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EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

EL CONTRATO DEL ORGULLO. EN LOS BRAZOS DEL CEO.

Status: Terminada
Genre:Sustituto/a / CEO / Romance / Completas
Popularitas:11.9k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Cinco años de luto familiar y silencio absoluto fue el precio que Leonor pagó por quedarse atrás mientras Héctor, su amigo de la infancia, triunfaba en el extranjero. Fiel a una promesa implícita, guardó su pureza en un santuario vacío... hasta que llegó el sobre dorado: la invitación de boda de Héctor con otra mujer. Atrapada por el orgullo y el pánico a dar lástima, Leonor miente asegurando que tiene una pareja estable. El destino mueve sus hilos cuando Adrián Valero, el imponente y frío CEO de su multinacional, se queda sin asistente para un viaje de negocios a la misma ciudad del enlace. Lo que empieza como un pacto de urgencia para salvar la dignidad de Leonor se convierte en una farsa de noche y oficina de día dentro de una suite compartida con una sola cama. Entre los celos viscerales del pasado y la protección feroz de un hombre inalcanzable, las amarras se rompen. ¿Podrá Leonor proteger su corazón cuando la farsa se convierta en la verdad más peligrosa de su vida?

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CAPITULO 18. TENSION EN LA PISTA DE BAILE

Las luces del jardín principal se atenuaron de forma paulatina, adquiriendo un tono cálido y ambarino que envolvía las mesas en una atmósfera íntima y sofisticada. Al concluir el banquete, un cuarteto de cuerda comenzó a interpretar una melodía lenta, pausada y envolvente, inaugurando formalmente la pista de baile instalada sobre la tarima de madera exterior. Varios de los tíos de la familia y parejas de socios se levantaron de sus asientos para deslizarse bajo las guirnaldas de luces. En nuestra mesa, el silencio seguía siendo tenso; Priscila fingía retocarse el labial frente a un espejo de mano, mientras Héctor apuraba su tercera copa de licor, con la mirada perdida en los reflejos del satén esmeralda de mi vestido.

Adrián dejó su copa sobre el mantel, se puso en pie con esa parsimonia imponente que arrastraba todas las miradas y se colocó justo detrás de mi silla. Se inclinó sutilmente, reduciendo la distancia hasta que su aliento rozó el lóbulo de mi oreja, provocando que un escalofrío eléctrico me recorriera la nuca.

—¿Me concedes esta pieza, Leo? —me preguntó, y su voz profunda sonó con una naturalidad pasmosa. El uso del tuteo en público, directo y firme, me dio un vuelco salvaje en el corazón. Las distancias de la oficina habían quedado enterradas definitivamente bajo el esmeralda.

—Claro que sí, Adrián —respondí, abandonando el "usted" de manera definitiva, sintiendo que al pronunciar su nombre de esa forma rompía el último lazo con mi antigua timidez.

Me puse en pie y deslicé mi mano sobre la tela firme de su esmoquin. Adrián me guió hacia el centro de la pista de madera, colocándose frente a mí. Sin pedir permiso, su mano grande y asombrosamente cálida se instaló con firmeza en la parte baja de mi espalda, justo donde terminaba el satén y comenzaba la piel desnuda del escote asimétrico. Con la otra mano, rodeó mis dedos con suavidad, atrayéndome hacia su cuerpo hasta que la distancia entre los dos se redujo a unos pocos centímetros. El calor que desprendía su torso y ese aroma magnético a madera y ámbar me envolvieron por completo, alterando por completo el ritmo de mis pulsaciones.

Empezamos a movernos al compás de los violines. Adrián bailaba con una seguridad aplastante, guiando cada uno de mis pasos con una fluidez que me hizo olvidar por completo que estábamos rodeados de extraños. Al levantar la vista, me encontré con sus ojos oscuros fijos en los míos, desprovistos de cualquier rastro de la ironía ejecutiva de los primeros días. Había una intensidad espesa, madura y devoradora en su mirada que me hizo tragar saliva con dificultad.

—Lo estás haciendo de maravilla, Leo —me susurró, manteniendo sus ojos clavados en los míos mientras dábamos un giro suave bajo las luces—. Olvídate de los demás. En este momento solo existimos tú y yo en esta pista. Disfruta de la música.

—Es fácil hacerlo cuando me guías así, Adrián —respondí con una honestidad que me sorprendió a mí misma, afianzando el agarre de mis dedos sobre su hombro—. Gracias por no dejarme caer. En todos los sentidos.

—Te prometí que no te dejaría caer jamás —devolvió él con una solemnidad profunda que me caló hasta los huesos, apretando sutilmente el agarre de su mano en mi espalda, lo que provocó que mi pecho rozara el tejido de su americana—. Y yo cumplo mis promesas.

La química entre los dos era innegable, un fuego silencioso y contenido que se alimentaba de la proximidad forzada de las noches compartidas y de las confesiones en la suite. Nos movíamos en una sincronización perfecta, ajenos al mundo, destilando una complicidad tan pura que cualquiera habría jurado que nuestras almas llevaban vidas enteras buscándose.

Sin embargo, la burbuja de intimidad se rompió de forma violenta antes de que la melodía llegara a su fin.

Un paso brusco y decidido interrumpió nuestro recorrido sobre la madera. Me tensé al instante al sentir cómo una mano ajena se posaba con una urgencia desmedida en mi hombro libre. Al girar la cabeza, me encontré con el rostro demudado de Héctor. Tenía la corbata completamente torcida, la respiración agitada y una mirada turbia, cargada de una mezcla de alcohol, desesperación y unos celos viscerales que ya no le importaba exhibir ante los invitados de su propia boda.

—Disculpa, Adrián... pero necesito bailar con mi amiga —pronunció Héctor, y su voz sonó ronca, tensa y temblorosa por la rabia contenida. Prácticamente me tiró del brazo de manera sutil para apartarme de mi jefe, rompiendo nuestro agarre de forma abrupta.

La mandíbula de Adrián se tensó al instante de una forma peligrosa. Sus ojos oscuros chispearon con una frialdad que heló el ambiente de la pista en un segundo, y dio un paso al frente para recuperar el territorio. Pude ver en la rigidez de sus hombros que estaba a punto de pararle los pies a Héctor con una autoridad implacable. Sin embargo, le dediqué una mirada rápida a Adrián, suplicándole con los ojos que mantuviera la calma para no armar un escándalo público que Priscila usaría en mi contra.

Adrián captó mi señal al vuelo. Relajó la postura de manera madura, aunque mantuvo sus ojos clavados en los de Héctor con una superioridad aplastante que redujo al novio a la nada.

—Por supuesto, Héctor. Faltaría más —respondió Adrián con un tono de voz pausado, gélido y cargado de una velada advertencia—. Cuida bien de ella. Leo es sumamente delicada y no me gusta que nadie la trate con brusquedad. Te espero en la mesa, mi amor.

Adrián me dedicó una última mirada cargada de un apoyo feroz antes de retirarse de la pista con paso firme, dejándome a solas en mitad de los violines con el fantasma de mi pasado. Héctor me rodeó con sus brazos de inmediato, pero el contacto se sintió frío, rígido y completamente ajeno. Empezó a moverme de manera errática, ajeno al ritmo de la música, y se inclinó hacia mi oído con una urgencia asfixiante.

—No puedo seguir viendo cómo te toca ese hombre, Leo —me soltó Héctor en un susurro desesperado, apretándome contra él con una fuerza desmedida—. Llevo toda la noche viéndote sonreírle, viéndote hablarle de "tú" con esa confianza... Me está matando, Leo. Ese vestido, esa forma de mirarte... Tú eres mia Leo. No puedes haberte olvidado de mí tan rápido por un maldito esmoquin de marca. Tienes que escucharme, por favor.

Miré a Héctor a los ojos, sintiendo una profunda lástima mezclada con una total desconexión emocional. El hombre que me abrazaba ya no significaba nada para mí; el hilo que nos unía se había roto definitivamente en el patio andaluz. Deslicé mis manos con firmeza sobre su pecho y me distancié de él, deteniendo el baile en mitad de la tarima.

—Suéltame, Héctor —le dije con una voz firme, baja y gélida—. Te estás dejando en evidencia delante de toda tu familia y de tu prometida. Lo nuestro se terminó hace cinco años por tu propia elección. Respeta a Priscila, respeta tu boda y, sobre todo, respeta al hombre que tengo al lado, porque Adrián sí sabe lo que es estar presente cuando la vida se pone difícil.

Le di la espalda sin esperar a que terminara la canción, con el satén esmeralda ondeando a mi alrededor, y caminé con paso firme hacia la mesa donde Adrián me esperaba de pie, con la chaqueta desabrochada y una mirada de absoluto orgullo listo para recibirme en sus brazos.

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Akire
hermoso trabajo felicidades escritora , me engancho desde el primer capítulo hasta el final 👏👏👏👏👏👏👏
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
que bello Adrián.🥰
Doris C Medina Rivero
guaoo.. 🥰🥰🥰
Doris C Medina Rivero
buenísimo, Héctor que te quede claro! 👏👏👏
Doris C Medina Rivero
esa bruja de Priscila 💣💣
Doris C Medina Rivero
que emoción 🥰🥰
Doris C Medina Rivero
Comienzo a leerte autora y me gusta tu escritura, está interesante.
Adiana Navas
genial me encanto muy terna y dulce
Maria Jose PAlma
me encanta 😍
Monica R Briseño
Excelente y maravillosa novela, una historia de amor donde él protege, defiende y ama tanto a ka mujer, muy bien narrada y escrita...
Muchas felicidades autora!!!!!
Nora Rivoir
Muy linda historia
Perla Arbos
Hermosa historia!!!. Felicitaciones!!!
EM
espectacular
EM
ed
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