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La Vida Que Parecía Perfecta

La Vida Que Parecía Perfecta

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Fantasía LGBT / Enfermizo
Popularitas:323
Nilai: 5
nombre de autor: Adriana05

Una mujer atrapada en un matrimonio que dejó de hacerla feliz conoce a otra mujer que despierta en ella un amor inesperado, obligándola a enfrentarse a sus miedos, sus secretos y a las consecuencias de elegir entre la vida que construyó y el amor que jamás se atrevió a imaginar.

NovelToon tiene autorización de Adriana05 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 16: El hombre detrás de la puerta

—### Tú...

Sebastián se quedó inmóvil.

La figura frente a él sonrió.

Daniel intentó incorporarse.

—¿Quién es?

El hombre dio un paso hacia la luz.

Sebastián sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

—No puede ser.

—Sí puede.

—Te vi morir.

—Eso fue lo que querían que creyeras.

Daniel miró a Sebastián.

—¿Lo conoces?

Sebastián no respondió.

El hombre se acercó a la cama.

—Han pasado muchos años.

Sebastián finalmente habló.

—Mateo dijo que estabas muerto.

—Mateo miente.

—¿Entonces quién eres?

El hombre lo miró fijamente.

—Me llamo Esteban.

Daniel frunció el ceño.

—¿Esteban qué?

El hombre sonrió.

—Esteban Salvatierra.

Daniel palideció.

—No...

—Sí.

Sebastián retrocedió.

—Eres...

—El hermano de Arturo.

Daniel cerró los ojos.

—Entonces eres mi tío.

Esteban soltó una risa.

—Y también soy el hombre que Arturo lleva veinte años intentando encontrar.

Sebastián levantó el arma.

—¿Qué quieres?

Esteban lo miró.

—La verdad.

—¿Cuál verdad?

—La que ustedes han estado buscando.

Daniel respiró con dificultad.

—¿Sabes dónde está Victoria?

Esteban se quedó callado.

—Respóndeme.

—Sí.

—¿Dónde?

—Con Elena.

Sebastián se acercó.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque Elena me llamó.

Daniel abrió los ojos.

—¿Elena?

—Sí.

—Entonces sabes quién es realmente.

—Sé mucho más de lo que imaginas.

Sebastián apretó el arma.

—Habla.

Esteban señaló la puerta.

—Primero tenemos que salir de aquí.

—¿Por qué?

—Porque Arturo viene.

Daniel intentó levantarse.

—No puedo caminar.

Esteban se acercó.

—Entonces te sacaré.

—¿Y por qué deberíamos confiar en ti?

Esteban lo miró.

—No tienen que confiar en mí.

Hizo una pausa.

—Solo tienen que decidir si prefieren morir aquí.

En el túnel, Victoria caminaba detrás de Elena.

Lucía iba a su lado.

—No entiendo —dijo Victoria—. Dijiste que mi padre era Julián.

—Eso creíamos.

—¿Quién es entonces?

Elena no respondió.

Victoria se detuvo.

—¡Ya basta!

Lucía también se detuvo.

—Victoria...

—No quiero más secretos.

Elena la miró.

—No puedo contarte todo aquí.

—¿Por qué?

—Porque nos están siguiendo.

Lucía miró hacia atrás.

—¿Quién?

Elena apagó la lámpara.

—Escuchen.

Las tres quedaron en silencio.

Pasos.

Muy lejos.

Pero acercándose.

Victoria susurró:

—Arturo.

Elena negó.

—No.

—¿Entonces quién?

Elena respondió:

—Alguien peor.

Lucía tomó la mano de Victoria.

—Tenemos que seguir.

Caminaron unos metros.

Los pasos se escuchaban cada vez más cerca.

Entonces una voz atravesó el túnel.

—¡ELENA!

Victoria se estremeció.

Elena palideció.

—No...

Lucía la miró.

—¿Quién es?

—Esteban.

Victoria frunció el ceño.

—¿Quién?

Elena no respondió.

La voz volvió a escucharse.

—¡Sé que estás aquí!

Elena tomó a Victoria por los hombros.

—Pase lo que pase, no salgas de esta habitación.

—¿Qué?

—Prométemelo.

—No.

—Victoria.

—¡No voy a esconderme otra vez!

Elena la miró con tristeza.

—Entonces aprende a elegir tus batallas.

Abrió una pequeña puerta oculta en la pared.

—Entra.

Victoria negó.

—No.

Lucía intervino.

—Hazle caso.

Victoria miró a Lucía.

—¿Tú también?

—Sí.

—¿Por qué?

Lucía acarició su rostro.

—Porque quiero que llegues viva al final de todo esto.

Victoria la abrazó.

—No quiero perderte otra vez.

—No me vas a perder.

—Prométemelo.

Lucía tragó saliva.

—Te lo prometo.

Victoria entró en la habitación.

La puerta se cerró.

Y quedó sola.

Elena salió al túnel.

Esteban apareció al otro extremo.

—Sabía que estarías aquí.

—No debiste venir.

—Tú tampoco.

—¿Dónde está Arturo?

—Viene detrás de mí.

Elena levantó el arma.

—No te acerques.

Esteban sonrió.

—Todavía proteges a la niña.

—Es mi hija.

—Lo sé.

—Entonces sabes que morirías por ella.

—Sí.

Esteban bajó el arma.

—Por eso vine.

Elena frunció el ceño.

—¿Qué quieres?

—Advertirte.

—¿De qué?

—Arturo ya sabe quién es Victoria.

Elena palideció.

—No.

—Sí.

—¿Cómo?

—Tiene una prueba de ADN.

Elena cerró los ojos.

—No puede ser.

—Y no viene solo.

—¿Quién está con él?

Esteban respondió:

—Tu esposo.

Elena abrió los ojos.

—¿Julián?

—No.

Esteban hizo una pausa.

—El hombre que tú creías muerto.

Elena retrocedió.

—No...

—Está vivo.

Victoria escuchó las voces detrás de la puerta.

No entendía todo.

Pero había una palabra que se repetía.

"Esposo".

"Muerto".

"Vivo".

Se acercó a la puerta.

Entonces escuchó un golpe.

—¡Victoria!

Era Lucía.

Victoria abrió.

Lucía entró rápidamente.

—Tenemos que irnos.

—¿Dónde está Elena?

—Se quedó atrás.

—¿Por qué?

—Para detenerlos.

—¿A quiénes?

Lucía la miró.

—A todos.

Victoria sintió miedo.

—¿Dónde está mi hermano?

—En el hospital.

—¿Y Daniel?

—También.

—Tenemos que ir por ellos.

—Sí.

—Entonces vamos.

Lucía tomó su mano.

Pero antes de avanzar, una voz apareció detrás de ellas.

—No hace falta.

Las dos se giraron.

Arturo estaba ahí.

Herido.

Cubierto de sangre.

Pero de pie.

Apuntándoles con un arma.

—¡Lucía!

Arturo sonrió.

—Qué bonito.

Victoria se colocó delante de Lucía.

—No la toques.

Arturo soltó una carcajada.

—Siempre tan protectora.

—¿Qué quieres?

—A ti.

—¿Por qué?

—Porque eres la única pieza que me falta.

Lucía respondió:

—No vas a llevártela.

Arturo apuntó a Victoria.

—Entonces tendrás que morir.

Lucía dio un paso.

—Hazlo.

Victoria la miró.

—¡Lucía, no!

Arturo apretó el gatillo.

Click.

Nada.

El arma estaba vacía.

Arturo sonrió.

—Era una prueba.

De pronto, hombres armados aparecieron detrás de ellas.

Victoria quedó rodeada.

Arturo se acercó.

—Se acabó.

Pero una voz surgió desde el túnel.

—No.

Arturo se detuvo.

Elena apareció.

Tenía un arma apuntando directamente hacia él.

—Se acabó para ti.

Arturo sonrió.

—Elena.

—Arturo.

—Siempre fuiste difícil de matar.

—Y tú siempre fuiste demasiado cobarde para hacerlo tú mismo.

Arturo levantó las manos.

—No sabes lo que estás provocando.

—Sí.

Elena miró a Victoria.

—Y ya no tengo miedo.

Arturo dio un paso.

—Tu hija no sabe quién es.

—Lo sabrá.

—Cuando sepa la verdad, te odiará.

Elena respondió:

—Prefiero que me odie viva a que me quiera creyendo una mentira.

Arturo soltó una carcajada.

—¿Quieres la verdad?

—Sí.

—Entonces dile quién mató a Julián.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Qué?

Elena quedó inmóvil.

Arturo sonrió.

—Dile.

Victoria miró a Elena.

—¿Mamá?

Elena bajó lentamente el arma.

—Yo no lo maté.

Arturo respondió:

—No.

—¡No lo maté!

—Pero sí ordenaste que lo hicieran.

Victoria sintió que todo se derrumbaba.

—¿Es verdad?

Elena comenzó a llorar.

—No era lo que parece.

—¡Siempre dicen eso!

Lucía se acercó.

—Victoria...

—¡No!

Victoria retrocedió.

—Estoy cansada.

Miró a Elena.

—Estoy cansada de descubrir que mi vida fue una mentira.

Arturo aprovechó la confusión.

Le arrebató el arma a uno de sus hombres.

Apuntó a Elena.

—Y ahora vas a decirle toda la verdad.

Pero antes de disparar...

¡PUM!

Arturo cayó de rodillas.

Todos voltearon.

Sebastián estaba en la entrada.

A su lado estaba Daniel, sostenido por Esteban.

—¡Daniel! —gritó Victoria.

Daniel levantó la mirada.

—Estoy vivo.

Victoria corrió hacia él.

Pero Sebastián gritó:

—¡No te acerques!

Victoria se detuvo.

Sebastián apuntaba a alguien.

No a Arturo.

No a Elena.

No a los hombres armados.

A Lucía.

—¡Sebastián! —gritó Victoria.

Él tenía lágrimas en los ojos.

—Perdóname.

Lucía quedó inmóvil.

—¿Qué haces?

Sebastián respondió:

—Lo que debí hacer hace diez años.

Victoria se interpuso.

—¡Baja el arma!

—No puedo.

—¡Es Lucía!

—Lo sé.

—¡Es la mujer que amo!

Sebastián cerró los ojos.

—Precisamente por eso.

Victoria sintió un escalofrío.

—¿Qué sabes?

Sebastián miró a Lucía.

—Ella no te contó la última parte.

Lucía comenzó a llorar.

—Sebastián...

—Diles.

—No.

—Diles la verdad.

Victoria miró a Lucía.

—¿Qué verdad?

Lucía temblaba.

Sebastián bajó ligeramente el arma.

—La noche del accidente...

Hizo una pausa.

—Lucía no fue solamente a salvarte.

Victoria sintió que el corazón se le detenía.

Sebastián continuó:

—Ella fue quien entregó a Victoria a Arturo.

Lucía cerró los ojos.

—No...

Victoria retrocedió.

—Dime que es mentira.

Lucía levantó la mirada.

—Victoria...

—¡Dime que es mentira!

Lucía comenzó a llorar.

—No puedo.

Victoria sintió que algo dentro de ella se rompía.

—¿Me entregaste?

Lucía no respondió.

—¿Me entregaste a Arturo?

Finalmente, Lucía susurró:

—Sí.

Victoria quedó completamente inmóvil.

Daniel bajó la mirada.

Elena comenzó a llorar.

Arturo sonrió desde el suelo.

Y Sebastián dijo las palabras que terminaron de destruirlo todo:

—Pero lo hizo porque alguien la obligó.

Victoria miró a Lucía.

—¿Quién?

Lucía respiró profundamente.

—Mi padre.

Victoria sintió que el mundo se detenía.

—¿Arturo?

Lucía negó.

—No.

Miró hacia Esteban.

—Él.

Esteban bajó la mirada.

Victoria lo observó.

El hombre que había aparecido para salvarlos.

El hombre que decía conocer la verdad.

El hombre que todos creían enemigo de Arturo.

Era el padre de Lucía.

Y ahora Victoria entendía que la persona que había destruido su vida...

podía ser también la persona que había estado intentando salvarla.

Entonces Esteban levantó la mirada.

—Sí.

Su voz fue apenas un susurro.

—Yo ordené que te entregaran.

Victoria sintió que las piernas le fallaban.

Lucía corrió hacia ella.

—¡Victoria!

Pero Victoria retrocedió.

—No me toques.

Lucía se quedó quieta.

Y por primera vez desde que se habían reencontrado...

Victoria tuvo miedo de la mujer que amaba.

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