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Vendida Al Rey Dragón

Vendida Al Rey Dragón

Status: En proceso
Genre:Posesivo / Dragones
Popularitas:5.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalia Hache

Isabela es vendida en matrimonio por su padre, al rey de los dragones, luego de qué su reino cayera en una profunda ruina. Su pueblo se moría de hambre y de frio, así que a la princesa del norte deberá elegir entre traicionar todo lo que conoce, o entregarse al hombre que la compró y salvar a su pueblo de la extinción.

Pero un veneno en su cuerpo, la hace perder completamente la vida y reencarnar en el cuerpo de una sirvienta de su propio palacio.

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Capítulo 8

El banquete se reanudó con un estruendo de risas rudas, música de cuerdas metálicas y el tintineo de grandes jarras de cuerno llenas de vino especiado. Sin embargo, el ambiente en la mesa principal era completamente distinto: un campo de batalla invisible donde las miradas cortaban más que las espadas.

Isabela permanecía sentada con la espalda perfectamente recta, obligándose a ignorar el desfile de platos pesados y carnes asadas que los sirvientes colocaban sobre la mesa. Sentía el peso de los ojos de todo el imperio sobre ella, pero lo que más le quemaba la piel era la presencia de Malakor a su lado.

El rey de los dragones apenas probaba la comida. En su lugar, sostenía una copa de vino oscuro entre sus dedos manchados de runas y cicatrices, observándola de reojo con una calma calculadora que resultaba mucho más inquietante que sus rugidos.

A unos cuantos asientos de distancia, Yanara clavaba los ojos en Isabela con tanta intensidad que parecía querer incendiarla viva. La amante del rey picoteaba su comida con furia, incapaz de disimular la humillación de haber sido desplazada del lugar de honor en su propia casa.

En un momento de la noche, aprovechando que los comandantes guerreros a su izquierda discutían ruidosamente sobre una incursión en las montañas del este, Isabela inclinó ligeramente el rostro hacia Malakor, decidida a no comportarse como una rehén sumisa.

—Si me trajiste aquí para convertirme en un trofeo decorativo en tus banquetes, perdiste tu oro, rey de Asgardia —siseó Isabela en un susurro apenas perceptible por encima del bullicio, manteniendo la vista fija al frente—. No pienso quedarme callada mientras tu corte me devora con los ojos.

Malakor no giró la cabeza de inmediato. Pasaron unos segundos en los que la tensión entre ambos creció como un hilo a punto de romperse. Finalmente, el rey dragón esbozó una sonrisa lenta y peligrosa, y por fin giró el rostro para mirarla de cerca. Su aliento olía a vino y a humo.

—¿Un trofeo? —respondió Malakor en un tono bajo, profundo y cargado de una oscura diversión—. Las piezas de museo se guardan bajo llave para que nadie las toque, Isabela. A ti te he sentado a mi lado, frente a los guerreros más sanguinarios de este continente, para que todos sepan a quién le pertenecen las llaves de mi reino.

El pecho de Isabela se contrajo ante la crudeza de sus palabras.

—No le pertenezco a nadie —replicó ella con fuego en los ojos—. Menos a un tirano que compra reinos caídos.

Malakor soltó una risa ronca, una vibración sorda que pareció recorrer la piedra de la tarima. Extendió una mano pesada y, con un movimiento tan rápido que la princesa ni siquiera pudo esquivarlo, deslizó sus dedos callosos por el borde de la mesa hasta rozar el dorso de la mano de Isabela. El contacto abrasador le quemó la piel a través de la tela, haciéndola crispar los dedos por el reflejo.

—Eso dices ahora, pequeña fiera —murmuró Malakor, inclinándose un poco más hacia ella, con los ojos ámbar brillando con una promesa ineludible—. Pero el fuego siempre termina por doblegar al hielo. Y cuando eso pase, no querrás soltarme.

Isabela retiró la mano de inmediato, como si el simple roce de su piel hubiera quemado el dorso de sus dedos. Sus ojos brillaban con una mezcla de furia y desconcierto ante la facilidad con la que aquel hombre lograba descolocarla.

—Guarda tus falsas promesas para tus dominios, Malakor —respondió ella con la voz cortante y gélida, negándose a mostrar ni un ápice de debilidad—. El hielo nunca se rinde ante el fuego. Se evapora o apaga la llama. Intenta quemarme, y verás quién de los dos termina convertido en cenizas.

El rey de los dragones no se inmutó. Lejos de enfurecerse por la amenaza, su sonrisa se ensanchó, revelando el filo peligroso de sus colmillos. En el mundo de Asgardia, donde la sumisión era la norma y el miedo gobernaba a los débiles, la rebeldía de Isabela era el mejor espectáculo que había presenciado en siglos.

—Me encantan las amenazas, princesa —murmuró Malakor con un tono tan bajo y ronco que solo ella pudo descifrarlo—. Pero las palabras son fáciles cuando se está a la defensiva. Veamos si mantienes ese fuego cuando la noche caiga sobre el palacio y el frío de tu norte quede muy lejos.

Antes de que Isabela pudiera replicar a su provocación, Malakor alzó la mano libre y chasqueó los dedos con fuerza. El sonido cortó el bullicio del Gran Salón como el tajo de una espada, devolviendo el silencio absoluto a las mesas. Los guerreros y sirvientes detuvieron sus festejos de inmediato, inclinando la cabeza con respeto absoluto.

—El banquete ha terminado —declaró Malakor, con una voz que retumbó en los cimientos de piedra volcánica—. Que cada quien vuelva a sus puestos. La noche pertenece al descanso.

El rey se puso de pie, su imponente figura dominando toda la estancia. Sin embargo, no se marchó solo. Malakor extendió su brazo pesado y tomó a Isabela de la cintura con una firmeza que no admitía objeciones, obligándola a levantarse junto a él.

La princesa sintió que el aire se le escapaba de los pulmones al verse arrastrada al ritmo de sus zancadas pesadas. Al cruzar el pasillo central rumbo a las puertas privadas que conducían a los aposentos reales, Isabela de reojo pudo ver a Yanara. La amante del rey la observaba desde su mesa con una mirada tan cargada de odio y veneno que parecía prometer una venganza sangrienta antes de que amaneciera el nuevo día.

Malakor ignoró a toda su corte, ignoró el rencor en los ojos de Yanara y guio a Isabela fuera del salón, cruzando pasillos oscuros iluminados únicamente por antorchas parpadeantes hacia el verdadero corazón del poder en Asgardia: los aposentos del rey.

Las pesadas puertas de hierro se cerraron a sus espaldas con un estruendo metálico y sordo, sellando el exterior y dejándolos a ambos en una atmósfera íntima, densa y cargada de una electricidad imposible de ignorar.

Malakor la soltó al fin, pero se plantó justo frente a ella, bloqueando cualquier salida con su enorme cuerpo. El calor que irradiaba era como estar frente a una fragua abierta.

—Bienvenida a tus aposentos reales, Isabela —dijo el rey dragón, con una mirada ámbar que la devoraba lentamente—. Ahora dime... ¿sigues pensando que podrás apagar mi fuego?

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Natalia Vasquez
quiero no Isabella tiene que hablar con malakor, para poder buscar una cura y destruir a los traidores 😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Natalia Vasquez
espero que malako le ayude y descubra a esos traidores 😠😠😠😠😠🤔🤔🤔🤔🤔.
Dulce maria Canelon
hayyyy espero que no se la tome algo debe saber ella, algo le debió de transferir la dragona cuando la toco no o se digo yo
Flæka Caviedez
Ayyyyy que no se la tomé
Nena
Uf!!! De una se la soltó
Natalia Vasquez
tantas pruebas que le pone Malakor a Isabela😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏👏quieres una reina o es una competidora 😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
uppppps valla ese hombre va al punto 😂😂😂😂🤔🤔🤔🤔🤔🤔👏👏👏👏.
Afrodita Hada♥️
🫶🫶🫶🫶🫶🫶🫶♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️♥️
Natalia Vasquez
ambos son orgullosos y mandones😂😂😂😂😂.
Natalia Vasquez
se quedó mamando la otra pendeja, toma pa que lleves 😂😂😂😂👏👏👏👏👏🤔🤔🤔🤔.
Yolanda Plazola Arroyo: jajajaja y si valla babosada pará que se entretenga 😂😂
total 1 replies
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