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La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

La Luna Rechazada de los Cinco Herederos

Status: Terminada
Genre:Hombre lobo / Romance paranormal / Maltrato Emocional / Brujas / Completas
Popularitas:200
Nilai: 5
nombre de autor: Eva Belmont

La criaron en la mansión Blackwood, entre los cinco herederos destinados a protegerla. Ayla lo dio todo por esa manada: su lealtad, su don de sangre curativa, su corazón. Hasta que una desconocida llegó con una sonrisa dulce y una mentira perfecta, y uno a uno, los cinco le dieron la espalda.

Acusada, humillada y desechada como si nunca hubiera importado, Ayla no suplica. No llora frente a ellos. Se pone de pie ante toda la manada y pronuncia las únicas palabras que pueden romperlos: los rechaza. A los cinco. En voz alta.

Pero el destino tenía otros planes para la huérfana de ojos plateados. Porque hay un Alfa Supremo que la reconoció desde el primer instante. Porque en su sangre duerme un linaje que creían extinto. Y porque la joven a la que despreciaron no era una omega cualquiera: era la heredera que podía cambiarlo todo.

Cuando la verdad sobre su origen salga a la luz, los que la abandonaron descubrirán, demasiado tarde, a quién dejaron ir.

NovelToon tiene autorización de Eva Belmont para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23 — La promesa bajo la luna

La noche había caído sobre la manada Obsidiana.

Las celebraciones de la boda finalmente terminaban.

Las luces esparcidas por las torres iluminaban la ciudad como estrellas atrapadas en la tierra.

Fuera del castillo principal, el viento cargaba el perfume de las flores lunares que crecían por los jardines.

Xavier permanecía solo en una de las terrazas más altas de la fortaleza.

Los ojos dorados observaban el horizonte.

Pero su mente estaba lejos.

Muy lejos.

Porque aquella noche, después de tantos años, una promesa antigua finalmente había sido cumplida.

Una promesa hecha cuando él aún era solo un niño.

Debía de tener unos nueve años en aquella época.

La Obsidiana todavía era diferente.

Más pequeña.

Menos poderosa.

Su padre era el Beta de la manada.

Un guerrero respetado.

Un hombre leal al Alfa.

Su madre era una curandera.

Gentil.

Valiente.

Amada por todos.

Y Xavier...

Era apenas un niño.

Un muchacho que creía que los monstruos existían solo en las historias.

Hasta que conoció a Morgana.

El recuerdo surgió vivo ante sus ojos.

La floresta.

El olor a humo.

Los gritos.

La sangre.

Todo parecía tan real como aquel día.

Xavier recordaba exactamente la noche en que su vida cambió.

La luna estaba llena.

Los miembros de la manada celebraban una festividad tradicional.

Los niños jugaban cerca de los límites de la floresta.

Y entre aquellos niños había una pequeña muchacha de cabello claro.

Una niña que siempre sonreía.

Una niña que insistía en seguirlo a todas partes.

Ayla.

—¡Xavier!

La voz infantil aún resonaba en su memoria.

—¡Espérame!

—Corres muy despacio.

—¡Tú corres demasiado rápido!

La niña hizo un puchero.

Y Xavier puso los ojos en blanco.

Incluso a aquella edad.

—Te quejas demasiado.

—Y tú eres pesado.

La respuesta le arrancó una carcajada.

Ayla se cruzó de brazos.

Intentando parecer enojada.

Fracasando por completo.

Porque era imposible tomarla en serio.

Los dos crecieron prácticamente juntos.

Las familias eran cercanas.

Muy cercanas.

Los padres de Xavier gustaban de bromear con que aquellos dos terminarían casados.

Y los padres de Ayla siempre estaban de acuerdo.

—Ya se comportan como una pareja.

Decía la madre de ella.

—Viven peleando.

—Eso significa que se van a casar.

Respondía la madre de Xavier.

Los dos siempre se quejaban.

Pero en secreto les gustaba aquella idea.

Aunque fueran solo niños.

Entonces todo cambió.

Aquella noche.

Aquella maldita noche.

Xavier todavía recordaba el rugido.

Un rugido tan poderoso que hizo temblar a toda la manada.

Los adultos corrieron de inmediato.

Los guerreros se transformaron.

El caos se esparció.

Y entonces surgieron las sombras.

Criaturas hechas de magia negra.

Monstruos creados por hechicería.

Morgana.

Ella había llegado.

Y quería destruir la Obsidiana.

La batalla duró horas.

Horas de sangre.

Horas de muerte.

Horas de desesperación.

Xavier se recordaba corriendo por la floresta.

Sosteniendo la mano de Ayla.

Los dos intentaban escapar.

Intentaban sobrevivir.

Mientras detrás de ellos el mundo parecía derrumbarse.

—Tengo miedo.

Ayla lloraba.

Pequeña.

Asustada.

—Yo te voy a proteger.

Respondió Xavier.

Aunque fuera solo un muchacho.

Aunque estuviera muerto de miedo.

Siguió sosteniendo la mano de ella.

Pero entonces sucedió.

Una explosión.

Magia.

Fuego.

Dolor.

La floresta entera pareció estallar.

Xavier fue lanzado.

Su cuerpo golpeó contra un árbol.

Todo quedó oscuro por algunos segundos.

Cuando logró abrir los ojos...

Ayla había desaparecido.

Los días siguientes fueron un infierno.

Los sobrevivientes la buscaron.

Durante semanas.

Después durante meses.

Ninguna señal.

Nada.

Como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra.

Los padres de ella murieron durante el ataque.

Los cuerpos jamás fueron encontrados.

Y todos creyeron que Ayla también estaba muerta.

Todos.

Menos Xavier.

Él jamás lo creyó.

Jamás.

Porque seguía soñando con ella.

Seguía sintiendo que estaba viva.

En algún lugar.

Poco antes de morir, su padre le tomó la mano.

El recuerdo aún dolía.

Incluso tantos años después.

—Xavier.

—Padre...

El hombre estaba gravemente herido.

No había salvación.

Ambos lo sabían.

—Escucha con atención.

—No hables.

El curandero va a ayudar.

El padre sonrió.

Una sonrisa triste.

—Sé fuerte.

—Padre...

—Y encuentra a Ayla.

El corazón del muchacho se hizo pedazos.

—Ella está viva.

¿Entiendes?

—Sí.

—Prométemelo.

Las lágrimas corrían por el rostro de Xavier.

—Lo prometo.

—Cuídala.

Protégela.

Hazla feliz.

El hombre cerró los ojos.

Y aquellas fueron sus últimas palabras.

Su madre murió pocas horas después.

Pero antes también hizo una petición.

—No dejes que se quede sola.

Su voz estaba débil.

Casi inaudible.

—Ella es tu familia.

—Lo sé.

—No lo olvides.

Xavier jamás lo olvidó.

Ni por un solo día.

Los años pasaron.

La Obsidiana creció.

Xavier se convirtió en Alfa.

El más poderoso de su generación.

Pero siguió buscando.

Siempre.

En secreto.

Sin rendirse.

Sin parar.

Hasta encontrarla.

Ayla.

Viva.

En la Luna de Plata.

Sola.

Sin memoria de aquel período.

Sin recordarlo a él.

Sin recordar a sus propios padres.

Sin recordar la promesa.

El trauma lo había borrado todo.

Los curanderos lo explicaron más tarde.

Su mente simplemente había bloqueado aquellos recuerdos para sobrevivir.

Pero Xavier recordaba.

Recordaba todo.

Cada detalle.

Cada sonrisa.

Cada promesa.

Cada momento.

Una voz interrumpió sus pensamientos.

—Así que aquí estabas.

Xavier se giró.

Ayla.

Ella caminaba lentamente por la terraza.

Usando un vestido sencillo.

El cabello se mecía al viento.

Los ojos brillaban bajo la luz de la luna.

Y durante algunos segundos él volvió a ver a aquella niña corriendo por la floresta.

La misma niña.

La misma alma.

La misma persona.

Solo que más fuerte.

Más hermosa.

Más extraordinaria.

—Estás pensando demasiado.

Dijo ella.

Xavier soltó una pequeña risa.

—Tal vez.

—Siempre haces eso.

Él arqueó una ceja.

—¿Siempre?

—Sí.

Cuando estás preocupado.

Cuando estás planeando algo.

Cuando estás escondiendo algo.

Ayla se acercó.

—Y definitivamente estás escondiendo algo.

Los ojos dorados encontraron los de ella.

Por un instante.

Solo un instante.

Xavier casi lo contó.

Casi lo reveló todo.

Las promesas.

Los recuerdos.

La infancia.

Los padres.

Todo.

Pero todavía no.

Todavía no era el momento.

Algunas heridas necesitaban cicatrizar antes.

Algunas verdades necesitaban esperar.

Entonces solo extendió la mano.

—Ven.

Ayla la aceptó.

Sin vacilar.

Los dos permanecieron observando la luna.

En silencio.

Mientras muy lejos de allí, en la manada Luna de Plata, los cinco herederos finalmente se acercaban a los portones.

Listos para contar toda la verdad.

Sin imaginar que Selena ya empezaba a percibir que algo estaba mal.

Muy mal.

Y que su mentira estaba a punto de desmoronarse.

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