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Renací para cambiar mi destino

Renací para cambiar mi destino

Status: Terminada
Genre:Romance / Maltrato Emocional / Dominación / Autosuperación / Atracción entre enemigos / Reencarnación / Completas
Popularitas:13.7k
Nilai: 5
nombre de autor: waya520

Luna lo perdió todo: su fortuna, su hogar y, sobre todo, a la familia que amaba. Y todo por obsesionarse con el hombre equivocado. Cuando ya no le quedaba nada, cerró los ojos convencida de que era el final...

Pero despertó tres años en el pasado.

Su familia vive. Su casa sigue en pie. Y esta vez Luna conoce cada golpe que le tiene reservado el destino. Con los recuerdos de una vida que no piensa repetir, se propone una sola cosa: cambiarlo todo. Alejarse del heredero frío y cruel que arruinó su existencia, proteger a los suyos y, por fin, vivir para ella misma.

El problema es que el destino no se deja corregir tan fácil. Julián, el hombre que juró olvidar, ya no la mira como antes. Un pretendiente inesperado le ofrece la ternura que nunca tuvo. Y en las sombras, viejos rencores y secretos de familia empiezan a moverse... porque no es la única que sabe lo que aún no ha pasado.

Entre fiestas de alta sociedad, imperios familiares, traiciones que cortan el aliento y un amor que se niega a morir, Luna descubrirá que una segunda oportunidad no se recibe: se pelea.

NovelToon tiene autorización de waya520 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Sebastián, el hombre misterioso

Al día siguiente.

Karina caminaba a duras penas hacia su salón. Esa mañana había venido obligada por su padre. Varios estudiantes que pasaban la miraban con curiosidad.

¿Por qué Karina tiene la cara llena de heridas?, pensaban.

La mujer siguió su camino, callada e indiferente entre la gente, hasta que su mirada se posó en Luna, una de las que podría considerar su rival por conseguir a Julián.

Luna se veía radiante esa mañana, muy distinta a ella, que estaba hecha un desastre y toda sucia.

—¿Qué tal dormiste? —le preguntó Sebastián a Luna, que estaba de pie frente a él. Mientras tanto, sus amigos empezaron a chiflar detrás de ellos.

La cara de Luna se sonrojó un poco de la vergüenza.

—Eh, dormí muy bien, ¿y tú? —le devolvió la pregunta.

—Igual que tú, yo también dormí bien —contestó él, algo tieso.

Desde lejos, Karina hervía de rabia al ver a esa mujer sonriendo.

—Maldición, ¿por qué siempre tiene tanta suerte? —murmuró. Desde hacía mucho envidiaba la vida de Luna. Aunque acababa de mudarse ahí, ya había oído contar a mucha gente sobre la vida de Luna, una vida que podía decirse casi perfecta.

Hasta que de pronto se sobresaltó al ver aparecer a Julián, que ya estaba parado frente a ella.

Julián parecía arrepentido de haber dejado sola a Karina el día anterior.

—Perdóname —dijo mientras le acariciaba la mejilla.

Karina se quedó rígida. Sus ojos grandes se clavaron en los ojos cansados del hombre que tenía delante.

—Quizá, si te hubiera llevado yo, lo de ayer no habría pasado —no podía imaginarse lo aterrada que habría estado Karina al verse a punto de ser abusada por un desconocido.

Los ojos de Karina se llenaron de lágrimas. En realidad no sabía a qué se refería, pero, siendo sincera, sí estaba triste porque Julián la había dejado volver sola, y había tenido que regresar a pie porque su padre jamás se dignaría a ir a recogerla.

Y no acabó ahí: al llegar a casa se había convertido en el saco de boxeo de su padre, que volvió borracho; el viejo la había golpeado hasta llenarle el cuerpo de moretones y después la había encerrado sin comida ni agua.

—Me duele muchísimo —dijo Karina, y empezó a lloriquear buscando la protección de Julián. Esperaba que él pudiera ayudarla y liberarla de las garras de su cruel padre.

Ver el miedo de Karina le dio lástima a Julián, que sin darse cuenta abrazó aquel cuerpo frágil y poco a poco calmó a Karina, que lloraba entre sus brazos.

Al instante se convirtieron en el centro de atención. Algunas seguidoras de Julián miraron a Karina con envidia; incluso, sin ningún reparo, empezaron a maldecir a esa mujer que, según ellas, buscaba la ocasión para llamar la atención de él.

Desde lejos, Luna también contemplaba la escena en la que Julián abrazaba a Karina.

Siendo sincera, todavía le dolía el corazón al ver a Julián tan cerca de Karina; mentiría si dijera que ya había superado lo que sentía por él.

Sin darse cuenta, los ojos se le empezaron a humedecer. Recordó cómo, en su otra vida, siempre había perdido frente a Karina, que podía decirse recién llegada; pero esa mujer sí estaba destinada a Julián. Porque en poco tiempo logró quedarse con él, mientras que ella, que perseguía a ese hombre desde el kínder, había terminado con una muerte trágica.

—Ay, qué mala suerte tengo —murmuró, y sin que se diera cuenta, Sebastián alcanzó a oír sus palabras.

Karina decidió no entrar a clase porque Julián insistió en llevarla a la enfermería.

Él miraba con espanto las heridas que Karina tenía en las manos y en la cara.

—¿Por qué no corriste cuando ese hombre se te acercó? —le preguntó mientras le limpiaba la herida del brazo derecho.

Al oírlo, Karina se quedó confundida. ¿Qué hombre? ¿Su padre? Porque el día anterior solo había tenido contacto con un hombre, y ese era su padre.

—Eh... es que no podía correr —contestó con sinceridad; aunque hubiera podido escapar, su padre igual la habría buscado.

Los movimientos de Julián se detuvieron. Contempló la cara pálida de Karina.

—Perdóname, siento que todo esto es culpa mía. Me comprometí a cuidarte, pero ayer descuidé mi promesa y casi hago que un tipo abusara de ti.

El cuerpo de Karina se tensó. En sus ojos se notó la inquietud al oír las últimas palabras de él. ¿Cómo podía saber Julián que en el pasado casi habían abusado de ella? Esa información solo la sabían ella y su padre. Ni siquiera su madre lo sabía. Tenía que guardar ese secreto bajo llave a como diera lugar.

—¿Quién te dijo que casi abusaron de mí? —preguntó, para asegurarse de si Julián de verdad sabía sobre su pasado.

—Ayer mi papá me regañó. Me dijo que tu papá le contó que casi abusaron de ti mientras esperabas en la universidad, y que todo era culpa mía por dejarte sola. Así que, desde ahora, voy a cuidarte y a llevarte y traerte.

Karina asintió, comprendiendo. Al fin entendió por qué él insistía tanto en el tema del abuso. Al parecer, su padre le había mentido al señor Gustavo sobre lo del día anterior.

Nadie había abusado de ella; solo estaba agotada de volver sola y su padre la había molido a golpes al llegar a casa. Pero su padre había mentido y había inventado que un desconocido había abusado de ella porque Julián la había dejado regresar sola.

Bien, lo reconocía: su padre era muy astuto y también muy ladino.

Durante toda la clase, Luna se veía sin ánimo, quizá por haber visto la escena romántica entre Julián y Karina esa mañana. Debería estar acostumbrada a ese tipo de imágenes. Pero, aun así, seguía doliendo.

Linda le echaba miradas y la llamó varias veces, pero Luna seguía callada, hasta que por fin el profesor salió del salón.

Con brusquedad le empujó el hombro y por fin logró que reaccionara.

—¿Eh? ¿Qué? —preguntó Luna, confundida, porque Linda ya estaba parada frente a ella.

—Vamos a la cafetería —la invitó casi a la fuerza. Antes de salir, Luna volteó hacia atrás, donde Sebastián, una vez más, estaba dormido en el salón.

—¿Por qué él nunca va a la cafetería? —murmuró mientras seguía las zancadas de Linda, que iba entusiasmada rumbo a la cafetería.

—¿Quién nunca va a la cafetería? —preguntó Linda, que alcanzó a oír el murmullo.

—Sebastián —respondió Luna en pocas palabras.

Linda abrió mucho la boca.

—Ooo, es que él siempre trae la comida que le prepara su mamá; suele comérsela en la azotea cuando ya casi se acaba el recreo —explicó con detalle.

A Luna la sorprendió bastante lo que Linda le contó sobre Sebastián. Le entró la curiosidad por la vida de aquel muchacho.

—¿Y trabajará de noche? Lo veo dormido en clase casi todos los días —preguntó, intrigada, tratando de sacarle a Linda más información sobre Sebastián.

Linda detuvo el paso, porque ya habían llegado a la cafetería; ahí tenían que hacer fila para servirse la comida.

—Eso no lo sé, pero Sebastián no creo que trabaje de noche. Bueno, tampoco lo sé, la cosa es que Sebastián no es cualquier persona, Luna.

A Luna cada vez le picaba más la curiosidad por Sebastián. Según Linda, ese muchacho no era una persona común. Entonces, ¿quién era en realidad?

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Norma Angelica Saldaña Reyes
/Smile/
Tania 🇨🇴🙏
Perdí horas de mi vida en eso no lo puedo creer debes decir que al final Luna vuelve con Julián y ya jaja
Anni Arias
claro uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde ahora quiere recuperar la bipolar
ivanna lizbeth pacheco gutierrez
felicitaciones
sigue escribiendo
me gustó
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