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Siempre Tendrás 18

Siempre Tendrás 18

Status: Terminada
Genre:Enfermizo / Escuela / Amor eterno / Completas
Popularitas:531
Nilai: 5
nombre de autor: nezhaN

Abril tiene 17 años, leucemia y una lista: aprovechar cada segundo que le queda.

Sus padres siempre trabajan, así que vive sola y se refugia estudiando en el colegio. Hasta que aparece Kael, 18, el chico que divide su tiempo entre las clases y una escuela de boxeo, con los nudillos siempre rotos y el corazón blindado.

Él cree que pelear es la única forma de no sentir. Ella le va a enseñar que vivir también duele.

Lo que Kael no sabe es que Abril se está apagando, que los dolores son cada vez más fuertes y que un día se va a desmayar frente a él.

Una historia sobre amar sabiendo que tienes fecha de vencimiento.

NovelToon tiene autorización de nezhaN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10: Tarea compartida

Volví al colegio al día siguiente con una pastilla nueva en la mochila y con una notita de mi mamá que decía si te duele me llamas, sin importar la hora. No quería volver, quería quedarme en mi pieza acostada, pero mi mamá me dijo que si me quedaba en la casa iba a pensar demasiado y que era mejor que fuera y que estuviera con gente. Tenía razón, a medias.

Llegué a las ocho y todos me miraron raro porque ayer me fui temprano al hospital y hoy volvía como si nada. La profe jefe me preguntó cómo estaba y le dije bien, estable, que es la palabra que usan los doctores para no decir mucho. Me dijo que si me dolía algo le avisara. Le dije que sí.

En el recreo me senté en la banca de siempre y Kael llegó a los dos minutos, no a los cinco como siempre. Traía dos sándwiches y una botella de agua y me dijo ¿cómo estás? Le dije mejor, me cambiaron la pastilla. Me dijo ¿te dolió mucho anoche? Le dije que un poco, pero que ya estaba mejor. No le conté que mi mamá lloró en la cocina después de que me dormí, porque lo escuché.

Nos comimos los sándwiches y me preguntó si había hecho la tarea de cálculo. Le dije que no, que no tuve tiempo. Me dijo yo tampoco, hagámosla ahora. Sacamos los cuadernos y nos pusimos en el suelo, apoyados en la banca, como la otra vez. La gente pasaba y ya no nos miraba raro, ya se habían acostumbrado a vernos ahí.

La tarea era difícil, de esas que uno mira y no entiende ni la pregunta. Era de ecuaciones con dos incógnitas y yo no sabía ni por dónde empezar. Kael tampoco. Nos quedamos mirando la hoja un rato largo y nos reímos porque los dos teníamos la misma cara de perdidos.

Kael dijo ya, pongamos cualquier cosa, total la profe ya sabe que no entendemos. Le dije no, esta vez quiero intentarlo de verdad. Saqué el lápiz y empecé a copiar la fórmula despacio, con letra grande, para entenderla. Kael me miraba y me decía ya, aquí va x, aquí va y. Yo le decía no, aquí va x, no y. Nos peleamos un rato por una letra y después nos reímos porque nos dimos cuenta de que estábamos peleando por una letra que no entendíamos.

La señora Marta pasó por el patio y nos vio en el suelo y nos dijo ¿qué hacen ahí, van a ensuciar el uniforme? Le dijimos que estábamos haciendo la tarea. Nos dijo que la biblioteca estaba abierta y que ahí había mesas. Le dijimos que aquí había mejor luz, aunque era mentira, ahí pegaba el sol directo y nos hacía lagrimear.

Nos demoramos todo el recreo largo haciendo la tarea. No la terminamos, hicimos la mitad y la otra mitad la inventamos. Pero la inventamos con ganas, con dibujitos al lado y con flechas que decían esto va aquí. Pusimos de nuevo x igual a esperanza, porque nos había gustado esa vez, pero esta vez pusimos y igual a cinco minutos más.

Cuando sonó el timbre entramos a clases y la profe de cálculo nos pidió la tarea. Le pasamos la hoja a medias arrugada por estar en el suelo. La miró y se quedó callada un rato. Nos dijo ¿qué es esto de y igual a cinco minutos más? Kael le dijo que era una variable emocional. Toda la sala se rió. La profe también se rió, pero nos dijo que para mañana quería la tarea buena, sin variables emocionales.

En la tarde subimos a la azotea. Yo no podía hacer fuerza por la pastilla, así que solo nos sentamos a mirar el cielo. Kael me preguntó si me había dolido en la mañana. Le dije que un poco, pero que con la pastilla nueva dolía menos. Me preguntó si tenía miedo. Le dije que sí, que tenía miedo de que volviera el dolor fuerte de ayer. Me dijo que si volvía le avisara, que no me lo guardara.

Le pregunté si él tenía miedo de algo. Me dijo que sí, que tenía miedo de no ganar el regional y de no poder comprarle la máquina a su mamá. Me dijo que tenía miedo de que su tío se enfermara y no pudiera entrenar más. Me dijo que tenía miedo de que yo no volviera a la azotea. Le dije que yo iba a volver siempre, aunque me doliera.

Nos quedamos hasta que don Luis nos gritó que quedaban cinco minutos. Kael le gritó cinco minutos más y don Luis le gritó ya no te creo, baja. Bajamos riéndonos.

En la micro de vuelta a mi casa pensé que por primera vez había hecho una tarea sin copiarla, aunque estuviera mala. Pensé que por primera vez me había reído en el patio sin sentir culpa por estar riéndome mientras me dolía la espalda.

Llegué a mi casa y mi mamá me preguntó cómo me había ido. Le dije que bien, que había hecho la tarea con Kael en el suelo del patio. Me dijo ¿en el suelo? Le dije sí, en el suelo. Se rió y me dijo que cuando era chica ella también hacía la tarea en el suelo porque decía que así pensaba mejor.

Me metí a mi pieza y saqué el cuaderno de cálculo. No taché nada hoy, porque ya tenía todo tachado, pero al lado de la tarea que habíamos hecho escribí: hoy hicimos la tarea en el suelo y la profe se rió. x \= esperanza, y \= cinco minutos más.

Guardé el cuaderno y me tomé la pastilla nueva. Me acosté temprano y me dormí pensando en que mañana teníamos que llevar la tarea buena, sin variables emocionales, pero que igual le iba a poner un cinco minutos más chiquitito en una esquina, para que Kael lo viera.

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