En su primera vida, ella muere de una enfermedad. Pero renace en un mundo nuevo, con posibilidades mágicas de cambiar su destino.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Primer pueblo 1
Antes de comenzar el recorrido, el ambiente en la mansión era muy distinto al de unas semanas atrás.
Los caballos estaban preparados.
Los carruajes cargados con provisiones.
Los caballeros revisaban las rutas.
Y los sirvientes despedían al duque con una ilusión que hacía años no se veía en la residencia.
Cuando el carruaje finalmente abandonó la mansión Lovelace, Liam apoyó la espalda contra el asiento.
Había imaginado que Lila aprovecharía el largo viaje para descansar.
Después de todo, llevaba varios días preparando rutas, organizando medicinas y revisando documentos del ducado.
Pero apenas transcurrieron unos minutos...
Ella abrió su cuaderno.
—Duque.
Liam suspiró con resignación.
—¿Sí?
—Tengo otra pregunta.
Él sonrió apenas.
Ya comenzaba a acostumbrarse.
—Adelante.
Lila escribió la fecha en una nueva página.
—Cuando era niño... ¿Tenía algún lugar favorito del ducado?
Liam la miró confundido.
—¿Eso también forma parte de la investigación?
—Quizá.
Respondió con absoluta tranquilidad.
—O quizá simplemente quiero conocerlo mejor.
Él tardó unos segundos en responder.
—Había un lago. Iba allí con mis padres.
Ella anotó la respuesta.
—¿Le gustaba pescar?
—No.
Solo lanzar piedras al agua.
—¿Por qué?
—Porque mi madre decía que cada círculo que se formaba era un deseo viajando muy lejos.
Lila sonrió mientras escribía.
—Qué bonito.
Liam observó nuevamente el cuaderno.
—¿Realmente cree que todas estas preguntas sirven para descubrir mi enfermedad?
Ella levantó la vista.
—No lo sé. Pero sí sé que conocer a una persona nunca es tiempo perdido.
El duque negó lentamente con la cabeza.
Seguía sin comprender del todo sus métodos.
Y, aun así, respondía cada pregunta.
Al llegar al extremo más alejado del ducado, el paisaje comenzó a cambiar.
Los caminos estaban deteriorados.
Las cercas de los campos aparecían rotas.
Varias casas necesitaban reparaciones urgentes.
Y los cultivos parecían mucho más pobres que los de las tierras cercanas a la mansión.
Liam observó todo desde la ventanilla.
Su expresión cambió por completo.
—Detengan el carruaje.
Los caballos se detuvieron.
El duque descendió lentamente, ayudándose con el bastón.
Miró alrededor.
Había imaginado encontrar un pueblo sencillo.
Pero no aquello.
Las calles estaban casi vacías.
Algunas viviendas parecían abandonadas.
Los pocos habitantes que caminaban por allí vestían ropa muy gastada.
Liam sintió un profundo enojo.
—No...
Murmuró.
—Esto no puede estar pasando.
Lila descendió del carruaje y se acercó a él.
—¿Qué ocurre?
Liam apretó con fuerza el bastón.
—Cada año envío recursos a esta zona. Madera. Granos. Herramientas. Monedas para reparar caminos.
Su voz se volvió más dura.
—Nada de esto debería verse así.
Observó nuevamente las casas.
—Es evidente que la ayuda nunca llegó.
Lila guardó silencio unos segundos.
Después apoyó suavemente una mano sobre el brazo del duque.
—Lo lamento.
Él cerró los ojos con frustración.
Se sentía responsable.
Como si hubiera abandonado a aquellas personas sin saberlo.
Lila habló con la misma calma de siempre.
—Pero ahora usted está aquí.
Liam levantó la vista.
Ella sonrió con dulzura.
—Y ahora podrá ayudarlos. Podrá descubrir qué ocurrió. Y hacer justicia.
Las palabras hicieron que el enojo del duque comenzara a transformarse en determinación.
Asintió lentamente.
—Sí. Esta vez lo averiguaré personalmente.
La llegada del carruaje no pasó desapercibida.
Los primeros en acercarse fueron varios niños.
Observaban con enorme curiosidad a los caballos y a los caballeros.
Después comenzaron a salir algunos adultos.
Muchos se quedaron completamente inmóviles.
—¿Es...?
—¿El duque?
Una mujer mayor llevó una mano a la boca.
—Pensé que nunca vendría.
Otros habitantes más jóvenes simplemente observaban confundidos.
Uno de ellos preguntó en voz baja..
—¿Quién es?
El anciano que estaba a su lado respondió sorprendido.
—Es el duque Lovelace.
El muchacho bajó la mirada con cierta vergüenza.
—Nunca lo había visto.
Aquellas palabras golpearon el corazón de Liam.
Había personas nacidas en sus propias tierras...
Que ni siquiera conocían el rostro de quien debía protegerlas.
Mientras tanto, varias mujeres comenzaron a murmurar discretamente.
—¿Y quién es la joven que viene con él?
—¿Será la futura duquesa?
—Mira cómo combinan sus ropas.
Lila alcanzó a escuchar parte de la conversación.
Se acercó un poco más a Liam y murmuró con una sonrisa divertida:
—¿Ve? Se lo dije. El pueblo ya comenzó con los chismes.
Liam soltó un suspiro resignado.
—No ayude.
Ella contuvo una pequeña risa.
Pero apenas volvió a mirar a los habitantes del pueblo, toda expresión divertida desapareció de su rostro.
Varias personas tosían con fuerza.
Un niño tenía el brazo vendado con un trozo de tela vieja.
Una anciana caminaba con mucha dificultad.
Lila dio un paso al frente.
Su voz, aunque suave, sonó firme.
—Capitán.
Uno de los caballeros se acercó inmediatamente.
—Sí, señorita.
—Organice a todas las personas que necesiten atención médica. Niños. Ancianos. Mujeres embarazadas. Y cualquier persona enferma.
El hombre asintió de inmediato.
—Enseguida.
Los soldados comenzaron a recorrer el pueblo avisando que la maga del templo atendería gratuitamente a todos los habitantes.
La noticia se extendió con una rapidez sorprendente.
En pocos minutos comenzó a formarse una larga fila.
Liam observó cómo Lila se arremangaba las mangas de la túnica.
Sacaba cuidadosamente sus pociones.
Preparaba vendajes.
Y recibía al primer paciente con una sonrisa cálida.
—Buenos días. Cuénteme qué le preocupa.
Aquella escena conmovió profundamente a los habitantes.
No solo porque el duque hubiera llegado hasta un lugar que muchos creían olvidado.
Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, sentían que alguien estaba dispuesto a escucharlos de verdad.
Y mientras Lila comenzaba a sanar heridas visibles...
Liam comprendió que aquel viaje no solo serviría para cumplir una lista.
También le mostraría todas aquellas cosas que, desde la distancia de su enfermedad, había sido incapaz de ver.
Al parecer es ella su única medicina y creo que no la. dejara ir tan fácilmente