NovelToon NovelToon
El Heredero Del Alfa

El Heredero Del Alfa

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Hombre lobo / Salvar al hijo enfermo
Popularitas:4.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Violeta. E

En la noche de su compromiso, Aeryn descubre la peor de las traiciones: su prometido y su propia hermana esperan un hijo juntos. Destrozada por el dolor, huye de la corte hacia los jardines olvidados del palacio, donde se entrega a una noche de pasión prohibida con un imponente Alfa desconocido para calmar su tormento. Al amanecer, abrumada por la realidad, recoge sus pocas pertenencias y escapa sin dejar rastro, ignorando por completo que el misterioso hombre al que abandonó en la penumbra es el temido y supremo Emperador Lycan

NovelToon tiene autorización de Violeta. E para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1.

El salón principal del palacio del ducado resplandecía con miles de velas de cera de abeja, pero para Aeryn, el aire se había vuelto irrespirable.

Hacía solo unos minutos, portaba la tiara de compromiso de la familia Ash.

Hacía solo unos minutos, era la Beta más envidiada de la provincia.

Ahora, se encontraba de pie en el pasillo que conducía a las recámaras privadas, con la espalda apoyada contra la pared de piedra fría y las manos temblando de tal manera que las sedas de su vestido crujían.

El dolor en su pecho no era metafórico.

Era un desgarro biológico.

Al ser una Beta , sus sentidos eran el doble de agudos que los de un Beta común. Podía ignorar la música de la orquesta, las risas de los nobles y el chocar de las copas de cristal en el salón de baile. Pero no podía ignorar los aromas que se filtraban por debajo de la puerta de madera de roble frente a ella.

El aroma de su prometido, el futuro Alfa de la manada del norte, era el de la madera de cedro quemada. Un olor fuerte, imponente, que siempre la había hecho sentir segura.

En ese momento, ese mismo olor estaba impregnado de lujuria.

Y no estaba solo.

Se mezclaba con el aroma a manzanas dulces y canela de su propia hermana menor.

Aeryn cerró los ojos, deseando con todas sus fuerzas estar sorda y sin olfato. Sin embargo, las palabras provenientes del interior de la habitación llegaron a ella con una claridad destructiva.

—No podemos seguir ocultándolo, Lucian —la voz de su hermana sonaba ahogada, entrecortada—. Aeryn se dará cuenta. Toda la corte lo hará si mi vientre comienza a notar el cambio.

Un silencio pesado. Luego, el suspiro del Alfa.

—Ella no sabrá nada hasta que la ceremonia termine. El ducado necesita esta alianza, pero mi lobo... mi lobo siempre te eligió a ti. El cachorro que llevas dentro será mi único heredero legítimo, no importa lo que diga el consejo.

Aeryn despegó la espalda de la pared.

No lloró.

El shock era tan grande que sus lagrimales se sentían secos, quemados por la humillación. Su propia sangre. Su propio prometido. En la misma noche donde se suponía que celebrarían su unión eterna, ellos ya habían planeado su desplazamiento. Para la corte, ella pasaría a ser una Luna de adorno, una Beta estéril a los ojos del mundo mientras su hermana criaba al verdadero heredero en las sombras.

—Qué historia tan patética... —susurró para sí misma, con una sonrisa amarga doblándole los labios.

Miró el anillo de zafiro en su mano derecha.

Lo deslizó fuera de su dedo sin el menor reparo y lo dejó caer sobre la alfombra del pasillo, justo frente a la puerta. No iba a entrar a gritar. No iba a montar el espectáculo que su hermana probablemente esperaba para quedar como la víctima compasiva. La dignidad de un Ash no se arrastraba por los suelos de un palacio.

Se dio la vuelta y caminó en dirección opuesta al salón de baile.

Aceleró el paso.

Pronto, el caminar elegante se convirtió en una huida desesperada. Atravesó las cocinas, ignorando las miradas de los sirvientes, y empujó las pesadas puertas de hierro que daban acceso a los terrenos traseros del palacio ducal.

Afuera, la noche era fría y la niebla comenzaba a descender de las montañas.

Aeryn corrió por los senderos de piedra, alejándose de las luces de la fiesta. Sus zapatos de tacón se enterraban en la tierra húmeda, por lo que se detuvo un segundo para quitárselos y arrojarlos a los arbustos. Continuó descalza, sintiendo el pasto frío y las piedras pequeñas lastimar sus pies, pero el dolor físico era un anestésico perfecto para el vacío que sentía en el alma.

Terminó adentrándose en los invernaderos y los jardines olvidados.

Era una zona del palacio que la servidumbre evitaba debido a los rumores de que la magia antigua del bosque se filtraba por allí. Los rosales silvestres crecían sin control, trepando por las estatuas de mármol agrietadas y los pabellones de cristal roto.

Aeryn se detuvo bajo la estructura de un viejo invernadero techado.

Apoyó las manos en sus rodillas, jadeando, intentando recuperar el aire. Su aroma a flores silvestres, alterado por la angustia y la adrenalina, comenzó a esparcirse por el lugar como una neblina densa, un llamado involuntario de auxilio que su cuerpo emitía sin que ella pudiera controlarlo.

—Tengo que irme de aquí... —se dijo, limpiándose una gota de sudor de la frente—. Mañana mismo. Venderé mis propiedades. Me iré al sur. Lejos de esta maldita corte.

—Es un aroma demasiado dulce para estar lleno de tanta rabia.

La voz masculina, profunda y con una vibración que hizo que el lobo interno de Aeryn se erizara por completo, resonó desde la penumbra del invernadero.

Aeryn se tensó, poniéndose en guardia de inmediato.

—¿Quién está ahí? —exigió saber, intentando mantener la voz firme de una noble—. Este es territorio privado del ducado. Identifíquese.

De entre las sombras de las enormes plantas exóticas, emergió una figura.

Era un Alfa.

Aeryn no necesitaba ver sus ojos para saberlo; la presión en el aire cambió instantáneamente, volviéndose densa, dominante, casi eléctrica. Era un hombre inmenso, de hombros anchos, vestido con una capa oscura de viaje que ocultaba las insignias de su ropa. Su rostro estaba parcialmente cubierto por las sombras de la noche, pero Aeryn pudo distinguir una mandíbula marcada y unos ojos oscuros que brillaban con una intensidad peligrosa bajo la luz de la luna.

Pero lo que verdaderamente hizo que las piernas de Aeryn temblaran no fue su tamaño.

Fue su aroma.

Menta helada, tormenta y ceniza volcánica.

Era un olor tan colosal y puro que eclipsó por completo el recuerdo del cedro de su ex-prometido en un milisegundo. Era el aroma de un depredador Alfa definitivo, alguien cuya mera existencia exigía sumisión. Sin embargo, en lugar de infundirle terror, el olor actuó como un bálsamo sobre el caos emocional de Aeryn, calmando los latidos de su corazón de forma mágica.

El desconocido avanzó un paso, sus ojos fijos en el cuello descubierto de Aeryn, donde la piel enviaba pulsaciones de calor debido a la cercanía de sus castas.

—Solo soy un viajero que buscaba un lugar silencioso lejos del ruido de la monarquía —respondió el Alfa, con una lentitud peligrosa—. Pero parece que encontré algo mucho más interesante. Una Omega rota en un jardín abandonado.

—¿Que?... Yo no soy una Omega...— inquirió con miedo. Nadie sabía esa verdad más que ella—. Soy-...

—Eres una Omega, de lo contrario, no hubiera seguido tu olor.

Aeryn dio un paso atrás, pero su espalda chocó contra uno de los pilares de piedra del invernadero. Estaba acorralada. Su instinto le decía que huyera, pero su cuerpo, traicionado por la biología del mundo de los lobos, se sentía extrañamente atraído hacia el calor que emanaba de aquel extraño.

El Alfa se detuvo a escasos centímetros de ella. Podía sentir su respiración cálida en la frente.

—¿Vas a gritar? —preguntó él, extendiendo una mano enguantada para rozar un mechón de cabello suelto de Aeryn con una delicadeza que contrastaba con su imponente presencia.

Aeryn miró aquellos ojos oscuros. Pensó en Lucian. Pensó en su hermana. Pensó en la farsa de su vida en la capital y en las reglas asfixiantes que la habían condenado a la humillación. Una chispa de pura rebeldía y desesperación se encendió en su pecho.

—No —respondió Aeryn, sosteniéndole la mirada—. No voy a gritar.

El Alfa sonrió en la penumbra, una expresión de fascinación salvaje cruzando sus facciones. La música de la corte seguía sonando, muy lejos, en un mundo al que Aeryn ya no planeaba regresar.

...----------------...

En el capítulo 8 se aclarará el porque Aeryn oculta su naturaleza Omega.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play