Valentina Visconti nació para heredar un imperio, pero eligió salvar vidas antes que administrar fortunas. Renunció a su apellido, a su riqueza y al futuro que su familia había planeado para ella, convencida de que el amor debía elegirse, nunca negociarse.
Cuando la traición del hombre con quien soñaba casarse destruye todas sus certezas, un impulso desesperado la lleva a besar a un completo desconocido para escapar de su pasado.
Alessandro Moretti carga con el peso de uno de los apellidos más poderosos y temidos del país. Aunque ha construido su propio imperio lejos de la violencia y prefiere mantenerse fuera de los reflectores, el legado de su familia nunca deja de perseguirlo.
Lo que ninguno de los dos imagina es que ese encuentro cambiará sus vidas para siempre.
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4- la carga de un apellido
A la mañana siguiente...
La ciudad apenas despertaba cuando Alessandro estacionó su automóvil frente a Asterion Technologies.
Saludó al personal de recepción como hacía cada mañana.l
No le gustaban las formalidades excesivas.
Mucho menos que lo trataran diferente por ser el director general.
—Buenos días, señor Moretti.
—Buenos días.
Mientras caminaba hacia el ascensor, uno de los ingenieros se acercó con una tableta en la mano.
—¿Tiene un momento?
—Claro.
Durante casi quince minutos revisó avances del nuevo proyecto.
Corrigió algunos detalles.
Escuchó propuestas.
Y felicitó al equipo por el trabajo realizado.
Matteo observaba la escena desde el fondo del pasillo.
Negó con una sonrisa.
—Por eso te siguen hasta el fin del mundo.
Alessandro entró a la oficina.
—¿Qué hice ahora?
—Nada.
Ese es precisamente el problema.
No te comportas como un dueño.
Te comportas como uno más del equipo.
Alessandro dejó el maletín sobre el escritorio.
—Porque lo soy.
Matteo rio.
—Intenta decirle eso a los accionistas.
Media hora después...
La tranquilidad terminó.
La asistente anunció desde el intercomunicador:
—Señor Moretti...
Don Vittorio está aquí.
Matteo levantó inmediatamente la vista.
—¿A esta hora?
Alessandro suspiró.
—Hazlo pasar.
Segundos después, Vittorio entró a la oficina.
Vestía un impecable traje negro.
Su presencia imponía respeto incluso entre quienes no conocían su apellido.
Observó el despacho con orgullo.
—Cada vez me gusta más esta empresa.
Alessandro sonrió.
—Gracias.
—Tu padre soñaba con algo así.
Hubo un breve silencio.
Después Vittorio tomó asiento sin esperar invitación.
—Necesito hablar contigo.
Matteo entendió la indirecta.
—Los dejo solos.
Cuando la puerta se cerró, Vittorio apoyó ambas manos sobre su bastón.
—¿Por qué rechazaste a Emilia?
Alessandro mantuvo la calma.
—Porque nunca pedí conocerla.
—Era una buena muchacha.
—No lo dudo.
Pero eso no cambia mi respuesta.
Vittorio lo observó fijamente.
—¿Cuánto tiempo más piensas seguir huyendo?
—No estoy huyendo.
—¿Ah, no?
Entonces explícame por qué trabajas dieciséis horas diarias.
Por qué vives solo.
Por qué rechazas a todas las mujeres que intento presentarte.
Alessandro permaneció en silencio.
Vittorio continuó.
—La familia necesita estabilidad.
Necesita un heredero.
Necesita alguien que continúe el legado.
—Dante puede hacerlo.
Por primera vez...
La expresión de Vittorio cambió.
—No.
Respondió con absoluta firmeza.
Alessandro levantó lentamente la vista.
—Él es tu hijo.
—Y precisamente por eso sé cuáles son sus limitaciones.
La oficina quedó completamente en silencio.
Vittorio habló despacio.
Como si llevara años esperando aquella conversación.
—Dante tiene carácter.
Tiene valentía.
Pero actúa antes de pensar.
Tú no.
Tú analizas.
Calculas.
Esperas.
Y solo entonces das el siguiente paso.
Esas cualidades no se aprenden.
Se nace con ellas.
Alessandro sintió un nudo en el estómago.
Sabía perfectamente hacia dónde iba aquella conversación.
—Tío...
—No.
Escúchame tú ahora.
Vittorio se puso de pie.
Caminó lentamente hasta el enorme ventanal.
Desde allí podía verse casi toda la ciudad.
—Ese imperio que tanto te empeñas en ignorar...
No puede quedar en manos de cualquiera.
Cuando yo ya no esté...
Alguien tendrá que dirigir a la familia.
Y ese alguien eres tú.
Alessandro negó con la cabeza.
—Yo no quiero esa vida.
—Porque todavía no entiendes quién eres.
Alessandro respiró profundamente.
—Sé perfectamente quién soy.
Vittorio giró para mirarlo.
Sus ojos tenían una intensidad que pocas veces mostraba.
—No.
Tú eres el único Moretti capaz de mantener unida esta familia.
Llevas nuestra sangre.
La misma sangre que llevó tu padre.
La misma que llevo yo.
Puedes intentar esconderla.
Ignorarla.
Negarla.
Pero jamás podrás escapar de ella.
Alessandro sostuvo su mirada.
—Lo único que quiero...
Es vivir una vida de la que no tenga que avergonzarme.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente Vittorio caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo.
Sin darse la vuelta.
—Tarde o temprano comprenderás que un Moretti nunca deja de ser un Moretti.
Y abandonó la oficina.
Alessandro permaneció inmóvil.
Mirando la puerta cerrada.
Como si aquellas palabras hubieran pesado mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.
Porque, en el fondo...
Había una pregunta que llevaba años evitando responder.
¿Y si algún día su tío tenía razón?
La puerta se cerró detrás de Don Vittorio.
El despacho quedó completamente en silencio.
Alessandro continuó de pie frente al ventanal, con las manos en los bolsillos.
No se movió durante varios minutos.
Hasta que la puerta volvió a abrirse.
Matteo asomó la cabeza con cautela.
—¿Sigues vivo?
Alessandro soltó una leve risa.
—Pasa.
Matteo entró y observó el despacho.
—¿Rompieron algo?
—No.
—¿Se gritaron?
—Tampoco.
—Entonces fue una conversación realmente grave.
Alessandro tomó asiento.
—Quiere que me haga cargo de la familia.
Matteo dejó escapar un largo suspiro.
—Otra vez...
—Dice que Dante no está preparado.
Matteo permaneció en silencio.
No era ningún secreto.
Dante era brillante para muchas cosas.
Pero impulsivo.
Demasiado.
—¿Y tú qué le dijiste?
—Lo mismo de siempre.
Que no.
Matteo apoyó una mano sobre el escritorio.
—¿Sabes cuál es el problema?
Alessandro levantó la vista.
—¿Cuál?
—Que Don Vittorio no escucha un "no".
Solo escucha un "todavía no".
Alessandro sonrió con amargura.
—Lo sé.
Mientras tanto...
En el Hospital Santa Emilia...
Valentina terminaba de escribir unas indicaciones médicas cuando Daniel apareció con dos vasos de café.
—Permiso.
Ella levantó la vista y sonrió.
—¿Eso es un intento de compensar los dos almuerzos que me debes?
Daniel le entregó uno de los vasos.
—Todavía no.
Esto solo evita que me sigas reclamando.
Los dos rieron.
Camila, que pasaba por el pasillo en ese momento, los vio desde lejos.
—¡Qué románticos!
Los dos giraron al mismo tiempo.
Valentina negó divertida.
—No empieces.
Camila se acercó.
—Cinco años juntos y siguen sonriéndose así.
Qué envidia.
Daniel respondió entre risas.
—Ya aparecerá alguien que te aguante.
—Más le vale.
Porque pienso ser muy exigente.
Los tres comenzaron a conversar mientras caminaban por el pasillo.
A unos metros de distancia...
Lucía observaba la escena.
Su expresión era completamente serena.
Pero sus ojos permanecían fijos en Valentina.
Una enfermera pasó junto a ella.
—¿Todo bien, doctora?
Lucía sonrió inmediatamente.
—Sí.
Solo estaba descansando un momento.
La enfermera siguió su camino.
La sonrisa desapareció.
"Siempre es ella..."
Pensó.
"Siempre la doctora perfecta."
Al finalizar la jornada...
Valentina salió del hospital junto a Camila.
—¿Vienes a cenar a mi apartamento?
Preguntó Camila.
—No puedo.
Daniel prometió pasar por mí.
Camila hizo un gesto exagerado de decepción.
—Otra vez me abandonarás por el doctor.
—No seas dramática.
—Lo soy.
Y mucho.
Valentina le dio un abrazo.
—Mañana cenamos juntas.
Lo prometo.
—Más te vale.
Camila se marchó haciendo un gesto teatral.
Valentina sonrió.
Miró el reloj.
Faltaban pocos minutos para las siete.
Daniel nunca llegaba tarde
Esperó.
Cinco minutos.
Después diez.
Sacó el teléfono.
Antes de que pudiera marcar...
Recibió un mensaje.
Daniel
Perdón, Vale.
Me surgió un caso inesperado.
¿Podemos dejar la cena para mañana?
Valentina sintió una pequeña punzada de decepción.
Pero sonrió.
Conocía demasiado bien la vida en un hospital.
Respondió enseguida.
No te preocupes.
Primero están los pacientes.
Guardó el teléfono.
No muy lejos de allí...
Daniel salía del estacionamiento del hospital.
No iba solo.
Lucía ocupaba el asiento del copiloto.
—Perdón por causarte tantos problemas.
Dijo ella con voz apenada.
Daniel negó con la cabeza.
—No son problemas.
Solo voy a acercarte.
Tu automóvil sigue en el taller.
—Gracias.
No sabía a quién más pedirle ayuda.
Daniel sonrió con amabilidad.
—Para eso estamos los compañeros.
El automóvil arrancó.
Ninguno de los dos notó que, desde el otro extremo del estacionamiento...
Camila regresaba porque había olvidado su bolso.
Se detuvo un instante al reconocer el vehículo de Daniel.
Frunció ligeramente el ceño.
—¿Lucía...?
Murmuró para sí.
Observó cómo el automóvil desaparecía entre el tráfico.
No era una escena comprometedora.
No había ocurrido absolutamente nada.
Y, sin embargo...
Aquella extraña sensación volvió a instalarse en su pecho.
No sabía explicar por qué.
Pero algo le decía que debía mantenerse atenta.
Porque había personas...
Que sabían esconder muy bien sus verdaderas intenciones.
Matteo primero, luego Giovanni y Lorenzo y los osos juntos esa química es indudable y ellos no quieren aceptar que están enamorados.
Alessandro no se imagina lo que la loca de Camila le dejo en su gaveta 🤣😂🤣😂
Quien secuestro a Valentina 🤔🤔🤔❓❓❓
Porque lo hizo de quien se quiere vengar 🤔🤔🤔🤔❓❓❓❓❓
Dónde está Lucia fue ella quien lo hizo o tuvo ayuda de alguien 🤔🤔🤔❓❓❓❓
Alessandro ahora sí sacará a relucir su apellido Moretti a relucir y quien lo haya hecho se busco su muerte porque si no lo hace Alessandro lo hará el viejo Don Vittorio.
Valentina lo dejaste como novio de pueblo vestido y alborotado.
Hasta tu padre se dió cuenta que están perdidamente enamorados.
Bombón así necesito uno que me dé muchos regalos 🤣😂🤣😂
Es verdad lo que dice Camila ustedes dos ya no respetan el contrato eso ya pasó a hacer una relación verdadera besos, me quedo a dormir etcétera cuando darán el paso a sincerarse.