Valeria Wiranata creía saberlo todo sobre su vida: un matrimonio estable, un hogar donde creció, una familia que la aceptó. Pero la noche de Año Nuevo, todo se derrumba cuando descubre a su esposo Adrián en la cama con su propia hermanastra, Ámbar.
Divorciada y despojada de todo, Valeria se enfrenta a una verdad todavía más devastadora: la familia que la crió jamás la quiso. Roberto Kusuma, el hombre al que llamó padre durante años, solo la acogió por interés. Patricia, su madrastra, la trató como sirvienta. Y Ámbar, la hija consentida, le robó al marido sin remordimiento alguno.
Cuando la vida de Valeria parece tocar fondo, aparece Dominic Alexander: el CEO más temido del mundo empresarial, frío como un témpano ante todos... excepto ante ella. Dominic no solo le ofrece un puesto como directora de una empresa recién adquirida, sino que empieza a desmantelar, una por una, las vidas de quienes la lastimaron.
Pero Dominic guarda un secreto: conoce a Valeria desde la infancia. Y sabe algo sobre su verdadero origen que cambiará para siempre el tablero de poder.
Detrás de cada movimiento corporativo hay una jugada personal. Detrás de cada acto de venganza, un acto de amor. Y detrás de la mujer que todos subestimaron, se esconde la heredera de una de las fortunas más grandes del país.
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Encuentro con la gran señora
—Ya no le des más vueltas. La familia Alexander es asunto mío —añadió Dom.
—No voy a permitir que la familia Alexander arme un escándalo —el apretón firme de Dominic le dio fuerzas a Valeria.
—Gracias —respondió Valeria.
—No voy a obligarte a conocer a la familia Alexander —le dijo Dom.
—Dom, el camino que tenemos por delante va a ser duro —comentó Valeria.
—Lo enfrentamos juntos. Nunca se te ocurra dejarme. Hasta el fin del mundo te encontraría —respondió Dominic con mirada seria.
—La familia Alexander necesita un heredero, y tú eres hijo único, Dom. No podemos ignorar ese hecho —Valeria retomó el tema.
—Lo intentamos —contestó Dominic.
—¿Intentar qué? Mi matrimonio de siete años terminó por la exigencia de un heredero. No quiero pasar por lo mismo —dijo Valeria.
—Cariño, nada será tan difícil si lo pasamos juntos —replicó Dominic.
Valeria recordó su vida con Adrián. Sintió un nudo de ambigüedad, porque Adrián le había dicho exactamente lo mismo.
¿Todos los hombres son iguales?, dudó Valeria.
—No me compares con tu ex —Dominic le dio un golpecito en la frente a Valeria, que se había quedado absorta.
—¿Cómo lo supiste? —preguntó ella, sorprendida.
—¿No te lo dije ya? No hay nada que yo no sepa sobre Valeria Wiranata —dijo Dominic con una sonrisa.
La lealtad de Dominic, esperándola durante años, ya era prueba suficiente. Pero Valeria aún no se había dado cuenta.
—¿Bajas o prefieres esperar en el auto? —le preguntó Dom.
—No estoy tan lista como para ver a la señora Alexander —reconoció Valeria.
—Está bien, no te obligo —Dominic bajó del auto para ir a ver a su madre en la oficina.
Después de que él se fue, Valeria también bajó. Antes que quedarse ahí sin hacer nada, mejor iba a buscar algo de comer al comedor de la empresa.
El menú del comedor le trajo nostalgia. Valeria había trabajado años en esa empresa.
Muchos conocidos de antes todavía la reconocieron.
—¡Hola, Valeria! ¿Cómo estás? Qué presumida, desde que te volviste directora no has vuelto por aquí —la saludó una empleada del departamento de marketing.
Valeria sonrió. Desde que la transfirieron a Empresa Wijaya, era Dominic quien iba a visitarla allá.
—¿Y eso que viniste hoy? —preguntó otra.
—Extrañaba lo de por allá —dijo Valeria, señalando con los ojos los platillos del comedor.
Valeria se dedicó a disfrutar su comida.
—Esa divorciada fácil seguro vino a coquetear con el jefe —cuchicheó una empleada a poca distancia de la mesa de Valeria, que lo escuchó con toda claridad.
—Además de fácil, estéril —agregó otra.
—Me enteré de que la empresa de su exmarido quebró. ¿Será por eso que se divorciaron?
Los comentarios ponzoñosos del comedor le entraron a Valeria por un oído y le salieron por el otro; siguió comiendo con total calma.
* * *
En la oficina de Dom.
—¿Dónde estuviste todo el día? Tres horas te esperé, Dom —dijo Sofía Alexander.
—Si la espera se hizo larga, debiste irte. ¿Para qué tanto lío? —Dominic se dejó caer en su sillón ejecutivo.
—Dom, escúchame. Este fin de semana tienes que ir a la casa. La familia Sentosa viene de visita —Sofía fue directo al grano.
—¿No podía ser por teléfono? Qué innecesario —replicó Dominic.
—Estoy segura de que no me habrías contestado —rebatió su madre.
—Depende del tema —contestó Dominic.
—Karina regresa del extranjero este fin de semana. Y espero que no me decepciones, Dom —continuó Sofía Alexander.
—Karina es una buena chica. Su familia tiene un origen claro. Y sobre todo, tiene un estatus impecable: no es ninguna divorciada —recalcó Sofía.
—Hoy en día abundan las vírgenes con historial de divorciada, mamá —respondió Dominic.
—Estoy segura de que Karina no es así —insistió su madre.
Sonó una notificación en el celular de Dominic.
—Te mandé el número de Karina. Hazte un hueco para recogerla en el aeropuerto —le indicó su madre.
—¿Qué soy, un servicio de transporte? —comentó Dominic.
—¿Qué tiene de malo recoger a tu futura esposa? —replicó Sofía Alexander, cortante.
—Ella no es mi futura esposa —rechazó Dominic.
—Dom, no admito un no —dijo su madre con firmeza.
—Dom, a tu madre le haría muy feliz tener a Karina como nuera. Es guapa y tiene buenos modales. Y, sobre todo, la familia Sentosa está a la altura de la familia Alexander.
—La única familia a la altura de los Alexander es la familia Wiranata —soltó Dominic.
—Ja, ja, ja... ¡qué disparate! ¿Vas a casarte con tu tío o qué? —una carcajada franca iluminó el rostro de aquella mujer madura.
Dominic se quedó callado; no tenía ganas de explicar. Al fin y al cabo, Valeria todavía no estaba lista para ser presentada como la hija única de los Wiranata.
—Lo que tú digas, mamá —concedió Dominic.
—Bueno, me voy —Sofía Alexander se puso de pie.
—No se te olvide, Dom: este fin de semana recoge a Karina —su madre salió de la oficina con una amplia sonrisa.
* * *
El celular de Valeria sonó justo cuando terminó de comer.
—¿Dónde estás? —se escuchó la voz de Dominic.
—En el comedor —dijo Valeria.
La llamada se cortó.
—Siempre lo mismo —se quejó Valeria, porque Dominic le colgaba sin avisar.
La aparición de Dominic en el comedor puso el ambiente tenso. Era la primera vez en la vida que pisaba ese lugar.
Dominic se sentó frente a Valeria.
—Mejor vámonos —le susurró Valeria, que no quería convertirse en tema de chisme.
—Espera, quiero comer algo primero —dijo Dom, haciendo que Valeria arqueara las cejas.
—Pídeme lo mismo que comiste tú —indicó Dominic sin prestarle atención al entorno; solo el plato vacío frente a Valeria le importaba.
—Dom, vamos a un restaurante. ¡Mira a tu alrededor! —Valeria volvió a susurrar.
—Me da igual —se negó Dominic.
—Tsk —bufó Valeria, exasperada.
Bruno llegó tras los pasos de su jefe.
—Vaya, también está la señora —Bruno sonrió al saludar a Valeria.
—¿Señora...? ¿Bruno le dice "señora" a esa divorciada fácil? ¿Qué clase de brujería usa para que dos hombres tan guapos se derritan por ella? —una voz desagradable se oyó detrás de Valeria.
¡Pam!
Dominic golpeó la mesa con la mano.
—Tú... tú... y tú —señaló a las tres empleadas sentadas detrás de Valeria.
—Mañana a primera hora no se presenten en esta empresa. Arreglen sus papeles hoy mismo con Recursos Humanos —ordenó Dominic.
—Señor, ¿qué hicimos mal? Solo dijimos la verdad —se excusaron.
—Tenga cuidado con ella, señor. Solo queremos advertirle; la decisión es suya —agregó otra.
Bruno les hizo señas varias veces para que se callaran, pero fue peor: siguieron echando más leña al fuego.
—Bruno, no quiero que empleadas de esta calaña trabajen en mi empresa —sentenció Dominic con los ojos encendidos de furia.
—Sí, señor —acató Bruno.
El ánimo de Dominic se desplomó por completo.
—Vamos al restaurante de enfrente —Dominic tomó a Valeria de la mano y dejó que Bruno se encargara del resto.