no puede seguir de entrometido en mi vida como si fuera una niña —le respondí con firmeza, acortando la distancia entre los dos y mirándolo directo a los ojos—. Ya soy mayor de edad y puedo hacer con mi vida exactamente lo que me dé la gana. Y lo que quiero es estar aquí. Tenemos una conversación pendiente y de acá no me muevo.

Camilo se pasó la mano por la nuca, desviando la mirada mientras soltaba un suspiro pesado.

—Mía, esto no es un juego —dijo, dando un paso atrás para poner distancia—. Ya viste lo que pasó. Mira cómo terminaste después de la fiesta, mira cómo terminé yo en ese hospital. Tenerte cerca sólo te pone en riesgo a ti, y si algo te pasa a causa de mis problemas, yo no me lo voy a perdonar nunca.

—¿Y tu solución es esa? —le reclamé, dando un paso hacia él sin dejarlo escapar—. ¿Tu gran plan es quedarte solo toda la vida, encerrado en este taller, pagando culpas que ni siquiera son tuyas?

—Si me toca vivir así, pues lo haré —asintió con la mandíbula apretada, sosteniéndome la mirada con esa terquedad que lo caracterizaba—. Prefiero eso mil veces antes que ponerte en peligro a ti o a cualquiera que me importe. No voy a arriesgar a nadie más, Mía. Punto.

Lo miré fijamente, apreciando el contraste de las sombras sobre su torso descubierto y la determinación en sus ojos.

Caminé lentamente hacia él, acortando cada centímetro que nos separaba hasta quedar a escasos milímetros de su cuerpo. El calor que emanaba de su piel me envolvió de inmediato. Alcé la cabeza para mirarlo a los ojos, apoyando suavemente la palma de mi mano sobre su pecho, sintiendo el latido acelerado de su corazón.

Subí la mano despacio, acariciando el borde de su cuello hasta llegar a su mandíbula marcada, que se tensó al instante bajo mi tacto.

—¿De verdad estás seguro de que puedes resistir? —le susurré con la voz baja, rozando mis labios casi contra los suyos, sintiendo cómo su respiración se entrecortaba—. ¿De verdad vas a aguantar quedarte solito toda la vida, Camilo?

Camilo soltó un gruñido ahogado en la garganta y cerró los ojos por un segundo, luchando desesperadamente por mantener la cordura, pero el contacto directo de mi piel contra la suya lo estaba haciendo perder el control.

Sus manos, firmes y ásperas, se posaron en mi cintura, dudando entre empujarme suavemente para alejarme o pegarme por completo a su cuerpo.

—Mía... no juegues con esto —murmuró con la voz completamente rasposa, la respiración agitada golpeando contra mi cuello.

Sin darle tiempo a pensar ni a poner más excusas, bajé lentamente una de mis manos desde su pecho, deslizándola por su abdomen marcado hasta llegar al borde de su pantalón. Lo miré fijamente a los ojos, sosteniéndole la mirada con desafío, y desabroché el botón con agilidad.

Deslicé la mano por debajo de la pretina. Al palpar la firmeza bajo la tela, un ligero estremecimiento de sorpresa recorrió mi cuerpo, pero no me detuve. Continué con los movimientos lentos y calculados, sintiendo cómo el cuerpo de Camilo reaccionaba al instante a mi tacto.

Camilo echó la cabeza hacia atrás contra la pared, dejando escapar un suspiro entrecortado y apretando los dientes mientras la tensión se apoderaba de su cuello. Por un segundo, pareció perder la batalla contra el deseo. Sin embargo, antes de que pudiera avanzar más, su mano se cerró con firmeza alrededor de mi muñeca.

El último hilo de resistencia que le quedaba a Camilo se rompió en mil pedazos.

Abrió los ojos, clavando en mí una mirada oscura, cargada de una intensidad que me cortó la respiración. Un leve rictus de dolor cruzó su rostro por un milisegundo —el recuerdo fresco de la herida en su costado todavía le cobraba factura—, pero lo descartó de inmediato, impulsado por una determinación mucho más fuerte.

—No, Mía... si vamos a hacer esto, lo hacemos a mi manera —murmuró con una voz grave y rasposa que me hizo vibrar por dentro.

Sacó mi mano de su pantalón sin romper el contacto visual ni por un segundo. Me sujetó ambas muñecas con una sola de sus manos sobre mi cabeza, pegando su cuerpo al mío y arrinconándome contra la pared.

A pesar de las cicatrices y la molestia en su costado, Camilo se movía con la seguridad implacable de un hombre que sabía perfectamente lo que hacía. Bajó la cabeza y me atrapó los labios en un beso profundo, y hambriento, quitándome el aliento y cualquier intento de tomar el mando.

Su otra mano descendió lentamente por mi espalda, apretándome contra su firmeza,

Gemí contra sus labios cuando su mano bajó con firmeza desde mi espalda hasta la curva de mis caderas, pegándome aún más a él. Camilo rompió el beso apenas unos milímetros, manteniendo mis muñecas sujetas con suavidad pero sin darme tregua para escapar de su dominio. La respiración agitada de ambos chocaba en el espacio reducido entre nuestros rostros.

—No tienes idea de cuánto deseaba esto, pero no voy a dejar que me apures —susurró contra mi cuello, enviando una descarga eléctrica que me recorrió entera.

Sus labios descendieron por la línea de mi mandíbula hasta clavarse en la piel sensible de mi cuello, alternando succión y caricias suaves con la lengua mientras yo arqueaba la espalda instintivamente. Sintió mi reacción y dejó escapar un sonido bajo de satisfacción, sabiendo exactamente qué botones tocar.

Soltó mis muñecas solo para deslizar ambas manos debajo de mi blusa, despojándome de ella en un movimiento fluido.

Camilo me tomó de los muslos y me levantó en vilo con una facilidad que me dejó sin aliento, sentándome con firmeza sobre el borde de su mesa de madera. Se acomodó entre mis piernas mientras un leve suspiro de molestia se le escapaba entre los dientes al tensar los abdominales por su herida reciente, pero lo ignoró por completo para continuar besándome.

Sus labios devoraban los míos con una fuerza que me dejaba sin aliento, y yo, completamente consumida por la desesperación de sentirlo, me pegué aún más a él, buscándolo de forma casi errática.

Al sentir mi urgencia, Camilo se detuvo un milisegundo, separando sus labios apenas a unos milímetros de los míos. Su respiración agitada golpeaba mi piel.

—Mía... ¿estás segura de esto? —preguntó con voz grave, mirándome directo a los ojos para asegurarse de que no había marcha atrás.

Asentí sin dudarlo un solo segundo.

Ante mi respuesta, metió la mano en el bolsillo de su pantalón, sacó su cartera y extrajo un preservativo. Pero la lentitud con la que lo hacía me estaba volviendo loca. Con una desesperación que no pude contener, enganché mis manos en el borde de su pantalón y se lo bajé junto con su ropa interior de un solo tirón, dejando su cuerpo totalmente al descubierto.

Sentí una mezcla explosiva de éxtasis y pura emoción, con la cabeza dándome vueltas; no sabía si era por lo que había fumado un rato antes en mi habitación o si realmente era solo el efecto demoledor que Camilo siempre tenía sobre mí.

Pero al mismo tiempo un brinco de susto me recorrió la espalda al fijar la mirada en su miembro. Era despiadadamente grande. Tragué saliva, sintiendo que el pulso se me disparaba por la anticipación.

Camilo notó mi expresión y la forma en que mis pupilas se dilataron.

Sonrió de lado.

En lugar de ceder a mi prisa, volvió a tomar el control. Se inclinó sobre mí y, con una lentitud desesperante que me hizo soltar un gemido de frustración, usó sus dedos para deslizar mi ropa interior por mis piernas, prolongando el tormento y disfrutando de mi impaciencia.

—Despacio, Mía... —susurró contra mi oído.

Se posicionó entre mis piernas, me tomó firmemente de las caderas y, mirándome a los ojos, comenzó a introducirse en mí con una lentitud calculada, abriéndose paso centímetro a centímetro hasta llenar cada rincón, haciéndome perder el juicio por completo.

Un gemido rasgado se me escapó de la garganta en el instante en que me llenó por completo. Me agarré con fuerza de sus hombros marcados, clavando las uñas en su piel tibia mientras la cabeza se me iba hacia atrás.

Camilo no esperó a que me recuperara. Tomó el control absoluto, apoyando sus manos firmes a los lados de mi cadera y comenzando un embate profundo y decidido. El impacto continuo de su cuerpo contra el mío resonaba en la pequeña sala, un compás rítmico y frenético e mezclaba con el calor sofocante de la noche.

—Dios, Camilo... —grité entre jadeos, incapaz de articular una sola palabra coherente mientras los gemidos se me salían en un hilo de voz ahogado.

Él mantenía los ojos fijos en los míos, la mandíbula apretada y la respiración vuelta un rugido.

Cada estocada era más certera y acelerada que la anterior, ignorando el dolor en su costado para entregarse por completo a esa marea de placer descontrolado.

—Mía... —alcanzó a articular con la voz rota por el esfuerzo, aumentando aún más el ritmo de los golpes, hundiéndose en mí hasta hacerme tocar el límite, sacándome gemidos cada vez más agudos y desesperados.

El impacto de su cuerpo contra el mío se volvió un choque feroz y constante que hacía retumbar la mesa de madera y resonaba con fuerza en el silencio del taller.

Mis muslos temblaban apretados alrededor de su cintura mientras cada embestida me aplastaba contra la madera y me sacaba gemidos desgarrados, casi agónicos, imposibles de contener.

—Ah... ¡Camilo, por favor! —chillé con la voz rota, la cabeza echada hacia atrás mientras me ahogaba en esa marea de sensaciones desbordadas.

Él no cedió ni un milímetro. Apretó sus dedos contra mi cadera, dejándome las marcas de su agarre, y aceleró aún más el ritmo. Su pecho cubierto de sudor chocaba contra el mío.

—Mía...no sabes lo que me haces..... —gruñó él contra mi cuello, su voz hecha un rugido áspero, respirando el mismo aire caliente que yo expulsaba a bocanadas.

El placer se concentró en una bola de fuego en la parte baja de mi vientre. Los golpes constantes y profundos terminaron de romperme; mis garras se clavarón en sus hombros, mis caderas buscaron desesperadamente las suyas y un gemido agudo, largo y rasgado se liberó de mi garganta cuando mi cuerpo se colapsó en un espasmo violento y prolongado.

Justo cuando las olas del orgasmo todavía me hacían temblar las piernas y mi respiración era solo un jadeo errático, sentí que Camilo no se había detenido del todo. Aunque apretaba los dientes con fuerza y su frente estaba cubierta de sudor, él todavía no llegaba al límite. Tenía el control absoluto y no pensaba dejarme ir tan fácil.

Sin salir completamente de mí, me sostuvo con firmeza de la cadera.

—No hemos terminado, Mía —susurró con la voz ronca, pegando sus labios a la curva de mi cuello mientras me robaba el poco aire que me quedaba.

Antes de que pudiera articular una palabra, me giró con una agilidad sorprendente pero cuidadosa. Me apoyó de pechos contra la fría superficie de la mesa de madera, acomodándome de espaldas a él y levantando ligeramente mis caderas. La sensación del contraste entre la madera fría y el calor abrasador de su cuerpo me sacó un respingo.

Camilo apoyó una de sus manos en la parte baja de mi espalda y la otra se sujetó del borde de la mesa, posicionándose justo detrás de mí. Sin darle tregua a mi cuerpo exhausto, volvió a empujar de un solo movimiento firme y profundo, volviendo a llenarme por completo.

—Ah... ¡Camilo, me vas a volver loca!—el gemido volvió a desgarrarme en la garganta, ahogándose contra la madera.

Aceleró el paso desde el primer segundo. La posición hacía que cada embestida fuera aún más profunda, marcando un ritmo implacable que hacía crujir la mesa y resonaba en cada esquina del taller. Mis manos se agarraron desesperadamente del borde mientras el choque feroz de sus caderas contra las mías me arrastraba de nuevo, sin piedad, hacia el borde de la locura.

1
veritoo❤️
sabía....el padre es el rector dla universidad d mia..y la vieja madre d el si es q se le puede llamar así sabe..mía heredo la cobardía d Henry xq cuando vivió un tmpo con Aitana ella le hablo y le enseño muchas cosas...si ella se volvió así cmo está destruyendose es xq qre..si influye el q el padre no le preste tanta atención..pro ella lo conoció cmo hermano primero .sabía cmo era el ..en lugar d buscar su bien viviendo con su tía busco su mal x cobardía xq es igual a el..lo q da impotencia dolor y bronca es q sabe que se está cagando en mucha gente al arrastrarla a su abismo y se está cagando ella y sigue buscando culpables 😡la tnen q internar a ver si el irresponsable del padre lo hace
Alina Maria Velez Ospina
Yo lo sabía que ese niño no era de el si no que ellas son unas arpias 🤭🤭🤭
Alina Maria Velez Ospina
Para mi que David y Dilan los están pagando esas viejas 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
gracias querida yazz García por las actualizaciones 👍👍
Ana Elena Jiménez
y el de carmen que creía que no era de camilo resulta que si es , incluso llegue a pensar que Carmen se había confabulado con el hermano, pero al parecer no es así 🤭🤭🤭que horror yo sacando conclusiones 🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
Dios mío estoy hecha bolas ya me había acostumbrado que Tobías era hijo de Henry y ahora la víbora sale de que no lo es
Ana Elena Jiménez
😱😱 será cierto o solo será otra patraña de ella 🤦
Ana Elena Jiménez
ojalá logren la custodia del niño
Ana Elena Jiménez
🥺🥺🥺 Mía me da un gran pesar , pobrecita tras que ella a tenido una vida difícil nunca a tenido a nadie realmente que le haya indicado el camino que la haya guiado realmente, siempre a terminan abandonando
veritoo❤️
la verdad es q siempre fue un pusilánime dejándose manipular x su madre..sabe lo q la vieja qre y el se deja hacer todo y después va y se desquita con quien nada tne q ver..x eso Aitana lo dejo..no tne carácter x eso su hija no vuelve xq deja q su vida la dictamine la vieja sigue siendo un irresponsable 😡
Ana Elena Jiménez
este capítulo me hizo llorar los dos me dan mucho pesar
Ana Elena Jiménez
aayyyy 🥺🥺🥺🥺 que pesar
Ana Elena Jiménez
osea que si es su hijo y ella le ha negado ese derecho
Liliana Torres
Noooo que no sea de Camilo . que estrés
Ana Elena Jiménez
y ahora nos dejó colgadas, yazz García por favor esto no es justo, iba a toda velocidad y puff y de repente frenó en seco y nosotras quedamos en el aire 🤭🤭🤭🤭🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
oohhh oohhh Camilo ahora sí que la resaca se fue a la Patagonia 🤭🤭🤭
Ana Elena Jiménez
😬😬😬😬😬😬😬
Ana Elena Jiménez
será que el pequeñín si es tu hijo y carmen no te lo ha querido decir 🤦🤦
Ana Elena Jiménez
🤦🤦🤦 Dios mío camilo estás metido en la grande,y tú única salvación es Mía, pero ahora mismo no creo que te quiera ayudar después de lo que le dijo el desgraciado de David 😡
Ana Elena Jiménez
y a esa 🐍 que tienes por madre ya es hora que también la mandes a cuidar camellos en el desierto 😡
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play