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Dejarte ir no fue olvidarte

Dejarte ir no fue olvidarte

Status: Terminada
Genre:Madre soltera / Doctor / Casarse por embarazo / Completas
Popularitas:43k
Nilai: 5
nombre de autor: Aisyah Alfatih

Sara Almeida creyó que lo había dejado todo atrás: el amor, el dolor y la vida que pudo haber tenido junto a Santiago Montero. Cinco años después de una ruptura que le destrozó el alma, Sara ha reconstruido su mundo desde cero. Tiene una floristería modesta, una voluntad de hierro y un hijo de cuatro años llamado Sergio, cuya risa es capaz de iluminar hasta el día más oscuro.

Pero una noche de emergencia en el hospital lo cambia todo.

Santiago, ahora un joven médico brillante y heredero de una de las familias más influyentes de la ciudad, se encuentra cara a cara con la mujer que juró olvidar. Y con un niño que tiene sus mismos ojos.

Lo que ninguno de los dos sabe es que su separación no fue obra del destino, sino de una red de mentiras, manipulaciones y secretos familiares que alguien tejió desde las sombras. Y esa persona no tiene intención de dejarlos ser felices.

Mientras Santiago y Sara luchan por reconstruir lo que se rompió entre ellos, una mujer obsesiva y peligrosa acecha cada uno de sus pasos. Porque hay quienes prefieren destruir lo que no pueden tener.

Entre la pasión que nunca se apagó, un niño que solo quiere una familia completa y enemigos que acechan desde las sombras, Sara y Santiago descubrirán que dejarse ir jamás significó olvidarse.

NovelToon tiene autorización de Aisyah Alfatih para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Bab 31

Capítulo 31

Aquella tarde, el comedor de la pequeña casa de Sara se sentía cálido y tranquilo.

El aroma de la comida casera llenaba la habitación sencilla que daba directamente al mar. Por la ventana abierta, el sonido de las olas llegaba tenue, mezclado con la brisa marina que soplaba despacio.

En la mesa, Sara estaba sentada frente a Santiago.

Mientras tanto, Sergio se había acomodado entre Santiago y Rocío, ocupado comiendo entre balbuceos que de vez en cuando arrancaban sonrisas a todos.

Renato, por su parte, estaba sentado relajado en la cabecera de la mesa, observándolos en silencio de vez en cuando. Como Lina y Raquel estaban atendiendo la florería en la parte delantera de la casa, aquel almuerzo lo compartían solo ellos cinco.

—Papá después va a jugal con Selgio en la alena otla vez, ¿veldad? —preguntó Sergio con inocencia mientras sostenía su cucharita.

La palabra papá seguía haciendo que el corazón de Santiago se llenara de calidez cada vez que la escuchaba. El hombre esbozó una pequeña sonrisa y le acarició la cabeza al niño con suavidad.

—Esta tarde papá no va a poder.

Sergio dejó de comer al instante. —¿Pol qué?

Santiago tomó aire antes de responder con cuidado: —Papá tiene que volver a la ciudad hoy.

De inmediato, el rostro de Sergio se ensombreció. El niño miró a Santiago con ojos tristes que hicieron que el pecho del hombre se oprimiera al instante.

—Muy plonto... —Su vocecita sonó llena de decepción.

Santiago tuvo que contenerse para no cancelar su viaje de regreso en ese mismo momento. —Papá tiene que tlabajal, caliño —dijo con suavidad—. Las vacaciones de papá ya se acabalon.

Sergio agachó la cabeza y empezó a jugar con el arroz en su plato. —Si papá se va... —dijo el niño en voz baja—, ¿va a volvel?

Aquella pregunta tan sencilla hizo que el silencio cayera sobre la mesa durante unos segundos.

Santiago observó a su hijo largo rato antes de finalmente sonreír con ternura.

—Papá va a volvel.

El hombre miró a Sergio con absoluta convicción. —Polque ahola la casa de papá está aquí.

El corazón de Sara se aceleró al escuchar aquellas palabras. La mujer agachó la cabeza rápidamente y fingió concentrarse en servirse un poco más de comida para que no se le notara el nerviosismo.

Sin embargo, la pequeña sonrisa en sus labios no pasó desapercibida para Rocío.

Del otro lado, Renato, que había permanecido callado todo ese rato, se reclinó tranquilamente mientras observaba a Santiago.

—Entonces... —levantó una ceja— ¿cuándo piensas casarte con Sara?

La cuchara en la mano de Sara casi se le cayó. La mujer se quedó paralizada en su sitio.

Santiago, en cambio, se veía mucho más sereno que ella. Su mirada se posó en Sara durante unos segundos antes de responder: —Lo antes posible.

El corazón de Sara volvió a latir desbocado. Santiago continuó en un tono más serio:

—Cuando la salud de mi padre mejore.

Al escucharlo, Renato asintió con comprensión. Sabía que Don Ricardo había ingresado al hospital la noche después de que él se encontró con Santiago en el puesto de Don Manuel. Y por la expresión de Santiago ahora, Renato podía ver que esta vez iba completamente en serio.

Esa tarde, el ambiente del aeropuerto era bullicioso con el ir y venir de los pasajeros. Los anuncios de vuelos resonaban uno tras otro por los altavoces, mientras la luz del atardecer se colaba lentamente por los grandes ventanales de cristal.

Cerca del área de salidas nacionales, Santiago estaba de pie junto a Sara, Sergio, Renato y Rocío. Pero desde que habían llegado, Sergio se negaba a bajarse de los brazos de Santiago.

El pequeño se aferraba al cuello de su padre con todas sus fuerzas, como si temiera que el hombre fuera a desaparecer de verdad si lo soltaba.

—Papá, no te vayas... —Su vocecita sonó débil, llena de miedo.

El corazón de Santiago se apretó. El hombre le acarició la espalda al niño con suavidad mientras intentaba mantener una sonrisa tranquila.

—Papá solo va a tlabajal un poquito.

—Pelo después papá no va a volvel... —Los ojos de Sergio empezaron a llenarse de lágrimas—. Papá va a desapalecél como antes... —Aquellas palabras inocentes hicieron que todos enmudecieran al instante. Sara incluso se cubrió la boca conteniendo la opresión en el pecho.

Mientras tanto, Santiago sintió que la culpa lo golpeaba de nuevo con toda su fuerza. El hombre abrazó a su hijo con más fuerza.

—Escucha a papá... —Santiago miró aquel rostro pequeño con ternura y le secó las lágrimas a Sergio con el pulgar—. Papá no va a abandonar a Selgio otla vez. —Su mirada era completamente seria—. Ahola papá ya sabe dónde está su casa.

Las lágrimas de Sergio seguían cayendo despacio mientras el niño escuchaba las palabras de Santiago. Sara se acercó por fin y le acarició la cabeza a su hijo con suavidad.

—Sergio... —dijo en voz baja—, papá va a trabajar para poder volver pronto con nosotros.

Renato también ayudó a calmarlo.

—Sí —dijo con una pequeña sonrisa—. ¿Cómo es eso de que un campeón anda llorando todo el tiempo?

Sergio se restregó los ojos rápidamente aunque sus labios aún temblaban conteniendo la tristeza. Al verlo, Santiago sonrió levemente, conmovido. Luego bajó a Sergio de sus brazos con cuidado. Pero antes de que el niño volviera a llorar, Santiago se puso en cuclillas frente a Sara. Sus miradas se encontraron de inmediato. El ambiente a su alrededor pareció volverse mucho más silencioso de pronto.

Santiago tomó la mano de Sara con suavidad.

—Espérame. Voy a volver. —El corazón de Sara se desbocó. La mirada de aquel hombre era tan cálida y tan llena de determinación.

—Voy a venir por ustedes. —Las lágrimas volvieron a llenar los ojos de Sara.

Santiago continuó con la voz baja, ligeramente ronca: —Y esta vez... —Esbozó una sonrisa tenue—. No quiero perderlos de nuevo.

Sergio, que estaba de pie junto a ellos, tomó las manos de Sara y de Santiago al mismo tiempo. Santiago miró al niño y a la mujer frente a él con todo el cariño del mundo antes de decir:

—Les prometo... —Su mirada se fijó en Sara—. Los voy a llevar a una boda. —Las lágrimas de Sara cayeron despacio—. Vamos a ser una familia de verdad.

Sara rompió a llorar en silencio cubriéndose la boca con la mano.

Mientras tanto, Santiago sonrió con ternura, besó la frente de Sergio y los miró una vez más antes de caminar finalmente hacia la sala de embarque.

Cuando Santiago estaba a punto de entrar al área de registro para tramitar su boleto, la manita de Sergio volvió a aferrarse a su ropa con fuerza.

—Papá, no te vayas... —La voz del niño se quebró en llanto. Sus ojitos estaban enrojecidos, las lágrimas caían sin parar.

Santiago se detuvo en seco. Sergio de verdad no quería soltarlo esta vez.

El niño abrazaba las piernas de Santiago con todas sus fuerzas, como si temiera que su padre fuera a desaparecer en cuanto se descuidara.

—Papá no va a volvel... —Su llanto se hizo más fuerte—. Selgio tiene miedo...

El corazón de Santiago se sintió como si lo estuvieran estrujando. Sara, al ver aquello, también empezó a llenársele los ojos de lágrimas, mientras Rocío volteó el rostro conteniendo la emoción. Renato finalmente se adelantó e intentó cargar a Sergio.

—Vamos, campeón...

Sergio lloró aún más fuerte y volvió a estirarse hacia Santiago.

—¡No quielo!

Su cuerpecito se retorcía en los brazos de Renato.

—¡Quielo a papá!

La escena empezó a llamar la atención de las personas alrededor. Santiago cerró los ojos un momento, conteniendo la opresión en el pecho, antes de acercarse de nuevo y abrazar a su hijo con fuerza.

—Papá va a volvel. —La voz del hombre comenzó a quebrarse—. Pol Selgio.

El niño seguía sollozando entre sus brazos. Santiago sintió en carne propia lo que pesaba dejar a su propio hijo.

Renato finalmente ayudó a calmar a Sergio poco a poco.

—Papá va a ir a trabajar un ratito —le dijo con paciencia—. Después papá va a volver.

Pasaron varios minutos hasta que Sergio logró calmarse un poco, aunque su llanto bajito aún se escuchaba. Renato entonces se llevó al niño despacio junto con Rocío para que Santiago pudiera pasar al área de embarque.

Pero antes de irse, Santiago volvió a mirar a Sara, que había permanecido de pie en silencio todo ese tiempo conteniendo las lágrimas.

Santiago se acercó despacio.

—Sara... —La voz del hombre sonó grave y cargada de emoción—. ¿Puedo abrazarte?

El corazón de Sara se desbocó. La mujer lo miró unos segundos antes de asentir suavemente. Santiago la atrajo hacia él de inmediato. Un abrazo tan cálido que Sara casi volvió a llorar.

El hombre la estrechó con fuerza, como si no quisiera soltarla.

—Dame un mes. —La voz de Santiago sonó queda junto a su oído—. Voy a arreglar todo en la ciudad.

Su mano le acarició el cabello a Sara con suavidad. Las lágrimas de Sara cayeron despacio. Mientras, Santiago contuvo su propia respiración antes de volver a decir:

—Por favor, espérame.

Aquel abrazo se sentía lleno de arrepentimiento y de una añoranza contenida durante cinco años. Y cuando Santiago finalmente la soltó, su mirada seguía llena de certeza. Como si esta vez ya nada pudiera separarlos.

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Mirla Loyo
Andrés está vivo 🤔
Mirla Loyo
que patética éstas historias, mucha gente, guardias pa' tirar pal techo y sucede ésto 🤦‍♀️
Mirla Loyo
y cuándo nos enteramos de lo que le dijo el tío en secreto al oído a Santiago?🤷‍♀️
Mirla Loyo
ésta pareja y que se quieren y ni un beso se han dado 🤷‍♀️
Mirla Loyo
éste señor no sabe que secreto en reunión es mala educación?🤷‍♀️🤣
Mirla Loyo
esperemos que éste hombre se de cuenta que ahora es que debe cuidar a su familia 😱
Mirla Loyo
que patético éste Santiago 🤦‍♀️..me callé cuando insultaron a Sara, pero con Diego no!🤦‍♀️🤣🤣
Mirla Loyo
que estupidez tanta plata y pierden el tiempo hablando gafedades y la idiota puro llorar 🤷‍♀️
Mirla Loyo
para mí el está ahí para evitar que la loca atente contra la vida de Sara y el niño?🤔
Mirla Loyo
y los papás que se hicieron?🤔
Mirla Loyo
y la pregunta es... porqué éste mequetrefe es el títere de esta loca?😱🤔
Mirla Loyo
lo drogaron 😡
Mirla Loyo
no estoy entendiendo na' quién es el tío?..hablan como Sergio 🤣🤣en 3era persona 🤔
Mirla Loyo
pero como concibió a Sergio si no atenido relaciones?🤔.. será que Santiago por despecho se emborracho y tuvo relaciones con ella y por eso no se acuerda?🤔
Mirla Loyo
y entonces?🤔 la violó un familiar?🤔
Mirla Loyo
de seguro ésta zorra tiene mucho que ver con la separación 🤔
Mirla Loyo
va pues y ésta mujer porque no llama a la policía?..dejarse jider por alguien que ni familia es 😡
Maritza Pérez
Excelente
Mirna Lobo
muy buena felicidades escritora 😊
Mirna Lobo
que stress 😡 ahora quién desapareció? /Grimace/
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