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Me traicionaste, ahora yo cobro

Me traicionaste, ahora yo cobro

Status: Terminada
Genre:Venganza / Mafia / Juego de roles / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:356
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Velicia lo dio todo por su matrimonio. Durante tres años soportó en silencio, amó sin condiciones y mantuvo en pie la organización Kensington desde las sombras. A cambio, Michael —su esposo— la humilló, la golpeó estando embarazada de ocho meses y la obligó a arrodillarse ante la mujer que secretamente lo manipulaba.

Esa noche, Velicia tomó una decisión: no lloraría más, no suplicaría más. Se marchó de la mansión llevándose consigo los documentos más peligrosos de la familia Kensington.

Lo que Michael nunca supo es que la «mujer de clase baja» con la que se casó era en realidad Velicia Romanov, heredera de una de las familias más poderosas del mundo subterráneo.

Cuando la verdad sale a la luz, el imperio que Michael creía suyo empieza a desmoronarse. Las alianzas que creía sólidas se disuelven. Y el amor que destruyó jamás volverá.

Mientras Michael se hunde en el arrepentimiento, un hombre diferente entra en la vida de Velicia: Lorenzo Sullivan, líder de su propia organización, que la admira por su fuerza y la elige sin intentar poseerla.

Pero la venganza personal es solo el comienzo. Una organización en las sombras —Black Throne— ha puesto a Romanov, Sullivan y Kensington en su lista de objetivos. La guerra del mundo subterráneo se convierte en una batalla a gran escala donde la lealtad, la traición y el sacrificio decidirán quién sobrevive.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo — 32.

La noche descendía lentamente sobre la Mansión Romanov.

Terminada la reunión de estrategia, los altos mandos fueron abandonando la sala uno a uno. Antonio regresó al cuartel principal para supervisar los movimientos de las tropas, mientras Leon recibía a varios invitados importantes de organizaciones aliadas.

Velicia, en cambio, caminó hacia el jardín trasero. El aire nocturno era bastante frío; la luz de las lámparas del jardín se reflejaba en la superficie de un lago artificial en calma.

Poco después, unos pasos que reconocía se detuvieron a sus espaldas.

—¿Me buscabas?

Velicia giró la cabeza. Lorenzo estaba de pie a unos pasos de ella. Aunque el rostro conservaba algo de palidez por la herida de bala en el pecho izquierdo, su postura seguía erguida como siempre.

—Hay algo que quiero hablar contigo. Es muy importante.

—En ese caso... solo nosotros dos —Lorenzo hizo una seña a los dos guardaespaldas que lo seguían—. Déjennos.

Los dos hombres se alejaron sin preguntar. Ahora solo quedaban ellos. El sonido del viento se convirtió en lo único que llenaba el silencio. Velicia contempló la superficie del lago durante unos instantes antes de hablar.

—Lorenzo.

—¿Sí?

—Si algún día... alguien en quien confías profundamente te traicionara, ¿qué harías?

Lorenzo no respondió de inmediato. En su lugar, le devolvió la pregunta.

—¿Por qué preguntas algo así de repente?

—Solo quiero saber.

—¿Nada más?

Velicia asintió levemente. En realidad no era del todo cierto: estaba poniendo a prueba algo. Desde que Antonio le mostró la foto de Bianca reunida con Joseph Bonanno, Velicia no dejaba de pensar en una cosa.

¿Cómo reaccionaría Lorenzo al descubrir que la persona en la que más confiaba lo estaba apuñalando por la espalda? ¿Se pondría del lado de esa persona? ¿O... tomaría la decisión con la cabeza fría?

El silencio los envolvió.

—Ya lo sé —dijo Lorenzo al fin.

Velicia alzó lentamente el rostro.

—¿Qué?

—Ya sé quién me traicionó.

La respuesta transformó la mirada de Velicia. Realmente no se lo esperaba.

—¿Ya lo... sabías?

—Sí.

—Entonces, ¿por qué...?

—¿Por qué no la detuve? —Lorenzo soltó un largo suspiro; su mirada se perdió en el cielo nocturno—. Porque la vida no siempre es tan simple como castigar a un traidor.

Velicia calló.

—Ella... es alguien que construyó esta organización conmigo —la mirada de Lorenzo se suavizó poco a poco, como si estuviera recordando el pasado—. Antes, vivíamos en el mismo orfanato. Los dos sin familia, los dos sin nombre. Y los dos... sobreviviendo a base de robar comida.

Velicia escuchó sin interrumpir.

—Cuando decidí fundar la organización... ella fue la primera en seguirme. Cuando me dispararon, ella me sacó cargándome. Y cuando no teníamos dinero para comprar armas, vendió todo lo que tenía.

Lorenzo esbozó una sonrisa fina.

—Por eso no puedo simplemente dictar sentencia.

Velicia al fin entendió. Bianca no era una simple subordinada ni solo la mano derecha de Lorenzo. Esa mujer era parte del pasado de Lorenzo, parte de la historia de su vida.

—¿La vas a perdonar?

—No —Lorenzo negó con suavidad.

—¿Entonces?

—Le estoy dando una oportunidad.

—¿Una oportunidad?

—Si se detiene ahora, la exiliaré. Si sigue adelante... —la mirada de Lorenzo se tornó gélida— ...yo mismo pondré fin a todo.

La última frase fue pronunciada sin el menor atisbo de duda. Ese era Lorenzo Sullivan: un hombre capaz de separar los sentimientos personales de la responsabilidad de un líder.

Velicia lo observó durante unos instantes y sintió que el pecho se le aligeraba un poco. Sin embargo, todavía quedaba una pregunta que la inquietaba, una que había contenido hasta ahora.

—Lorenzo, contéstame con honestidad.

—Por supuesto.

Velicia tomó un respiro.

—Si algún día te vieran obligado a elegir entre Bianca y yo, ¿a quién elegirías?

El silencio volvió a llenar el jardín. La brisa nocturna soplaba con suavidad. Lorenzo miró a Velicia sin expresión; el rostro perfectamente serio. Sabía que aquella pregunta no se formulaba sin motivo.

—¿Por qué preguntas eso?

Velicia desvió la mirada.

—También conoces la historia de mi matrimonio con Michael. Al final, él eligió confiar en otra mujer. Yo ya viví lo que se siente cuando un hombre prefiere creerle a otra persona antes que a su propia mujer. Así que no quiero... pasar por lo mismo una segunda vez.

Lorenzo la contempló sin parpadear. Al fin comprendió. No se trataba de Bianca ni de la organización. Era el miedo que Michael había dejado grabado en ella. Velicia tenía miedo de volver a confiar en alguien. Tenía miedo de ser relegada de nuevo y de perder otra vez a la persona que amaba.

Lorenzo dio un paso hacia adelante, pero mantuvo la distancia que hiciera sentir cómoda a Velicia.

—Velicia.

La mujer posó lentamente la mirada en el rostro de Lorenzo. El hombre la observó a los ojos con serenidad.

—Si algún día tuviera que elegir, no elegiría basándome en quién me conoce desde hace más tiempo.

Lorenzo hizo una pausa; su mirada se volvió más profunda.

—Tampoco elegiría por compasión. Elegiría... a la persona que esté del lado correcto. Si Bianca tiene razón, me pondré junto a ella. Si la que tiene razón eres tú... ni el mundo entero me haría dejarte.

Lorenzo no pronunció halagos. Tampoco hizo promesas vacías. Lo único que expresó fue su principio de vida.

Y fue precisamente esa respuesta la que dejó a Velicia en silencio. Hasta entonces, nadie le había hablado así. Michael eligió creerle a Sania porque lo cegaba el amor del pasado. Lorenzo, en cambio, elegía basándose en los hechos, no en la cercanía ni en los sentimientos.

Al ver que Velicia seguía callada, Lorenzo esbozó una sonrisa sutil.

—Además, yo nunca he querido ser Michael Kensington.

Esas palabras hicieron que la comisura de los labios de Velicia se elevara; sonrió de verdad, aunque apenas de forma perceptible. Esa sonrisa pequeña bastó para que Lorenzo sintiera que las heridas de los últimos días no habían sido en vano.

El silencio volvió a cubrir el jardín trasero de la mansión. La brisa nocturna soplaba con suavidad, trayendo el aroma de las flores que llenaban el patio.

Lorenzo seguía de pie junto a Velicia; su mirada ya no era tan afilada como de costumbre.

—Veli, hay algo más que quiero decirte.

—¿Qué?

Lorenzo exhaló con suavidad. Sus ojos se tornaron cálidos al contemplar el rostro de Velicia bañado por la luz de la luna.

—Me gustas, Velicia.

No había vacilación en su voz ni intento alguno de adornar las palabras.

—No te pido una respuesta ahora si no estás lista. Pero quiero que sepas que lo que siento no es compasión, no es querer reemplazar a nadie ni tiene que ver con las heridas de tu pasado.

El hombre hizo una pausa breve.

—Me gustas... porque eres tú misma.

El pecho de Velicia se llenó de calor al escuchar la confesión. Durante años, siempre había intentado ser la persona que los demás esperaban. Era la primera vez que alguien la aceptaba tal como era.

—Sé que te rompieron el corazón —continuó Lorenzo—. También sé que todavía estás aprendiendo a confiar de nuevo. Por eso... no voy a presionarte. Pero si estás dispuesta, permíteme ser la persona que camine a tu lado a partir de hoy.

Sus miradas se encontraron. Velicia observó al hombre que tenía delante durante un buen rato. Luego, poco a poco, una sonrisa tenue le adornó el rostro.

—No puedo prometerte que será fácil.

—Yo tampoco quiero una relación perfecta —respondió Lorenzo.

Velicia asintió con suavidad.

—Entonces... quiero intentarlo.

Por un instante, Lorenzo pareció no creerlo.

—¿Me... aceptas?

—Sí.

La respuesta firme de Velicia hizo que la comisura de los labios de Lorenzo se alzara. Extendió la mano hacia ella.

—¿Puedo?

Velicia miró aquella mano durante unos segundos y luego posó su palma sobre la de Lorenzo. Los dedos de ambos se entrelazaron.

—Acepto lo que sientes, Lorenzo —la voz de Velicia sonó queda, pero cargada de certeza—. Yo también quiero empezar una vida nueva.

La sonrisa de Lorenzo se ensanchó, aunque siguió viéndose serena.

—Voy a cuidarte.

—Y yo voy a aprender a confiar en ti —añadió Velicia.

Esa noche... sin fiestas ni promesas grandilocuentes, comenzaron oficialmente su relación como pareja. Su vínculo no nació de la compasión ni del deseo de olvidar el pasado. Lo que los unió fue la confianza que creció lentamente después de atravesar tantas heridas.

Desde lejos, Antonio, que presenció el momento sin querer, esbozó una sonrisa fina.

—Al fin... alguien eligió a mi hermana sin condiciones.

Al otro lado de la mansión, Bianca De Luca estaba de pie detrás de una ventana con la mandíbula apretada. La imagen de las manos de Lorenzo y Velicia entrelazadas avivó aún más el fuego de los celos en su pecho.

—Si esa es tu decisión... algún día te vas a arrepentir, Lorenzo.

Bianca se dio la vuelta y se marchó sin vacilar.

Mientras tanto, en el jardín, Lorenzo y Velicia seguían disfrutando de la quietud de la noche, sin percatarse en absoluto de que el paso que acababan de dar era el inicio de una tormenta mucho mayor.

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