En un mundo donde los humanos conservan los rasgos e instintos de sus ancestros animales, Oleg es una rareza: un hermoso y tierno omega leopardo de las nieves que intenta pasar desapercibido en su último año de universidad. Cuando consigue una pasantía en el departamento de administración de una imponente empresa constructora, su pacífica burbuja se rompe al quedar bajo el mando de Wú Zhìyuān. Zhìyuān es una pantera negra dominante, serio, uraño y temido por todos. Mientras Oleg lucha por esconder sus orejas delatadoras cuando se avergüenza y amasa mantas en secreto para calmar sus nervios, el aroma a café amargo de su jefe empieza a convertirse en su único refugio contra los peligros de la gran ciudad. Una historia de instintos compartidos, secretos de oficina y un amor tan puro y silencioso como las cumbres más altas.
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Capítulo 24: El último balance y el brillo del mañana
Capítulo 24: El último balance y el brillo del mañana
Las semanas pasaron volando, arrastradas por el viento invernal del Distrito Norte. Para Oleg, el piso doce de la constructora Líu ya no era un terreno desconocido lleno de alfas intimidantes, sino el lugar donde su futuro profesional y su vida personal se habían entrelazando de forma perfecta.
Había llegado el último viernes de su periodo oficial como pasante. El lunes siguiente sería la gran ceremonia de graduación en la universidad, el evento que marcaría el fin de su etapa como estudiante y el inicio de su vida como administrador oficial. Los pasillos financieros estaban inusualmente tranquilos esa tarde, y en el cubículo de Oleg, el ambiente era de una dulce satisfacción.
Oleg estaba sentado terminando de sellar digitalmente el último informe de auditoría bimestral. Llevaba un suéter de lana fina color crema que hacía resaltar los tonos platinados de su cabello y las hermosas motas grises de sus orejas. Su larga y pesada cola invernal descansaba sobre su regazo, y sus dedos amasaban con suavidad el espeso pelaje mientras leía los gráficos en la pantalla. Un ronroneo sumamente bajo y melódico vibraba en su pecho; todos los números cuadraban a la perfección.
La puerta del despacho de caoba se abrió y Wú Zhìyuān salió al pasillo. El alfa dominante pantera negra ya no vestía su habitual traje sastre rígido, sino un suéter negro de cuello alto que acentuaba su imponente físico. Su aroma a café amargo y madera oscura, ahora permanentemente fusionado con la fragancia helada y alpina de Oleg, llenó el espacio de inmediato.
Los superiores del departamento, la señora Zhang y el señor Chen, se acercaron al cubículo de Oleg al ver al jefe salir.
—Bueno, Oleg —dijo la señora Zhang con una sonrisa nostálgica y maternal—. Este es tu último reporte como pasante. Debo decir que el departamento financiero no ha tenido un talento como el tuyo en años. Tus padres en Mongolia deben estar increíblemente orgullosos.
—Muchas gracias, jefa Zhang, señor Chen —respondió Oleg, levantándose de su asiento con timidez. Sus orejas blancas y moteadas dieron un rápido brinco de alegría y se ladearon hacia un lado, mientras sus pequeños colmillos superiores se mostraban en una sonrisa agradecida—. Aprendí muchísimo de ustedes.
Zhìyuān se detuvo al lado del grupo, colocando una mano grande y firme en el hombro de Oleg. El gesto, cargado de una posesividad protectora y un profundo respeto, hizo que los dos administradores senior sonrieran con complicidad. Los rumores de pasillo se habían disipado para convertirse en una verdad respetada por todo el piso. Incluso Min Sahara, desde el pasillo de ventas, había dejado de intentar competir; la determinación estoica de Oleg y el respaldo absoluto de la pantera dominante la habían obligado a mantener una distancia prudente.
—El trabajo de Oleg ha sido impecable desde el primer día —sentenció Zhìyuān con su voz profunda, grave y pausada, mirando a sus subordinados—. Pero el lunes dejará de ser el pasante del piso doce.
Oleg parpadeó, mirando a su alfa con una mezcla de sorpresa y timidez. Las mejillas se le tiñeron de un vivo color carmín.
—¿Señor Wú...? —susurró el omeguita.
Zhìyuān extendió una carpeta de cuero negro de alta gama hacia él. Oleg la tomó con dedos temblorosos y la abrió. En el interior se encontraba un contrato laboral definitivo, con el membrete de la junta directiva, ofreciéndole el puesto oficial de Analista Senior del Departamento Financiero a partir del día siguiente a su graduación, con un sueldo y beneficios a la altura del estatus residencial del Distrito Norte.
—La junta directiva aprobó los términos esta mañana —explicó la pantera negra, y una sutil pero genuina sonrisa curvó las comisuras de sus labios huraños, mientras sus orejas felinas se orientaban con total devoción hacia el omega—. Dejar que te marches a otra corporación sería una ineficiencia que esta gerencia no piensa permitir. Has marcado tu territorio aquí, Oleg.
Al escuchar las palabras de su alfa y ver el contrato definitivo, el corazón de Oleg dio un vuelco monumental. Sus orejas blancas se irguieron por completo, agitándose con una felicidad desbordante. Un tierno y ahogado prusten de pura emoción escapó de sus labios. Sin importarle la presencia de sus superiores —quienes aplaudieron con entusiasmo—, Oleg abrazó la carpeta contra su pecho, dejando que su pesada cola se enroscara firmemente alrededor de la pierna de Zhìyuān.
Con sus dedos libres, el omeguita comenzó a amasar sutilmente la tela del suéter del alfa, liberando un aroma alpino tan dulce y puro que llenó todo el pasillo de una calidez reconfortante.
—Acepto, señor Wú... acepto encantado —declaró Oleg con los ojos brillantes y una sonrisa deslumbrante que dejaba ver sus pequeños colmillos—. Prometo que los presupuestos del próximo bimestre serán aún mejores.
Zhìyuān apretó suavemente su hombro, envolviéndolo por completo con sus feromonas protectoras. El leopardo de las nieves, que había llegado al Distrito Norte buscando un lugar en el mundo de los adultos en total silencio, no solo se graduaba con los más altos honores de la universidad, sino que había encontrado su nido definitivo, su verdadera vocación y el amor incondicional de la pantera que, desde las sombras de la oficina, siempre supo que estaban destinados a reinar juntos.