¿Y si el mayor fracaso de tu vida fuera, en realidad, el comienzo de tu historia de amor?
Valeria creyó que reprobar una materia era el fin de su camino. Mientras veía a sus compañeros avanzar, ella tuvo que regresar a un salón que jamás imaginó volver a pisar.
Gabriel, un estudiante que apenas iniciaba su primer semestre de medicina, llegó con la ilusión de cumplir el sueño de convertirse en médico. Lo que no esperaba era encontrar a una joven de mirada melancólica que, sin proponérselo, cambiaría su vida para siempre.
Entre clases interminables, noches de estudio, guardias, cafés compartidos y el peso de una carrera que exige el corazón tanto como la mente, nacerá un amor capaz de demostrar que el destino nunca se equivoca.
Porque hay encuentros que no ocurren por casualidad.
Hay personas que llegan justo cuando creemos haberlo perdido todo.
Y, a veces, la materia que más duele repetir... es la misma que termina enseñándote la lección más importante de tu vida.
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El rumor que recorrió toda la facultad
Capítulo 4
El rumor que recorrió toda la facultad
La semana del primer parcial había llegado y el ambiente en la facultad era completamente distinto.
Las risas habían sido reemplazadas por apuntes, café y caras de desvelo.
—Si vuelvo a ver un hueso más, voy a empezar a hablar en latín —se quejó Gabriel mientras dejaba caer la cabeza sobre la mesa de la cafetería.
Sus amigas, Lucía y Camila, estallaron en carcajadas.
—Todavía ni haces el primer parcial y ya quieres renunciar —bromeó Lucía.
—No quiero renunciar... solo quiero dormir un año completo.
Camila sonrió con picardía.
—Mentiroso.
—¿Por qué?
—Porque desde hace una semana ya no piensas tanto en el parcial.
Gabriel arqueó una ceja.
—¿Ah, no?
—No. Piensas en la chica del último puesto.
Los tres guardaron silencio unos segundos.
Gabriel bajó la mirada.
Lucía fue la primera en hablar.
—Te gusta Valeria, ¿cierto?
Él intentó negarlo.
—No digan tonterías.
—Gabriel... la miras todo el tiempo.
—Siempre buscas sentarte a su lado.
—Y hasta aprendiste cómo le gusta el café —agregó Camila.
Gabriel soltó un suspiro resignado.
—¿Tan evidente soy?
Las dos respondieron al mismo tiempo.
—¡Sí!
Él sonrió sin poder evitarlo.
—Está bien... sí me gusta.
Lucía dio un pequeño grito de emoción.
—¡Lo sabía!
—Pero no sé qué hacer.
Camila le dio un pequeño golpe en el hombro.
—Invítala a salir.
—¿Y si me dice que no?
—Peor sería quedarte con la duda.
Gabriel se quedó pensando.
Tal vez tenían razón.
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Mientras tanto, en la biblioteca, Valeria repasaba una vez más sus apuntes.
Frente a ella estaban sus amigas Sofía y Mariana.
—¿Puedes dejar de leer cinco minutos? —preguntó Mariana.
—No.
—Valeria...
—Si repruebo otra vez me voy a morir de la vergüenza.
Sofía cerró el libro que tenía frente a ella.
—No vas a reprobar.
Mariana sonrió.
—Además hay alguien que no deja de ayudarte.
Valeria levantó la vista.
—¿Quién?
Las dos la miraron con una sonrisa cómplice.
—Gabriel.
Ella sintió que el corazón le dio un pequeño salto.
—Solo es un compañero.
—¿Segura?
—Sí.
Mariana levantó una ceja.
—Entonces explícame por qué siempre se sienta contigo.
—Porque el salón es libre.
—¿Y por qué te compra café?
—Porque... porque...
No encontró respuesta.
Sofía sonrió.
—Creo que alguien está empezando a gustarte.
Valeria negó rápidamente.
—No inventen cosas.
Pero, en el fondo, ya no estaba tan segura.
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El día del parcial llegó.
Dos horas después, los estudiantes salían del salón con expresiones de alivio.
—¡Sobrevivimos! —gritó Gabriel.
Valeria soltó una risa.
—Todavía no sabemos la nota.
—No arruines mi felicidad.
Caminaron unos metros hasta quedar solos.
Gabriel respiró profundamente.
—Valeria...
—¿Sí?
—¿Te gustaría salir conmigo esta tarde?
Ella abrió los ojos con sorpresa.
—¿Una salida?
—Sin libros.
—Sin anatomía.
—Sin hablar de parciales.
Valeria permaneció unos segundos en silencio.
Después sonrió.
—Está bien.
Gabriel sintió que el mundo entero acababa de darle la mejor noticia.
Lo que ninguno de los dos notó fue que, desde una banca cercana, Lucía, Camila, Sofía y Mariana habían visto absolutamente todo.
—¡Aceptó! —susurró Lucía emocionada.
—Tenemos que seguirlos —dijo Mariana.
—Solo para asegurarnos de que Gabriel no haga una tontería —añadió Camila.
Sofía comenzó a reír.
—O para molestarlos mañana.
Las cuatro estuvieron de acuerdo.
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Esa tarde, Gabriel y Valeria caminaron por un parque cercano a la universidad.
Hablaron durante horas.
Se contaron anécdotas de su infancia.
Rieron hasta que les dolió el estómago.
Por primera vez, Valeria olvidó por completo que alguna vez había sentido vergüenza por repetir aquella materia.
A varios metros de distancia...
Las cuatro amigas los seguían intentando no ser descubiertas.
—Camila, agáchate.
—¡Tú agáchate!
—¡Nos van a ver!
Lucía no podía dejar de tomar fotografías.
—Esta va directo al grupo del salón.
—Todavía no.
—Esperemos un poco más.
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El sol comenzaba a esconderse.
Gabriel se detuvo frente a un pequeño puente.
Miró a Valeria.
—Tengo que decirte algo.
Ella sintió que el corazón se aceleraba.
—¿Qué pasa?
Gabriel sonrió nervioso.
—Me gustas.
Valeria permaneció en silencio.
Él continuó.
—Me gustas desde el primer día que te vi entrar al salón.
Ella sintió que los nervios le impedían hablar.
Solo dio un pequeño paso hacia él.
Gabriel acarició suavemente su mejilla.
—No quiero apresurarte.
Solo quiero que sepas lo que siento.
Valeria levantó la mirada.
—No sé qué vaya a pasar entre nosotros...
—Pero...
—Me alegra que hayas llegado a mi vida.
Gabriel sonrió.
Sin decir una sola palabra más, acortó la distancia entre ambos.
Y sus labios se encontraron por primera vez.
Fue un beso corto.
Tierno.
Sincero.
Un beso que ninguno de los dos olvidaría jamás.
A unos metros...
—¡¡¡LOS BESARON!!! —susurró Lucía, tapándose la boca para no gritar.
Las cuatro comenzaron a tomar fotografías mientras intentaban contener la emoción.
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A la mañana siguiente, apenas Gabriel y Valeria cruzaron la puerta del salón, todos comenzaron a silbar y aplaudir.
—¡Llegó la pareja de la facultad!
—¡Buenos días, enamorados!
—¡Gabriel, al fin aceptaste que te gusta!
Valeria se quedó completamente inmóvil.
—¿Qué... está pasando?
Lucía levantó su celular.
—Creo que esto responde tu pregunta.
En la pantalla aparecía una fotografía del beso.
Gabriel abrió mucho los ojos.
—¿Ustedes nos siguieron?
Camila sonrió sin el menor remordimiento.
—Fue por el bien del chisme.
Todo el salón estalló en carcajadas.
Valeria escondió el rostro entre las manos, completamente avergonzada.
—No puedo creer esto...
Gabriel la miró de reojo y, aunque también estaba apenado, no pudo evitar sonreír.
Porque si toda la facultad ya sabía que estaba enamorado de Valeria... era porque, por primera vez en mucho tiempo, su corazón había dejado de esconder lo que sentía.
Y aunque todavía no eran novios, ambos comprendieron que ya era imposible negar lo evidente.
Toda la facultad había sido testigo del comienzo de una historia que apenas empezaba a escribirse.