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ME ENAMORE DEL HIJO DEL CEO

ME ENAMORE DEL HIJO DEL CEO

Status: En proceso
Genre:CEO
Popularitas:3k
Nilai: 5
nombre de autor: Paula Mariana Jurado Ramirez

Sin spoyler

NovelToon tiene autorización de Paula Mariana Jurado Ramirez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

UNA OPORTUNIDAD PARA ACERCARSE

La mañana del miércoles transcurría con absoluta normalidad en la residencia de la familia de Adrián.

El desayuno estaba servido en el amplio comedor. El padre de Adrián, Alberto, leía el periódico mientras tomaba una taza de café. A su lado, su esposa Elena revisaba unos documentos relacionados con una fundación benéfica que dirigía. Frente a ellos, Zoe terminaba un plato de fruta mientras revisaba distraídamente su teléfono.

—¿A qué hora sale su vuelo? —preguntó Alberto, dejando el periódico sobre la mesa.

Elena sonrió.

—A las cuatro de la tarde. El viaje será largo, así que quiero llegar al aeropuerto con tiempo.

—¿Estás segura de que no quieres que yo vaya?

Ella negó con dulzura.

—No hace falta. Solo es un viaje para supervisar unos proyectos de la fundación. Además, Zoe quería conocer los museos de esa ciudad desde hace meses.

La adolescente levantó la vista inmediatamente.

—¡Y también el acuario!

Su madre rió.

—Sí, también el acuario.

Alberto sonrió al ver la emoción de su hija.

—Entonces disfruten el viaje.

¿Cuánto tiempo estarán fuera?

—Un mes, aproximadamente.

—Intentaré terminar algunos asuntos para visitarlas unos días.

Elena tomó su mano con cariño.

—No descuides el trabajo por nosotras.

—Nunca podría descuidarlas.

Zoe hizo una mueca exagerada.

—¡Qué románticos!

Los dos adultos rieron.

En ese momento apareció Adrián, ya listo para ir a la empresa.

—Buenos días.

—Buenos días —respondieron los tres al mismo tiempo.

Elena se levantó para abrazarlo.

—Cuida mucho de tu padre mientras estamos fuera.

Adrián sonrió levemente.

—Lo intentaré.

—Y asegúrate de que coma a sus horas.

Alberto protestó con una sonrisa.

—Parece que el niño soy yo.

—A veces sí.

Todos rieron.

---

Esa misma tarde, el automóvil que llevaba a Elena y a Zoe salió rumbo al aeropuerto.

Antes de subir, Zoe abrazó con fuerza a su hermano.

—No trabajes demasiado.

—Tú tampoco hagas demasiadas travesuras.

—No prometo nada.

Después abrazó a su padre.

—Te voy a extrañar.

—Yo también, pequeña.

El vehículo finalmente se alejó.

Alberto permaneció unos segundos observándolo desaparecer.

Después regresó a la casa.

Ahora la enorme residencia se sentía mucho más silenciosa.

---

Dos días después...

En una elegante cafetería del centro de la ciudad, Valeria se encontraba sentada frente a una conocida suya llamada Patricia.

—¿Así que Elena estará fuera un mes? —preguntó Valeria con aparente sorpresa.

—Sí.

Lo publicó en las redes de la fundación.

Van a visitar varios proyectos internacionales.

Valeria tomó un sorbo de café para ocultar la pequeña sonrisa que apareció en sus labios.

—Qué interesante.

Patricia continuó hablando sin notar el brillo en los ojos de su amiga.

—Parece que Alberto se quedó solo en la ciudad junto con Adrián.

Valeria guardó silencio unos segundos.

Aquella información despertó una idea.

Durante todo ese tiempo había intentado acercarse directamente a Adrián.

Y había fracasado una y otra vez.

Quizá...

La mejor manera de volver a entrar en aquella familia era otra.

A través de Alberto.

Después de todo, él siempre había sido amable con ella cuando era novia de Adrián.

—Gracias por contármelo.

—¿Por qué lo preguntas?

Valeria sonrió con naturalidad.

—Solo tenía curiosidad.

---

Aquella noche, mientras conducía de regreso a casa, comenzó a recordar.

Cuando era estudiante de preparatoria y salía con Adrián, Alberto siempre la trató con respeto.

Nunca la juzgó.

Nunca fue grosero.

Incluso, en más de una ocasión, le dijo:

"Mientras hagas feliz a mi hijo, siempre serás bienvenida en esta casa."

Apretó ligeramente el volante.

—Tal vez...

Todavía conserve una buena imagen de mí.

Y si lograba recuperar su confianza...

Quizá podría volver a acercarse poco a poco a Adrián.

Era un plan arriesgado.

Pero estaba convencida de que valía la pena intentarlo.

---

Al día siguiente.

Alberto terminó una importante reunión en una de las empresas del grupo.

Cuando salía del edificio, escuchó una voz conocida.

—Señor Alberto.

Se giró.

Frente a él estaba Valeria.

Vestía un elegante traje color beige y llevaba una sonrisa amable.

—Buenos días.

Alberto la reconoció enseguida.

—Valeria.

Ha pasado mucho tiempo.

Ella inclinó ligeramente la cabeza.

—Sí.

Muchísimo.

Él respondió con educación.

—¿Cómo has estado?

—Muy bien.

¿Y usted?

—Trabajando, como siempre.

Valeria sonrió.

—Eso no ha cambiado.

Hubo un breve silencio.

Después ella habló con cautela.

—Quería disculparme.

Alberto arqueó una ceja.

—¿Disculparte?

—Sí.

Por algunas decisiones que tomé cuando era joven.

Él la observó durante unos segundos.

—Todos cometemos errores cuando somos jóvenes.

Lo importante es aprender de ellos.

Valeria asintió.

—Eso intento hacer.

Alberto sonrió con amabilidad.

Seguía siendo el mismo hombre tranquilo y cordial que ella recordaba.

No había rencor en su voz.

Solo serenidad.

—¿Cómo está Adrián? —preguntó finalmente.

Alberto respondió con naturalidad.

—Muy bien.

Trabaja demasiado.

Como siempre.

Ella rió ligeramente.

—Eso también sigue igual.

El hombre observó su reloj.

—Debo irme.

Tengo otra reunión.

Valeria decidió aprovechar la oportunidad.

—¿Le gustaría tomar un café algún día?

Solo para conversar.

Hace años que no hablamos.

Alberto permaneció pensativo unos segundos.

No veía ningún problema en aceptar un café con alguien que había conocido desde la adolescencia de su hijo.

Sin embargo, respondió con prudencia.

—Si algún día coinciden nuestros horarios, con gusto.

Valeria sonrió.

—Me alegraría mucho.

—Cuídate.

—Igualmente, señor Alberto.

Él se marchó.

Valeria permaneció observándolo hasta que desapareció entre la gente.

Su sonrisa cambió lentamente.

No era una sonrisa de alegría.

Era la de alguien cuyo plan acababa de dar el primer paso.

---

Mientras tanto, en Corporación Vértice...

Sofía terminó de organizar la agenda de Adrián.

—A las cinco tienes una reunión con tu padre.

Adrián levantó la vista.

—¿En la oficina central?

—Sí.

Él tomó la carpeta.

—Gracias.

Cuando salió rumbo a la reunión, encontró a Alberto esperándolo en la sala de juntas.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes, hijo.

Conversaron sobre contratos y nuevos proyectos durante casi una hora.

Cuando terminaron, Alberto comentó con una sonrisa:

—Me encontré con Valeria esta mañana.

Adrián dejó de guardar unos documentos.

—¿En serio?

—Sí.

Solo fue una conversación casual.

Me pareció más tranquila que antes.

Adrián permaneció en silencio.

Finalmente respondió:

—Me alegra que esté bien.

Nada más.

No preguntó detalles.

No mostró interés.

Simplemente continuó ordenando los papeles.

Alberto notó aquella reacción.

Comprendió que, para su hijo, aquella historia realmente había quedado atrás.

No insistió en el tema.

Hablaron de negocios y, poco después, cada uno siguió con sus responsabilidades.

---

Esa noche, desde el balcón de su departamento, Valeria observaba las luces de la ciudad.

Sostenía una copa de vino en la mano.

Su primer acercamiento con Alberto había salido mejor de lo esperado.

No había desconfianza.

No había rechazo.

Eso significaba que todavía tenía una puerta abierta.

Y estaba decidida a aprovecharla.

Lo que no sabía era que Alberto era un hombre muy observador.

Aunque había aceptado conversar con ella por cortesía, también conocía perfectamente el sufrimiento que Adrián había vivido años atrás tras el fin de aquella relación.

Por eso, si en algún momento percibía que alguien intentaba manipular a su familia o utilizarlo para acercarse a su hijo, no dudaría en poner límites.

Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, Sofía terminaba de preparar los documentos para la jornada siguiente, completamente ajena a los nuevos movimientos de Valeria.

Sin saberlo, las piezas comenzaban a moverse una vez más, y aquella aparente calma podía no durar mucho tiempo.

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Dulce María Aguilar Rodríguez
porque no dejan que termine la novela eh leído 7 y ninguna termina eso no es justo
Pau jurado(Alfa P D)💜❤️: la verdad eh estado ocupada toto el dia pero tratare de actualizarla el dia de hoy
total 1 replies
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