Durante años, las familias mafiosas más poderosas han mantenido un frágil equilibrio de poder. Sin embargo, una traición rompe esa paz cuando Noah Salvatore, el estratega de una organización rival, es entregado a Adrián De Luca, el temido líder de la mafia Cuervo Negro.
Todos esperan una ejecución inmediata. Adrián, en cambio, decide mantener con vida a aquel hombre de mirada desafiante que parece esconder secretos capaces de destruir el imperio criminal de la ciudad.
Obligados a colaborar para sobrevivir, la desconfianza pronto se convierte en respeto, el respeto en deseo y el deseo en un amor tan peligroso como la guerra que amenaza con consumirlos. Pero en el mundo de la mafia, amar a la persona equivocada puede costar la vida.
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Capítulo 10: La llave número trece
El despacho quedó en silencio.
La pequeña llave de bronce descansaba sobre el escritorio de Adrián como si fuera un objeto cualquiera, pero Noah no podía apartar la vista de ella.
Tenía el cuerpo antiguo, desgastado por los años. En la parte superior estaba grabado un cuervo con las alas abiertas y, justo debajo, el número 13.
Noah sintió un escalofrío recorrerle la espalda.
Aquella llave pertenecía a un recuerdo que llevaba años intentando olvidar.
—¿Qué significa? —preguntó Adrián al notar la expresión de Noah.
Él tragó saliva antes de responder.
—La vi cuando tenía diez años.
Matteo frunció el ceño.
—¿Dónde?
—En el despacho privado de mi padre.
Todos permanecieron atentos.
Noah respiró profundamente.
—Una noche me desperté porque escuché voces.
Bajé las escaleras y encontré a mi padre reunido con varios hombres. Sobre la mesa había trece llaves idénticas a esta.
Adrián apoyó ambas manos sobre el escritorio.
—¿Escuchaste de qué hablaban?
Noah cerró los ojos, intentando recordar.
—Solo una frase.
El silencio volvió a llenar la habitación.
—Mi padre dijo... "Cuando las trece puertas se abran, ningún imperio sobrevivirá".
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Incluso Matteo, que rara vez mostraba sorpresa, permaneció inmóvil.
Adrián tomó nuevamente la llave y la observó con detenimiento.
—¿Crees que esas puertas existen?
Noah negó lentamente.
—No lo sé.
—¿Y si existen?
Noah levantó la mirada.
—Entonces la Orden Carmesí lleva años buscándolas.
Adrián comenzó a caminar por el despacho.
Su mente analizaba cada posibilidad.
Durante años había escuchado rumores sobre cámaras secretas, bóvedas ocultas y archivos capaces de destruir a las familias mafiosas más poderosas del país.
Siempre creyó que eran simples leyendas.
Hasta ahora.
Esa misma mañana, Adrián ordenó revisar todos los archivos antiguos de Cuervo Negro.
La enorme biblioteca privada de la mansión permaneció abierta durante horas.
Cientos de documentos cubrían las mesas.
Fotografías.
Planos.
Contratos.
Periódicos de hacía treinta años.
Noah revisaba cada página con paciencia mientras Adrián hacía lo mismo desde el extremo opuesto de la habitación.
El silencio solo era interrumpido por el sonido de las hojas al pasar.
Después de varias horas...
—Encontré algo.
La voz de Noah hizo que todos levantaran la cabeza.
Adrián caminó hasta él.
—¿Qué es?
Noah extendió un viejo mapa de Valdoria.
Era un plano dibujado a mano.
En él aparecían trece puntos marcados con tinta roja.
—Mira esto.
Adrián observó con atención.
Los puntos rodeaban toda la ciudad.
—¿Qué representan?
Noah deslizó un dedo hasta el centro del mapa.
Allí aparecía un símbolo idéntico al de la llave.
—Creo que son las trece puertas.
Matteo se acercó.
—Eso es imposible.
Noah negó.
—No.
Señaló uno de los puntos.
—Este lugar ya no existe.
Luego otro.
—Aquí ahora hay un hotel.
Después un tercero.
—Y este edificio fue demolido hace años.
Adrián comprendió inmediatamente.
Las puertas habían sido ocultadas.
No destruidas.
Mientras seguían revisando el mapa, Elías entró apresuradamente en la biblioteca.
—Acaban de traer esto.
Colocó una carpeta sobre la mesa.
Era un informe forense del hombre que había colocado los explosivos.
Adrián comenzó a leer.
Su expresión cambió rápidamente.
—¿Qué ocurre?
Elías respiró hondo.
—No se suicidó.
Todos levantaron la vista.
—¿Cómo?
—Lo asesinaron.
Matteo frunció el ceño.
—Pero nuestros hombres dijeron...
—Lo sé.
Elías abrió una fotografía.
—Tenía una pequeña perforación detrás de la oreja.
Noah observó la imagen.
Era casi invisible.
—Una aguja.
El médico asintió.
—Contenía un veneno de acción inmediata.
Adrián cerró lentamente la carpeta.
La Orden Carmesí estaba eliminando a todos sus propios miembros.
No dejaban cabos sueltos.
Al caer la noche, Noah decidió salir nuevamente al jardín.
Necesitaba pensar.
Cada respuesta que encontraban daba origen a nuevas preguntas.
Mientras caminaba entre los árboles, escuchó pasos detrás de él.
No necesitó girarse.
—¿También vienes a despejar la mente?
Adrián apareció caminando a su lado.
Llevaba una camisa negra sin corbata.
Su herida seguía vendada.
—Necesitaba aire.
Noah sonrió apenas.
—Eso dijiste anoche.
—Y la noche anterior.
—Empiezo a creer que simplemente buscas excusas para hablar conmigo.
Adrián lo miró de reojo.
—¿Y si fuera cierto?
Noah sintió que el corazón se aceleraba.
Decidió cambiar de tema.
—¿Alguna vez has confiado completamente en alguien?
Adrián permaneció en silencio durante varios segundos.
—Solo una vez.
—¿Qué pasó?
Una sombra cruzó su rostro.
—Murió por protegerme.
Noah dejó de caminar.
Era la primera vez que Adrián hablaba de su pasado.
—Lo siento.
Adrián negó con la cabeza.
—Desde entonces aprendí que las personas importantes siempre terminan convirtiéndose en un punto débil.
Noah bajó la mirada.
No supo por qué aquella frase le dolió.
Tal vez porque comenzaba a comprender que el miedo de Adrián no era perder una guerra.
Era perder a alguien.
Un teléfono comenzó a sonar.
Era el de Noah.
La pantalla mostraba un número desconocido.
Adrián hizo un gesto para que contestara.
Noah activó el altavoz.
Durante varios segundos nadie habló.
Entonces una voz distorsionada rompió el silencio.
—Buenas noches... Heredero.
Noah sintió un escalofrío.
—¿Quién eres?
Una risa baja respondió al otro lado.
—Alguien que conoció muy bien a tu padre.
Adrián permaneció completamente atento.
—¿Qué quieres?
—Advertirte.
Noah frunció el ceño.
—¿De qué?
—Adrián De Luca no podrá protegerte para siempre.
Los ojos grises de Adrián se endurecieron.
—Si tienes algo que decir, dilo de frente.
La voz volvió a reír.
—Eres igual que tu padre, Adrián.
Eso hizo que el líder de Cuervo Negro se quedara inmóvil.
Muy pocas personas conocían a su padre.
Y casi todas estaban muertas.
—¿Quién demonios eres?
La respuesta llegó tranquila.
—El hombre que los convirtió a ambos en huérfanos.
La llamada terminó.
Nadie dijo una sola palabra.
Noah observó lentamente a Adrián.
El líder tenía los puños cerrados con tanta fuerza que los nudillos se habían puesto blancos.
Su respiración era pesada.
Era la primera vez que Noah lo veía realmente perder el control.
—Adrián...
Él no respondió.
Seguía mirando el teléfono.
Como si acabara de escuchar la voz de un fantasma.
Porque, por primera vez desde que comenzó aquella guerra, el enemigo ya no era una organización sin rostro.
Ahora tenía un vínculo con el pasado de ambos.
Y aquello significaba una sola cosa.
La historia de Adrián y Noah estaba unida desde mucho antes de que ellos se conocieran.
Continuará...