Cuando no te puedes enfrentar a la realidad, cuando solamente esperas qué otros decidan por ti….eso era lo que querían lograr con Vivian Ward, desde que su progenitor les abandonó a su madre y hermano gemelo, su madre enfermó de Cáncer, y su hermano siendo un completo inútil tenía muchas veces que arreglar sus desastres, hasta que llegó el día que le dio un ultimátum, pero su decisión le causó una maldita pesadilla.
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Destino
Vivían observó el vestido de novia que había dejado sobre la cama, sonrió negando, siempre pensó que si algún día se casaba sería con un hombre que verdaderamente amara, y ahora odiaba irremediablemente al hombre que otro día se convertiría en su esposo.
Su madre sería intervenida hasta después de la boda, ese fue el pacto, no había vuelto atrás.
Pero el vacío que Vivían sentía se hacía más inmenso cada segundo, minuto, y hora que transcurría al día qué sería la boda.
Sabía que su hermano se estaba recuperando de dos costillas rotas, una quebradura de un brazo y golpes en todo el cuerpo. ¿Porque?…Vivían no entendía que su hermano sabiendo quién era Elliott Foster se hubiera acercado a él, el trabajo honrado te da tranquilidad, era lo que su madre siempre les había enseñado.
Sacó las demás cosas que venían en las cajas, zapatillas, sandalias, ropa de todo uso, y joyas siendo todo de calidad y demasiado caro, aún así, no tocó nada, los dejó en las mismas cajas.
Se levantó tenía que ir a ver a su madre, Elliott le había prohibido que volviera a trabajar, y si por él fuera, ya estuviera viviendo en su mansión.
MANSIÓN BLACKWOOD
— Donde te haz metido mocoso tramposo deja que te ponga una mano encima. - escuchó Dominic a su abuela desde su habitación. No podo evitar sonreír. Su madre y su abuela siempre tan dramáticas,
La puerta se abrió, apareciendo la mujer escudriñando cada rincón.
— Esperaba que tuvieras una mujer metida en tu cama.
Dominic sonrió divertido.
— Abue, buenos sean tus días, también te extrañé.
La mujer cambió su actitud a una que siempre estuvo detrás de la careta de mujer dura. Suspiró y se sentó a un costado de la cama.
— Me conoces muy bien querido nieto y te adoro con el alma.
— Eres una mentirosa abuela, tú y mamá se la pasan buscándome esposa. - fingió indignarse.
— Será porque ya tienes treinta años, y aún no te decides a tener esposa. ¿Oh es que no te gustan las mujeres? Dime la verdad qué te voy a entender.
Dominic soltó una carcajada.
— ¿Como puedes decir eso abuela? Claro que me encantan las mujeres, pero no he conocido ninguna que que también acepte a Viky.
La abuela lo miró con ternura.
— Te hiciste cargo de Viky pero no puedes encadenarte, y encerrarte.
Viky necesita una mujer que tenga amor maternal.
— Lo sé abue, pero las mujeres que he elegido para que conozcan a Viky, no le prestan ninguna atención, intentan conquistarme a mí. Y no voy arriesgar a que la niña sea ignorada por una calentura.
— Tienes razón hijo, confío que llegará la indicada. - le palmeó el hombro antes de salir.
Dominic sonrió, al menos ya se había quitado ese debate de encima.
Mandó un mensaje a su asesor.
Inmediatamente le regresó la llamada.
— Don, dígame. - contestó esperando sus órdenes.
— Qué estén preparados para mañana. - mencionó, tenemos que asistir a una boda.
— Si jefe. - respondió inmediatamente.
— Aunque mmm.
pensó un instante.
No sé te hace extraño que ese infeliz haya encontrado una mujer que se case con él, con lo porquería que es, y mujeriego sobre todo. Hay algo que no me cuadra. - mencionó viendo el informe que le habían llevado.
— Llama a Alowen. . - a la orden jefe.
El asesor salió extrañado, que era lo que su jefe estaba tramitando.
Mientras tanto Dominic se quedó pensando en el matrimonio de ese hombre. Porque nunca fue su amigo, era un bastardo que creyó que no le cobraría porque no se encontraba en el país.
Dominic, había viajado por la convocatoria en Rusia en el Kremlin de la mafia rusa, pues lo iban hacer el Don de la mafia. A pocos meses de recibir el nombramiento se enteró que atacaron a su hermano mayor junto con su esposa asesinandolos a sangre fría por una mafia ribal en Alemania, su pequeña hija de apenas un año se había quedado al cuidado en ese fatídico día de su madre y abuela. Pero a él le había sido asignado el cuidado de la pequeña Victoria. Qué ahora contaba con cuatro años.
La había cuidado con devoción, asumiendo su responsabilidad como si fuera su padre, aunque la niña sabía que era su tío, para ella era su papi. Y él así lo asumió.
Pero había dos problemas con la pequeña, no hablado desde que nació, y su alimentación era menor a un niño de su edad. Eso había llevado a Dominic a seguir un protocolo con ella. Era meticuloso con y las personas que le rodeaban.
Las mujeres que había contratado para que ayudaran a Viky en su educación, solamente trataron de quedar bien con él, vistiendo provocativamente, eso Dominic definitivamente lo descartaba, pues el no tenía que hacer un certamen de belleza, para conseguir mujeres, solo quería que ayudaran a su pequeña.
— Dominic tengo lo que pediste investigar de la futura esposa de Elliott Foster. - le dijo su amigo y asistente, entregándole una copia de la investigación. - estabas en lo correcto.
Dominic se quedó observando el papel y después a Alowen su amigo de toda la vida.
La chica está en graves problemas financieros, su madre está internada en un hospital con Cáncer, vive en un pequeño departamento de dos dormitorios, trabaja en una farmacia donde no gana lo suficiente para solventar todos los gastos que se le vienen encima.
Pero mira esto, su hermano gemelo Elliott le tendió una trampa, el chico es inexperto y le prestó dinero y después lo obligó a jugar, haciéndolo perder, tú y yo sabemos en que acaba todo esto. Aquí aparece una fuerte cantidad de dinero que se pagó al hospital, y mira quien lo pagó…, Elliott Foster.
— La está obligando el desgraciado. - pronunció con disgusto, Dominic era despiadado con sus enemigos o quien le provocará, era un mafioso que todos temían, pero odiaba el abuso a las mujeres o a los que estaban en desventaja.
—Mañana estaré presente en esa boda. - dijo prendiendo fuego al papel que Alowen le había entregado.
Su amigo sonrió, lo conocía demasiado, no hacía alboroto, ni anunciaba su llegada. Eso era peligroso.
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