NovelToon NovelToon
Cuánto Me Duele Dejarte Ir

Cuánto Me Duele Dejarte Ir

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Romance / Amor prohibido / Completas
Popularitas:500
Nilai: 5
nombre de autor: Benjamín J. Gohega

Esta es la historia de Alejo, quien acaba de perder al amor de su vida.
Con el corazón roto, intenta comprender cómo seguir adelante cuando Santiago, la persona con la que imaginó compartir sus días, ya no está.

NovelToon tiene autorización de Benjamín J. Gohega para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El día que lo fui a conocer.

Para ese entonces estaba en el colegio secundario. Era un adolescente lleno de inseguridades. A pesar de recibir halagos y mensajes por parte de mis compañeros, todavía no estaba seguro de quién era ni de cuáles eran mis gustos. En realidad, no estaba seguro de nada.

Como era mi último año de secundaria, los profesores suspendían clases con frecuencia. En esa época vivía en mi ciudad natal, donde casi todo el año llueve, hace frío o nieva. Así que, cada vez que me suspendían una clase y para no tener que volver a mi casa en colectivo —que quedaba bastante lejos—, me quedaba en una biblioteca cercana a leer.

Desde muy temprano se había despertado en mí ese lector solitario que me acompañó muchos años de mi vida, a veces con mayor intensidad que otras. Y ahí estaba esa tarde de otoño, sentado en los sillones de la biblioteca, yo y la extensa novela que retomaba cada vez que me cancelaban una clase.

De repente empezó a llegar cada vez más gente. Yo solo levantaba la vista por instantes y volvía a mi lectura.

En una mesa cercana, un profesor daba clases particulares a tres alumnos. Noté que me miraba de vez en cuando. Cada vez que eso pasaba, ponía el señalador, cerraba el libro y lo miraba disimuladamente. Nuestras miradas se cruzaban una y otra vez. Luego me distraía observando cómo caían las hojas de los árboles del exterior y cómo el viento las arrastraba lentamente. Era una de las pocas cosas del otoño que siempre me habían gustado desde niño: esos tonos naranja, amarillo y marrón desprendiéndose de las ramas.

Continué leyendo hasta que llegó la hora de volver al colegio. Cuando pasé junto a la mesa donde el profesor seguía dando clases, se giró de repente y me llamó para decirme que se me había caído un papel del libro.

En ese instante, el tiempo empezó a transcurrir como en una película: todo en cámara lenta. Me sonrojé, sonreí torpemente y vi por primera vez esos hermosos ojos celestes. Estiró su mano para darme el papel y nuestras manos apenas se rozaron. No hizo falta más para acelerar mi corazón. Sabía que ese papel no era mío, pero igual lo acepté.

Cuando llegué al mostrador para devolver el libro, miré el papel. Era su número de teléfono y, debajo, decía:

“No hay nada más lindo que ver a un hombre leer. Escribime cuando tengas tiempo.”

Mi cara seguía roja y leer eso antes de salir de la biblioteca no ayudó en nada a calmarme.

Los días siguientes pasaron de una manera extraña. Pensaba constantemente si escribirle o no. Esa decisión no me dejaba dormir, me quitaba el apetito y me hacía suspirar cada vez que recordaba su voz y su mirada. Era un hombre hermoso.

Casi dos semanas después de aquel encuentro, decidí escribirle. Dudaba de que todo pudiera salir bien: la diferencia de edad era evidente y estaba seguro de que se aburriría de mí en poco tiempo. Pero ahí estaba, queriendo tener mi primera experiencia con un hombre, por decirlo de alguna manera.

No sé en qué momento empezamos a hablar tanto. Para el tercer día ya charlábamos día y noche. Nos contábamos nuestras vidas, nos hacíamos preguntas. Él parecía realmente interesado. Yo, por mi parte, ya estaba enamorado desde el primer día. Así de simple y rápido era el sentir para mí en la adolescencia.

Todo lo que me decía me hacía quererlo más. Mi mundo se había puesto de cabeza.

Decidimos que el fin de semana tendríamos nuestra “primera cita”. Le propuse caminar y tomar un helado. Aceptó.

Ese viernes estaba sentado en la esquina donde habíamos quedado en encontrarnos, con mi mejor camisa a cuadros. Había pasado horas frente al placard decidiendo qué ponerme. Me ponía muy nervioso pensar qué iba a opinar de mí.

De repente, alguien se detuvo frente a mí. Levanté la mirada y ahí estaba. Vestido de manera formal, precioso, con una enorme sonrisa. Cuando me levanté para saludarlo, me sorprendió y, en cuestión de segundos, estábamos abrazándonos como viejos amigos que hacía años no se veían. Lo primero que noté fue su perfume. El abrazo duró más de lo que esperaba.

Empezamos a hablar como si nos conociéramos desde siempre. Al entrar a la heladería sentí su mano cerca de mi cintura. Me sonrojé apenas rozó mi espalda; se me erizó la piel. Giré la cabeza para mirarlo y él solo sonrió ante mi reacción.

Salimos a caminar hacia la costa, buscando un lugar con menos gente. Caminamos bajo la luna, entre risas y con los helados cruzados. Yo había elegido los gustos del suyo y él los del mío, como había propuesto.

—Para ir conociéndonos —me dijo, y me pareció divertido.

Caminamos durante horas, hasta que empecé a sentir frío. Me invitó a su casa, pero me pareció demasiado pronto. Mientras esperábamos el taxi, me tomó de la cintura y me besó. Fue la primera vez que besé a un hombre y debo admitir que no me desagradó en absoluto. Pero apenas vio llegar el taxi, se separó.

Le di un beso en la mejilla, me subí sonrojado y confundido, y me fui.

1
Benjamín Gohega
💜
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play