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La esposa que despreciaste Ahora es capitana

La esposa que despreciaste Ahora es capitana

Status: Terminada
Genre:Oficina / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Completas
Popularitas:164.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Rere ernie

Catalina lo dio todo por su matrimonio: su carrera como piloto, su juventud, su orgullo. Seis años dedicada a ser la esposa perfecta mientras Adrián, el hombre por quien abandonó el cielo, la humillaba a sus espaldas con otra mujer.

"Me da asco con solo mirarla."

Esas fueron las palabras que escuchó aquella noche en el estacionamiento del aeropuerto. Pero en lugar de derrumbarse, Catalina tomó una decisión: recuperar todo lo que sacrificó.

Con un divorcio a cuestas y un hijo pequeño como única compañía, vuelve a la academia de aviación decidida a reconquistar su lugar en la cabina de mando. Nadie le facilita el camino. Los instructores dudan de ella, los compañeros la subestiman y su ex hace lo imposible por sabotearla. Pero Catalina no es la misma mujer que se fue seis años atrás.

Y hay alguien que lo nota.

César es cinco años menor, heredero de la aerolínea más importante del país, y el único que aplaudió cuando ella completó la simulación más difícil de la academia. Su regla es simple: "Nunca le cortaría las alas a una mujer que nació para volar."

Mientras Catalina asciende, Adrián cae. Y la mujer que él despreció se convierte en la capitana que todos admiran.

NovelToon tiene autorización de Rere ernie para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

La brisa de la tarde soplaba suavemente en el estacionamiento del aeropuerto, mientras una hilera de autos relucía bajo las luces que comenzaban a encenderse una a una.

Catalina permanecía de pie entre las filas de vehículos, abrazando un pequeño bolso entre sus manos. Dentro de ese bolso había una lonchera con la cena que ella misma había cocinado desde la tarde para su esposo. Era la sopa de pollo favorita de Adrián; sonrió al recordar que su esposo siempre decía que su sopa era el platillo más delicioso que Leya preparaba.

Pero al recordar que su esposo rara vez llegaba a tiempo durante los últimos meses, su sonrisa se desvaneció. Adrián le daba como excusa los horarios de vuelo extremadamente apretados. Leya en realidad no se lo reprochaba, porque ser piloto era justamente así.

Leya lo sabía muy bien, porque ella también había vivido en ese mismo mundo que su esposo. El cielo, la cabina, el rugido de los motores y las luces de la pista que se extendían como estrellas sobre la tierra: todo eso fue alguna vez su vida. Hasta que lo entregó todo por Adrián, su esposo.

La voz de alguien que conocía hizo que Leya se sobresaltara, arrancándola de sus recuerdos del pasado. Giró la cabeza y, en el estacionamiento, su esposo estaba de pie junto a su auto negro. Adrián vestía el uniforme de Capitán, impecable y perfecto. Un saco oscuro con franjas doradas en los hombros que brillaban bajo la luz de las lámparas. En otro tiempo, ese uniforme de Capitán casi había sido de Leya.

Los labios de Leya apenas se abrieron para llamar a su esposo, pero se cerraron de nuevo cuando vio a una mujer de pie demasiado cerca de Adrián. Por su uniforme, aquella mujer era una azafata joven. Llevaba el uniforme completo, el cabello recogido en un moño impecable y el rostro lleno de una sonrisa coqueta.

Leya no se movió en absoluto; la distancia que la separaba de ellos era de apenas unos metros, pero suficiente para hacerla invisible entre las sombras de los autos. No tenía intención de espiar, pero las palabras de ambos se escuchaban con demasiada claridad.

—Capitán Adrián, si seguimos así... tu esposa se va a enojar —la voz de la azafata sonaba mimosa, e incluso pegaba su cuerpo al de Adrián.

Adrián rio por lo bajo, sus ojos se entrecerraron con frialdad. Luego recargó el cuerpo con desenfado contra el auto.

—Ella no se va a enterar.

—¿Y si viene a recogerte? —la azafata soltó una risita coqueta.

—Imposible, está ocupada cuidando a nuestro hijo en la casa —Adrián se encogió de hombros con indiferencia.

Catalina bajó la mirada y apretó el bolso con la comida con más fuerza. Pero la conversación entre su esposo y la azafata no se detuvo; la mujer le acariciaba el pecho a Adrián.

—De verdad eres muy atrevido, Capitán. Si yo fuera ella, jamás dejaría que mi esposo anduviera con otra mujer.

Adrián volvió a reír, esta vez con más fuerza.

—Si tú fueras ella, no habrías tenido la oportunidad de casarte conmigo.

La azafata frunció el ceño.

—¿Qué quieres decir?

—Antes, ella era bonita. También era una piloto extraordinaria. Pero ahora... ni siquiera tiene tiempo de cuidarse a sí misma. Se ve horrible, me quita las ganas con solo mirarla —Adrián habló con un tono de desprecio absoluto.

Las palabras de Adrián se sintieron como una bofetada en el rostro de Leya. Entonces miró su propio reflejo en el vidrio del auto más cercano. Su cabello recogido sin gracia, un cuerpo que ya no era tan esbelto como antes de dar a luz, y ropa cualquiera. Pero no era eso lo que le oprimía el pecho de dolor en ese momento. Lo que verdaderamente dolía era que Adrián conocía la razón por la que ella se había convertido en eso, y aun así la humillaba.

—Entonces, ¿ya no la amas? —preguntó la azafata.

Adrián guardó silencio unos segundos y luego esbozó una sonrisa fina.

—¿Amor? Me casé con ella porque en aquel momento me cedió su puesto de piloto.

El tono de Adrián era tan casual, como si estuviera hablando de algo sin importancia.

La azafata se sorprendió.

—¿En serio, Capitán? ¿Entonces todo este tiempo nunca la quisiste?

—Así es. Si en aquel momento ella no se hubiera retirado de la selección para Capitán, tal vez yo jamás habría conseguido el puesto que tengo ahora —Adrián rio con una mueca burlona.

El latido del corazón de Leya de pronto retumbó con una fuerza ensordecedora. Recordaba aquel momento con toda claridad. El día en que firmó su renuncia, el día en que le dijo a Adrián con una sonrisa:

«Toma ese puesto de Capitán, no me importa.»

Porque en aquel entonces pensó que, si Adrián era feliz, ella también sería inmensamente feliz.

—Además, viéndola ahora, a veces pienso... que me apresuré demasiado en casarme —dijo Adrián, retomando la palabra.

La azafata se cubrió la boca como si estuviera sorprendida, pero sus ojos más bien centelleaban.

—Entonces, ¿qué hay de lo nuestro?

Adrián no le respondió a la azafata con palabras. La jaló hacia él y la besó en los labios.

La lonchera dentro del bolso de Leya se sintió terriblemente pesada; la sopa de pollo aún tibia de pronto pareció algo sin ningún significado. La brisa nocturna soplaba fría, pero lo que la hacía temblar no era el aire, sino la amarga realidad que acababa de presenciar y escuchar.

Seis años había abandonado el cielo por un maldito desgraciado como Adrián. Se convirtió en ama de casa, se encargó del hogar, cocinó, lavó y cuidó de su hijo completamente sola. Porque Adrián siempre decía que debían vivir con austeridad, así que nunca hubo empleada doméstica ni mucho menos niñera para su hijo. Pero ahora, Adrián la trataba como una carga y decía que jamás la había amado.

Leya cerró los ojos un instante. Cuando volvió a abrirlos, sacó la lonchera del bolso. Miró el recipiente de sopa por un momento y luego, sin dudarlo, lo arrojó al bote de basura.

—¡¡¡Voy a hacer que te arrepientas, maldito bastardo!!! —los ojos de Leya ardían como llamas.

Adrián abrió la puerta de su auto, y fue en ese preciso instante cuando su mirada se cruzó con los ojos gélidos de Leya.

—¿Leya...? —el rostro de Adrián cambió de inmediato.

La azafata también volteó; su expresión se tornó pálida.

Leya caminó hacia ellos con paso sereno. No había lágrimas en su rostro. Ni siquiera había ira. Pero era justamente esa calma la que hacía que Adrián pareciera nervioso.

—Leya, ¿desde cuándo estás aquí? —preguntó Adrián.

Leya se detuvo a unos pasos de distancia de Adrián, sus ojos relampagueaban afilados.

—El tiempo suficiente para escuchar todo lo que dijiste.

La azafata retrocedió a toda prisa y se alejó caminando rápido, sin atreverse a mirar a Leya. Ahora solo quedaban ellos dos. Adrián se frotó la nuca.

—Leya, esto no es lo que piensas.

—¿Y según tú, qué es lo que estoy pensando? —preguntó Leya en voz baja, pero la mirada penetrante de aquella mujer hizo que Adrián se sintiera incómodo.

Adrián abrió la boca, pero volvió a cerrarla porque no supo qué responder.

Leya esbozó una sonrisa leve, pero aquella sonrisa más bien lucía extraña.

—Tranquilo, no estoy enojada.

Adrián exhaló un suspiro; pareció aliviado.

—Pero al fin entendí algo —continuó Leya.

Una ceja del hombre se levantó.

—¿Qué?

Leya contempló el uniforme de Capitán que vestía Adrián y luego desvió la mirada hacia las franjas doradas que alguna vez casi fueron suyas.

—Todo lo que tienes ahora, antes fue mío —dijo Leya con una mirada profunda.

—¿Qué quieres decir, Leya?

Leya clavó los ojos en su esposo con fiereza y luego sonrió con frialdad.

—Mañana voy a presentar la demanda de divorcio.

El rostro de Adrián se transformó de inmediato; apretó los dientes.

—¡Leya, no juegues con eso! ¡Es una broma de muy mal gusto!

—No estoy bromeando —Leya sintió que su corazón se había vuelto verdaderamente de hielo. Miró al hombre que alguna vez amó con toda el alma, ahora con una mirada cargada de odio—. Una cosa más. A partir de ahora... voy a recuperar lo que siempre debió ser mío. ¡Voy a recuperar mi cielo!

—¡Leya! Tú...

Sin esperar la respuesta de Adrián, Leya dio media vuelta y se alejó con la barbilla en alto. Las luces de la pista brillaban a lo lejos, como si llamaran a aquella mujer de regreso a casa.

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Diana Quintero
Excelente novela, me encantó ❤️❤️❤️❤️❤️
Diana Quintero
Esteban ya está ganando más terreno del que se imagina y Almendra pronto caerá en sus brazos ❤️❤️❤️
Diana Quintero
Clara y Damián aceptaron perder y eso es muy bueno, pronto ellos serán pareja 😘👏❤️
Diana Quintero
No creo que Renata le tendiera una trampa a Kevin 😡😡 el la engaño y punto. Renata no es amiga de nadie 😡😡
Diana Quintero
Ricardo no era malo, solo se dejó llevar por Vanessa 😔😡 y cometió un grave error y lo está pagando 😔
veritoo❤️
y q tne q ver el nene con q perdió todo?..o lo culpa x ser hijo dl tipo a quien buscaba la culisuelta esa ..xq no investiga bien q no fue el quien la busco sino al revés..viejo decrépito sin maquinaria con buen funcionamiento.. vergüenza debería darle 😡
veritoo❤️
pero la pucha. otra transtornada con delirio d diosa d los hombres..esa violeta le va qrer hacer algo a Tamara
Diana Quintero
Al fin Tamara decidió perdonar a Violeta y no destruir su carrera, un gran gesto de su parte ❤️👏
Diana Quintero
Al fin descubrieron su enfermedad y no podra contagiar a más hombres, infeliz desgraciada 🤬🤬 se va a morir, Pero no pago nada de sus maldades. muchas mujeres también fueron infectadas 😔😔
Diana Quintero
Está zorra pronto se va a morir, Pero ahí demasiados hombres contagiados con esa enfermedad, incluso sus esposas 🤬🤬🤬 cuánto mal hizo está bruja arrastrada 🤬🤬
Diana Quintero
Maldita arrastrada vino amenazarlos de frente 🤬🤬Sara y el bebé corren peligro 😔😔
Diana Quintero
Excelente por un lado los hombres y por el otro lado mujeres, dos equipos para destruir a esa zorra de Vanessa 👏👏👏🤬🤬🤬
Diana Quintero
Ese político debe odiarlos, para prestarse a semejante maldad de Vanessa 🤬🤬🤬
Diana Quintero
Está malvada quiere lastimarlos a todos, no coge escarmiento con todo lo que a pasado, va a terminar en la cárcel 🤬🤬🤬
Diana Quintero
Rafael la descubrió, pero ella no se detendrá, Violeta está obsesionada con Rafael 🤬🤬
Diana Quintero
Está serpiente venenosa de Vanessa no aprende nada 🤬🤬 ella fue la que subió las fotos a las redes, pero Valentina no es tonta y lo descubrirá 👏👏
Diana Quintero
Estás parejas son formidables y merecen toda, la felicidad del mundo ❤️❤️❤️❤️❤️
Diana Quintero
Es demasiado bello que al fin todos, están empezando a vivir en paz y armonía ❤️❤️
Topy71 🇦🇷
Leya o Catalina ? 🤔
Diana Quintero
Tan estupido Ricardo, ahora irá preso por secuestrar a Mateo y todo esto lo hizo por Vanessa, una mujer que nunca lo amo, solo quería tener posición económica 😡😡 destruyó la vida de su esposa e hijos, que ser tan pendejo 😡
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