Ella amaba dibujar, su sueño era poder dedicarse a eso.. pero, sufre un accidente.. aun así, la vida la oportunidad de reencarnar en una nueva vida.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Olivia 1
Sin embargo, justo cuando creyó haber aceptado que realmente era Olivia Lothian, su cuerpo dejó de responder.
[¿Qué...?]
Intentó mantenerse despierta, pero sus párpados se volvieron pesados.
La habitación comenzó a desvanecerse.
Y antes de que pudiera entender qué estaba ocurriendo, cayó dormida.
O quizá se desmayó.
Ya ni siquiera sabía distinguirlo.
Pero esta vez no hubo oscuridad.
Hubo sueños.
Al principio volvió a ver a la misma muchacha.
Olivia.
La niña que había visto antes.
Pero ahora era diferente.
La vio crecer.
Primero era una niña pequeña.
Después una adolescente.
Y finalmente...
Una mujer adulta.
[¿Soy yo?]
La imagen cambió.
Aparecieron paisajes.
Montañas enormes.
Bosques.
Cielos cubiertos de nubes.
Y entonces apareció una montaña particularmente alta.
Era imponente.
Su cima estaba cubierta de nieve y parecía perderse entre las nubes.
Pero algo llamó especialmente su atención.
En medio de aquella montaña había un árbol.
Un árbol completamente diferente a los demás.
Sus hojas eran de un rojo intenso.
Hermoso.
Casi imposible.
Debajo del árbol había algo.
Un libro.
Un libro viejo que descansaba sobre la nieve.
Ella lo observó.
No sabía por qué, pero sentía que aquel libro era importante.
[¿Qué es eso?]
La imagen volvió a cambiar.
Ahora aparecía Olivia entre libros.
Después Olivia de niña jugando con flores.
Después Olivia adolescente escribiendo.
Como si estuviera viendo diferentes momentos de una misma vida.
Luego apareció nuevamente la nieve.
Pero esta vez había algo más.
Espadas.
Muchas espadas.
Algunas estaban clavadas en el suelo.
Otras estaban tiradas sobre la nieve.
Había manchas oscuras.
Sangre.
Demasiada sangre.
[¿Qué pasó aquí?]
No entendía nada.
Parecía que había ocurrido una batalla.
Pero no podía ver a los combatientes.
Solo el resultado.
Nieve.
Espadas.
Sangre.
Silencio.
Entonces ocurrió algo todavía más extraño.
La nieve comenzó a cambiar.
Primero lentamente.
Después cada vez más rápido.
El blanco se transformó en un tono morado intenso.
Un morado profundo, casi brillante.
[¿Qué...?]
La nieve comenzó a derretirse.
Pero no se convirtió en agua transparente.
Todo aquel color morado se transformó en un líquido que comenzó a correr montaña abajo.
Ella observaba sin poder apartar la mirada.
Y justo cuando intentó acercarse...
Todo desapareció.
—¡Ah!
Olivia despertó de golpe.
Estaba en el suelo de su habitación.
Respiraba rápidamente.
Miró a su alrededor.
La cama.
El espejo.
Las cortinas.
Los muebles.
Todo seguía allí.
[¿Qué fue eso?]
Se quedó sentada en el suelo intentando ordenar sus pensamientos.
Había soñado con cosas que entendía.
Olivia.
Una montaña.
Un árbol.
Un libro.
Nieve.
Una batalla.
Sangre.
Y aquella extraña nieve morada.
[¿Por qué soñé con eso?]
No encontró ninguna respuesta.
Entonces...
El sonido de la puerta hizo que diera un pequeño salto.
—Lady Olivia, ¿se encuentra despierta?
Olivia se quedó en silencio durante un segundo.
[¡Lady!]
Miró alrededor.
Después recordó que, aparentemente, aquella era su nueva vida.
Se aclaró la garganta.
—Pase.
La puerta se abrió.
Entró una mujer anciana.
Vestía como una doncella y tenía una expresión tranquila. Parecía llevar muchos años trabajando en aquella mansión.
Hizo una pequeña reverencia.
—Lady Olivia, el desayuno está listo. ¿Desea que la ayude a cambiarse?
Olivia asintió.
—Sí, por favor.
La mujer se acercó y comenzó a ayudarla con calma.
Mientras lo hacía, Olivia aprovechó para observarla.
Parecía una persona amable.
Y probablemente conocía muchas cosas sobre aquella casa.
[Quizás pueda preguntarle algunas cosas.]
Esperó unos segundos.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
La doncella la miró.
—Por supuesto, mi lady.
Olivia dudó.
—¿Sabe qué edad tengo?
La mujer se quedó inmóvil.
Después soltó una pequeña risa.
—Dieciséis años.
Olivia asintió lentamente.
[Dieciséis...]
Ya tenía una respuesta.
Pero había otra cosa que necesitaba saber.
—¿Y Lord Lothian?
La doncella dejó de acomodar el vestido por un instante.
Su expresión cambió ligeramente.
—¿Lord Lothian?
—Sí.
—Está en su oficina, mi lady. Como siempre, probablemente ya esté trabajando.
Olivia asintió.
Entonces la mujer la miró con cierta curiosidad.
—Aunque... mi lady, ¿por qué lo llama Lord Lothian?
Olivia sintió que se congelaba.
—¿Eh?
—Siempre lo llama abuelo.
[¡Cierto!]
Olivia sonrió nerviosamente.
—Ah... eso.
La doncella esperó una explicación.
Olivia improvisó rápidamente.
—Supongo que hoy quería ser más formal.
La mujer la observó durante unos segundos.
Después simplemente asintió.
—Comprendo.
Y no le dio mayor importancia.
Olivia soltó discretamente el aire que estaba conteniendo.
[Estuvo cerca...]
Una vez terminó de ayudarla a vestirse, la doncella la acompañó hasta la puerta.
—El desayuno está servido, mi lady.
—Gracias.
Olivia salió de la habitación.
Caminó por los largos pasillos de la mansión.
Todo seguía pareciéndole increíble.
Aquella casa era enorme.
Demasiado enorme para una sola familia.
Finalmente llegó al comedor.
La mesa estaba preparada.
Había comida suficiente para varias personas.
Pero solo había un lugar ocupado.
El suyo.
Olivia se quedó mirando la mesa.
[¿Dónde está mi abuelo?]
Entonces recordó lo que la doncella había dicho.
Había desayunado al amanecer.
Como todos los días.
Olivia tomó asiento lentamente.
Por primera vez desde que había despertado en aquella nueva vida, tuvo la oportunidad de observar aquella mansión con calma.
Era hermosa.
Elegante.
Lujosa.
Perfecta.
Pero también...
Extrañamente silenciosa.
Olivia miró el lugar vacío frente a ella.
Y recordó las imágenes que había visto.
Aquella niña sola.
La misma mansión.
El mismo anciano.
La misma vida sin sueños.
Bajó la mirada hacia su plato.
[Así que esta era realmente la vida de Olivia Lothian.]
Y entonces recordó su propio sueño.
La montaña.
El árbol de hojas rojas.
El libro.
La nieve.
La sangre.
Y aquel extraño color morado.
Frunció ligeramente el ceño.
[¿Qué demonios significará todo eso?]
Por el momento, no tenía ninguna respuesta.
Así que tomó los cubiertos.
Y comenzó a desayunar sola.
Tal como Olivia Lothian había hecho durante tantos años.