Un alma implacable despierta en un cuerpo ajeno.
Tras el trágico final de la antigua Aria Thorne, un espíritu frío, astuto y deslumbrante toma el control de su vida. Decidida a vengar el humillante pasado de la chica tímida, desmantela la arrogancia de Pietro y destroza la envidia de su hermanastra Chloe.
En la élite universitaria, la nueva Aria se convierte en una pesadilla intocable y despierta el peligroso deseo de Dante Vance. Sin romanticismos ni piedad, un juego de seducción y poder comienza.
La víctima murió... hoy reina la destructora.
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CAPÍTULO 4: La tentación del secreto
En la barra de la discoteca, Aria pidió una copa mientras observaba el lugar con una calma analítica. Nadie le quitaba los ojos de encima; los murmullos sobre la "chica misteriosa" continuaban expandiéndose por todo el club como fuego en pólvora.
A lo lejos, en la zona VIP, Pietro Visconti presumía con sus amigos mientras Alessia Moretti se aferraba a su brazo. Más abajo, su hermanastra Chloe acababa de hacer su entrada. Chloe se había arreglado durante horas con la única intención de llamar la atención de Dante Vance, de quien había estado profundamente enamorada desde hacía años.
De repente, la vibra del lugar cambió.
La puerta de la zona reservada se abrió y entró Dante Vance. Derrochaba un aura de chico malo innegable: alto, con el cabello negro desordenado con estilo, una chaqueta de cuero y unos intensos ojos verdes que escaneaban el lugar con frialdad.
Dante caminó directo a la barra y se paró justo al lado de Aria.
—Una cerveza —le pidió al barman con voz firme.
Mientras esperaba su bebida, Dante la quedó mirando fijamente. Sus ojos verdes recorrieron su piel de porcelana, sus labios y su deslumbrante cabello cobrizo.
—Te me haces conocida de alguna parte... —dijo Dante rompiendo el hielo, con una mirada perspicaz.
Aria lo miró de reojo, sosteniéndole la mirada con sus profundos ojos azules.
—Me estás confundiendo —respondió ella con una sonrisa misteriosa y distante.
Dante alzó una ceja, intrigado.
—¿Entonces qué hace una mujer tan bonita sola? —preguntó inclinándose un poco hacia ella—. Hay como cincuenta hombres aquí que te están devorando con la mirada.
Aria dio un sorbo a su copa y lo miró con un toque de picardía.
—Pues la verdad no me importa ninguno... Hasta hace un momento, nadie había logrado captar mi atención.
Dante se sorprendió un poco ante la insinuación tan directa. Una sonrisa de medio lado, peligrosa y atractiva, se dibujó en sus labios.
—Mi nombre es Dante Vance —dijo extendiéndole la mano.
Al escuchar el nombre, la mente de Aria hizo clic de inmediato. Recordó al chico que de niña jugaba con ellos, pero del que no volvió a saber nada porque tomó distancia con los años.
Interesante..., pensó Aria sosteniéndole la mirada.
—Un placer, Dante —susurró ella sin soltarle la mano de inmediato, rozando sus dedos con sutileza.
Dante le hizo una seña hacia la mesa donde su grupo de unos cinco chicos ya se estaba acomodando.
—Vengo con mis amigos. ¿Quieres venir a nuestra mesa?
—Me encantaría —respondió ella sin dudarlo.
Aria caminó al lado de Dante hacia la zona reservada. Pietro Visconti, desde su mesa al otro lado, apretó el vaso con rabia y una profunda envidia al ver cómo la chica más hermosa del lugar rechazaba las miradas de todos para irse con Dante.
Por su parte, Chloe no le quitaba la mirada de encima. Ella era la única en la fiesta que conocía la verdadera identidad de la chica, y ver cómo Aria caminaba con Dante la llenaba de un odio visceral.
Al llegar a la mesa, las conversaciones de los cinco chicos se apagaron al instante. Se quedaron completamente callados y con la boca abierta ante la belleza impactante que acompañaba a Dante.
—Muchachos, ella es una amiga —la presentó Dante, provocando que los chicos comenzaran a deshacerse en halagos y cumplidos respetuosos hacia ella.
Aria se adaptó de inmediato al grupo. Con una actitud confiada, atrevida y divertida, se ganó la simpatía de todos en minutos. Sin embargo, su atención principal seguía puesta en Dante. Se sentaba muy cerca de él, rozándole el brazo al reírse y sosteniéndole la mirada de forma provocadora, haciéndolo caer poco a poco en su juego.
A mitad de la noche, una canción con ritmo pegajoso retumbó en los altavoces y los muchachos se levantaron a la pista a bailar, dejando a Dante y a Aria solos en la mesa.
Aprovechando el ruido de la música, Dante se inclinó hacia ella, pegando su boca a su oído para que pudiera escucharlo.
—Así que, Aria... ¿te vestiste así para llamar la atención de Pietro? —le dijo con voz baja y pausada.
Aria dio un ligero brinco de sorpresa, abriendo los ojos.
—¿C-Cómo sabes que soy Aria? —preguntó mirándolo de frente, impactada.
Dante sonrió con ligereza, sin perder la calma.
—Sé cada movimiento y cada gesto que haces. Conozco tus ojos desde que éramos niños. Lo que realmente me parece sorprendente es que hayas cambiado tanto tu forma de ser solo por alguien como él.
Aria soltó una carcajada espontánea, cargada de burla.
—¿Por ese inútil? Jamás pensaría que Pietro vale un solo minuto de mi pensamiento, y mucho menos cualquier esfuerzo por cambiar.
Dante se quedó atónito ante la frialdad de su respuesta. La antigua Aria solía llorar y suspirar por Pietro a todas horas.
—No me esperaba eso... Todo el mundo en la universidad sabe que siempre te has arrastrado detrás de él.
Aria se acomodó en el asiento, clavando sus ojos azules en los de Dante con absoluta firmeza.
—Digamos que solo estaba manteniendo un perfil bajo. A veces es mejor que la gente te crea débil para saber exactamente quiénes son tus enemigos y de qué son capaces. Pero el teatro se acabó.
Dante la observó detenidamente, fascinado por la inteligencia y la firmeza que ahora emanaban de ella. Antes de que pudiera responder, los muchachos del grupo comenzaron a regresar a la mesa entre risas.
Dante se volvió a acercar al oído de Aria y le murmuró:
—Tu secreto está a salvo conmigo.
Aria sonrió con picardía. En lugar de alejarse, se inclinó hacia su oreja frente a todos, pasándole suavemente la punta de la lengua por el borde del oído antes de susurrarle con voz sensual:
—Sé que me vas a guardar el secreto... De todas formas, no tengo intenciones de seguir ocultando quién soy. Además, te me haces alguien muy interesante, Dante.
A unos metros de distancia, Chloe presenció toda la escena. Vio con absoluta claridad cómo Aria se inclinaba sobre el oído de Dante y le pasaba la lengua de manera tan íntima y provocadora. A Chloe se le formó un nudo de pura envidia y rabia en la garganta. La sangre le hervía en las venas.
—¡Maldita sea! ¡Cualquiera menos ella! —maldijo Chloe entre dientes, apretando los puños con fuerza mientras se ahogaba en veneno frente a sus amigas.
—¿Pasa algo, Chloe? —preguntó una de sus acompañantes.
—Esa zorra... —masculló Chloe, sin poder dejar de mirarlas mientras apretaba las mandíbulas, furiosa de que la hermana que tanto despreciaba le estuviera robando al hombre de sus sueños.
Un escalofrío eléctrico recorrió la espalda de Dante. Se mordió el labio inferior mientras una sonrisa felina se dibujaba en su rostro. Sus ojos no se despegaron de Aria en toda la noche.
—Esta noche promete mucho... —dijo él mirándola con los ojos ardiendo de deseo.
Aria se echó hacia atrás, mordiéndose el labio con coquetería.
—Esta noche todavía no promete nada, Dante... Miremos qué pasa más adelante.
Dante soltó una risa baja y profunda. La química entre los dos era explosiva, y mientras la noche avanzaba entre tragos y miradas intensas, ni Pietro ni Chloe pudieron quitarles la mirada de encima, consumidos por la envidia.
Dante Vance